ESPINEL CEDEÑO ILEANA

POETA. Nació en Guayaquil el 31 de Octubre de 1933. Hija legítima de Jorge Espinel Barreiro, natural de Rocafuerte, empleado en la Aduana y luego propietario de una botica, quien falleció prematuramente en 1945 y de la Prof. Bertha Cedeño Chica, de Bahía de Caráquez.

Creció alegre, feliz y estudió parte de la primaria en la escuela anexa “Gabriela Mistral” ubicada frente a su hogar en Quito y Vélez, donde su maestra Aurora Crespo le enseñó a leer; cambiándose en el cuarto grado a la Escuela Fiscal No. 20 “José Herboso”, allí fue alumna de Carmencita Wither Navarro.

De siete años enfermó de difteria, de nueve de neumonía y por eso su papá la mimaba mucho y regalaba hermosísimas muñecas europeas, pero ella prefería los libros de cuentos con calcomanías que leía con fruición, sintiéndose también profesora junto al escritorio de su madre. A los diez años escribía versitos y hojeaba los libros didácticos que encontraba, pues la imitaba en todo y hasta hacía como ella cuando corregía las tesis.

De trece años sufrió el dolor de perder a su padre. Luego escribiría Fragmento //Bajo el nocturno gris de tu recuerdo, padre, quiero decirte la honda e irremediable angustia / de este espíritu que es ave, constelación, sollozo / y floración divina deshojada en un árbo”//

En 1944 inició la secundaria en el Colegio salesiano “María Auxiliadora”,
durante el segundo Curso fue motivada a la literatura por el padre Cayetano Tarruel y la madre Isabel Herráez y como había la exoneración final para los mejores alumnos en cada materia, de allí en adelante jamás rindió esa prueba en Historia, Filosofía y Literatura, aunque pasaba arrastrándose en Matemáticas y en Inglés (1)

En 1950 se graduó de Bachiller y empezó a estudiar en la Escuela de Periodismo; mas, al año y medio tuvo que salir por unos cólicos al hígado.

“En 1953 hallé entre los libros de su casa un ejemplar desmadejado y roto del célebre poemario Como el Incienso de Aurora Estrada y Ayala, con dedicatoria a su madre. Su lectura me emocionó y pregunté por la autora. Mi madre la llamó por teléfono y a la tarde siguiente me presenté en el jardín de su villa con mi cuadernillo de poemas. Ella lo leyó con mucho detenimiento y dirigiéndose a su hijo Alsino que entraba de la calle en esos momentos le dijo emocionada: ha retoñado mi flor, me siento revivida, me felicitó y poco después escribió un elogioso artículo que se publicó en el diario El Universo comentando mis poemas Tú sabes y Te Quiero que fueron los que más le agradaron, de ésa, mi primera producción”. Fragmento //»Madre mía, tú sabes que cuando uno está enfermo todo se dificulta: / Hacer, pensar, reír y amar. / Tú sabes muy bien que cuando uno está enfermo / todo se hace insufrible: /el ruido de la máquina. El chirriar de la puerta. Y la voz…”//

“También me recomendó concurrir al local de la Casa de la Cultura donde el Secretario Adalberto Ortiz me presentó al Corrector de pruebas Gastón Hidalgo Ortega, quien me introdujo a un grupo de poetas jóvenes fundado por David Ledesma y compuesto por él y por Carlos Benavides Vega que acababan de retornar de Quito, Sergio Román Armendáriz estudiaba Leyes, Carlos Abadíe Silva y Miguel Donoso Pareja”.

“Nos hicimos íntimos, casi hermanos, en Noviembre comenzamos a reunirnos en mi casa ubicada en Luque y Antepara, éramos inseparables
amigos, nos bautizaron como CLUB SIETE en honor a nosotros mismos y pronto empezamos a brindar recitales en las radios El Telégrafo, América, El Mundo y Atalaya y nuestras producciones salieron en una página de El Universo con datos biográficos y críticos y una fotografía de cada uno, de suerte que nos hicimos conocer, pero comenzaron las deserciones. Donoso Pareja se retiró y Abadíe viajó a New York donde aún debe residir si no ha muerto. El 54 el Núcleo del Guayas editó una antología, obra en colaboración, selección personal del Grupo, titulada Club Siete, en 96 páginas con poemas de los cinco que habíamos quedado, solo salieron 500 ejemplares y el libro es de difícil consulta.”

