ISAIAS ABI HANNA EMILIO

EMPRESARIO. – Nació en Sequiet Eljait, población enclavada en los montes occidentales de Líbano, cercana a la ciudad de Abaidet, en la provincia de Jebail, en 1892. Hijo legítimo de Sfein (Estéfano) Kozhaya Abi – Hanna y de Frusina Taunus, propietarios de una pequeña finca donde cultivaban vides y olivos, hacían vino, vinagre, aceite y había moreras para alimento de los gusanos de seda. La casa de piedra, que todavía está en pie, servía de hogar a tan sencillos como honrados agricultores. Fue el segundo hijo de una familia de religión cristiano maronita (1) compuesta de cuatro hermanos y su verdadero nombre era Mema Kozhaya, que se pronuncia Mema Isáia. Su tío Hanna Kozhaya era el único maestro en el pueblo, enseñaba todas las materias, recalcando los usos y costumbres de Líbano, país que gemía bajo la dominación turca.

Por entonces la comunidad libanesa era víctima de la constante persecución de las autoridades contra las minorías religiosas y de la enorme pobreza imperante en el medio, en cuanto a la juventud, era reclutada para ir a la guerra, así había ocurrido durante la de los Balcanes.

En 1912 los vecinos escogieron a los cuatro jóvenes más trabajadores para que salieran a probar fortuna en América, donde – según las cartas que de tiempo en tiempo se recibían – otros jóvenes habían partido y prosperaban. El grupo partió a Beirut para tomar el barco que les conduciría a Europa y América.

En el Ecuador vivía un hermano mayor, del primer matrimonio de su padre, llamado Angel Kozhaya, quien con una prima Ramsa (María) Barket Abi – Hanna, nacida en Abaidet, quien había arribado al Ecuador con seusst apbaad rceass aNd. o Barket y Baryut Abi – Hanna. De este matrimonio existían dos niñas que fallecieron casi’ enseguida a consecuencia de enfermedades tropicales.

Tras un viaje de varios meses Mema llegó a Guayaquil y saltó por el muelle que estaba frente al reloj público, Venía con mil dólares en los bolsillos, hablaba únicamente el árabe, por eso no le entendieron bien cuando pronunció su nombre y apellido – Mema Isáia- y fue inscrito como Emilio Isaías en los registros ecuatorianos, El plan original era visitar a su hermano y proseguir hacia el Brasil donde pensaba quedarse, En Guayaquil fue recibido por un amigo libanés de su familia llamado Gabriel Assaf que estaba casado y tenía dos pequenos hijos, Enseguida viajó a Alausí donde sus amigos los hermanos Azar, siguió a Riobamba, Ambato y Quito.

 El regreso fue en tren expreso, Ya había conocido el país, Nuevamente en Guayaquil le esperaba su amigo Antonio Hanna Tanus quien tenía su base comercial en Vínces y le aconsejó empezar de a poco, vendiendo productos de los almacenes de nuestro puerto.

Con sus recomendaciones tomó un vapor a Catarama donde estaba radicado su hermano Ángel como ya se ha dicho, Así fue como inició una vida de vicisitudes y sacrificios, primero como trabajador agrícola, luego de ocho meses y hablando algo de espanol se hizo vendedor ambulante, de los llamados sencilleros, dividiendo la provincia de Los Ríos con su amigo Antonio Hanna, Al pie, montado en un burro o abordando una canoa llena con mercadería, recorría las haciendas riberenas de la cuenca del Guayas ofreciendo al por menor, principalmente entre Catarama, Ventanas y Babahoyo, que fue la zona que le tocó en la división.

Cuando arribaba a una población, visitaba casa por casa con las telas al hombro, trataba de hacer amigos y conocidos como garantía de éxito comercial, pues el campesino costeno es un ser primario y cuando da su amistad lo hace sin condiciones, Los viajes podían ser cortos pero a veces duraban semanas porque no le agradaba regresar sin agotar la mercadería, De todo esto se desprende que el crédito inicial era parte esencial del negocio y luego, cuando el sencillero lograba capitalizar a base de una vida frugal y de estricto ahorro, era él quien otorgaba crédito tierras que aportaría más adelante su cónyuge, llegó con el tiempo a manejar ocho pequeñas haciendas cacaoteras que fue mejorando a ganaderas y en el interim hasta llegó a exportar por su cuenta, algunas remesas de cacao a Francia.

