ICAZA CORONEL JORGE

ESCRITOR.- Nació en Quito, en el Barrio del Vergel, el 10 Julio de 1906. Hijo de José Antonio Icaza Manzo, natural de Babahoyo, liberal que murió en 1909 de una úlcera perforada, y de Carmen Amelia Coronel Pareja, riobambeña.

Huérfano de padre a los tres años, poco tiempo después su madre contrajo nupcias con el comerciante José Alejandro Peñaherrera Oña y abandonó al niño, que fue recogido por el matrimonio Salazar Gómez en Quito, con cuyos hijos compartió algún tiempo hasta que regresó con su madre y a consecuencia de las persecuciones políticas contra su padrastro por ser alfarista, se trasladaron al fundo familiar llamado “Chimborazo” en la provincia de ese nombre, con tierras que iban hasta las provincias de Bolívar y Los Ríos, donde convivió con los niños indios y mestizos, con su lengua

el quichua y esa forma tan especial de habla castellana mezclada con quichuismos que tienen en la sierra; mas, llegó el día que su tío Enrique Coronel Pareja, con tinterilladas, tomó para si la hacienda, los hizo salir y dejó en la miseria, de manera que el niño tuvo que volver a adaptarse y comenzó a mantener serios conflictos psicológicos con su padrastro Peñaherrera, revelados en su cuento autobiográfico “Los Cachorros”, aunque con los años se llevaron bien y hasta fueron inseparables amigos.

Inició sus estudios primarios en la escuelita de las señoritas. Toledo, de allí fue al “San Luis Gonzaga”. De esa época es la siguiente anécdota. Una tarde se portó mal y su madre lo castigó encerrándole en un cuarto. Entonces sacó una bandera del Ecuador, se asomó con ella al balcón y gritó: “Abajo doña Mariquita y el Papa, viva Garibaldi”, refiriéndose a una amiga muy beata de su madre que cada vez que los visitaba contaba con grandes aspavientos “los abusos” que dizque había cometido Giuseppe Garibaldi en Roma durante la ocupación de 1870 y se quejaba con gran amargura de la penosa situación del Papa, a quien equivocadamente hacía languidecer prisionero entre rejas aun en 1914 en un castillo de esa capital.

En 1917 pasó al “San Gabriel” y el 19 al “Instituto Nacional Mejía” donde se graduó de Bachiller en 1924 e ingresó a la Facultad de Medicina, pero el 25 murió su padrastro y el 26 le siguió su madre, entonces quedó desprovisto de toda protección económica y libre de hacer lo que a bien se le antojaba.

Era un joven vital, de solamente veinte años, extrovertido y simpático. Su buen físico le recomendaba, su conversación atraía y sentía una gran pasión por el teatro. El 27 decidió inscribirse en el Conservatorio Nacional y el Director del Curso de Declamación, Abelardo Reboredo, lo puso a estudiar Arte Dramático y Declamación y al poco tiempo debutó en el teatro Sucre con la obra “Asirse de un cabello”, mereciendo los elogios de la prensa. Desde el 28 hizo carrera en la “Compañía Dramática Nacional” empeñada en hacer buen teatro como sucedía en las grandes capitales de Europa y tanto, que las mejores obras que se estrenaban en ese continente inmediatamente las traducían para representarlas en Quito, abriendo el horizonte teatral con actores criollos. Icaza aprovechó tan favorable disposición, comenzó a escribir a base de su sentido de observación, arregló y puso en escena las obras “Entre Parientes” de Echegaray, “El Cigarro” de Duvernois y “Consulta médica”, igualmente “Calla Corazón” de Felipe Sassone, “Camino adelante” de Linares Rivas, “Tierra Baja” de Angel Guimerá y la comedia “Mi mujer es un hombre”. Ese año 28 recorrieron todo el norte del país y lograron representar hasta en Pasto, Colombia. El 9 de septiembre estrenó en el teatro Sucre de Quito su comedia liviana “El Intruso” en tres actos y en prosa, donde hizo el papel de galán joven que al final muere asesinado por su amante, para continuar el 23 de mayo de 1929 con “La Comedia sin Nombre” y el 19 de agosto con una del género sentimental titulada “Por el Viejo”.

Ricardo Descalzi ha escrito que esta etapa primera de su producción es “de tono ascendente, impactantes finales trágicos para satisfacción emocional del auditorio. Icaza era un hombre múltiple pues también escribía artículos y cuentos para la revista “Claridad”.

