HALL FRANCISCO

FUNDADOR DEL PARTIDO NACIONAL – Nació en Inglaterra hacia 1791. En 1808 peleó en la guerra deliberación española contra las fuerzas napoleónicas y fue

herido de gravedad por un húsar francés, posteriormente regresó a su Patria pero se enroló en los batallones que

componía la Legión Británica que vino a luchar en 1818 por la libertad de Venezuela donde vivió varios años. Entre Mayo y Junio de 1821 arribó a las playas de Manabí con las tropas auxiliares colombiana venidas de Buenaventura y que fijaron su

Cuartel General en la población de El Morro. El día 21 de Agosto combatió en la batalla de Cone que favoreció a los

patriotas, luego estuvo en la derrota segunda de Huachi bajo las órdenes e Sucre. El 20 de Enero de 1822 partió por barco,

desde Guayaquil hacia Machala, para iniciar la campaña de la sierra. Iba en el batallón “Albión” al mando del Coronel

Diego Ibarra, con el “Paya” y el “Yaguachi” y un escuadrón de Dragones, adelantando en la vanguardia hacia El Pasaje. En

Febrero arribaron a Cuenca, después ocuparon Riobamba tras poner en fuga a los españoles en esos contornos y el 22 de

Mayo acamparon en Chillogallo. Al día siguiente subieron al Pichincha, el 24 dieron la batalla que selló la independencia

de Quito y con tres compañías del Albión persiguió a los derrotados que se encerraron en las alturas del Panecillo,

capitulando poco después.

En Enero de 1823 vivía nuevamente en Inglaterra. A mediados de ese año, visitó las costas de Venezuela. De allí siguió a la

población de Valencia con el General José Antonio Páez, continuó a Bogotá donde hizo amistad con el General Francisco

de Paula Santander y por el río Magdalena se embarcó a Jamaica en Agosto, vía Inglaterra, regresando por segundo ocasión

a su patria.

En 1824 escribió dos libros “Colombia its present state” en 154 págs. editado en Filadelfia en 1825, describiendo el país,

que dedicó a su amigo el filósofo Jeremías Bentham y otro con sus viajes por Colombia y Venezuela. Era un discípulo

acreditado del filósofo inglés Jeremías Bentham y poseía como su maestro aquellas dotes de observación y análisis conque

se examina y se componen y descomponen las cosas. Republicano de la escuela exagerada, Bentham lo recomendó en 1825

a Bolívar, que era su lector y admirador, quien le otorgó a Hall, en Lima, el grado honorífico de Coronel.

En 1826 informó desde Esmeraldas al secretario de Guerra de Colombia, sobre las ventajas de la vía Esmeraldas –

Guayaquil por Quinindé y Balzar sobre la de Ibarra – Esmeraldas y acerca de la insalubridad en esa zona que era

constantemente atacada por la disentería amebiana, falta de médicos y modos positivos de curarla, pero el gobierno nada

hizo al respecto.

El 6 de Abril de 1828 se negó conjuntamente con el General González a firmar la representación del ejército mandada a

confeccionar por Flores, en apoyo a la dictadura bolivariana. Flores se quejó ante Bolívar de esta ‘»muestra de notoria

ingratitud…” calificando a Hall de querer contrariar la opinión de los escritores del sur que estaban por la constitución,

por eso le calificó a Hall de hombre tan extravagante como Rousseau, quizá por creerle uno de sus principales admiradores

del escritor francés y de sus obras.Hall había publicado en Quito un opúsculo titulado “La Convención Nacional” en que

defendía un sistema federal con Bolívar a la cabeza como Presidente por cinco años, proponía siete departamentos con

autonomía regional pero no lo suficientemente fuertes como para separarse. Bolívar se disgustó y lo mandó a llamar a

Bogotá, pero a poco estuvo nuevamente en Quito y se hizo conocido por ser librepensador y por su irreligiosidad, pues se

mofaba de los hábitos. En lo personal era un sujeto desprendido, austero y estudioso. En religión pasaba por agnóstico.

Ese año se retiró del servicio militar pues era un idealista apasionado. En 1830 dio clases en la Universidad Central de

Quito, viajó a Venezuela y trabajó en la redacción del periódico “El Venezolano”. Páez lo hizo expulsar con su imprenta y

nuevamente en Quito hizo amistad con el botánico escocés William Jameson y con el viajero francés Juan Bautista

Boussingault, a quien acompañó en sus ascensiones al Pichincha y Chimborazo, salvándole en cierta ocasión que perdió el

equilibrio y cayó por un despeñadero. Sus expediciones en las actuales provincias de Pichincha, Cotopaxi, Tungurahua y

Chimborazo y por la zona oriental del Napo le permitieron herborizar. Las descripciones de los especimenes encontrados

en los alrededores de Quito son precisas y constan anotadas en su obra “Excursions in the neighbourhood of Quito and

towardsthe summit of Chimborazo” aparecida al año siguiente de su muerte. Vivía con una mestiza que le cuidaba su casa.