En 1918, habiendo fallecido su hermano Angel, contrajo nupcias con la viuda Ramsa Barket (María) “lindísima, de tez blanca, ojos verdes y encantadora sonrisa” y con el paso del tiempo tuvieron ocho hijos, seis varones: Juan, Estéfano, Pedro, Alfredo, Nahim y Enrique Emilio y dos mujeres: Julieta y América, Los dos mayores nacieron en Catarama, el resto en Guayaquil.

En 1923, con suficiente capital y pensando en la educación de sus hijos, pasó con los suyos a Guayaquil, dejando su almacén y haciendas al cuidado de Ignacio Jorgge, primo de su esposa, Se instaló en los bajos del nuevo edificio de cemento de la Gobernación, sin olvidar sus otros activos pues cada treinta días viajaba a Catarama, hacía cuentas, vigilaba que todo estuviera bien y regresaba, A la siguiente semana salía en tren hacia el interior y vendía pequeñas cantidades de tejidos a los comerciantes establecidos en las poblaciones de la vía férrea. En 1926 realizó una operación de crédito externo que generó su primera importación de casimires vendidos a corto plazo bajo el sistema de entregar pequenos lotes a numerosos comerciantes de la sierra, que visitaba cada mes para proveerles de mercadería, hacer cuentas y liquidar saldos, Ese ano ingresó a la Sociedad Cedro de Líbano ubicada en Eloy Alfaro y Avenida Olmedo, donde acostumbraba reunirse los domingos de tarde con varios amigos y conocidos a jugar tabule y adquirió un edificio mixto en la Avenida Olmedo y Boyacá, habitando en el tercer piso con su familia, pues los dos primeros se alquilaban para obtener rentas.

Desde 1926 figuró en los directorios de la Sociedad Unión Libanesa, A principios del 27 viajó a Inglaterra, buscó a un libanés llamado Checri Eduen, gran exportador de casimires y otras telas, con quien estableció lazos de comercio y amistad duraderos, En Europa permaneció tres meses contactando vendedores, Sabía algo de inglés pero allí lo perfeccionó, Su aspecto tranquilo, sereno y saludable le abría todas las puertas, Cortés y atento con todos, perfeccionista en los detalles, nunca quiso usar las sumadoras porque teniendo gran facilidad para las matemáticas era rápido y exacto en sus cálculos.

Durante la ausencia su esposa vigiló el almacén. En esos días arribó su hermano Lutfallah de solo quince años de edad y fue puesto a trabajar. Pronto emprendería el recién llegado las aventuras mercantiles del típico inmigrante libanés, pero como todo era atrasado en el país se desanimó y quiso volver para proseguir estudios de medicina en su tierra natal.

Emilio – que ya estaba nuevamente en Guayaquil – logró que desista de la idea y lo envió a comprar telas a Manchester en Inglaterra, donde había conseguido un proveedor particular de apellido Jorvis, posiblemente judío, quien financiaba las importaciones.

Este tipo de negocio funcionó bien mientras el Banco Central del Ecuador tuvo dinero para comprar divisas pues recibía de los importadores los correspondientes sucres en Guayaquil y pagaba en dólares o en libras esterlinas en el exterior, según las importaciones se realizaran de los Estados Unidos o de Inglaterra; pero, cuando en 1932 la crisis económica mundial se agudizó y nuestras pocas exportaciones no eran suficientes para proveer de divisas, el Banco Central se vio en la imposibilidad de adquirir dólares y/o libras esterlinas, cesaron los pagos a los acreedores del exterior y terminó el crédito internacional para nuestra Patria, de manera que el comercio importador se deprimió hasta casi desaparecer por completo pues todos debían adquirir sus divisas de contado. Los importadores con capitales pequeños cerraron sus negocios, los tejidos y demás productos extranjeros encarecieron y el comercio de Guayaquil se redujo y quedó en pocas manos.

