JORGE JUAN Y SANTACILIA

MARINO Y CIENTIFICO.- Nació en la finca El Fondonet, propiedad de su abuelo Cipriano Juan Vergara, vecina a la villa de Novelda, Alicante, España, el 5 de Enero de 1713 y fue bautizado en la villa de Monforte del Cid. Hijo legítimo de Bernardo Juan y Canicia, de la familia de los Condes de Peñalba y de Violante Santacilia y Soler de Cornellá, de familia de hacendados en Elche, España. Ambos eran viudos, casados en segundas nupcias y habitaban en una casa situada en la plaza frente al mar de Alicante, pasando temporadas de descanso en Novelda.

De tres años quedó huérfano de padre. Estudió las primeras letras en el Colegio de los jesuítas de Alicante bajo la tutoría de su tío Antonio Juan, Canónigo de la Colegiata de esa ciudad pero al poco tiempo otro de sus tíos llamado Cipriano Juan, sacerdote Bailío de Caspe en la Orden de San Juan, también conocida con el nombre de Orden de Caballeros hospitalarios de Malta, le llevó a Zaragoza donde estudió Gramática y Aritmética y de trece años pasó a la isla de Malta a servir como paje del Gran Maestre, quien le tuvo en su corte tres años, le entregó el hábito e hizo donación de la Encomienda de Aliaga.

En 1729 volvió a España para ingresar en Cádiz al cuerpo de Guardias Marinas de la Real Armada que funcionaba en la Escuela Naval y Militar de San Fernando, asombrando a sus profesores por su gran talento para las ciencias matemáticas, la astronomía, cosmografía y navegación y por su afición a estas ciencias sus compañeros le llamaban Euclides. El 31 acompañó al Príncipe Carlos en su viaje a Nápoles, donde éste asumió la corona de ese reino con el título de Carlos I.

En 1732 asistió a la campaña de Orán en las tropas de desembarco al mando del Marqués de Santa Cruz de

Marcenado y en el asalto que dio el General Blas de Lezo a la ensenada de Mostagán.

El 33 vivía dedicado a la enseñanza en Cádiz. A principios del 34 y cuando aún no contaba los veinte y un años el Rey Felipe V le escogió para que en unión de Antonio de Ulloa acompañe a los académicos de Ciencias de París, a medir en las regiones australes el cuadrante de un arco del meridiano terrestre, con la finalidad de averiguar la verdadera forma o figura de la tierra, dándoles a ambos el grado de Tenientes de Navío con la paga correspondiente. Fue un salto de cuatro grados en el escalafón militar.

Ulloa y Juan partieron de Cádiz el 28 de Mayo con rumbo a Cartagena de Indias donde les recogió la Misión Geodésica francesa presidida por Charles de la Condamine. De allí pasaron a Portovelo, Panamá, Manta y Guayaquil y finalmente el 29 de Mayo de 1736 arribaron a Quito, hospedándose en casa del Fiscal de la Audiencia Licenciado Juan de Balparda, yerno del presidente Dionisio de AIsedo, que vivía prevenido contra los criollos americanos considerándoles en todo inferiores a los españoles peninsulares, de suerte que ambos jóvenes sufrieron esa mala influencia, puesto que Balparda les convidaba continuamente a cenar, tertuliaba con ellos y les entretenía contándoles anécdotas de la vida quiteña; sin embargo, no por eso dejaron a un lado el objeto del viaje, pues pocos días después de su llegada se trasladaron al norte y en la llanura de Yaruquí se aplicaron a realizar las primeras mediciones.

Godín y Ulloa comenzaron a medir descendiendo desde Caraburo y La Condamine y Juan ascendieron desde Oyambaro. Concluidas las operaciones al cabo de un mes, volvieron a Quito y tras realizar varias observaciones, siguieron a Loja en el sur, buscando un sitio para medir, que encontraron en la llanura de Tarqui, donde permanecieron algunos meses esperando las condiciones climáticas más propicias.

En Septiembre de 1740 y a consecuencia de un ridículo incidente de Ulloa con el presidente de la Audiencia Dr. José de Araujo y Río, tuvieron Juan y Ulloa que viajar a Lima a sincerarse con el Virrey y cuando estaban listos para emprender el regreso a Quito, cundió la noticia de que la flota del almirante inglés George Anson merodeaba por las costas del Pacifico y había sorprendido el 24 de Noviembre al puerto de Paita, destruyéndolo completamente, existiendo el peligro que hiciera lo mismo con Guayaquil.

