LARREA HOLGUIN JUAN

GRAN JURISTA.- Nació en Buenos Aires el 9 de Agosto de 1927. Hijo legítimo del Dr. Carlos Manuel Larrea

Rivadeneira cuya biografía puede verse en este Diccionario y de Lola Holguín Iturralde, naturales de Quito y Ambato respectivamente.

Inició sus estudios primarios en la escuela de los Hermanos Cristianos de la Caldas y Vargas, los continuó en Lima y Buenos Aires hacia donde sus padres viajaron en razón del servicio Diplomático. En 1946 volvió a Quito, se graduó de Bachiller, ingresó a la recién fundada Universidad Católica y estudió dos años Derecho.

El 48 su padre fue designado Embajador en el Vaticano, viajaron a Italia y se matriculó en la Universidad La Sapiensa de Roma, allí hizo amistad con un compañero llamado Ignacio Sallent que le introdujo al Opus Dei, agrupación católica de raíces falangistas que estaba surgiendo en esos momentos en España y se instalaba en Roma para estar cerca de los pontífices. Ese año conoció a los padres José María Escrivá de Balaguer y Alvaro del Portillo, el 49 ingresó a esa Orden siendo el primer ecuatoriano y cuando el 51 regresó su familia a Quito, pasó a vivir en Villa Tevere, Casa central del Opus, en la Bruno Bozzi No. 73, recibiendo la formación específica de los socios en Filosofía y Teología y en el Pontificio Ateneo Angelicum de los padres dominicanos, estudió tres años Derecho Canónico.

En 1952 culminó su carrera de Abogado y se graduó con la tesis “El matrimonio en los regímenes Concordatorios,” editada a su regreso a Quito en 110 págs. el 53. Tenia veinte y seis años de edad ese año y rindió nuevos exámenes en la Universidad Católica, revalidó el título y empezó a trabajar como Abogado del Banco de Crédito y en el estudio de los Doctores Jorge Pérez Serrano, Neptalí Ponce Miranda, Manuel de Guzmán Polanco, Rene Bustamante Muñoz y José Ignacio Donoso Velasco en la calle Venezuela frente al hotel Savoy.

En la Facultad de Economía de la Universidad Católica comenzó a dictar Comercio Internacional, el 54 dio Derecho Civil como simple profesor auxiliar luego sería titular y fue designado Secretario de la Comisión Nacional de la Unesco. Por esos días decidió vivir comunitariamente como Supernumerario laico dentro del Opus Dei con otros laicos también miembros y alquilaron un modesto piso bajo en la Asunción y Diez de Agosto, dedicando las noches y los fines de semana a dictar seminarios y conferencias en los retiros que comenzaron a realizar.

En 1954 dio a la luz en Sevilla “La Iglesia y el Estado en el Ecuador” en 168 págs. a pedido del padre Alvarez que había sido su profesor en el Angelicum, libro novedoso para el mundo latinoamericano por tratar sobre un tema poco estudiado.

En 1955 intervino con una ponencia en el Congreso Eucarístico de Ambato, ingresó a la Procuraduría de la Caja nacional del Seguro Social, habiéndose encargado en numerosas ocasiones por enfermedad del titular Dr. Miguel Varea Terán y se afilió al Partido Social Cristiano.

En 1956, al iniciarse el gobierno conservador del presidente Camilo Ponce Enríquez, fue designado Procurador de la Nación. Entre 1 956 y el 57 dirigió la residencia de estudiantes llinizas en Quito. El 57 fue Vocal de la Directiva Nacional del Partido Social Cristiano y reemplazó al Dr. Neftalí Ponce Miranda en la cátedra de Derecho Internacional Privado.

Entre el 57 y el 58 apareció en dos tomos su “Código Civil concordado con la Jurisprudencia de la Corte Suprema. “El Dr. Eduardo Carrión Eguiguren colaboró en la obra con un artículo publicado con anterioridad.

Entre el 57 y el 61 fue Vocal del Tribunal Supremo Electoral. El 58 Director del Centro Internacional de Estudiantes. El 59 Asesor del Ministerio de Relaciones Exteriores, asistió a la Reunión de Consulta que se llevó a cabo en Santiago de Chile y entre 1960 y el 61 fue miembro y ocupó la Vicepresidencia de la Junta Consultiva del Ministerio de Relaciones Exteriores.

Su activa militancia y labor proselitista en el Opus le encaminó hacia la vida sacerdotal y tras renunciar a sus cátedras y a la Caja del Seguro, viajó a la central en Madrid, recibiendo la ordenación el 5 de Agosto de 1962 en la Basílica de San Miguel. Tenia treinta y un años, hablaba italiano, francés y algo de inglés y latín y volvió para trabajar en tandas de retiros en la casa que ya tenía la obra, donde dictó conferencias, sermones, recibió confesiones y esporádicamente viajaría a Cuenca y a Tulcán.

