LE GOUHIR RAUD JOSE MARIA

HISTORIADOR.- Nació el 9 de Mayo de 1871 en el pueblo de Poemeur L’Orient, Departamento de Morbihau, en la bahía de Bretaña, Francia, y allí realizó sus estudios primarios y parte de los medios, pero sintiendo la vocación religiosa y ayudado por su familia pasó a la Escuela Apostólica o Seminario Menor de Little Hampton en Sussex, Inglaterra, a estudiar latinidad.

El 7 de Agosto de 1889 entró al noviciado jesuita de Loyola en España y el 90 fue enviado al Ecuador a seguir la carrera de misionero en la amazonía, pues sentía gran atracción “por la República del Sacratísimo Corazón de Jesús y la fama del nombre de García Moreno,” que entonces se publicitaba mucho en Europa “como defensor y mártir del derecho cristiano”.

El 2 de Noviembre de 1891 pronunció sus primeros votos y comenzó los cursos de Filosofía en Pifo. En eso advino la revolución liberal del 95 con su secuela de fricciones religiosas que impactaron profundamente en el joven Le Gouhir. El 96 terminó la Filosofía pero como el Ministro de Cultura Francisco J. Montalvo había prohibido la presencia de los jesuitas en el Oriente, tuvo que cambiar de planes y pasó a la enseñanza de Historia del Ecuador en el colegio secundario San Gabriel y de idioma francés en el Seminario de San Luis “con el tesón de su estirpe bretona y una orientación ascética que le mostraba todo como originado en la voluntad de Dios”.

Su biógrafo el padre José Joaquín Flor, a quien seguiremos en este estudio, ha indicado que llegó a dominar el latín, expresándose con fluidez y agilidad en inglés, francés y español y que se encerró a leer libros de historia y a estudiar la metodología de su enseñanza con textos especialmente alemanes y franceses, sin olvidar al célebre César Cantú, considerado no sin razón el mayor historiador de Occidente.

Por esa época también se ordenó sacerdote y como había perdido buena parte de su vista debido a una fuerte miopía, usaba gruesos lentes que le daban una apariencia adusta y a veces hasta tenía que ayudarse con una linterna cuando oficiaba la misa de las cinco de la mañana en la Iglesia de la Compañía.

En 1900 fue enviado de profesor al Colegio jesuita de Pasto, en 1901 estuvo en el San Felipe Neri de Riobamba donde hizo estrecha amistad con el deán Juan Félix Proaño, quien posiblemente debió orientarle en asuntos históricos, a los cuales eran tan afectos Proaño y Le Gouhir.

Desde esa fecha inició su manía por coleccionar libros, revistas, periódicos, documentos y otros papeles referentes a la historia ecuatoriana, que llegaron a ocupar “numerosos estantes en aquel aposento tan amplio, tan ordenado, tan saturado de libros, de cajones, donde el rincón que escondía el lecho del sabio, estaba tan disimulado”.

En 1902 pasó al Colegio San Gabriel de Quito e implantó una severa disciplina entre los estudiantes de Media que eran los más alborotadores, al mismo tiempo estudiaba toda cuestión histórica intensamente y por años que fueron de preparación y sacrificio en pro del conocimiento del pasado ecuatoriano, que quiso explicar a través de la defensa de la religión católica, fundamento el más caracterizado para él, de nuestra nacionalidad.

Dicha tesis sirvió para orientar su obra bajo una tónica derechista, y teocrática, que negaba sistemáticamente las conquistas de la revolución francesa y del liberalismo europeo, origen de los gobiernos latinoamericanos surgidos después de la independencia, a los que Le Gouhir consideraba verdaderas hecatombes democráticas. Por ello tampoco llegó a aceptar jamás la necesidad de la existencia del estado laico, donde iglesia y estado se respetaran mutuamente. Su verdad era otra muy distinta y apasionada, creía en el estado teocrático sin pluralismos ideológicos ni religiosos y defendió a las dictaduras siempre que fueran católicas y a la antigua usanza, llegando al extremo de tratar de explicar las conductas a veces traviesas y en otras malignas pero siempre egoístas y nocivas de nuestros tiranuelos y dictadores criollos, y todo ello a través de hermosos alegatos, lúcidos por la vastedad y erudición de sus conocimientos, pues poseyó una biblioteca especializada, rica y abundante, facilidad, enjundia y dialéctica como expositor, como polemista.

No cabe duda que Le Gouhir fue un historiador honesto a su manera y que siempre expresó su verdad. En el tomo II, Pág. 18, al tratar de la Bibliografía, puso entre los “libelos” a los escritos y publicaciones liberales. En el Tomo 1 págs. 114 y 115, calificó de desalmado al notable tratadista español Ramón de Salas por el sólo hecho de haber comentado la obra del filósofo inglés Jeremías Bentham y sería largo enumerar la enorme cantidad de adjetivos peyorativos que contiene su obra, endilgados a autores y personajes poco ortodoxos.