Ella estaba casada con un zapatero buena gente que se la había alquilado para todo menester, con excepción de los días

viernes que Hall tenía que salir para que el zapatero pudiera gozar de la compañía de su esposa. El 6 de Octubre de 1832

pasaba por Guayaquil cuando le fue notificada la orden de confinio a Zarumilla dictada por el Presidente Flores. Más tarde

fue deportado a Paita, donde permaneció algunas semanas hasta que el cónsul inglés negoció su regreso. En Qito habitaba

una casa del barrio de San Roque, modestísima y por las afueras, hasta donde le fueron a buscar los estudiantes de

Derecho Público de la Universidad para que les dé consejos políticos y de todo orden, pues se le tenía por amigo de la

juventud, sin ambiciones ni vanidades, en síntesis un raro caso de Filosofo dispuesto a luchar generosamente por la

libertad de un pueblo oprimido. Con ellos paseaba casi diariamente intercambiando útiles ideas y así nació la Sociedad del

Quiteño libre, pues como diría después Pedro Moncayo en su obra ‘’El Ecuador de 1825 a 75. Sus hombres, sus

instituciones y sus leyes”, todos los hombres honrados y pensadores comprendían la necesidad de combatir los errores y

abusos del gobierno y al efecto se reunían los ciudadanos en sociedades secretas para encontrar los medios más

conducentes al establecimiento de un régimen justo, legal, honrado… Entre estas sociedades democráticas figuraba la del

padre José de la Cruz Clavijo, fraile mercedario de ideas progresistas, quien después de la batalla del Pichincha hizo

circular una publicación de su autoría, a favor de la liberación de los indios. El estilo vivo y picante llamó la atención de

todos los hombres pensadores pues constituía un cargo directo contra los libertadores de América, que no hacían la menor

cosa en desagravio de esa raza tan paciente como sufrida. Clavijo era un sacerdote, filantrópico, ilustrado y amante de la

justicia, escritor culto y ameno, buen orador y como profesor de humanidades abrió la senda de lafilosofía moderna. Sus

discípulos lo idolatraban y el Presidente Juan José Flores despectivamente les llamaba “los demagogos del Doctor

Clavijo.” “Hall era el prototipo del liberal inglés, muy versado en Literatura inglesa y apasionado de ella, creía que la

Inglaterra era la cuna de la libertad del mundo y que a ella se debían todos los progresos que se han hecho en las ciencias,

las letras y las artes. Su libro favorito eran las Cartas de Junius, escrito por Gerald Hamilton, miembro del parlamento

Ingles. ¡Qué temple! decía ¡Qué vigor! ¡Qué fuerza! La elocuencia campea allí al lado del sarcasmo y la ironía; su estilo

nervioso, enérgico e incisivo no tiene igual. La Francia no ha producido una obra que pueda competir con ésta. Tal era el

hombre que iba a crear el Partido Nacional y a dirigir la oposición en sus primeros ensayos contra la arbitrariedad y el

despotismo.” Siguiendo sus instrucciones, pues era activo, apasionado y culto, los jóvenes discípulos y entre ellos José

Miguel Murgueitio, pidieron el concurso de las personas mayores para contener los desmanes del Presidente Flores y de sus

ministros el español Martínez Pallares y el granadino García del Río. Todos aceptaron la moción con entusiasmo y en Abril

de 1833 quedó establecida la Sociedad Democrática del Quiteño Libre que luego se expandió por varias provincias ecuatorianas. La primera reunión tuvo lugar en casa del General Manuel Matheus Herrera y concurrieron más de sesenta

personas. Se nombró Presidente al General José María Sáenz del Campo, Secretario a Murgueitio y acordaron fundar un

periódico semanal bajo el nombre de “El Quiteño Libre” para defender las leyes, derechos y libertades del país, a

denunciar toda especie de arbitrariedades, dilapidaciones y pillaje de la hacienda pública, confirmar y generalizar la

opinión en cuanto a los verdaderos intereses de la nación y a defender a los oprimidos y atacar a los opresores. Hall se

comprometió a redactarlo. Pedro Moncayo fue designado editor responsable, Manuel Ontaneda fue el Administrador y

entre los redactores principales cabe mencionar a Manuel Matheus, Pablo Barrera y José Félix