Esa labor copaba la mayor parte de su tiempo, el resto lo dedicaba a sus cátedras que había retomado en la Universidad Católica y a brindar asesoramiento a la Nunciatura Apostólica en asuntos tan diversos como la participación de bienes entre varias Diócesis, la preparación de un

Acuerdo con el gobierno del Ecuador, ciertas intervenciones especiales en defensa de los derechos de la Iglesia, etc.

En 1962 publicó un texto para sus alumnos titulado “Manual de Derecho Internacional Privado Ecuatoriano” en 324 págs. cuya segunda edición revisada y notablemente ampliada apareció el 77 en 380 págs. y la tercera el 86 en 376 págs.

En 1964 comenzó a publicar en los primeros diez números de “La Revista de Derecho,” las concordancias y jurisprudencia del Código Civil, trabajo muy meritorio por cierto; la revista era propiedad de la Corporación de Estudios y Publicaciones que Larrea fundó con los doctores Rene Bustamente Muñoz y Eduardo Burneo y que por varios años fue la mejor de su género en el Ecuador, salía casi trimestralmente bajo la dirección del Dr. Francisco Jordano, abogado de nacionalidad española y miembro supernumerario del Opus Dei en Quito pero a su muerte dejó de aparecer en el número cuarenta y seis.

Ese año salió el “Derecho Civil del Ecuador” – considerada su obra magna – que avanzó hasta el tomo VII en 1974. Desde el primer volumen se vio claramente que se trataba de un trabajo excepcional. La Junta General de la Casa de la Cultura, a petición del Dr. Alberto Avellán Ferrés, aprobó un voto de aplauso a su autor. La Comisión Jurídica de Coordinación y Asesoramiento de la Reforma Legal le felicitó sin reservas. El tomo I trata de las personas, el II del Derecho de Familia, el III de la Filiación, Estado Civil y Alimentos, el IV de las Guardas, el V de los Bienes y la Posesión, el VI de los Derechos Reales. Posteriormente continuaría esta obra que sin embargo no llegó a concluir.

Había surgido el gran civilista que el país estaba esperando desde las postrimerías del siglo pasado cuando Luis Felipe Borja escribió sus Comentarios al Código Civil Chileno, adoptado por el Ecuador en 1861. Larrea estaba a la altura de Borja, siendo éste más erudito en opiniones antiguas y modernas porque nutrió su obra de fuentes romanas y francesas especialmente, con glosas y concordancias. Larrea, sin tantos adornos, es más dialéctico y ágil por sus opiniones personales siempre acertadísimas y hasta le habría superado de no ser porque su condición de sacerdote le frenó al comentar ciertas instituciones y doctrinas, unas porque están en contra de los dogmas y otras porque se oponen a las costumbres católicas, sin aceptar que la liberación absoluta de los estados de la tutela romana es un hecho histórico irreversible en las naciones de Occidente, de manera que el criterio jurídico expuesto por Larrea en 1964 chocaba por retrógrado con el criterio de Andrés Bello expuesto en 1842, siendo éste último mucho más avanzado ¡Qué paradoja] explicable únicamente por la influencia falangista española sobre el criterio de nuestro ilustre jurista ecuatoriano.

La obra empezó a salir en 1964, año de la Reforma Agraria en el Ecuador, que a través de su correspondiente Ley marcó el final del concepto romano de propiedad absoluta para dar paso a otro nuevo de la propiedad en función social, de suerte que sus Comentarios nacieron justamente cuando el viejo Derecho Civil estaba siendo animado por un nuevo espíritu muy distinto al que lo había formado, sin embargo fue tal el éxito que el 68 editó un Compendio en 931 págs. Resumiendo su obra.

Entre 1965 y el 68 volvió a ser miembro de la Junta Consultiva del Ministerio de Relaciones Exteriores. Entre 1966 y el 69 fue Conciliario del Opus Dei, luego de lo cual, aunque sin mando, ha sido la primera figura de este movimiento en el país.

En la Conferencia Episcopal ecuatoriana formada por la prelacia de la iglesia era figura destacadísima no solamente por ser quien era sino también por ser hijo de Carlos Manuel Larrea, Canciller ecuatoriano que en 1937 suscribió el Modus Vivendi con la Iglesia. El Cardenal Pablo Muñoz Vega le consideraba su mano derecha y fue encargado de elaborar un proyecto de Pastoral conjunta sobre cuestiones sociales.