Ileana era una jovencita muy inteligente, activa y de gran personalidad. Su pelo negro y largo, que caía sobre su espalda, la hacía simpática y natural y su contextura llenita, rostro blanco, agradablemente hermoso, y su gran locuacidad, la convirtieron inmediatamente en la musa del grupo. Hidalgo Ortega la cortejó, Ledesma declaró que si alguna vez se casaba lo haría con Ileana, a quien admiraba y quería.

Ella vivía ensimismada en la poesía, leyendo y dando recitales económicamente poco rentables, pero nada más le importaba que admirar a Vallejo y a Neruda y como por entonces le salió un rico pretendiente de profesión comerciante, su familia quiso que lo acepte, originando una lógica reacción plasmada en su verso “El Practicismo”, que dice así: //”El practicismo práctico sugiere que me case / con un buen comerciante, / porque así dejaré de recibir auspicios / y dar recitales… // El practicismo práctico alega que no puedo /vivir solo de versos; / que necesario es pasar donosamente /y digerir manjares / y no frijoles secos… // Mi madre de mi alma / está de acuerdo en esto, / Y lo mismo mi abuela, / mi tía, / mi cuñado, / mis dos lindos hermanos / y todos los amigos de mi querida gente . . . // De la raíz más honda del practicismo, brota: / “Ileana, un comerciante!. . . / Un comerciante,

Ileana!” // Pero Ileana, / la tonta, / la lírica, / la loca, / se casa / -si se casa- / con un poeta pobre. //

Un sábado cualquiera de 1955 le sucedió el siguiente acontecimiento que por absurdo bien vale referir como anécdota literaria. Resulta que su amigo el poeta César Dávila Andrade le llevó a golpe de siete de la mañana un sereno con el afamado trío mexicano “Los Panchos”, que no se sabe dónde los habría conseguido, porque aunque estaban de paso por Guayaquil no acostumbraban realizar esa clase de trabajitos. Los Panchos cantaron “Si amarte es pecado” y otras canciones más. Al final Dávila subió al departamento de la familia Espinel y muy ceremoniosamente le solicitó a doña Bertha la mano de su hija Ileana en matrimonio. Ella, con mucha gracia, le siguió la cuerda recordándole que era casado, pero el poeta respondió que eso no tenía la menor importancia y dirigiéndose a Ileana agregó “Dígame que me acepta y me voy inmediatamente a divorciar”. Tal salida ocasionó la hilaridad de los presentes, sobretodo de Ileana, que consideraba mucho a su genial admirador y colega. Finalmente el asunto fue tomado a la broma y terminó con una taza de café bien cargado, que disipó los arrebatos alcohólicos, románticos y matinales del celebre Fakir.

Mientras tanto su voz “iba adquiriendo forma y tono entre adensamientos y juegos irónicos vanguardistas, como el del Dislate Octavo y desde esos comienzos, manejó con gran dominio el soneto”. (2)

El mismo Rodríguez Castelo agrega que de Vallejo tenía Ileana el hondo, el desolado lirismo, que desnudó su verso de palabras alígeras, al tiempo que enriquecía sus registros, crecía en intensidad emocional, reducida a menudo en formas muy sutiles o a los límites austeros del soneto.

(1)Siempre fue la mejor alumna del Colegio en Literatura, por eso le encargaban las poesías que anualmente se recitaban en honor a la Madre Directora. También son de esa época algunos de sus sonetos históricos.En 1951 durante un recital radial en “El Telégrafo” David Ledesma y yo dedicamos un par de poemas a protestar por la condena a muerte de los esposos Rosemberg acusados de espías en los Estados Unidos, pues nos horrorizaba el macartismo y la silla eléctrica. Mi Elegía por los mártires terminaba así Maldito seas Eisenhower y el de David… Daré de patadas a Dios en una esquina. María Piedad Castillo de Leví llamó por teléfono a quejarse y hasta pidió que se interrumpiere el programa, pero como nosotros habíamos pagado el espacio anticipadamente, el Director de la radio Héctor Alejandro Lamas se excuso de hacerlo y pudimos finalizar en paz. Después nos enteramos que lo habían multado y cuando el día lunes fuimos temerosamente a cobrar a las firmas comerciales auspiciantes, pensando que también estarían disgustadas con nosotros, encontramos con sorpresa que nos pagaban sin chistar, simplemente porque no acostumbraban escuchar la audición. Desde entonces pienso que entre el intelectual y el resto de la población hay un vacío cultural muy grande que los mantiene separados.