De allí en   adelante,   cimentada su fama de dramaturgo, continuó escribiendo y actuando, representó la comedia italiana “El Ultimo Lord” de Hugo Fale y la francesa “Los Ojos más bellos del mundo”; igualmente “El ladrón” de Berstain, “Como los árboles” de Enrique Avellán Ferrés y “Almas Bohemias” de Augusto San Miguel Reese. Los dos últimos eran autores jóvenes ecuatorianos.

I como el teatro no daba para vivir trabajaba de amanuense asimilado a la Intendencia con nombramiento de policía pero fue ascendido, llegó a ayudante de ventanilla en la Pagaduría Provincial del Pichincha y luego a Oficial Mayor de la Tesorería de Hacienda.

El mismo año 29 organizó la “Compañía Dramática Marina Moncayo” con dicha primera actriz a quien había conocido y seducido en el teatro Sucre. El 23 de mayo de 1931 estrenó su tragedia “¿Cuál es?” retazo de drama donde “rompió moldes conocidos de temática y tramoya, por eso Descalzi ha opinado que con esta obra Icaza concibió un nuevo teatro, diferente a sus anteriores producciones por el empleo de recursos innovadores, aunque la crítica de entonces no comprendió el sentido psicológico dado a la obra.

Poco después publicó sin llegar a estrenar un drama freudiano y en un acto titulado “Como ellos quieren”, donde más bien dialogan las almas de los personajes y en 1932 dio a la luz “Sin sentido” en 102 Págs. pieza dramática y fatalista en tres actos y prólogo. Por esos tiempos vivía un hermoso romance con Marina Moncayo y frecuentaba la fina bohemia del Quito de los chullas intelectuales de los años treinta, llenos de arte, música y cultura, donde a la par del teatro florecía el pasillo y los serenos. Con su amigo Humberto Proaño Alarcón abrió cauces a estas actividades del espíritu. Leíamos – diría más tarde Icaza – a Freud, a Marx, las obras de Lenin, libros de filosofía y todos los folletos que llegaban al Ecuador provenientes de la Unión Soviética, también leíamos algo de matemáticas, estábamos hasta donde era posible, al día.

En 1933 publicó “Barro de la Sierra” en 68 págs. libro de relatos cortos, “visión estructural del sistema, cuentos pungentes y dramáticos más que tanteos de inteligencia como se ha dicho, pues es tan fuerte su capacidad de emoción concentrada y comunicativa que restalla y relampaguea como golpe de látigo” y por eso el libro “llamó la atención de los críticos siempre desdeñosos ante este amanuense autor”

En 1934 nació su hija Cristina Icaza y tras muchos esfuerzos obtuvo que los Talleres Gráficos Nacionales editaran “Huasipungo” en 214 págs. novela escrita meses atrás. Los mil ejemplares se vendieron a S/.2 cada uno. El libro le asimiló a la corriente de escritores indigenistas, al principio no le dio la justa fama, que recién empezó a recibir proveniente de críticos del exterior, pero al mismo tiempo eclipsó su producción inicial, el teatro.

En su Patria Huasipungo fue criticada por tremendista y hasta hubo intonsos que aconsejaron ignorarla por asquerosa, debido a las crudezas con que relata la pobreza, el hambre, las injusticias, en síntesis la degradación total que cometen en la sierra los tres poderes clásicos desde los días del coloniaje (los latifundistas, el clero y los militares, unidos para continuar beneficiandose a través del fruto del trabajo esclavista)

“La gente se escandalizó, el clero le excomulgó, el militarismo le persiguió. Se le hizo campaña desde el púlpito presentando a su autor como masón y hereje, en la política como comunista y en los medios aristocrático como cholo renegado.”

Huasipungo es “el testimonio vigoroso de denuncia de la tragedia de todo el conglomerado indígena pues no contiene tipos, caracteres o personajes singulares y su lectura provocó rabia y solidaridad, sentando la tesis de que la degradación de los indios no proviene de su depravación innata – como lo mantenía el racismo blanco – sino de las condiciones que le fueron impuestas por señores sádicos propietarios de haciendas. En su forma es una novela lineal, de lenguaje crudo y situaciones sórdidas, contiene la imagen de un mundo que algún día cambiará, pero hasta que eso ocurra seguirá leyéndose Huasipungo como fiel testimonio histórico, idiomático y como la más representativa de las novelas ecuatorianas que tienen por motivo al indio de la cordillera”.