En 1967 empezó a publicar varias obras didácticas y de consulta, en colaboración con otros abogados españoles del Opus Dei traídos al Ecuador por Larrea y que le ayudarían enormemente en su labor futura, pues formaban un equipo de juristas bien preparados aunque con doctrinas anacrónicas para el desarrollo de nuestro país y en general del mundo occidental. Primero fue “Códigos y Leyes de la República del Ecuador”, recopilación muy útil en seis gruesos volúmenes de aproximadamente 1.000 págs sueltas cada uno, que aparecieron hasta el 74, luego “Constitución de la República del Ecuador”,

Concordancias, títulos e índices en 162 pags sobre la Carta Fundamental aprobada por la Asamblea Nacional Constituyente del 67.

El Dr. Carlos Arízaga Vega, miembro del partido conservador en dicha Asamblea, le solicitó un proyecto de reforma integral al Código Civil. Larrea aceptó tan ímproba labor y encontró quinientos cuarenta artículos que debían ser modificados. Los miembros de la Comisión Legislativa Permanente le nombraron Asesor para que en un año presente el proyecto definitivo, que aprobado por el legislativo, fue impugnado por el presidente Velasco Ibarra en 1969 “por atentatorio a la familia” pues dichas reformas significaban un franco retroceso en las conquistas de la igualdad de derechos de los cónyuges y supeditaba a la mujer a su anterior incapacidad jurídica, al punto que ni siquiera podía manejar libremente sus bienes propios (adquiridos por herencia y/o por su trabajo en profesiones liberales) se cuenta que cuando el Presidente Velasco Ibarra terminó la lectura del proyecto mandó a llamar al Dr. Larrea y antes de que pudiese ingresar al despacho pues le recibió en las puertas, en tono desabrido le devolvió el proyectó, gritando: ¡Ud es enemigo de la mujer! señor.

Poco después advino la dictadura civil velasquista y como se temía que las reformas queden sin efecto, Mauricio Gándara intervino ante Velasco Ibarra para que dicte un Decreto favorable y se superó el incidente. Mucho pesó en el criterio de Larrea Holguín el pensamiento anacrónico del Opus Dei que considera a la mujer como un ente pasivo en la sociedad, un simple ente reproductor. El malhadado proyecto fue publicado en el Registro Oficial con el No. 256 y se convirtió en ley de la República.

Fruto de tantos trabajos es un librito que Larrea aprecia y quiere, titulado “La Igualdad de los cónyuges, la igualdad de los hijos” en 160 pags. publicado en 1970 con las mencionadas reformas.

En 1968 había iniciado con sus compañeros abogados españoles el fichero del índice Analítico del Código Civil editado a través de diez volúmenes, paralelamente ellos iban conformando un Indice de Legislación, cuya primera edición auspiciada por el Banco Central en 1977, apareció en un tomo. La segunda se compone de cuatro tomos actualizados con los Anuarios que empezaron a salir el

86. Los últimos han sido elaborados a medias con el Dr. José María Vásquez, abogado también de nacionalidad española y del Opus Dei, que residía en Quito.

En 1969 falleció su madre y sacó un comentario jurídico sobre “La nueva estructura constitucional ecuatoriana” en 476 pags mereciendo el Premio Tobar de la Municipalidad de Quito. Entonces comenzó un fichero jurídico por tarjetas impresas, llegando a elaborar más de tres mil en 1.975, que se paralizó por razones económicas al bajar ostensiblemente el número de suscriptores.

Tantos libros suponían una labor en conjunto de varios abogados con sus ayudantes bajo la razón comercial de una empresa editora como es la “Corporación de Estudios y Publicaciones” que indudablemente ha sido uno de los mayores logros jurídicos de Larrea Holguín; pues, aparte de la labor prestada en ese campo, ha realizado obra cultural fecunda.

También el 69 fue designado Obispo Auxiliar de Quito y publicó “Ley y Reglamento de Elecciones” concordancias, títulos e índices en 144 págs.

De esos tiempos fue un fichero de legislación iniciado por curiosidad erudita y que originó un volumen publicado en 1972 con la legislación ecuatoriana dictada en los veinticinco años comprendidos entre 1947 y el 72 en 360 págs. que logró completar al año siguiente con las leyes dictadas desde 1830 a 1947 y con las grancolombianas de 1822 a 1830, para lo cual su equipo jurídico debió investigar en el archivo de la Corte Suprema y en los Registros Oficiales.

Entre 1970 y el 75 trabajó por contrato con la Corte Suprema la preparación de proyectos de reformas legales al Código del Trabajo, Ley de Compañías, Ley del Banco Nacional de Fomento, del Instituto Nacional de Colonización Amazónica, etc.