Emilio y Lutfallah comprendieron la necesidad de cambiar la modalidad de las importaciones y tras estudiar a conciencia el problema, decidieron que éste último se traslade al Japón, donde existían grandes fábricas textileras especializadas en sedas y en casimires de tan buena calidad como los ingleses aunque mucho más baratos, que otorgaban amplios créditos y muchas facilidades pues necesitaban colocar aceleradamente sus productos para no disminuir el ritmo de la producción.

Instalado Lutfallah en el puerto de Kobe, pronto se hizo de una nutrida clientela. En 1937 Emilio envió directamente a su hijo Juan a comprar a Kobe,obteniendo tan buenos resultados que decidió abrir una oficina para “garantizar el flujo constante y seguro de las mercaderías”. En 1940, habiendo comenzado la II Guerra Mundial en Europa y la invasión a China y Manchuria, el Japón comenzó los racionamientos, las cuotas alimenticias no alcanzaban, de suerte que Lutfallah liquidó sus activos y embarcó con su esposa Adela Simon y su hijo en el último barco que salía para los Estados Unidos. Poco antes había logrado enviar un barco al Ecuador, consignado para su hermano Emilio, conteniendo cincuenta mil piezas de rúan, las últimas que llegaron antes del ataqúe japonés a Pearl Harbor. Esta enorme cantidad cubrió la demanda del país durante los años 42 al 46, que fueron de carestía a causa de la guerra.

En esa etapa los Estados Unidos impuso úna serie de restricciones a los países latinoamericanos. El Banco Central creó la Oficina del Control de Importaciones. La mayor parte de las Licencias para traer mercaderías del exterior eran concedidas a las firmas Max Muller y Emilio Isaías. La primera por ser su propietario suizo es decir neutral y la segunda por la afectuosa relación existente con el Presidente Carlos Alberto Arroyo del Río, abogado de Emilio Isaías y su compadre espiritual, pues era padrino de bautizo de su hijo Pedrito. Cabe destacar que ambas empresas pasaban por ser las más fuertes de la plaza de Guayaquil y pagaban las mayores sumas por impuesto a la renta, pero como era necesario tomar medidas porque no se sabía cuando sobrevendría el final del conflicto, Emilio Isaías tuvo que arriesgar para seguir trayendo textiles, en esta ocasión de los Estados Unidos, contrajo créditos en los Bancos La Previsora y Descuento, y consolidado su prestigio se convirtió en el mayor importador del país.

Para este menester en 1942 Emilio Isalas C. A. de Comercio elevó su capital a S/. 1 200.000 suma más que considerable en esos tiempos y a raíz del terremoto del 13 de Mayo, temiendo por la seguridad de los suyos compró úna casa de cemento en García Avilés y Diez de Agosto, más amplia que la anterior, donde vivió algunos años con gran sencillez, viendo crecer a sus hijos. Los hombres matriculados en el Colegio Cristóbal Colón y las mujeres en el Maria Auxiliadora. Era un padre estricto y hogareño, preocupadodel progreso de los estudios de su numerosa familia.

Casi a finales de Mayo del 44 sufrió úna hemorragia y empezó a sentirse mal de salud. Llamado el Dr. Hermán Parker le diagnosticó un cáncer al colon. El día 28 de ese mes se produjo la sangrienta revolución que arrojó del poder al Presidente Arroyo del Río. Guayaquil conoció la formación de tribunales especiales, se dictaron órdenes de prisión. Una de ellas contra Emilio Isaias y fue confiscado su vehículo, él era un comerciante inocente de toda culpa política pues por su condición de extranjero jamás había tomado parte en las decisiones de gobierno; pero sus monopólicas importaciones y su compadrazgo con el odiado ex presidente le hacía un blanco fácil. Además, a pesar de sus amplios negocios con el Japón, se había salvado de caer en la Lista Negra del consulado norteamericano en Guayaquil, justamente debido a sus nexos personales con Arroyo del Río, cuando otros ecuatorianos con menos negocios vivían oprimidos por la tal Lista Negra, no faltando quienes hasta habían sido sacados con sus familias del país.