La obra fue lanzada en el exterior en 1936 por la Editorial Sol de Buenos Aires por los caminos de amerindia y del mundo como la novela del año y desde entonces ha sido traducida a numerosos idiomas y ha conocido múltiples ediciones. En Lima se editaron cincuenta mil ejemplares que se agotaron en ocho días.

En 1935 siguió explorando el tema de la identidad y de las relaciones raciales y de clase y editó su segunda novela titulada “En las calles” en 279 págs. que obtuvo el primer premio en el Concurso Nacional promovido por el Grupo América de Quito, demostrando que lo urbano es el elemento complementario de las relaciones de producción agraria aunque, a primera vista, parezcan dos medios diferentes. “En las Calles comienza con una huelga de obreros y termina con un episodio sangriento de la llamada Guerra de los Cuatro Días. Detalla la fricción entre el gamonalismo serrano y la plutocracia costeña, el trágico drama de la vida del indio, su dolor sin esperanza. Las posteriores ediciones de 1944 y siguientes contienen algunas variantes en el argumento. Entonces apareció la segunda edición de Huasipungo con un Vocabulario agregado por su autor para facilitar la comprensión de la lectura y dos juicios críticos.

En 1936 contrajo matrimonio con Marina Moncayo su amante, su amiga, su esposa, su consejera y su secretaria, con quien fue feliz hasta la muerte, también organizó la Sociedad de Escritores Ecuatorianos (S. E. A.) con Alejandro Carrión, José de la Cuadra, Alfonso Cuesta y Cuesta, Francisco Ferrandís Albors, Joaquín Gallegos Lara, Enrique Gil Gilbert, Pablo Palacio, Angel Felicísimo Rojas, Humberto Salvador y otros y publicó para teatro “Flagelo” en un acto, “estampa de vivos matices de primitivismo humano y de sordas voces que demuestran la dureza de la vida del indio” estrenada el 5 de agosto de 1940 en Buenos Aires, en el Teatro del Pueblo, que era teatro polémico, por el director Barletta, siendo calificada de “obra de extraordinaria belleza en su dolorosa reciedumbre y que alcanza en algunos momentos, a pesar de su actitud anti teatral, un dramatismo conmovedor”. Como en Flagelo se exponen los problemas del indio ecuatoriano, tomaron por sorpresa a un público que estaba desprevenido y cuya opinión se dividió dando lugar a discusiones acaloradas. A la octava noche la administración del teatro decidió invitar al Embajador ecuatoriano para que hiciera el favor de aclarar el asunto pero lo acabó enredando más aún al manifestar que el problema del indio no era un problema social sino cósmico (¿?) vaya uno a saber qué mismo quiso expresar el tal Embajador. Descalzi ha escrito que tiene escenas de teatro puro en las que el movimiento silencioso revela el genio dramático del autor”, pues Flagelo no tiene hilo argumental, es expresionista y se desarrolla a través de un pregonero y de un látigo que no se ve pero se escucha sin cesar”.

Del 36 también es el Sindicato de Escritores Ecuatorianos, El 37 se separó de su empleo y fundó con sus amigos peruanos Genaro Carnero Checa y Pedro Jorge Vera la librería “Agencia General de Publicaciones” en un pequeño local de la calle Mejía, comprándole una gran cantidad de libros viejos a Janer y Co. de Guayaquil. La Agencia sirvió de lugar de tertulia a la intelectualidad de esos tiempos pero no fue un negocio rentable. Ese año nació su hija Fenia Icaza Moncayo y Huasipungo comenzó a ser traducida, primero al francés, después lo sería a los más importantes idiomas del mundo. Icaza empezó a dirigir la revista SEA, órgano del Sindicato por él formado y editó “Cholos” en 244 págs. con prosa más elaborada donde los personajes, sin dejar de ser indios, valen por lo que son, “denuncia que los procesos sociales contemporáneos no modifican las injustas y oprobiosas estructuras básicas que siguen intactas, pues el mestizo o cholo circula por entre las clases económicas y sociales acomodándose como puede, porque solo es un subproducto racial y no un grupo de poder”. Agustín Cueva Dávila ha opinado de esta obra que literariamente está por debajo de su interés sociológico, que es inmenso, de suerte que debe ser considerada como testimonio histórico y social.