José Ayala Cabanilla anotó que lo curioso es que no solo cultivaba el verso sino también la poesía; es decir, que era una mujer de canto, pensamiento y opinión, una personalidad completa.

En 1957, merced al apoyo recibido del Dr. Antonio Parra Velasco, Rector de la Universidad de Guayaquil, salió en dicha editorial, “Piezas Líricas” -el libro que más quiere- “La edición de 1.500 ejemplares me fue obsequiada y como vendí a S/. 50 cada ejemplar, fue mi gran ayuda. Era la primera vez que ganaba dinero en grande con mi poesía. El Dr. César Andrade y Cordero me ayudó a distribuirlo en el exterior, poniéndome en contacto con muchísimos escritores del mundo”.

“En 1959 apareció La estatua luminosa, visión extensa de todos mis modos poéticos, selección efectuada por Conie Lobell y Jan Aristeguieta, directoras de la revista-libro “Lírica- Hispana” de Caracas; pero solo dispuse de trescientos ejemplares, pues los mil restantes circularon directamente desde Caracas por toda hispanoamérica.”

Ese año ingresó de correctora de pruebas a la editorial del Núcleo del Guayas de la C.C.E. con S/. 700 mensuales y fue traducida al inglés por Helen Wolh Paterson, critica y literata norteamericana, directora del Programa “La Voz de América” de Washington, y al francés por los poetas Marcel Hennart conocido hispanófilo de París y Henri Lescoet, autor de la obra bilingüe “Veintisiete poetas hispanoamericanos”; además Lescoet escribió el 64 un poema inspirado en Ileana y dedicado gentilmente a ella.

Otros traductores suyos han sido la brasilera Ilka Sánchez al portugués y los italianos Gino Rovida, director de “El Giornale di poeta latini” en Roma, y Vincennzo Josía.

En 1960 figuró en “Triángulo” con David Ledesma Vásquez y Sergio Román Armendáriz. La parte de Ileana llamó Diñase que canto, “con nuevas durezas y “más de angustia y dolor palabras ominosas o sórdidas pautan desarrollos de solares sardónicos”. La de Ledesma tituló Los días Sucios y la de Román Arte de amar, y obtuvo la Medalla al Mérito Literario de la Municipalidad de Guayaquil a petición expresa de la Universidad.

El 30 de marzo del 61 se auto eliminó Ledesma, impresión de la que no pudo escapar por muchos años Ileana, su mejor amiga. Por esos días desempeñó la Secretaría de la Editorial de la Casa de la Cultura y de la Revista “Semana” cuya página literaria comenzó a dirigir. Allí comentaba, hacía crítica biblográfica y seleccionaba producciones poéticas.

Entre el 63 y el 67 dirigió la sección de una página completa denominada “Los Hechos y la Cultura del Ecuador” en la Gaceta mexicana “Nivel”. Igualmente representó a nuestro país en la revista cultural bilingüe “Cuervo Internacional” de Hollywood, California y en la “Revista de Economía Latinoamericana” de Caracas.

Entre el 65 y el 66 presidió la Sección de Literatura del Núcleo del Guayas por elección de la Asamblea y el Dr. Pascual Venegas Fajardo, director de la revista “Poesía de Venezuela” editó en Caracas su poemario “Arpa salobre” con poemas no necesariamente inspirados en David Ledesma, sino en la nostalgia, la desolación y la muerte. Allí aparecieron varias piezas antológicas tales como su “Soneto del Imposible olvido”, el “Soneto que interroga” y “La Elegía inmutable”. Rodríguez Castelo ha dicho que una vez más, el soneto es dique para esa amarga resaca.

