LAPIERRE CUCALÓN JOSE

PERIODISTA. Nació en Quito el 28 de Febrero de 1859. Hijo legítimo de Juan Antonio de Lapierre y Mira, Conde de Langliouille de Lapierre, Ministro Plenipotenciario de Francia en el Ecuador y de la guayaquileña Antonia Cucalón y Ariza (1)

Hizo sus estudios en San Juan de Puerto Rico y en Lima, donde cursó Ciencias Políticas y Administrativas bajo la hábil dirección del Profesor Pradié Foderé. Hacía valer su inspiración en estrofas que agradaban por su facilidad y elegancia.

En 1877 Antonio, su hermano mayor, casó en Quito con Marietta de Veintemilla Marconi, sobrina del dictador Ignacio de Veintemilla Villacís, quien designó al joven

Lapierre secretario de la Legación del Ecuador en Lima que presidía Miguel Riofrío.

Caído el dictador en 1883 Lapierre regresó al año siguiente con su madre viuda a Guayaquil, hizo una activa vida social en el Club de la Unión del que fue miembro del directorio y se concretó al diarismo y a la literatura, sobresaliendo como poeta satírico en “El Perico” que fundó a medias con el Dr. Francisco Martínez Aguirre en 1885, escribiendo en prosa y en verso, para protestar por el fusilamiento de Nicolás Infante. La parte poética corría a cargo de Lapierre, autor de numerosas y felices décimas y redondillas que pronto se hicieron famosas bajo el seudónimo de “Ruiseñor” y que dictaba con tanta facilidad y destreza al cajista, que éste iba componiendo directamente los tipos. Va una muestra: // ¡Álzate, Oh Patria! ¿Qué esperas? / o es que estás envilecida / y quieres vivir dormida / bajo tus altas palmeras? / ¿No ves morir denodados / a tus hijos adorados? / ¿No sientes en tu garganta / la torpe, la impura planta / del tirano y sus soldados? / / pero al poco tiempo fueron perseguidos y tuvieron que salir al destierro. Martínez Aguirre en 1886 a Panamá y Lapierre el 87 a Santiago de Chile, donde trabajó en periódicos hasta el final del período de su ex amigo el Presidente Caamaño en 1888.

Cuando ascendió a la presidencia de la República el Dr. Antonio Flores Jijón, tambien su amigo personal a quien había conocido y tratado mucho en New York, declinó varias funciones públicas que le fueron generosamente ofrecidas, por no estar de acuerdo las ideas progresistas del régimen, con su credo liberal radical.

El 89 fundó con Martínez Aguirre el diario “La Reacción” y el 91 formó parte de la Sociedad Liberal Democrática, ocupó una de las vocalías y trabajó por la candidatura para Senador de Pedro Carbo y para Diputados de César Borja Lavayen, Miguel Valverde y José María Sáenz.

Lapierre era un joven simpatiquísimo que no tenía enemigos, pues todo lo hacía con buenas y cultas maneras y rociaba sus versos con el dulce jarabe del buen humor. Por entonces acostumbraba asistir al mentidero del Diario de Avisos de propiedad de Antonio Elizalde Nájera, frente a la plaza de San Francisco, donde se reunían numerosos liberales a tratar de política y otros temas menores. También era famoso por su habilidad como enamorador del bello sexo, que siempre le atrajo sobremanera y tanto, que por prodigarse con muchas, se quedó solterón empedernido.

Ya era un periodista famoso. El 91 entró a la redacción de “El Telégrafo” donde firmó bajo el seudónimo de “Doctor Ox” y desde el 19 de Mayo dirigió “El Tiempo” y allí escribió como “Rigoletto” afanándose en felices partos de su numen y divertidas crónicas. En “El Tiempo” auspició la candidatura presidencial de Clemente Bailen y con sus compañeros de labores José Luis Tamayo y Luis Felipe Carbo formó una sociedad comercial para editar una obra relacionada con la Exposición Mundial que titularon “El Ecuador en Chicago” y constituye un clásico de nuestras letras pues contiene numerosas citas del Guayaquil anterior al Incendio Grande de octubre de 1896.