En 1939 salió Huasipungo en edición para niños, adaptada por su autor y por Juan O. Trevor. Con ilustraciones a color. El 40 concurrió al Primer Congreso Indigenista de México celebrado en la población de Patzcuaro y dictó varias conferencias en Costa Rica. Numerosas ediciones de Huasipungo circulaban en el Continente, su fama crecía y ha seguido en aumento hasta nuestros días, siendo el libro ecuatoriano más famoso de todos los tiempos, aunque ni siquiera es el mejor de Icaza.

En 1942 participó invitado por Nelson Rockefeller en el Primer Seminario de Asuntos Latinoamericanos celebrado en New York y dio a la luz pública su novela realista “Media Vida Deslumbrados” con “exploraciones nuevas sobre las posibilidades del cholerío, con una trama bien hilvanada, desarrollo fluido y lenguaje expresivo que mantiene vivo en todo momento el interés del lector” El cholismo había sido tratado en el Perú desde los años veinte como sinónimo del mestizaje urbano pero corresponde a Icaza el mérito de haberlo asimilado a la literatura ecuatoriana como sujeto principal de su creación, adelantándose en mucho a las tendencias del realismo de los años cincuenta.

En Diciembre del 43 el escritor y revolucionario mexicano José Revueltas, de paso con varios amigos hacia Lima, le conoció en la Librería Vera y Cia. de Guayaquil y dijo: Icaza tiene un estilo áspero, crudamente realista, excesivamente   nacional. A veces muestra ciertas tendencias al abuso de la tesis, presentada sin habilidad y a base de símbolos vulgares.

En 1944 fue miembro fundador de la Casa de la Cultura Ecuatoriana, el 46 dirigió por tres temporadas la Compañía de Teatro Marina Moncayo que en 1947 estrenó el ballet “El Amaño” y los dramas “Los Repatriados” de Leonard Frank, “El vals de los perros” de Andreiev, “Los ojos más bellos del mundo” de Marcel Achard, “Jean de la Luna” de Jean Serment, “El Dictador” de Jules Romain, que ocasionó escozor al presidente José María Velasco Ibarra.

El 48 salió “Huairapamushcas” en 297 págs. (en español “Los Hijos del Viento” analizando el funcionamiento de una comuna como forma socioeconómica de origen precolombino) a través de las historias paralelas de un pueblo de cholos y de una hacienda. Este último año fue electo Vicepresidente de la CCE y asistió invitado a la posesión presidencial de Rómulo Gallegos en Venezuela, recorriendo la región del río Orinoco con el escritor norteamericano Waldo Frank. Más tarde se desplazó a Cuba.

En 1949 viajó a San Juan de Puerto Rico y fue designado Adjunto Cultural en Buenos Aires por el gobierno de Galo Plaza, recorrió la Argentina dictando conferencias y en 1950 apareció en Quito su libro, “Seis Relatos”, que reeditó en 1953 en dicho país del sur bajo el título de “Seis Veces la Muerte”. Este año volvió a estar con nosotros.

Por entonces instaló una pequeña librería en las calles Espejo y Flores que estaba separada por unas desteñidas cortinas de la trastienda, en la que escribía “El Chulla Romero y Flores.” Raúl Pérez Torres cuenta que en alguna ocasión, al filo del mediodía, le atendió personalmente y vendió los dos tomos de Los Miserables publicados por la popular Editorial Tor y como le entregó parte del precio en calidad de anticipo, apuntó el faltante en su cuaderno de las deudas, muchas de las cuales quizá nunca pudo cobrar, pero así era Jorge de irregular en sus negocios, por eso su economía no prosperaba.

El 55 y por su amistad personal con el Dr. Carlos Guevara Moreno ingresó al C.F.P. En 1956 celebró los veinte y cinco años de Huasipungo con la décima sexta edición en castellano y catorce traducciones a idiomas tan extraños a nuestra cultura como el checo, el búlgaro y el eslavo. Ese año viajó por Bolivia y Perú en plan cultural recibiendo múltiples homenajes. El 57 estuvo en Lima en el III Festival del Libro Hispanoamericano.