En 1971 fue llamado en la dictadura civil velasquista a conformar una Comisión especial con los doctores Alfredo Vera Vera y Humberto Vacas Gómez a fin de estudiar las reformas urgentes a la Ley de Educación, pues la Universidad Central llevaba nueve meses clausurada y se quería reabrirla. En tres días estuvo listo el proyecto que Velasco discutió artículo por artículo con el gabinete y aprobó con

y descendientes de la servidumbre doméstica del tirano, se hallaron sus restos depositados en una caja de aluminio, dentro de un ataúd de madera con las iniciales G.M. en el interior del convento de Santa Catalina de Siena. El dictador Rodríguez Lara se prestó en su inocencia, para presidir el cortejo fúnebre hasta a la Basílica del Voto Nacional donde actualmente están.

Desde ese año 75 escribió dos artículos semanales para el periódico “La Verdad” de Ibarra y a petición del decano Mario Gómez de la Torre dictó el curso de Derecho Internacional Privado en la Facultad de Jurisprudencia de la Universidad Central. Igualmente inició la publicación del “Repertorio Jurídico Ecuatoriano” que avanzó hasta 1985 completando 34 volúmenes, con jurisprudencia de la Corte Suprema, seleccionada y clasificada por él. “He leído desde 1952 todas las sentencias de las cinco Salas de la Corte Suprema resumiendo sus partes más importantes y seleccionando las mejores”, declararía después.

En 1975, a raíz de su fallida precandidatura para el cargo del Rector de la Universidad Católica de Quito y de los cambios que se suscitaron en la Facultad de Jurisprudencia con los cuales no estuvo de acuerdo, renunció al sub decanato y a su cátedra, tras veinte y dos años de profesorado.

Eran los tiempos de la Iglesia de la Liberación surgida al rescoldo del Concilio Vaticano II celebrado en Roma entre 1962 y el 66 que permitió a los Obispos latinoamericanos reunirse posteriormente en Medellín para adoptar las políticas sociales más convenientes, así fue como se originó una nueva corriente católica con el nombre de Iglesia de la Liberación de los Pobres, también llamada la Nueva Iglesia, cuyo Jefe en el Ecuador fue hasta su muerte monseñor Leónidas Proaño, Obispó de Riobamba. Y miembro principalísimo el padre José Gómez Izquierdo, Párroco de la ciudadela Ferroviaria en Guayaquil.

En nuestra Patria se iniciaron pugnas internas y Larrea – colocado en medió de la vorágine por su posición de ultra derecha – se deprimió y prefirió retirarse pero sus compañeros de la Conferencia Episcopal le compensaron consiguiendo con Pabló VI su designación como Obispó auxiliar de Ibarra, dónde se principalizó al poco tiempo y mantuvo como Obispó titular hasta el 84.En esa Diócesis fundó los Seminarios Mayor y Menor, propugnó las Misiones a las zonas menos extendidas, atendió a la formación del Colegio de Otavalo y de la escuela Juan Diego de ibarra, cuidó de la preparación permanente del clero dentro de la ortodoxia propia de su modo de ser.

Al mismo tiempo y durante dos períodos fue miembro del Consejo Gubernativo de la Conferencia Episcopal y entre el 76 y el 80 publicó “Anuario Ecuatoriano de Derecho internacional” en dos tomos de 1310 y 904 págs en colaboración con su amigo el Dr. Mario Gómez de la Torre.

En 1978 editó “Derecho Constitucional Ecuatoriano” incluyendo un capitulo escrito por el Dr. Julio Tobar Donoso. En 1982, a consecuencia de un inicuo convenio suscrito entre la iglesia ecuatoriana y el Alto Mando de las Fuerzas Armadas, se creó el obispado Castrense para asesorar en materia religiosa a los Oficiales y miembros de las cuatro ramas (Ejército, Marina, Aviación, Policía Nacional) al igual que había ocurrido en la España falangista de Franco.

Larrea fue designado primer Obispo Castrense al año siguiente por Juan Pablo ii, pero solo entró en funciones el 84, consiguiendo tras un retiro espiritual dictado a los ciento veinte Cadetes del Colegio Militar Eloy Alfaro, que se confiesen y comulguen en su gran mayoría.

Tenía a su cargo a otros Obispos en calidad de Capellanes, dictó seminarios, charlas, conferencias de adoctrinamiento, etc. pero tres años más tarde, a raíz del alzamiento armado de los Comandos Especiales en Taura, fue acusado por la prensa de haber impartido doctrinas más políticas que religiosas y totalmente contrarias al espíritu democrático del país pues como se dijo, los Obispos Castrenses funcionaron en la España de los años 1940 al 75 y también en ciertos gobiernos fuertes de derecha, dictatoriales, como los del cono sur del continente: Argentina, Chile, etc. pero en Ecuador constituyen una institución aberrante por contraria al laicismo que separa al Estado de la iglesia. El 2007 han iniciado la construcción de una Catedral (sic.) en el interior de los terrenos del Colegio Militar en Quito, pero el proyecto no progresó.