Durante un mes permaneció con guardia en la puerta y nadie se atrevió a movilizarlo. Entonces tuvo que ofrecer fianza y salió con un salvoconducto al exterior. En Rochester le operó de urgencia uno de los Doctores Mayo, encontrándole un cáncer al estómago. Cuando mejoró siguió a New York (2) alquiló un departamento e instaló la “South and North Corporation” dedicada a la compra de tela cruda a base de fibra viscosa que mandaba a estampar.

Su oficina estaba en el No. 2 de Stone Street cerca de la zona bancaria y de las aduanas. En New York le visitaron sus hijos Enrique Emilio y Nahim que pasaban a estudiar en Irving School. Durante la prolongada ausencia su hija Julieta contrajo nupcias con Domingo Feliciano Simon Eljuri, hermano de Adela esposa de Lutfallah Kozhaya. Fue llevada al altar por Juan su hermano mayor. Su hija América contrajo nupcias con el comerciante en tejidos José Barakat, coleccionista de arte y uno de los caballeros más finos y educados de Guayaquil.

El 46 volvió a su almacén despúes de tres años de ausencia pues había pasado la borrasca y viendo que no se modernizaban las principales fábricas de tejido de la sierra que continuaban con sus telares del siglo pasado, decidió fundar una muy moderna, importó la maquinaria adecuada y el 47 creó la fábrica San Vicente en el sector del Batán cercano a Quito, sobre un extenso terreno “para captar el mercado de clase media y baja de telas llanas” cuyo cuidado y vigilancia entregó a sus hijos Juan y Estéfano el 48, año que empezó la producción, quienes también pasaron a gerenciar Indulana. La fábrica San Vicente llegó a tener novecientos cincuenta telares modernos, siendo la textilera más importante del Ecuador.

El 50 viajó con los suyos al Líbano, visitó el país, en su pueblo fue recibido como un triunfador, en la pequeña casa familiar construida por su padre le hicieron fiestas y bailes, reconoció a parientes, probó los platos típicos. Fue un reencuentro con el pasado después de treinta y ocho años de ausencia. Ya no estaba el tío Hanna pero los niños de la escuelita que lleva su nombre prepararon una obra de teatro sobre la emigración. La situación política y social había mejorado muchísimo, no existía la pobreza de antes aunque se cernía el fantasma de nuevas guerras y tras una semana en Sequiet Eljait “los americanos” dijeron adiós a los familiares y amigos.

Nuevamente en Guayaquil, la empresa familiar cambió en 1951 la vieja denominación social de “Emilio Isaias” por EICA C. A. y un capital social de un millón doscientos mil sucres aunque el giro comercial era muy superior. Sus hijos trabajarían juntos. Con los años dejaron de importar tejidos y Juan creó sus propias estructuras en Quito, pero en cambio EICA agregó nuevas líneas de ventas en Guayaquil.

Complaciente pero enérgico y cada vez que regresaban sus hijos de estudiar en el exterior les distribuía responsabilidades pues siempre confió ciegamente en ellos. En los años cincuenta quiso darles el máximo de comodidad y construyó un elegante edificio en el Malecón con amplio balcón que miraba al río y hermoso patio andaluz en la parte posterior. Allí habitó el octavo piso y cuando arribó su hijo Enrique Emilio, permitió que éste lo decore con exquisito gusto y suntuosidad, pues tenía algo especial en su personalidad que le distinguía de los demás. Los restantes pisos entregó al resto de sus hijos pues los quería cerca y unidos.