En Febrero del 41, a solicitud del Virrey del Perú, Marqués de Villagarcía, Juan y Ulloa iniciaron las fortificaciones de varios puntos costeros y dirigieron los ejercicios de la tropa de guarnición. A fines de mes volvieron a Lima y el mismo Virrey les dio el mando de dos fragatas comerciales debidamente armadas para que persigan en aguas chilenas a Anson, pero aunque llegaron hasta Talcahuano no pudieron encontrarlo.

El 42 presentaron un muy completo “Plan del camino de Quito al río Esmeraldas, según las observaciones astronómicas de Jorge Juan y Antonio de Ulloa (1736 – 1742)”

En 1743 estaban nuevamente en Quito. Las observaciones astronómicas finalizaron el 44 y dieron por resultado que la forma de la tierra no era perfectamente esférica porque sufría un achatamiento en los polos. Entonces Juan se despidió de Ulloa, siguió al Callao y pasó a Europa. Primero tocó en el puerto de Brest en la Bretaña francesa, continuó a París y expuso conjuntamente con los académicos franceses los resultados del viaje. Su destacada actividad en esa expedición le sirvió para ser nombrado Socio correspondiente de la Academia de Ciencias y en 1746 regresó a España tras once años de ausencia y fue ascendido a Capitán de Navío.

En 1749 el Rey le encargó escribir la parte científica del viaje que Juan denominó “Relación de las Observaciones”, a tiempo que Ulloa corría con la histórica y descriptiva. Después le mandó secretamente a Londres para estudiar las técnicas constructivas de barcos directamente de los astilleros ingleses, así como sus adelantos en todas las ramas científicas y en el comercio pero fue descubierto tras año y medio en Inglaterra, sin embargo, ya había mandado informes a varios ingenieros y oficiales y contratado a operarios y empezaron a dirigir la construcción de embarcaciones y navíos en los astilleros españoles, con tan buenos resultados que a los pocos años los ingleses devolvieron la visita – secretamente por cierto – para estudiar los logros alcanzados. Entre los peritos navales que envió Juan a trabajar en España con buenos sueldos se cuenta a Rooth para el Ferrol, a Bryant para Cartagena de Levante y a Mullan para Cádiz, donde también estuvo Howell que pasaría a Guarnizo.

Su amigo el Ministro General, Zenón de Somodevilla y Bengoechea, Marqués de la Ensenada, le consultaba en todo género de obras civiles e hidráulicas, minas, canales de riego, liga y afinación de los metales. Por eso tuvo a su cargo los trabajos de reconocimiento de la sierra del Alcázar con el objetivo de conducir las aguas de los deshielos por varios acueductos hacia los campos de Lorca y Totana.

En 1748 y con Ulloa habían publicado en Madrid “Observaciones astronómicas y físicas hechas de Orden de su Majestad en los reinos del Perú, de los cuales se deduce la figura y magnitud de la tierra y se aplica a la navegación” y la “Relación histórica del viaje hecho de orden de Su Majestad a la América Meridional”, describiendo minuciosamente sus experiencias y conocimientos de América y de los mares y costas del País y tuvo tanto éxito que fue traducida al francés en 1753 y al inglés en 1758, mereció numerosas felicitaciones y alentados por el éxito alcanzado, por orden del Ministro Marqués de la Ensenada, escribió unas “Memorias secretas” tratando sobre la degradación de las costumbres, el clero y las autoridades y anticipando que si no terminaban

las pugnas entre criollos y chapetones se produciría la independencia de las colonias americanas de España. Estas Memoria Secretas no pudieron ser publicadas en España y permanecieron muchos años inéditas porque narran las costumbres de esos tiempos coloniales, la relajación del clero, la corrupción de las autoridades, la concupiscencia de las clases altas y la degradación a la que había llegado el pueblo.

En 1749 sacó también con Ulloa “Disertación histórica y geográfica sobre el meridiano de demarcación entre los dominios de España y Portugal.”