En 1983 dio en ibarra un “Manual de Derecho Eclesiástico Ecuatoriano” en 248 págs. de gran utilidad para los sacerdotes con la crítica del Derecho Positivo en todo lo que aún se relaciona en el país con la iglesia Católica. En Noviembre falleció su ilustre padre. Gastó la totalidad de la herencia en comprar una gran extensión de terreno en Pamplona, a nombre del Opus Dei, para edificar la Universidad y los Colegios Mayores o Residencias estudiantiles. En 1985 fue enviado en Misión Especial a Roma a preparar la venida del Papa Juan Pablo ii al Ecuador. El 88 fue designado Obispo Coadjutor de Guayaquil y al año siguiente, el 8 de Diciembre del 89, se posesionó del Arzobispado en reemplazo de monseñor Bernardino Echeverría Ruiz, quien tuvo que salir por límite de edad y cuando solicitó que le permita seguir actuando en la Prefectura de Santa Elena porque aún se sentía con fuerza y vitalidad para hacerlo, Larrea se lo negó porque Echeverría hubiera continuado mandando desde allí.

Encontró Larrea una arquidiócesis en movimiento pero no supo aprovecharlo dada su natural parsimonia. Su lema episcopal “El amor de Cristo nos urge” lo empleó en asuntos meramente intelectuales. Desde 1989 fue Vicepresidente de la Confederación Episcopal Ecuatoriana cuyo portavoz era el Obispo español Antonio Arregui Yarza, también del Opus Dei, nacionalizado ecuatoriano. En 1990 concurrió al Sínodo de Obispos.

A la muerte del Cardenal Arzobispo de Quito, Pablo Muñoz Vega, correspondía suceder en orden de importancia nacional a monseñor Alberto Luna Tobar, quien había comenzado a ser tildado de izquierdista por su posición favorable hacia los pobres; por eso el Vaticano, siguiendo la recomendación del Nuncio de turno, designó Arzobispo de Quito a uno de los tantos Canónigos de esa Catedral, Antonio González Zumárraga, excelente persona que sin embargo ejerció dichas funciones deslucidamente, sin hacerse notorio en nada, siendo ese su temperamento natural. Por eso se afirma que el Papa Juan Pablo ii frenó en Latinoamérica a todos los movimientos católicos que propiciaban un cambio social así como en Europa ayudó a la destrucción de la URSS, al final del comunismo y de la llamada Guerra Fría con la caída del muro de Berlín en noviembre 1989. Lástima que a causa del Mal de Parkinson que debilitó su férrea voluntad y su cuerpo, se convirtiera en simple figura decorativa, entregado a la ultra derecha durante los últimos tiempos de su pontificado que fue muy largo.

En 1991 volvió a Roma con el fin de abogar por la intervención del Papa en el diferendo de límites entre el Ecuador y el Perú, pero esta iniciativa al apuro y sin mayor concierto jamás prosperó. A su regreso retomó la cátedra de Derecho Civil, esta vez en la Universidad Católica de Guayaquil. Nuevas ediciones de sus Catecismos para la Familia y para la Reconciliación y la Penitencia aparecieron en México. Estas obras, con ser de las menores suyas, no dejan de tener cierta importancia por su índole pedagógica.

En 1992 inauguró el instituto Pedagógico Católico para la formación de maestros, construido con donaciones en Guayaquil. Ocupaba su tiempo en dictar clases de Teología a pequeños grupos de seglares y en el Seminario, colaboraba en varias revistas, tenía planificada la continuación del Derecho Civil aunque la labor en la Curia le restaba gran parte de su tiempo pues mantenía un programa diario de cuatro minutos en TV escribía dos veces a la semana para “El Telégrafo” y hasta recogió algunos de esos artículos en folletos, pero dada su introspección y su falta de acción, no figuraba en la vida de la ciudad como quedó demostrado al formarse ese año la Junta Cívica de Guayaquil en la que no le consideraron.

Entonces pidió su ingreso y le designaron presidente de la Comisión de Moral que jamás funcionó pues la moral es un asunto muy serio que atañe al fuero interno de las personas y no puede ser regulada por comisiones institucionales, por muy cívicas que sean.

Su mayor agrado lo encontraba en sus ratos de ocio cuando se encerraba en el archivo de la Catedral a pintar unos cuadros al óleo que luego exponía en la Galería de Arte del Grand Hotel Guayaquil vecino a la Catedral. Tres veces lo hizo con éxito arrollador, pues antes de que se abrieran las muestras, la totalidad de la producción había sido adquirida por sus pudientes amigos de la Obra. Los investigadores del archivo, en cambio, se quejaban de no poder trabajar. Finalmente el archivo fue traspasado al Seminario y le quedó todo el local para jugar al golfito, inocente pasatiempo que compartía con sus amigos de mayor confianza.