Pedro había fundado la fábrica de colas Cañada Dry y en 1958 adquirió la totalidad de las acciones del tradicional Banco La Filantrópica, fundado en 1908 como simple caja de ahorro, aunque para entonces contaba con un capital social de ocho millones de sucres pero se encontraba en serios problemas. Esta transacción no agradó enteramente al padre que jamás se había considerado un banquero, pero dado su natural interés y benevolencia frente a los negocios de sus hijos, no solamente le apoyó con dinero sino también con consejos. Como Pedro era político, se presentó para Diputado por las islas Galápagos y resultó electo. Estéfano era muy hábil para la mecánica, diversificó los negocios, consiguió numerosas representaciones (tractores Case, motores fuera de borda, ordenadores personales IBM) Alfredo le ayudaba en el Almacén, después gerenció un Ingenio azucarero, mientras Nahim secundaba a Enrique Emilio, el más respetado a pesar de ser uno de los menores, no solamente en el Banco sino también en la intensa vida social que ambos mantenían en Guayaquil y el exterior, donde Enrique Emilio había comprado en un remate internacional, parte de las valiosísimas joyas de Eva Perón, entre ellas un teléfono de oro y una tiara de brillantes.

Los domingos almorzaba en familia rodeado de hijos y nietos, servían exquisiteces árabes preparadas por su esposa que siempre había sido excelente mujer de su casa a la par de inteligente y ordenada ejecutiva. A las cuatro de la tarde solía el buen viejo visitar la Sociedad Unión Libanesa para hablar en árabe y jugar diferentes juegos de salón, con naipes y dados. Eran horas placenteras, de recuerdos de situaciones pasadas y de conversación con viejos amigos. A las siete estaba de vuelta en el hogar, tomaba un café ligero y se acostaba. Al día siguiente iba al local comercial más por costumbre que por necesidad, daba unas cuantas vueltas, conversaba, leía los diarios y finalmente colocaba una silla en la puerta y se sentaba a saludar a todos los que pasaban. En 1959 la ciudad aún era pequeña, ofrecía seguridad y todos nos conocíamos.

Su figura era popular en el barrio de Clemente Ballén entre Chimborazo y Boyacá, pues no desdeñaba el trato con los jóvenes y su charla era simple aunque adornada por el brillo de la experiencia. Fuimos amigos de tanto vernos, porque yo pasaba diariamente por su almacén rumbo al estudio del Dr. Jorge Zavala Baquerizo y como entonces era costumbre saludar a los mayores, llegamos a tener confianza y nos tratábamos en forma coloquial.

El lunes 7 de Noviembre de 1960 el avión de AREA que salió de Guayaquil a la 1 y 30 de la tarde y debía llegar a Quito, se estrelló en el monte Atacazo y perecieron sus 37 pasajeros y 4 tripulantes, entre ellos su hijo Pedro, de solamente treinta y ocho años de edad (3) El golpe fue muy duro pero fiel a la memoria de su hijo encargó la gerencia del Banco La Filantrópica a Enrique Emilio autorizándole a tomar del patrimonio familiar el dinero necesario para solventar cualquier situación financiera que se presente, porque era su voluntad que el Banco que había adquirido su fallecido hijo, no fracase. El 61 la familia adquirió el sesenta y uno por ciento del total del capital social del Republic National Bank RNB. De Miami en cerca de un millón de dólares pero en los años noventa fue vendido.

Se le veía sano y fuerte. Su estatura más que la normal, tez blanca curtida por el sol, pelo negro, facciones regulares pero enfermó de uno de los ojos y aunque viajó dos veces a Bogotá terminó por perder la visión de ese lado por casa de la glaucoma.

A las 8 de la noche del viernes 15 de Enero de 1965 fue asaltado el almacén EICA de su propiedad, mientras sus hijos Enrique Emilio, Juan y Nahim conversaban de negocios. Las puertas estaban abiertas porque la ciudad era segura. Entraron cuatro sujetos de buen vestir y con capuchas, brincaban como bailando y apuntaron a los presentes. Juan quiso resistir y fueron disparados. Otro atacó a cuchilladas a Enrique Emilio que murió. Nahim y Juan quedaron heridos pero lograron sanar aunque éste último tuvo que permanecer varias semanas en una clínica, reponiéndose de tres heridas. Los agresores huyeron, fueron perseguidos, uno falleció en el enfrentamiento con la policía, los demás juzgados y condenados.