Su preparación científica como historiador comenzó en 1902 con su regreso a Quito y se había consolidado en 1917 cuando empezó a dar a la “Revista de la Asociación Católica de la Juventud Ecuatoriana” sus tesis de Prehistoria ecuatoriana, seis en total, vindicando la obra del padre Juan de Velasco, S. J. cuatro de las cuales le servirían como capítulos para la “Historia de la República del Ecuador”, cuyo primer tomo correspondiente a los años 1808 al 60, editó en Quito en 1920, en 471 páginas utilizando sus siglas de “J. L. R.” que pronto se hicieron famosas; pero como era un escritor perfeccionista lo reeditó en 1935 prescindiendo la parte comprendida entre 1809 y el 22 que pensaba publicar aparte y dándole una mayor extensión.

Ese año de 1920 también dio a la prensa una reseña histórica sobre “El 9 de Octubre de 1820” en 104 páginas, capítulo tomado de su Historia, pero analizado con mayor detenimiento. Durante un breve período fue confesor en el Pensionado Elemental del Canónigo Pedro Pablo Borja Yerovi, luego lo sería en el templo de La Compañía “donde tuvo un confesionario acreditado y selecto” pues en aquellos tiempos sin prisas, principios del siglo XX en Quito, las señoras de la alta burguesía quiteña solían confesarse con gran parsimonia, escogiendo a sus directores espirituales tras estricta y severa selección.

El 21 editó “Un Gran Americano: García Moreno” en 396 páginas, con motivo del Centenario de su nacimiento y para que “el simpático pueblo ecuatoriano” conozca cuanto adelantó la Patria en la era garciana y fomente el deseo de la regeneración que se impone a través del catolicismo enfrentado al liberalismo. La obra, como se supondrá, es un panegírico del héroe católico más que una simple apología histórico – filosófica, pues fue tal el entusiasmo del autor por loar a dicho presidente, que concibió el plan de escribir hasta una Vida Anecdótica, de ese primer trabajo, con nuevas deducciones sacadas del proceso, publicaría en Quito en 1930, en 267 páginas.

El 25 salió el Tomo II de su Historia conteniendo el período garciano y el del presidente Borrero entre 1860 y el 77, este libro prácticamente es una apología a García Moreno porque a Borrero sólo dedicó un capítulo, la obra salió en 694 páginas.

El 31 “Para la historia de la Dolorosa del Colegio”, pequeño estudio sobre la litografía de la Virgen Dolorosa que los niños dijeron que parpadeó en el comedor o refectorio del Colegio San Gabriel de Quito, a la luz de débiles bujías y en medio de la penumbra de la noche del 20 de Abril de 1906.

El 35 dio a la imprenta dos obras: “Figuras sacerdotales ecuatorianas” en 90 páginas con diversas biografías de sacerdotes y como cooperación a la celebración de la I Semana de Vocaciones en la Arquidiócesis de Quito y “Glorias Ecuatorianas” en 228 páginas, como contribución al IV Centenario de la fundación española de Quito, especie de discurso largo a través de monografías cortas sobre diversos personajes de nuestra historia. Ese año también apareció la segunda edición del Tomo I de su Historia.

El 20 de diciembre de 1939 el Arzobispo da Quito Carlos María de la Torre constituyó una comisión histórica con el fin de recoger los documentos relativos a la muerte y causas que la motivó, o a la fama del martirio de García Moreno, como paso previo a la beatificación. La comisión quedó compuesta del Canónigo Magistral de la Catedral Juan de Dios Navas, del Provincial de la Orden de la Merced Joel Monroy y del padre Le Gouhir, S.J. quien comenzó de inmediato a escribir un grueso informe que permanecía inconcluso a su muerte y fue recogida por el Canónigo Navas y trasladado al archivo de la Curia Metropolitana donde aún debe permanecer.

“Desde hacía años llevaba su diario, apuntaba allí su trabajo de todos los días, todo en abreviaturas, esquemático. Cada día ocupaba un renglón, ocasionalmente dos. El martes 11 de Junio escribió en primer lugar estas dos palabras: París ardiendo, que acusaban la tragedia de la Patria que era también la del patriota. Dos días más tarde, el segundo renglón del Jueves 13, otras dos palabras: París cayó. Breve pero intenso, de íntimo dolor, el grito del alma”.

Ecuador era su segunda patria. Su estatura alta, calvo, “de noble frente y generosa y afilada nariz”. Poseía buen oído musical y en conversación con sus alumnos les enseñaba selectas tonadas de la lejana Francia. Rehuía las discusiones siempre que podía por no herir susceptibilidades ni quebrantar la paz de la comunidad y asombra la virulencia de su estilo y la saña con que atacó a los opositores de los gobiernos fuertes y dictatoriales, por eso cabe pensar que Le Gouhir, como todo hombre tímido, tuvo dos personalidades contradictorias. Una era el escritor y otra el sacerdote.

En sus últimos tiempos redactaba su tesis como tercer miembro de la Comisión designada para la Canonización de García Moreno cuando fue sorprendido por la muerte justo a los ocho meses de su elección.