Valdivieso entre otros no menos valiosos. El primer número apareció el día 12 de Mayo siguiente y en los posteriores hizo

público los negociados con la sal. Finalmente denuncio el empréstito de trescientos treinta mil pesos obtenido por el

gobierno de diversos agiotistas de Guayaquil, con buena parte de cuyo dinero compró el Presidente Flores para si, la

hacienda La Elvira y el molino de la Chima cercanos a Babahoyo base y fundamento de su fortuna personal; mas, el

periódico solo duraría cuatro meses solamente pues sus principales fueron vilmente asesinados como ya se verá

Hernán Rodríguez Castelo ha señalado con mucha razón que la mayor parte de los artículos aparecidos en “El Quiteño

Libre” deben ser considerados como de Hall, quien veía a América Latina como tubo de ensayo para sus doctrinas y

conceptos sobre el Estado y se hallaba particularmente temeroso de la potencial búsqueda de poder personal por parte de

los libertadores latinoamericanos y sus asistentes, de manera que pensaba que la crítica de los hombres públicos era una

necesidad para la salud de un sistema republicano que aspirase a real democracia. La libertad de prensa constituía

baluarte contra tiranías.

Para contrarrestar a El Quiteño Libre Flores fundó periódicos en Guayaquil, Quito y Cuenca, ridiculizando y calumniando a

sus opositores, dejando a un lado lo serio y entrando en lo personal. La Sociedad del Quiteño Libre jamás descendió a la

diatriba pues sus fines eran patrióticos y elevados, candidatizó para Diputado a Vicente Rocafuerte, recién llegado de

México, quien salió electo y concurrió en representación de la Provincia del Pichincha.

Reunido el Congreso en Septiembre, el presidente Flores presentó su informe asistido por el ministro de Hacienda, Juan

García del Río, natural de Cartagena de Indias, compañero inseparable de San Martín y su Secretario de Estado en el Perú

donde fue partidario de la monarquía, luego sirvió al Emperador José I Itúrbide en México y finalmente a Bolívar cuando ya era usurpador en Colombia, según

admonitoria frase de Rocafuerte.

Su presencia dio pábulo para que Rocafuerte le insulte soezmente sindicándole de aventurero y tal fue el tumulto que la

reunión se postergó para el día siguiente, en que Rocafuerte cayó enfermo con fiebre y no pudo asistir. Entonces los

Ministros de Flores pidieron la concesión de facultades extraordinarias para el ejecutivo y tratado el asunto muy a la

ligera, en veinte minutos se aprobó la ley y fue puesta en vigencia por más que los Diputados Vicente Rocafuerte, Pablo

Merino Ortega y José Miguel Camón y Valdivieso protestaron contra el abuso.

El 14 de Febrero el presidente Flores mandó tomar presos a los miembros de la Sociedad del Quiteño Libre, pero como la

mayor parte de estos lograron ocultarse a tiempo, solo apresaron a Roberto Ascázubi, a los Coroneles Landa y Alejandro

Vargas – Machuca y al joven Pedro Moncayo cuando se encontraba en la imprenta corregiendo las pruebas del número 19

del periódico, que duró solo cuatro meses.

El día 18 salieron los detenidos de Quito y el 12 de Octubre fueron embarcados en la fragata Colombia mientras estaban

en espera de un buque que les llevaría al extranjero, entonces se sublevó la marinería y sus jefes. Rocafuerte, quien

también iba preso al destierro, al llegar a Naranjal fue liberado y conducido a Guayaquil en triunfo, haciéndose cargo de

la revolución de los Chihuahuas, nombre que tomaron los insurrectos porque Rocafuerte había vivido algún tiempo en

México y así le apodaban cariñosamente sus amigos mexicanos.

Mientras tanto en Quito se preparaba un drama sangriento. El Sargento Peña, que había escoltado a los presos a la costa,

habiéndose portado bien con ellos, tenía sus confianzas y al retornar a la capital fue llevando una Carta de recomendación

para Manuel Ascázubi, quien le abrió proposiciones para tomar el batallón Vargas y hacer la revolución.

En una siguiente entrevista Peña concurrió con el Sargento primero Segundo Medina, mulato de nacionalidad venezolana,

quien recibió doscientos setenta pesos por entregar el Cuartel del batallón Vargas, pero traicionando el movimiento fue a

informar a su jefe, un militar de nacionalidad española llamado Juan Rodríguez, a quien entregó el dinero.

Este se puso al habla con Flores y acordaron llevar adelante las conferencias revolucionarias y concretar la fecha del

golpe, que finalmente quedó decidido para la noche el 19 de Octubre.