En Abril del 66, durante el largo feriado de Semana Santa, el automóvil en que iban Antonio Kozhaya, Estéfano Isaías y su cuñado Domingo Feliciano Simon, manejado por el primero, sufrió un violentísimo choque a la altura del kilómetro cuarenta de la carretera a la costa. No quedaron sobrevivientes.

La década de los años sesenta había sido trágica para la familia, que sin embargo se expandía por el mundo. La robusta naturaleza le permitió resistir toda clase de golpes – inclusive los morales – que a otra persona menos fuerte la hubiera liquidado, sin embargo ya no salió más de su departamento, solía descansar por las tardes en el balcón mirando la ría y la calle, con la compañía de un radio transistor que le deleitaba con música suave. Los domingos seguía almorzando con los suyos ofreciendo a los nietos sus sabios consejos pero la mesa familiar ya no era lo mismo. Su hijo Juan vivía en Quito.

En 1971 fue aquejado de un cáncer al pulmón y sufrió internamiento en la Clínica Guayaquil, le atendió el Dr. Roberto Gilbert Elizalde y falleció el 25 de Junio a los setenta y nueve años de edad, de una neumonía y un paro cardiaco al final.

Trabajador a tiempo completo, hombre de tantas empresas casi pasaba desapercibido en Guayaquil por su bajo perfil. Sencillo, tranquilo, sereno, nadie le odiaba ni temía, tal la bondad desplegada a través de una vida de constante esfuerzo y superación. En la colonia libanesa se le consideraba uno de los patriarcas y en la sociedad de Guayaquil un benemérito padre de familia y un exitoso comerciante importador, generador de múltiples plazas de trabajo. Hablaba árabe, español e inglés.

Su descendencia se ha insertado en la colectividad a pesar de estar dispersa, pues algunas ramas – por razones obvias de seguridad – radican hace varios años en Miami. Con posterioridad a su muerte crecieron las empresas del Grupo Isaías. Juan administraba un ingenio y dos fábricas de textiles en Quito. Nahím tomó a cargo el Banco, el 78 le cambió de nombre por Filanbanco y lo modernizó aprovechando el auge petrolero del país y se dedicó a los préstamos empresariales e hipotecarios, si los clientes fracasaban, tomaba sus propiedades y servicios a cambio y llegó a manejar el Canal 10 de TV las emisoras Carrusel y Bolívar, piladoras de arroz, productos alimenticios el lamentable resultado de que hoy se encuentran cerradas pues los nuevos administradores no supieron manejarlas con honestidad, de suerte que una institución casi centenaria fue destruida por voracidad imprudente de sus ultimos gerentes y la envidia de unos cuantos burócratas capitalinos.

(1) Los Maronitas son cristianos del medio oriente. El Papa Gregorio III fundó el Colegio Maronita de Roma el 5 de Junio de 1548para propagar el Catolicismo en el oriente. El pueblo donde nació Mema tenía veinte casas donde habitaban veinte familias y un total de ciento diez personas aproximadamente. Al menos doce familias estaban emparentadas entre si, dieciocho eran de religión cristiana maronita, una era drusa y otra ortodoxa.

(2) Pedro no debía viajar a Quito ese día pues tenía a las doce una reunión de directorio en el Banco que posiblemente duraría tres horas y esa noche recibía un agasajo en la Sociedad Unión Libanesa por su reciente designación como Diputado por las Galápagos, pero a las doce de la mañana recibió una llamada urgente porque se estaba armando una nueva mayoría en el congreso y requerían su presencia y su voto. Decidió viajar y llegó cuando no había pasaje, divisó en la fila de embarque a su amigo el Dr. Alberto Jalil Tobar, secretario de la Municipalidad, a quien le solicitó el pasaje. Jalil se lo cedió y despidió con un fuerte apretón de mano, salvandose de morir, sin saberlo.