El 66 publicó en El Universo un artículo titulado “José María Egas laurel angélico” refutando cierto juicio crítico del Padre Aurelio Espinosa Pólit, S. J., sobre la poesía religiosa de Egas que a su criterio contenía elementos eróticos; pero le salió al paso el padre Jorge Chacón, S. J. en el mismo suplemento, reiterando que Egas era realmente un poeta místico. Entonces sucedió que desde Cuenca entró a la palestra G. humberto Mata con “Revisión de José María Egas a propósito de un comentario de Ileana Espinel y la refutación del sacerdote Jorge Chacón, S. J. en el que maltrató a Chacón calificandole de sacerdo. Ileana, por supuesto, dejó en claro que a lo largo de la historia, los grandes poetas siempre han sido heterodoxos.

Ese año pasó a ocupar la dirección de la Editorial del Núcleo del Guayas de la CCE con dos mil sucres mensuales de sueldo, e ingresó a “Cultura y Fraternidad”. A fines del 66 le fue propuesta la candidatura para una concejalía por el Movimiento Velasquista, integrando la Lista B que terció en las elecciones; salió electa por un período de cuatro años y le correspondió trabajar durante las alcaldías de Asaad Bucaram y Francisco Huerta Montalvo presidiendo las comisiones de Cultura y Bellas Artes y Parques y Alamedas. Igualmente, el Patronato Municipal de Bellas Artes y su sección de Poesía, pero el 70 fue defenestrada por la dictadura velasquista.

“Página suelta”: // Erguida desde siempre / sobre una infancia rota que me niega / toda capacidad para salvarme, / estoy salvada empero / por esa luz distinta en la que irradio. // Bien sé que la nostalgia me limita / con el destierro anímico del júbilo, / cero cuan jubilosa es la tormenta / cruzada por relámpagos de abismo… // Estoy sobreviviendo / a tu fiel insistencia en no entenderme / y a mi fiel insistencia de mirarme / en este espejo de humildad soberbia. // Tal vez ignore el bien que no me inmuta / su caída luzbélica si en ella / se va toda la Muerte con su siembra, / se va toda la Vida por su sangre. // Yo que adoraba el sol de tu pureza / y el vuelo de tu alma que has trocado, / como Lázaro surjo de las ruinas / ¡Tras tu irredente luz tan diferente! //

Desde el 67 fue columnista en el diario El Universo y fundó la sección “Meridiano de la Cultura”.

El 69 apareció su poemario “Diríase que canto” en el Núcleo del Guayas, con prólogo de Alejandro Carrión. Selección de sus mejores poemas anteriores y otros inéditos, entre éstos últimos, el que dio nombre al poemario. “La poetisa nos sorprende con acordes de una nueva religiosidad, nueva luz y renovado brío interior alumbran los poemas. Hay apertura a lo ético y lo social, pero se vuelve a recalcar en turbias bahías de tristeza, fracaso, hastío y ocurren el tema de la salvación y el de balances-elípticos, intensos, desolados, que arrancan desde una infancia rota.

El 70 pasó muy enferma con molestias al hígado y a las amígdalas y se deprimió y retiró de toda actividad por dos años. Dejó el periódico y la Editorial del Núcleo por no tener el título de periodista, en otras palabras, se recluyó.

El 72 regresó a la vida con un parvo poemario, producto de esos dos años, titulado “Tan solo Trece”, nombre dado justamente por el número de esas composiciones que anotan características de serena belleza, de ironía impecable, de iracundia y sangrante soledad en versificación libre y existencialista, pues había atravesado una etapa de agudo nihilismo frente al mundo y a la sociedad, originada en la muerte de algunos seres muy queridos, como David Ledesma, Aurora Estrada de Ramírez.

De “Tan solo Trece” se ha dicho que “constituye un libro de extraordinario dominio formal, que tiene altura conceptual, madurez en la técnica del ritmo y elegante estructura del idioma, con una temática apasionada, violenta y cruel, musicalizada por la dulzura del verso, “donde la relación con Dios es fuerte, casi brutal, la visión del mundo amarga y desolada, la denuncia y protesta social vehementes.

El 78 editó “La corriente alterna” donde junto a la insistencia en motivos que son una constante en su lírica, los dislates, la desolación, se multiplican piezas de asunto social (humor sardónico y reconcentrado desdén). El libro apareció en San José de Costa Rica con treinta y cinco poemas nuevos, otros ya editados y un ensayo sobre la poesía conversacional con prosa poética sujeta a ritmo, que practicaba desde sus inicios en la radio El Telégrafo.