Otra de sus genialidades, muy criticada por cierto, fue inaugurar un altar de mármol en la nave central de la Catedral dedicado a San José María Escrivá, novísimo santo de la iglesia a quien nadie conocía en Guayaquil en ese entonces. De allí que cuando la gente común y corriente lo observaba, inocentemente se preguntan qué hacía un escribano algo vejete y gordito en el interior del templo.

En 1999 recibió el Premio Nacional de Cultura Eugenio Espejo y el 2000 la Orden Nacional de San Lorenzo, una condecoración bastante rara, que muy pocos ecuatorianos ostentan, por ser el 10 de Agosto el día que la Iglesia dedica a ese santo. Ya se conocía el avance de su enfermedad. El 2002 su compañero en la Obra, Antonio Arregui Yarza, le reemplazó en el Arzobispado, pues Larrea había renunciado porque desde el 96 se encontraba bastante enfermo debido a un cáncer lento a la próstata que se le desarrolló por descuido y cuando se enteró del problema ya era muy tarde para operarse, finalmente se produjo la metástasis a los huesos. De todas maneras se sometía a periódicos tratamientos que lograron contener el avance del mal hasta que se fue agravando y falleció en Quito, muy adolorido, a las siete y media de la mañana del domingo 27 de Agosto del 2006, justo a los diez años de haber descubierto su enfermedad.

Los funerales se realizaron al día siguiente en la Basílica del Voto ^ Nacional y fue inhumado el 29 en la cripta subterránea de la Catedral de Guayaquil, ciudad en la nunca se acostumbró porque siempre se sintió extraño en ella, al punto que desde el 2003 que le aceptó su renuncia el Papa, salió de Guayaquil para vivir permanentemente en Quito.

De estatura más alta que mediana, tez canela, ojos y pelo negro, contextura delgada, parco para emitir opiniones y de pasiones controladas. scholar que amaba las cátedras pues era allí donde se movía con entera libertad y soltura por su naturaleza tímida, diplomática y reservada para todo lo demás, por eso no se brindaba espontáneamente a nada ni a nadie y su pensamiento y acción se circunscribía a pequeños grupos, elites del movimiento al que se perteneció.

Se le considera el mayor civilista ecuatoriano del siglo XX junto a su pariente lejano el Dr Ramiro Borja y Borja, y su labor como recopilador y estudioso de reglamentos, leyes y sentencias ha sido de enorme provecho para alumnos y profesores del país y por qué no decirlo también, de sus colegas abogados pues fue un trabajador intelectual insigne que acostumbraba aprovechar el tiempo sin desperdiciar ni un solo instante.

y sin decir media palabra, hasta que se le ocurrió al Gobernador salir del despacho y se sorprendió del desagradable suceso, que fue muy comentado en la ciudad. A su pariente por Holguín, el Dr. Fernando Jurado Noboa, le decía “doctor” hasta que en alguna ocasión Fernando le replicó “Dígame Fernando”, siendo respondido “No puedo, no me sale.”

Era tan atrabiliaria su forma de pensar que en la edición del diario El Telégrafo del Domingo 11 de Marzo del 2001 escribió las siguientes barbaridades: “La Iglesia es una familia, y quien la dirige actúa como pastor, imitando a Jesucristo Buen Pastor y esa labor de gobierno implica el dar buen ejemplo, aconsejar, exhortar, animar, pero también castigar. Los castigos en la Iglesia tienen intención medicinal, son para mejorar, para curar y muchas veces se reducen a lo que hizo San Pedro con Ananías y la mujer de éste: reprenderlos. Dios quiso corroborar el castigo, sancionando la falta de los impostores con la muerte repentina. No siempre los sancionados corresponden debidamente a la caridad pastoral que les corrige. Si hay humildad, se reconoce la falta, se enmienda, se rectifica; pero la soberbia lleva a reaccionar de mala manera y agravar los errores. La pena más grave que impone la Iglesia se llama ex comunión y consiste en privar al delincuente del derecho de recibir los sacramentos y de participar en la comunión de bienes espirituales de la Iglesia. El excomulgado no está condenado a la perdición eterna, sino que esta punición tiene por objeto hacerle reflexionar y rectificar. Algunos excomulgados han hecho penitencia; hay ejemplos en la historia, inclusive de emperadores y reyes que supieron arrepentirse y fueron perdonados. El que se levanta de su miseria y vuelve a Dios, como el hijo pródigo, puede llegar a ser santo. También se han producido lamentables episodios de endurecimientos de pertinacia en el mal, que han llevado a los castigados a extravíos cada vez mayores y aun a originar cismas y herejías con enorme daño para muchos. Vistos los acontecimientos con perspectiva histórica, se dice a veces: habría sido mejor tener clemencia, perdonar, pasar por alto… Pero quienes ejerciendo la autoridad han tenido que usar medios punitivos extremos, sin duda han pensado que así lo requería el bien común. Resulta muy difícil juzgar del mayor o menor acierto de los gobernantes en cualquier medida y más cuando recurren a las más severas. La conclusión general que surge del episodio que comentamos, consiste en que la caridad obliga a castigar, lo cual se ha de hacer siempre con moderación, y que quien recibe la pena debe acogerla con sencillez, humildad y gratitud, porque es para su bien y para el bien general de la comunidad,”