En 1958 apareció finalmente su gran novela “El Chulla Romero y Flores” en 232 págs. de “sencillo argumento expresado con maestría en diálogos y coros de un hondo y dolorido análisis”. Chulla significa en quichua “uno solo” y se dice del mestizo pobre de la ciudad, que aunque siempre anda bien vestido sólo posee ese traje elegante. La novela enfrenta al protagonista -un tipo humano – con su propio destino, de manera que bajo ningún concepto se convierte en un héroe convencional. Su autor siempre pensó que era lo mejor de lo suyo pues la construyó en base a una técnica elaborada, siendo el protagonista un hombre de la clase media, con el cual se sentía identificado.

Hernán Rodríguez Castelo ha expresado que es la mayor novela de Icaza, una de las cuatro o cinco mayores de la literatura ecuatoriana y la más importante de la década de los años cincuenta al sesenta, que son para la novela ecuatoriana, de pausa y decisiva maduración. El título tuvo algo que ver con Remigio Romero y Cordero, gran poeta y para mejor hacer también coronado y al mismo tiempo pobre de solemnidad, quien vivía en Quito una bohemia de tragos baratos entre remilgos nobiliarios. Todo un intríngulis propio de una ciudad pequeña y convencional como el Quito de entonces, donde todos se conocían y sabían quienes eran, echándose prosa unos a otros en medio de una pobreza generalizada y casi franciscana. Entonces la Municipalidad de Guayaquil le otorgó su Medalla de Oro al mérito literario.

En 1959 fue designado Director de la Biblioteca Nacional. El 60 editó una recopilación de sus “Viejos Cuentos” en 325 págs., viajó a la China y la Unión Soviética “donde por obvias razones su libro era muy socorrido”, a Checoslovaquia y a Francia con Pedro Jorge Vera, Diógenes Paredes, Nelson Estupiñán Bass y Oswaldo Guayasamín, se entrevistaron con Mao Tse Tung, Nikita Krushev y el Presidente checo Novodny. Cuando se iba a retratar con Krushev, éste le dijo que sabía que no era comunista y si no le importaba retratarse con el mayor demonio de Occidente, pero fue respondido que no parecía demonio sino uno de los angelotes que pintaba Rubens, lo que causó enorme gracia al líder ruso.

El 61 salieron sus “Obras Escogidas” prologadas por su amigo Ferrandis Albors que vivía en Montevideo conteniendo cuatro novelas y ocho de sus cuentos y visitó Cuba invitado por la editorial “Casa de las Américas”, siendo homenajeado por la intelectualidad de ese país y por Fidel Castro en persona cuando aún era considerado un héroe, ya que después se volvió el tirano que atormentó a su sufrida patria hasta que finalizaron sus días viejo, achacoso y desacreditado. Icaza no era afiliado a ningún Partido ni hacía política, sin embargo eran innegables sus simpatías por las izquierdas; mas, comenzaba la guerra fría chino – soviética que escindió al comunismo ecuatoriano en dos bandos, los Chinos pekineses contra los Rusos cabezones y se alineó con estos últimos por puro sentimentalismo con sus viejos amigotes.

En 1963 se tradujo “Huasipungo” al ruso y concurrió al Congreso Sionista de Río de Janeiro. El 66 apareció edición cubana de Huasipungo” en cien mil ejemplares por la que no percibió derechos de autor pues en ese país no se pagan desde el ascenso del Castro –  comunismo al poder, así de simple. El 64 se tradujo Huasipungo al inglés y el 57 lo había sido al francés.

El 67 asistió al II Congreso Latinoamericano de escritores reunido en México. El 68   comenzó la preparación de “Atrapados” y anunció tener una nueva novela y un tomo de teatro en preparación. El 69 fue profesor del Centro Andino de la U. de Nueva México en Quito. El 70 y con su esposa Marina Moncayo quiso llevar a escena la versión teatral de “Huasipungo” pero el gobierno dictatorial civil de Velasco Ibarra prohibió que fuera representada. Huasipungo para teatro fue adaptada por el Dr. Ricardo Descalzi del Castillo a pedido de Icaza. Un año después estrenó su versión teatral de “El Chulla Romero y Flores” con gran éxito en Quito.