Poco después “El Tiempo” tuvo que salir con el nombre de “El Radical” por culpa de una anatema o prohibición de lectura que dictó el fanático y exagerado Arzobispo Ignacio Ordóñez Lazo y que solo se levantó merced a la intervención del presidente Luis Cordero, volviendo el periódico a su antiguo nombre.

El 22 de Enero de 1895 fundó con Luciano Coral en la redacción y Federico Reinel en la administración, el matutino “El Grito del Pueblo”, órgano del partido Radical, que impulsó el sentimiento popular en favor de la revolución liberal que se estaba gestando a causa del negociado de la bandera en la venta del crucero Esmeraldas. Lapierre figuraba como Director por no poderlo hacer Reinel por su nacionalidad colombiana y de esa campaña periodística son las siguientes coplas:

// Sin que China oliera la cosa // un blindado buscaba Japón / cuando supo que Chile vendía / la Esmeralda que no es mal vapor. // Ofrecióle muchísima plata / aún más de un millón / pero Chile le dijo: amiguito / taran, tan, tan / con bandera no. // Pepe Plácido les dijo: les presto / mi bandera, la del Ecuador / pero dennos ochenta millibras / a Noguera, Solórzano y yo. // Flint al punto entregó la platita / Aya en New York / y al cogerla Solórzano dijo: / taran, tan, tan / A Suiza me voy // Ay guayaba, guayaba guayaba / Ay guayaba de mi corazón / Ya Solórzano tiene ganado / sus cien años de perdón.//

Caamaño quiso disculpar su actuación con palabras que no convencieron a nadie y Lapierre le replicó con el siguiente verso: // Cuando el asunto anda terco / no hay música celestial / contra razón natural / la lora se come al puerco.// por eso se comenta aún que fue uno de los ingenios más finos y sutiles del periodismo ecuatoriano.

Mas, el 22 de Abril, Lapierre y Coral fueron presos y como desde la prisión siguió enviando colaboraciones en verso al periódico radical “El Duende”, que firmaba con su conocido seudónimo de “Ruiseñor”, las autoridades le obligaron a embarcarse desterrado a Panamá, donde conferenció con algunos liberales de importancia. Mientras tanto “El Grito del Pueblo” seguía apareciendo, aunque clandestinamente.

Al triunfar la revolución el 5 de Junio de 1895 regresó a Guayaquil y arribó el día 12, volviendo el diario a su primitivo formato y dedicando sus planas a aconsejar los medios para afianzar la transformación política.

El 15 de Junio arribó de Chile Marietta de Veintemilla, viuda de su hermano mayor Antonio de Lapierre Cucalón, quien le propuso traer armas del Perú para impulsar la revolución y colocar al frente de ella a su tío el General Ignacio de Veintemilla. Mas, al oírla, Lapierre le contestó: “Si la revolución triunfa, como tendrá que triunfar, el llamado a ponerse al frente de ella es el General Eloy Alfaro y al venir el General Veintemilla será como introducir dos gatos en un costal.”

El 18 arribó Alfaro a la isla Puná a bordo del vapor alemán “Pentaur”. Eran las cuatro de la tarde y fue recibido por una comisión del Círculo Radical presidida por Lapierre, quien pronunció el discurso de bienvenida. Luego el General se embarcó en el “Olmedo” con sus acompañantes, llegó a Guayaquil a las 7 y 1/2 de la noche entre vivas y aclamaciones, e hizo una solemnísima entrada por el Malecón.

