HIGGINS LAMBERT GUILLERMO

CÓNSUL.- Nació en Burdeos, Francia y fueron sus padres legítimos el Dr. Charles Higgins de nacionalidad irlandesa, médico del Consulado de Inglaterra de la colonia irlandesa en Burdeos y Elizabeth Lambert, inglesa. Nieto paterno de Charles Higgins y de Laettitia Mac. Kennan, hermana entera del Brigadier General Jonh Mac. Kennan, prócer de la independencia argentina, fallecido en Buenos Aires a consecuencia de un duelo con Luis Carrera en 1.814 y fundador de la ilustre familia chilena de los Mac. Kennan. Sus restos reposan en la Catedral bonaerense.

Estudió primeramente en Burdeos y luego en París. De veinte años pasó a Londres y fue presentado a su lejano pariente Demetrio O’ Higgins, hijo del General Bernardo O’ Higgins procer de la independencia de Chile y nieto de Ambrosio O’ Higgins, Virrey del Perú y I Marqués de Osomo.

En 1.860 hizo varios viajes a Irlanda con su primo Benjamín Vicuña Mac. Kennan para investigar el árbol genealógico familiar. Juntos decidieron regresar a Chile donde era nacido Vicuña y para el efecto viajaron a los Estados Unidos, Cuba, y Panamá percal llegara Guayaquil tuvieron que permanecer tres semanas por preparación de la nave.

En dicho lapso trabó amistad con el comerciante francés Eduardo Poudavigne y aceptó una oferta de trabajo para su empresa comercial donde hizo carrera, mientras su primo Vicuña seguía a su patria.

Por sus conocimientos de idiomas, pues hablaba perfectamente el francés e ingles, en 1.865 le fue conferida la Gerencia del Consulado de Francia y a fines de año contrajo matrimonio con Leonor Carbo y Avilés que contaba 29 de edad. Enseguida partieron en viaje de bodas a Europa a presentarla a sus familiares que residían en Paris, pero desgraciadamente su padre el Dr. falleció por esos días y no pudieron verlo.

En Paris nació su primogénita Alice Leonor y el 66 retornaron con ella, pero falleció el 68 de gastroenteritis. Con tal motivo José Matías Aviles Giraud le dedicó a Doña Leonor un poema funeral.

El 18 de Agosto de ese año su primo Benjamín le hizo nombrar Cónsul de Chile en Guayaquil y el 27 de Junio de 1.879 ascendió a Cónsul General de elección en el Ecuador, prestando oportunos e interesantes servicios durante la Guerra del Pacífico y velando por la numerosa colonia de ese país en el puerto. Por esos días le tocó presidir la Sociedad Estrella de Chile, de Socorros Mutuos.

En 1.872 había sido director suplente del Banco de Crédito Hipotecario presidido por Manuel Orrantía. El 20 de Enero de 1.878, el Encargado de Negocios de Francia Du Chesne de Bellecourt, le había extendido las Letras Patentes como Vice Cónsul de Francia en Guayaquil. El exequátur fue firmado en Ambato por el General Ignacio de Veintemilla y su Canciller Javier Endara. Higgins se desempeñó hasta el 81 que fue reemplazado por Charles Wiener.

El 82 recibió la Medalla de Oro del Ministerio de Asuntos Extranjeros y el 84 la Legión de Honor como uno de los ciudadanos franceses más destacados en el Ecuador. Ese año ocupó el Decanato del Cuerpo Consular acreditado en Guayaquil y en múltiples ocasiones, por ausencia del titular del Consulado, volvió interinamente a la Gerencia del Vice consulado.

Tras el incendio Grande de Octubre de 1.896 se ausentó el titular del Consulado de Francia. La ciudad había quedado desbastada en sus tres cuartas partes, la más importante. Por eso se encargó nuevamente de la gerencia del Vice Consulado en Enero de 1.897 y el 1 de Enero de 1.898 fue Agente Consular de Francia hasta su renuncia por razones de salud el 31 de Diciembre de 1.917, tras veinte años consecutivos de servicio, siendo reemplazado por su hijo Carlos que solo permaneció poco tiempo, pues pasó a residir en Paris.

Desde 1.897 era Cónsul General de Chile para todo el territorio del Ecuador. En el Incendio del Carmen de 1.902 perdió su casa y sus haberes, así como numerosas cartas familiares pero logró reponer su disminuida fortuna a base de esfuerzo y trabajo.

En 1.906 ayudó a los miembros de la II Misión Geodésica Francesa cuando pasaron por Guayaquil y el 7 recibió las Palmas Académicas y un homenaje de apreció de los socios de la Confederación Obrera del Guayas. En 1.908 fue mencionado en el libro «Chile – Ecuador» editado en Valparaíso por el Dr. Eduardo Barredo Condell, quien le describió así «De estatura elevada, de fisonomía franca y altamente simpática, de modales irreprochables, siempre alegre y bondadoso para todo el mundo sin distinción de persona ni de clases sociales. Goza en Guayaquil del respeto y de la estimación universal…» Ese año viajó por motivos de salud a Lima.

Cada 18 de Septiembre, aniversario de la independencia chilena, salía una manifestación de personas de la plaza de San Francisco, en dirección a Rocafuerte y Mendiburo, local del consulado, en cuyo balcón se izaba la bandera de la estrella solitaria y se coreaba el himno de esa nación. Luego el público subía a las oficinas del primer piso, previamente dispuestas para el baile popular, que se llevaba a efecto a los acordes armoniosos de una banda de música.

En 1.910 se aprestaba a celebrar dignamente el Centenario de la Independencia cuando al aclarar el día 3 de Septiembre falleció inesperadamente su esposa, tras cuarenta y cuatro años de feliz unión matrimonial.

Poco días después, el pueblo Guayaquileño le visitó con una artística medalla que decía «Fraternidad y Unión 1.910» y contenía la figura de un cóndor y una estrella en mitad de ramas entrecruzadas de olivo y laurel. El Telégrafo se hizo eco del homenaje, que fue silencioso por el duelo que le afligía. Poco después se retiró de ese consulado con el sueldo

íntegro, pagado en moneda de 24 peniques en vez de 18 que es la usual en ese país para los servidores públicos al jubilarse.

Pertenecía a numerosas instituciones de beneficencia, a la Sociedad Filantrópica del Guayas, al Club de la Unión, Sociedad de Artesanos Amantes del Progreso, etc. Falleció en Guayaquil el 10 de Junio de 1.918. de ochenta y tres años de edad, a consecuencia de una bronquitis.

Entonces se dijo que había sido siempre bueno, suave, amable con todos y con todos justo y tolerante y que había recorrido el camino de la vida sin dejar ni la más leve nota discordante en el concierto de voces de justicia, cariño y gratitud que le acompañó a la tumba. «Dejar una memoria inmaculada, vivir en los demás, eso es vivir».