En 1970 declaró que tenía “el dolor de empezar a sentirse enfermo. Sentir que la fuerza física empieza a fallar mientras la espiritual está intacta”. En 1972 salió al fin, impresa en Buenos Aires, su anunciada novela “Atrapados”, que el llamó “trilogía de corte experimental” y que trasunta bríos verdaderamente juveniles y fuera calificada de valiosa síntesis de su vida personal, artística y política. “Atrapados” se compone de tres tomos: 1) “El Juramento” donde narra experiencias juveniles 2) “En la Ficción” con investigaciones acerca de su producción teatral y novelística. Intervienen sus propios personajes y hay una revolución dentro de la novela cuando ellos discuten la verosimilitud de sus personalidades y 3) “En la Realidad” aquí se incorporan otros elementos tales como los Coros. El Protagonista – Icaza mismo – inicia la investigación de un crimen, lo ayudan sus amigos los cholos, pero los gamonales dificultan su labor. Al final debe ocultar la verdad en un informe falso, vencido por las influencias de estos últimos y el mensaje de todo es que el cholo o mestizo no sabe quien es ni quien quiere ser. Esta obra, por el tono coloquial de primera persona con que la escribiera ha sido comparada con la película “Ocho y Medio” de Fellini (1)

En 1973 viajó a dictar conferencias a los Estados Unidos, el 74 fue nombrado Embajador en la Unión Soviética, Polonia y Alemania Oeste. El profesor de la U. Southern California, Theodore Alan Sackett, realizó un extenso estudio sobre “el arte en la novelística de Jorge Icaza” concluyendo que el lenguaje casi taquigráfico utilizado en Huasipungo constituía una evolución en la narrativa hispanoamericana, por ser el más libre en las letras americanas hasta entonces”.

Había comenzado a escribir una novela titulada “Los Jauregui” y otra “La milagrosa“ pero no las pudo concluir pues falleció en Quito el 26 de Mayo de 1978 de casi setenta y dos años de edad, a consecuencia de un cáncer al estómago que no fue diagnosticado a tiempo.

Había residido muchos años en una villa de su propiedad, a pocas casas de la Plaza de Santo Domingo, en el tradicional barrio de la Mama Cuchara y tan antiguo como la quiteñidad del Chulla Romero y Flores pues Icaza siempre fue un chulla esencial, pero al final de su vida vivía en una villa propia en la República del Salvador.

Su estatura mediana, contextura vigorosa, tez trigueña, voz fuerte y bien modulada, carácter amplio y expansivo, buen conversador y lleno de anécdotas agradables, su obra no ha perdido fuerza con el paso del tiempo y por el contrario “Huasipungo”, “El Chulla Romero y Flores” y sus otras novelas así como su teatro, se han reafirmado en el mundo literario americano, pues son acabadas obras de arte literario, siendo su mayor legado la defensa de los indios frente a las injustas estructuras sociales del Ecuador y el estudio profundo y señero de la psicología del Cholo que para Icaza era el mestizo urbano del país.

Acostumbraba escribir primero un borrador a máquina, “voy haciéndolo de cuartilla en cuartilla porque no paso a la siguiente sino después de corregir y rehacer cada una, cuantas veces sea necesario, hasta que considero que al fin está bien. Cuando ya tengo doscientas cuartillas que constituyen un tomo, las dejo reposar por cuatro o cinco meses. Después releo todo lo escrito y por lo general rescribo casi todo a fin de pulirlo, de darle la forma definitiva. En cuanto a la hora me es indiferente. Aunque prefiero ciertas fases de la noche porque entonces puedo acomodarme en mi cama y trabajo hasta que me vence el sueño”.

  1. (1) En una entrevista realizada en 1970 Icaza definió “Atrapados” de la siguiente manera: “Es en cierto modo una novela autobiográfica y está dividida en tres partes; en la primera trato de explicar ciertas circunstancias que han condicionado de alguna manera mi vida y en último término, mi actitud frente a la literatura; por ejemplo, mi combatividad, mi intención de denuncia, etc. Todo como una tragedia íntima dentro del marco familiar, en la segunda parte cuento lo que he hecho como escritor atribuyéndoselo desde luego al protagonista, quien adopta ese oficio para satisfacer una antigua venganza y a la vez para se útil a su gente. Hablo de la reacción del medio ante mi obra, de la resistencias que tuve que vencer, en fin, y barajo los hechos entre el campo y la ciudad. Por último, en la tercera parte resulta que la ficción se rinde ante la realidad, porque la realidad es la que nos da las soluciones, no la ficción. En la ficción fracaso, porque la ficción denuncia, pero no transforma o sea, lo que decíamos enantes. Solo la realidad se transforma a sí misma ¿Será ésta novela una suerte de testamento literario? Sí, podría decirse eso, argumentando que la primera parte contiene serias acusaciones a su madre por haberlo abandonado en 1911.