Al día siguiente Lapierre fue designado Subsecretario del Interior y Policía y Luis Felipe Carbo y Amador titular Comunicada la oferta a Quito, el Canciller Dr. Nicolás Clemente Ponce desaprovechó la oportunidad que se presentaba para llegar a un arreglo directo y prefirió trasladar la solución del problema a Washington, donde pensaba que tocaría pronto a su fin; sin embargo, para mejorar las relaciones con el Perú, el 28 de Julio Lapierre fue ascendido a Ministro Plenipotenciario y en contra parte el Perú designó al Dr. Víctor Manuel Maurtúa con iguales funciones en Quito, quien presentó directamente al Canciller Ponce una nueva fórmula de arreglo, cambiando totalmente las bases de discusión y poco después fue intempestivamente enviado a Río de Janeiro, sin haber llegado a firmar nada en concreto con Ponce pero enterado de nuestras máximas concesiones territoriales, que el dicho Canciller le había hecho conocer.

El origen de su traslado al Brasil se conoció mucho después, había sido motivado para tranquilizar a la Cancillería de ese país acerca de las nuevas fronteras que se iban a formar como consecuencia de la suscripción del tratado secreto Salomón-Lozano, entre Colombia y Perú, cuyos detalles parece que ya se conocían en Río de Janeiro, mientras se ignoraban en su ^ totalidad en Quito. Por ello, nuestro Canciller Ponce, siguió presionando a través de Lapierre para que Lima nombre su representante en Washington con el fin de dar comienzo a las discusiones de la Fórmula Mixta, pero solo se obtuvo el envío del Dr. Enrique Castro Oyanguren a Quito y una promesa formal, pero no escrita, de que no era necesario que un diplomático peruano viajara a Washington, pues se propondría un nuevo arreglo directo en Quito, a base de la línea señalada en el tratado Herrera-García y las modificaciones introducidas por la Cancillería peruana.

Eso equivalía a una nueva negociación, que el incansable Canciller Ponce aceptó con tal de hallar la solución del litigio y así fue como firmó el protocolo Ponce-Castro Oyanguren, que despertó las mas vivas antipatías en el Ecuador y como para colmos le correspondía al nuevo gobierno del Dr. Gonzalo S. Córdova, llevarlo a la ejecución, éste se apresuró a reprobarlo, y todo quedó en nada. Entonces el Perú y Colombia, muy mañosamente, dieron a conocer el tratado Salomón-Lozano, con gravísimo escándalo internacional.

En el interim, Lapierre renunció a sus funciones diplomáticas en el Perú en que su padre fue teniente de Alfaro. Luis Felipe Lara Miranda después de Licenciarse del servicio militar, fue soldado raso en la aviación y empleado civil del gobierno de los Estados Unidos en las Islas Galápagos para la defensa del canal de Panamá en la segunda guerra mundial, donde aprendió inglés. A su regreso casó con María López Castro del Milagro y trabajó como reparador de maquinas de escribir sin gran éxito, de suerte que exploró otros trabajos. De sus estudios en la Filantrópica le quedó la inquietud por la pintura y el dibujo. Autodidacta, amigo de los dibujantes de la vieja guardia Virgilio Jaime Salinas, Juan Valarezo, Miguel Ángel Gómez y Manolo Andrade, se dedicó a la pintura comercial en Coca Cola, trabajando con el maestro Alfonso Cepeda Alonso en la fabricación de rótulos. Fue uno de los miembros fundadores de la Sociedad de Dibujantes del Guayas. El 65 fue contratado por la Cervecería Victoria de Quito, a su regreso le compró el estudio de publicidad a Nelson Zevallos Aubert localizado en Junín y Baquerizo Moreno, bajos de la Casa de Rafael Gálvez Molestina, cuya razón social fue “Anuncios Lara”. Al final de la década del 60 emigró a Nueva York buscando nuevos horizontes y llegó a formar parte del bureau de Artistas Gráficos. Regresó varias veces al Ecuador, finalmente se jubiló en los Estados Unidos en 1993 y vivió con su esposa en nuestro puerto.