En asuntos intrascendentes también cometía yerros imperdonables, Al padre José Gómez Izquierdo prohibió por escrito que escriba su columna dominical en el diario El Universo o en caso contrario le someta los artículos para su aprobación antes de publicarlos, pero Gómez no aceptó y coincidió que pocos días más tarde fue declarado Periodista Insigne en acto solemne realizado en la Vieja Casona Universitaria de la ciudad, Larrea fue invitado, concurrió y presidió la mesa directiva, pero en el momento de la imposición de la presea, cuando la concurrencia se puso de pié, se quedó sentado, entonces le solicitaron que coloque la medalla y se negó, teniendo que hacerlo el Vicealcalde de la ciudad Luís Chin’boga Parra, pero el padre Gómez no se dio cuenta del incidente ni jamás nadie se lo refirió por un principio básico de caridad cristiana, En el fondo del asunto Larrea no soportaba la competencia de otro ^ sacerdote, que alguien de su misma

condición social tuviese tanto éxito, Venía endiosado de un Quito que jamás le negaba aplausos y de una Ibarra sin competidores y encontró a un Guayaquil donde vivía desapercibido y no era nada ni nadie.

Después de su fallecimiento al Opus Del se le ha ocurrido hacerle condecorar por el Vaticano con la santidad y existen estampas finamente impresas a colores con su retrato, una Oración para la devoción privada y se están recogiendo “testimonios de gracias y favores recibidos” para iniciar su proceso de beatificación como paso previo a los altares, Entre estos testimonios vale la pena referir algunos: Persona humilde que encuentra su cédula de identidad – que daba por perdida – dentro de un cajón del ropero a donde había caído por una rendija (Naranjal) Un sujeto que se salvó de una Audiencia de Juzgamiento donde posiblemente le iban a acusar porque el Fiscal perdió el vuelo a la capital y en el siguiente señalamiento fue declarado inocente (Quito) Otro que logró sacar una mercadería de la aduana, tras arduos tramites y venciendo serios tropiezos, luego de encomendarse al espíritu de Juan Larrea (Guayaquil) y así por el estilo; pero ya tiene su estatua en cultural sobre “Retrobar la Costa Brava”, Entre el 8 8 y el 90 vivió del subsidio del desempleo, equivalente entonces al noventa por ciento del último sueldo,

El 89 coordinó un proyecto para llevar a cabo una Exposición sobre perfumes, concurrió a un Seminario de Investigación Sociológica y se asoció al Instituí Cátala de Antropología en la calle Urgel No, 259 como miembro del equipo de Antropología de la Salud.

En 1990 colaboró como ayudante de Investigación del Profesor O, P, Chopra, de la Universidad de Delhi, en un curso de “Estrategias de marketing de las empresas españolas, sector químico, médico, farmacéutico y electrónico”, participó en el “Curso Básico de Educación Sanitaria en Centros de Asistencia Primaria” y fue ayudante de investigación del Dr, Joseph A Rodríguez. Ordenó y clasificó los Fondos bibliográficos del Instituí Cátala de Antropología, coordinó el estudio sociológico “Representación social de la infancia y de los maltratos y abandonos sufridos por ésta”, fue miembro de un equipo multidisciplinar de investigación que realizó los proyectos de “Propuesta de una evaluación sobre la incorporación de los Videos en las Salas de Espera” y “Análisis de la situación de saluden las Áreas Básicas de Salud”,

En 1989, una vez Licenciada, tomó el Doctorado en “Ciencias Sociales y Salud”, de 32 créditos, para lo cual ingresó al Departamento de Sociología de la Facultad Económica interesándose en la construcción social del olor, tema al que llegó tras la Semiótica y simbología del perfume, la comunicación no verbal, la relación olfativa dentro de la sociedad y la represión del olor, Finalmente desembocó en su Tesis que tituló “Los Miasmas, Antropología histórica de un concepto médico” que dirigió el Profesor José Mana Comelles, de la Universidad Rovira y Virgil de Tarragona,