En 1751 visitó las minas de azogue de Almadén para proporcionar una mayor ventilación y mejorar su producción. Luego estuvo viviendo en Cádiz como Capitán de la Compañía de Guardias Marinas y de Director de la Academia de Instrucción Naval arregló el método de enseñanza que se había de observar, publicándolo como texto bajo el título de “Examen Marítimo. Compendio de Navegación”, claro resumen de los progresos náuticos y mecánicos de su época, trabajando en estrecha colaboración con otras instituciones como el Real Colegio de Cirugía fundado en 1748 y el Observatorio Astronómico de la Marina instalado a partir de 1751.

La Real Sociedad de Berlín le hizo su miembro pues era una de las mentalidades más claras de España en astronomía, matemáticas, náutica, geografía, cosmografía, etc. perfecto representante del enciclopedismo de su época y como gustaba cultivar la amistad de las personas, su popularidad era inmensa.

En 1753 dirigió la gran obra de construcción del arsenal del Ferrol en Galicia, teniendo a cargo sus diques, las bombas de fuego, las gradas para la construcción de navíos y el método para construirlos.

El 54 fue miembro de la Junta General de Comercio y Moneda con encargo de arreglar los pesos y medidas del reino y pasó por segunda vez a las minas de Almadén a fin de cortar un incendio que se había prendido. De allí siguió a remediar el dique de Cartagena, que
no había podido resistir ni siquiera la primera prueba, admirando a todos por la profundidad de sus conocimientos y convenciendo incluso a los que se habían opuesto inicialmente a sus ideas, hasta que logró componer el daño y lo puso nuevamente en funcionamiento, en todo conforme con el otro que también existía. Después viajó al norte de España a arreglar el dique del Ferrol en Galicia, siempre en servicio del estado, levantando los planos de numerosos puertos.

El 57 fundó el Real Observatorio de la Armada en San Fernando, que después fue trasladado a la Isla de León y editó el “Compendio de Navegación para el uso de los Caballeros Guardias Marinas.” En 1758 fundó en su hogar de Cádiz una célebre tertulia llamada “La Asamblea amistosa literaria” donde conversaban temas elevados y beneficiosos para la sociedad. Allí leyó los primeros diez capítulos de su obra más célebre titulada “Examen Marítimo” y nació la Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales de Cádiz y numerosas vocaciones se formaron a través de ella. Ese año visitó el asiento minero de Linares y enfermó de un cólico vilioso del que nunca logró curarse enteramente.

Hecho Jefe de escuadra de la Real Armada, fue vocal del Consejo de Guerra que Juzgó a los generales en servicio en La Habana cuando la tomaron los ingleses en 1762.

Desde Febrero del 67 desempeñó durante seis meses y medio la embajada extraordinaria en la Corte del Emperador de Marruecos, a quien entregó en devolución doscientos ochenta y cinco esclavos entre moros y turcos.

Nuevamente en Madrid asesoró a todas las Secretarías del real Despacho y fue designado Director del Real Seminario de Nobles, para el que reformó el Plan de Estudios y redactó un “Examen marítimo teórico práctico”, alternando sus trabajos científicos con los más diferentes asesoramientos que prestaba al Supremo Consejo de Castilla y a los ministros del Rey. En 1771 salió su texto “Examen Marítimo teórico práctico”, considerado fundamental para la construcción naval en el siglo XVIII, por eso toda Europa le reconocía y llamaba “el sabio español”, tal su fama.

I estando en la dirección del Real Seminario le ocurrió el fatal accidente del que perdió la vida – un violento ataque epiléptico – el 21 de Julio de 1773, a los sesenta años, causando su desaparición un gran sentimiento pues fue virtuoso, sabio, afable, digno e infatigable para el trabajo y los estudios.

Al año de su muerte apareció la obra científica de su autoría titulada “Estado de la astronomía en Europa”.

Su retrato moral le presenta como extremadamente modesto, honrado y bondadoso a la vez que independiente y recto. El físico, a través de un óleo le muestra alto, blanco, fornido, corpulento y de nariz aguileña, mirada inquisitiva, rostro asaz agradable.

Sus hermanos Bernardo y Margarita cuidaron de levantarle un monumento y como un tributo a su talento, el mismo año de su muerte apareció impresa en la Gaceta de Madrid la segunda edición de sus Observaciones y en 1826 el editor David Barny publicó en Londres las “Noticias Secretas de América” causando sensación al punto que su circulación y lectura fue prohibida en España (1) Desde entonces la obra se ha convertido en un best seller de todos los tiempos. Aparte, dejó numerosos estudios de carácter científico.