Luis es el mayor de una larga familia compuesta de ocho hermanos que habitaron en diferentes casas alquiladas. Cuando su abuelo Heriberto Lara Abadíe estaba sintiendo el final de sus días, se fue a vivir con su único hijo Luis Felipe y enseñó a su nieto Luis a leer y escribir, por eso entró directamente al segundo grado en la escuela “Esperanza Caputti Olvera” dirigida por la ilustre maestra Victoria Pérez Rivera.

Su padre le enseñó a hacer cometas, a volarlas y a jugar a los trompos, también acostumbraba llevarle a nadar y a remar al estero salado y hasta le puso un profesor de inglés ya que sus medios se lo permitían.

En 1955 vivieron un año en Quito, en la Chimborazo e Imbabura, estudió en la escuela fiscal “República de Chile” y cuando volvieron a Guayaquil asistió la escuela fiscal “República de Chile” donde terminó la primaria.

El 57 pasó al Colegio Particular “Eloy Alfaro”, fue un alumno menos que regular y bastante indisciplinado, que sin embargo gustaba de la buena lectura y los deportes.

Cansado de sus estudios los abandonó en sexto curso para buscar una identidad. Pronto se inició como pintor comercial, trabajando por contrato con la compañía Febres Cordero en la publicidad de los productos marca Shell que importaban. En dichas labores se hizo ayudar de su hermano Hugo y luego por Edgard Chalco, joven pintor cuencano. Para su trabajo utilizaban los logotipos propios de esos productos y aunque estaba próspero llegó a cansarse de la rutina por que no había creatividad y empezó a manchar varios cartones con su hermano Hugo, con escasos óleos y pinturas de lata, observando que podía representar abstracciones a lo Jackson Pollack, Hugo logró unos paisajes impresionantes, tras lo cual intervinieron en el Salón de Julio.

Entonces dejó los contratos a su hermano Hugo y alquiló un departamento en la parte antigua de Quito pues estaba decidido a labrarse un futuro como pintor.

De allí en adelante y con el dinero ahorrado en la Shell se dedicó a pintar una serie de cuadros con un desdibujo y fuertes brochazos que le imprimían un efecto dinámico a sus neo figuraciones. Fue una época de liberación, pintaba incesantemente, vivía una intensa bohemia en el café Royal junto a la Catedral Metropolitana, donde se reunía con jóvenes pintores, el chileno Carlos Tapia Sepúlveda cuyo seudónimo es Catasse, Mario Ronquillo, Chicky de la Torre, Washington Iza, Nelson Román, Pepe Unda y Ramiro Jácome. Estos cuatro últimos trabajaban para Wiison Hallo en la galería Siglo XX que quedaba a pocos pasos del Café. También les visitaba en su taller colectivo de la calle de la Ronda, donde pintaban obras de corta feístico con una marcada influencia del pintor mexicano José Luis Cuevas y en otros casos se encontraba la presencia del Maestro Italo -argentino Benedetto cuya obra la conocían por Hallo, igualmente se produjo el influjo del color del maestro español Manuel Viola que por esos días -1965- exponía en Quito. En la xposición anti – bienal efectuada en la Galería Siglo XX conoció a Manuel Yaulema a través de Gonzalo Pérez Corral con quien hizo trabajo de taller y lo considera uno de sus maestros en el campo del dibujo y la pintura.

En 1968 fue invitado a exponer por Francisco Coello, Director fundador del Centro de Promoción Artística de la Casa de la Cultura Ecuatoriana, que había trabajado como ayudante de publicidad de su padre y después viviría en Suiza. La crítica le fue favorable en la exposición y se vendieron varios cuadros a pesar de la tormenta eléctrica que hubo aquella noche.