En 1991 coordinó el Seminario “Reproducción Humana Asistida” a cargo del Profesor de la U, de Toulusse Louis Assier Andrieu, impartió en los Seminarios sobre “Los aspectos culturales en la educación sanitaria”, “Antropología y procesos Crónicos”, colaboró con el Prof, Joseph A, Rodríguez mediante la realización de seis entrevistas en profundidad y coordinó su proyecto sobre “Family care ofthe older eiderly”,

Ese mismo año fue a la Universidad mexicanos, pasaron por diversas penurias: les abrieron los baúles, no les era permitido hablar entre sí, ni con los que estaban de afuera y tras varías semanas se hicieron a la mar con mal tiempo que anunciaba borrasca. La travesía duró más de tres meses y el 30 de Marzo de 1768 arribaron a Cádiz, hallando una gran cantidad de jesuitas de las más diversas nacionalidades que esperaban la orden de pase a los Estados Pontificios.

La suerte seguía cebándose en ellos pues en mitad del viaje a italia hicieron una escala imprevista en la isla de Córcega entonces en guerra y padecieron lo indecible hasta que el Mariscal de Marborough dispuso la partida de los 3.314 jesuitas reunidos. Desde el puerto de Sestri en italia los desperdigaron por Ravena, Faenza y Rimini, pero lograron mantenerse unidos y hacer vida de comunidad hasta que en 1774 el Papa Clemente XIV abolió la Orden y fueron obligados a vestir de Abates y empujados por las circunstancias algunos hasta se casaron. Además vivían muy pobremente, de una miserable pensión que les pasaban a nombre del Rey de España y que a duras penas alcanzaba para cubrir los gastos más perentorios, por eso empezaron a trabajar y a producir por su propia cuenta.

Los hermanos Larrea León aprendieron el italiano y el dialecto toscano, al tiempo que se distraían en diferentes modos. Joaquín fue profesor de los niños de la familia Liorfi en Verona con sesenta pesos anuales de sueldo, poca cosa para entonces; pero así se iba el tiempo de los jesuitas del destierro que para distraerse y matar la ociosidad escribían poesías, algunas de las cuales recogió el padre Juan de Velasco en varios cuadernillos que hacía circular entre sus amistades como simple divertimento.

En 1783 moraban ambos hermanos en Ravena, muy molestos por las bandas de mosquitos y de ladrones que los asolaban. El 91 les llegó un paquete conteniendo las “Primicias de la Cultura de Quito” y escribieron emocionadísimos y poseídos de admiración por el talento de Espejo. Para entonces querían traducir al idioma italiano la historia del padre Juan de Velasco, pero no pasaron de la simple intención.

Al año siguiente Velasco entregó a su sobrino el padre José Dávalos y Velasco su colección manuscrita de poesías recogidas por “un ocioso en la ciudad de Faenad” en cinco tomos, divididosen libros para su mejor entender y escritos con su bella caligrafía y mucho esmero.

El libro Quinto está destinado a las poesías indiferentes, principalmente contiene poesías de Ramón Sánchez de Viesca, Ambrosio Larrea y José Llopis, así como de otros autores como Agustín Gutiérrez pero en menor número. En el Libro Octavo existe una composición de Ambrosio Larrea dedicada al padre Casimiro Siestrenczewicz, Obispo jesuita polaco y emisario al Papa en 1779 por la emperatriz Catalina de Rusia, al que sigue otro poema de su hermano Joaquín para la heroica vocación a la Compañía de Jesús en la Rusia, de don ignacio Tenorio, joven americano de la ciudad de Popayán.

De estas composiciones indica Juan León Mera, se desprende un aprecio por la versificación generalmente fluida y rica, lo expresivo de las ideas y lo tierno de los afectos. Ambrosio cantó el nuevo sepulcro del Dante mandado a construir por el Cardenal Gonzaga, a la santísima Trinidad, a la madre santísima de los Dolores, al sepulcro del padre Francisco Javier Clavijero, a la sordera total de don Juan de Velasco. La colección ha conservado cuarenta y seis composiciones suyas escritas en 52 páginas, la mayor parte de ellas vertidas al idioma italiano aunque con estructura castellana, como lo demostró fehacientemente Alejandro Carrión Aguirre en su valioso estudio sobre los poetas quiteños del ocioso en Faenza y no podía ser de otra manera pues el italiano era un idioma prestado y recién aprendido después de los veinticinco años. En lo formal Larrea prefería el Soneto sobre cualquier otra versificación aunque también escribía décimas, romances, endechas, etc.

Nada más conozco de su vida en italia a no ser que su muerte ocurrió en Faenza, a la temprana edad de cincuenta y cuatro años en 1796.