LEÓN ARGÜELLES VICENTE

FILANTROPO.- Nació en Latacunga en Enero de 1773 y fue bautizado el 17 de ese mes como hijo expósito a las puertas de José León y de Marta Josefa Argüelles y Mercado (1)

Creció rodeado del cariño de sus padres adoptivos y gozando de la compañía de la única hija de ellos llamada María Josefa León Arguelles, que fue como una hermana cariñosa para él aunque en realidad era su madre, y se aplicó desde sus primeros años al estudio de las letras, procurando cumplir con sus obligaciones. Enseguida entró al conocimiento de la Gramática Latina con el preceptor Cayetano Montenegro y Ríos y de quince años pasó a residir en Quito, donde estuvo de manteísta del Convictorio de San Fernando y asistió durante tres años al curso completo de Filosofía que comprendía Lógica, Física y Metafísica bajo la dirección del fray Ángel Saa, aunque no pudo vestir la beca por su notoria pobreza.

Excelente alumno, siempre daba ejemplo de regularidad y buena conducta y en varias ocasiones lo eligieron para sostenedor de las Sabatinas que anualmente se brindaban en Junio.

De regreso a Latacunga en 1791 sin haber podido graduarse por no tener para pagar el título, se dedicó a la enseñanza de Gramática Latina en Pujilí durante cinco años, ahorrando hasta el último centavo con el propósito de culminar sus estudios. En dicho pueblo procuró formar a la juventud con todo el esmero posible.

En Junio de 1796 se enteró de un Edicto fijado en las puertas de la Universidad de Santo Tomás de Aquino, convocando a opositores para proveer la cátedra de Latinidad de Menores con cuatrocientos pesos anuales de sueldo, que había sido declarado vacante, por no corresponder a las aspiraciones del plantel el maestro titular Bernardino Hurtado.

En dicha oposición compitió con José Mejía y con su antiguo maestro Cayetano Montenegro y habiendo ganado el primero de los citados, no le fue todo negativo y con motivo de su exposición pudo demostrar talento y aplicación, al punto que los profesores decidieron ayudarle para que rindiera sus exámenes de Maestro en Artes.

Por eso pudo matricularse tres años en la Facultad de Leyes y Cánones del Seminario de San Luis y obtuvo el título de Bachiller mediante exámenes rendidos en la Universidad de Santo Tomás en Marzo y Junio de 1798 y en Marzo y Julio del año siguiente. Durante esa etapa sustentó en múltiples ocasiones las llamadas Repeticiones Públicas sobre diversos temas. El 4 de Diciembre del 99 y ante el Rector, Canónigo Joaquín de Anda, el Profesor Juan Ruiz de Santo Domingo y varios invitados, sustentó en latín acerca de “Las Potestades eclesiástica y civil del Sumo Pontífice con los reyes temporales” y el 31 de Marzo de 1800 recibió el grado de Bachiller In Utroque luris, es decir, en ambos Derechos, Civil y Canónico, tras rendir los cinco exámenes, la Cuestión Pública ya citada y la Tentativa de Ley.

Su paso por la Universidad en una época de cambios iniciada por el Rey Carlos III, que las abrió en España y América a la clase media, se vio matizado por otros triunfos. El 99 había sido designado Vocal en representación del Colegio de San Luis a la elección del rector de la Universidad de Santo Tomás. Después fue electo Vocal extraordinario para intervenir como Examinador en la oposición a la cátedra de Mayores.

Desde entonces inició su práctica forense en el estudio profesional del Dr. Juan José Boniche y Luna y dictó clases privadas de Gramática Latina en el Convictorio de San Fernando. En Octubre de 1801 formó sociedad con el Dr. Ignacio Vela por seis años forzosos para trabajar en la industria y el comercio entre Quito y Lima, iniciándose con cuatrocientos pesos que puso Vela como adelanto, pero comprometiéndose ambos a aportar mil quinientos pesos que debían doblarse en cada ocasión.

En 1802 figuró en Lima y el 8 seguía residiendo en dicha capital y nombró apoderado en Quito al Dr. Fabián Puyol, para que recabe copias del acta de grado de Bachiller en la Universidad de Santo Tomás a fin de presentarla como documento habilitante junto a su solicitud de grado Doctoral.

De allí en adelante se desconocen los detalles de su vida y sus actuaciones durante la independencia, pero se conservó soltero y debió pertenecer al partido bolivariano o de los persas, pues el 1 de Septiembre de 1825 fue designado presidente de la Corte Superior del Cusco, que comprendía las provincias de Abancuy, Azángaro, Aymaraes, Canas, Canas y Canchas, Calca y Lares, Cazabaya, Chilques, Masques, Chuán, Malques, Chuambivilcas, Cotabambos, Cusco, Lampa, Paucartambo, Quispicanchi, Vilcabamba y Turubamba.

Entonces la Corte quedó conformada de la siguiente manera: Ministros Jueces Dr. Rafael Arellano, Manuel Torres Mato, Diego Calvo, Benito Lasso de la Vega, Santiago Cervatán y N. Lara, presidiéndola Vicente León con un sueldo anual de tres mil pesos.

Debió ser un Ministro Juez metódico, trabajador y frugal, de personalidad recia y templada en la adversidad y la pobreza, algo misógino por solterón empedernido y tras dictar su testamento en casa de la señora Cecilia Castillo el 27 de Febrero de 1839, dejando arreglados a sus tres hijos naturales a quienes les dejó legados y no herencia ya que los hijos naturales no heredaban en esos atrasados tiempos, “para que se orienten en la vida”, falleció a las tres de la tarde del día siguiente, 28 de Febrero, de sólo sesenta y seis años de edad, con fuertes dolores y dejando el grueso de todos sus bienes que alcanzaban la cantidad de 91.358 pesos y 2 y 1/2 reales, una

gran fortuna para la época, para que fueren destinados a la construcción de un Colegio de Educación en su ciudad natal(2)

Su albacea testamentario en Lima el Dr. Tomás Ortiz de Zevallos, comunicó al Ministerio de Relaciones Exteriores que entre los bienes dejados existían cinco baúles de libros llegados de Europa, que remitió en la barca “Heredia” a José Pantaleón de Ycaza Silva, para que los entregara al gobierno ecuatoriano. Posteriormente envió seis bultos más con destino al Gobernador del Guayas, pero se dispuso su venta en una subasta por “inadecuados a un plantel de pública educación” y para que con el producto de ellos se compren otros libros, con lecturas elementales.

El índice de su Biblioteca indica su elevada cultura pues que además del idioma español y el latín, sabía ingles y francés, era aficionado a la Historia y a la Jurisprudencia, sin pasar por alto obras muy valiosas de Filosofía y Literatura. Su amplitud de criterio resalta igualmente pues poseía los sesenta tomos en francés de las obras de Voltaire, seis de las de Erasmo, seis más de cuestiones de la Enciclopedia tratadas por Voltaire. Era muy dado a la lectura de los Diccionarios y de los clásicos greco – romanos. Lamentablemente la lista completa de su Biblioteca no ha podido llegar hasta nosotros.

En 1841 se subastaron algunos muebles de su propiedad, entregándose por mínimo valor.