En 1970 volvió a Guayaquil y con sus hermanos Hugo y Lucía fundó la galería “Art 70” en Rumichaca y 10 de Agosto. (1)

En el 72 realizó su primera visita a Nueva York, tras los pasos de su padre, quien se hallaba en dicha metrópolis dedicado a las artes gráficas y completó su formación con estudios de diseño y artes gráficas, trabajó como serígrafo y más tarde como colorista para la impresión de papel tapiz y también en el cuarto obscuro haciendo separación de colores por medios fotográficos en el departamento de arte de Korvetts.

Vivió en un pequeño departamento de la Avenida Segunda y Calle Once en el Greenwich Village y por sus conocimientos del idioma inglés hizo contacto con artistas e intelectuales de esa área de Manhattan.

El 73 viajó con su hermano Hugo a Madrid, alquilaron un taller en la Calle Argensola 1o, propiedad de la Familia Repolles. El escritor Francisco Tobar García, funcionario de la Embajada del Ecuador, les abrió las puertas en su quehacer artístico. El 74 Renán Flores Jaramillo les facilitó una exposición en el Club Internacional de Prensa en Madrid. Luis pintaba y vendía con cierto éxito temas de toros y una especie de arte rupestre cantábrico, accediendo al comportamiento del hombre en su fase prehistórica.

En 1974 regresó al Ecuador con un espíritu animado de modernidad. Alquiló la planta baja de la casa de la familia Calderón Macías en “Las Peñas” donde aún permanece, quizá motivado por su nostalgia del “Village” y tras diversos ensayos con la figuración comenzó nuevamente en un plan de auto desafío a experimentar, buscando la exhuberancia formal, cuya consecuencia es un tremendo ensanchamiento técnico que le servirá de nuevo punto de partida.

El 75 volvió con su hermano Hugo a Europa; visitaron varios países,estudiaron en los museos, hicieron amistades importantes, fue una época de deslumbramiento, Hugo quedó en París y Luis pasó a Alemania donde se mantuvo con la venta de sus cuadros, y su producción se vio fuertemente afectada por el arte alemán.

El 76 expuso en Guayaquil y Loja. Hernán Rodríguez Castelo, de quien tomamos la siguiente crítica, ha opinado de este periodo “siempre seducido por lo abstracto y siempre inquieto, tiene una etapa casi gestual -trazos cromáticos en ebullición y casi estallido y otra de clara decisión métrica – emplea papel periódico, alquitrán acaso yeso, para dar bases muy texturadas al acrílico en obras lo mismo informalistas que sígnica con dejos de precolombinísimo.”

De allí en adelante hasta el 83 fue llamado a exponer en las más prestigiosas galerías de arte de Guayaquil, pues se le considera uno de los mejores pintores abstractos de Latinoamérica.

En los 80 se asentó definitivamente, formalizó su hogar con Josefina Elisa Baquero Espinosa, con dos hijos que de grandes estuvieron en los Estados Unidos.

En 1983 volvió por una corta temporada a Nueva York, alquiló en la 105 St. y Amsterdam y fue diseñador libre. En el 84 presentó una retrospectiva en el Museo Municipal de Guayaquil. En el Banco Continental expuso una serie de pinturas murales que evocaban dibujos rupestres, inscripciones jeroglíficas, o creaciones simbólicas sobre fondos azules, violetas y rojos, con mucho blanco, tratados casi musicalmente – azules y rosas en juegos contrapuntísticos y finalmente texturados y sobre ellos flotaban los trazos caligráficos o incisos pintados.

Esta etapa de pictografía terminó en 1985 con el mural de la Cámara de Comercio de Guayaquil realizado en granito blanco, cuyas piezas fueron vaciadas en moldes de yeso obtenidos del positivo en tamaño natural modelado por el artista en arcilla.

El 26 de Noviembre de 1985 el Núcleo del Guayas de la Casa de la Cultura haciendo justicia a sus méritos y valores intelectuales lo nombró miembro de la sección Artes Plásticas.

El 86 Robert Mix escribió un ensayo sobre su obra bajo el título de “Abstract