Esa mañana Flores salió de la capital con dirección a Guayaquil a sofocar la revolución de los Chihuahuas, dejando todo

previsto en Palacio. El Vicepresidente José Modesto Larrea quedó hecho cargo del gobierno pero no se atrevía a decir nada

ni se daba cuenta de lo que estaba ocurriendo y paseaba de un lado hacia otro del pretil del Palacio hablando solo pues

notaba ciertos movimientos sospechosos de la guardia. Esa noche lo acompañaron los Ministros de Hacienda y Gobierno,

García del Río y Víctor Félix de San Miguel y Cacho, así como el de Guerra Antonio Martínez Pallares, el Consejero de

Estado Vicente Ramón Roca y el Jefe Rodríguez, del batallón Vargas, que pasó a esconderse en el Cuartel.

A la hora convenida, cerca de la medianoche, Medina fue a dar aviso a los complotados, que se pusieron en marcha en un

número no mayor a los cien, pero al llegar a media cuadra del Cuartel del batallón Vargas en el pretil de la Catedral,

desconfiaron de Medina y se negaron a avanzar hacia el Cuartel sin mayores seguridades; entonces Medina partió con un

pretexto y conociendo que ya no había medio de atraer a los conjurados, sus cómplices ordenaron descargar los fusiles

contra los grupos del atrio de la Catedral y salieron del Cuartel hombres a pie y a caballo -cuyos cascos habían sido

envueltos en paños para evitar ruidos, comandados por el Capitán Darío Morales. Los complotados comprendieron la

felonía, se dieron cuenta del engaño y gritaron “Viva El Quiteño Libre” siendo lanceados impunemente. Al mismo tiempo

que desde las terrazas del Palacio les disparaban a mansalva.

La matanza fue bien planeada por Rodríguez, quien había hecho salir a una partida de ocho soldados al mando de los

oficiales Fonseca y Sánchez, para que por las calles de San Francisco se pusieran a la retaguardia a fin de tomar a todos

los fugitivos. Hall era miope, de regular estatura, rasgos finos y bastante fuerte, había concurrido al motín montado a

caballo, las balas de la terraza le hicieron caer muerto, posiblemente de contado. Iba adelante del grupo, comandándolo,

era el jefe de los complotados, solo tenía cuarenta y dos años de edad. Era la presa mayor, no cabe duda.

Pedro Moncayo ha opinado que por su dignidad y carácter y por su calidad de hombre ilustre debieron respetarle, aunque

eso pudo ser difícil pues todo sucedió en la semioscuridad. Después de él cayeron Camilo Echanique, José Conde, Nicolás

Albán y otros muchos más, casi todos hombres valerosos, algunos de la nobleza y otros pertenecientes al pueblo llano. El

degüello en las calles fue horroroso, se lanceaba a cuantos se presentaban, fueran o no comprometidos, y no contentos los

soldados con sus crímenes desnudaron el cadáver de Hall y le colgaron puesto de cabeza en un farol que existía en uno de

los postes de la plaza de San Francisco. Al clarear la mañana del siguiente día, 20 de Octubre de 1833, apareció tan

horrible espectáculo a la vista de todos. Las monjas del Carmen mandaron sábanas blancas – mortajas – por respeto al

pudor público.

El notable y documentadísimo historiador Fernando Jurado Noboa ha anotado que Maria Jijón de Tapia, antigua dueña de

casa de Hall, le dio cristiana sepultura.

El 21 fue convocado el Congreso a sesión extraordinaria. El Dr. Francisco Marcos y Crespo lo presidió y los Diputados y

Canónigos de Cuenca Marcos y Peñafiel pidieron un voto de gracias para los asesinos, llamándoles los salvadores de la

patria. El Vicepresidente Larrea comenzó desde entonces a declinar, dejó de salir a la calle y fue atacado por la lepra,

enfermedad a la piel que se le presentó de improviso, posiblemente porque le bajaron las defensas dado su complejo de

culpa. El Sargento Primero Medina fue ascendido a Teniente y los soldados que participaron en el crimen recibieron honores y felicitaciones. Flores, estaba en Ambato y regresó a la capital alegremente.

De la matanza se salvaron el Coronel Ricardo Wright, José María Sáenz, Ignacio Zaldumbide Izquierdo y unos pocos más,

quienes tuvieron suerte y pudieron escapar a tiempo.

Hall fue un carácter republicano, liberal, bravío y sincero. No acostumbraba recibir imposiciones de nadie, ni siquiera del

genio que fue Bolívar y peor de Flores que no llegaba ni a las botas del Libertador, por eso chocaron. La historia recuerda

su nombre por haber fundado el Partido

Nacional en el Ecuador, principio de nuestra nacionalidad, como gesto altivo frente al

militarismo extranjero, y por su cruenta muerte y sacrificio.