El 79 salieron sus “Poemas escogidos” en el No. 77 de la Colección “Letras del Ecuador” del Núcleo del Guayas, recopilación muy sobria de Rafael Díaz Icaza, tomada de los libros anteriores, con inclusión de unos pocos poemas nuevos.

“Soneto al Astronauta”. Para Germán Pardo García. // Potro que vuelas, colosal pegaso, subes y subes con tu fe en el anca, / mientras fallece una paloma blanca / y no hay vino en las uvas ni en el vaso. // Aureolada de cósmico fracaso, / potro que vuelas: ten mi mano franca; / a ver si tu galope me la arranca / para no aplaudir la gloria de tu paso. // Es bello ese trotar sobre las nubes; / pero mientras, ufano, subes, subes / e inviertes al hacerlo una fortuna, / millares de terrícolas hambrientos / encienden su alarido por los vientos, / ¡y tú… empeñado en conquistar la Luna!.

De allí en adelante comenzó a decaer la salud de su madre. Ileana tomó a cargo las labores domésticas y se fue convirtiendo con el paso de los meses en enfermera a tiempo completo, con una abnegación verdaderamente admirable. Fueron años de continuos sacrificios y religiosidad interior, pues aceptó su misión hasta con alegría, por venir de Dios.

Vivían en un departamento de cemento en la Avenida Olmedo y Eloy Alfaro, casa de Carlos Juez. Después pasaron a una villita de su hermano Gonzalo ubicada en la Ciudadela Ferroviaria, que ocuparon hasta el fallecimiento de doña Bertha en 1985.

Ileana quedó muy aturdida y se cambió a Huancavilca y la Décima, donde se reencontró a través de los libros y la música. El Universo la llamó nuevamente a sus filas para que escriba bisemanalmente sobre asuntos relacionados con la mujer y la cultura. Había engrosado ostensiblemente hasta adquirir un gran sobrepeso que al final de sus días le impedía todo movimiento. Su hermano Gonzalo cuenta con mucha gracia que cada vez que pasaban los heladeros Ileana salía corriendo a la calle portando un envase de regulares dimensiones y adquiría cinco sucres de helados, suma bastante considerable para entonces.

Desde septiembre de 1 988 trabajó a medio tiempo en el Instituto Nacional del Niño y la Familia INFA de Coordinadora de Comunicaciones y Relaciones Públicas. La Editorial Orígenes de Madrid publicó un volumen en homenaje a la mujer iberoamericana titulado “Mujer y Cultura en el Mundo Hispano y la seleccionó para el Capítulo de la Poesía con ocho poemas junto a la uruguaya Concepción Silva Belizón y a la venezolana Luz Machado.

También el 88 fue miembro de Jurado del I Concurso Nacional de Poesía Joven del Ecuador organizado por el Núcleo del Guayas en homenaje a la memoria de Zaida Letty Castillo de Saavedra a) Djenana y como apareciera en el Universo su poema “La Soledad Postrera”, cuya lectura conmovió a su hermano, de común acuerdo decidieron unirse y compartir un departamento en Víctor Manuel Rendón y Rumichaca pero empezaron los desacuerdos por nimiedades y fruslerías debido a la incomodidad propia de la estrechez del inmueble.

En 1989 recibió la Medalla de Oro al Mérito Cultural de Primera Clase del Ministerio de Educación del Ecuador, y le dedicaron un número especial de la Colección “La Rosa de Papel” con selección de varios de sus poemas y prólogo de Miguel Donoso Pareja. “Dislate Octavo”. // Musicalizo los azules giros / porque del lápiz los rosados parten. / Aquí’ yace un rebaño de suspiros / lanudos y silvestres. / Cruza un ángel. //Maiacovski no mide mi estatura. / I Siberia no gana mi combate. / Un canario en el tacho de basura / degenera en cangrejo. / Cruza un ángel // Empero no regreso. Me limito / a conversar a solas un instante / con la miel derretida. El gorgojito. / I mi horror al fascismo. / Cruza un ángel. //

“De palabra ágil, personalidad recia y contundente, tenía palabra de suave elegancia magnánima. Su poesía es libre, apasionada, vital, progresista y novedosa, con humorismo y nostalgia;

además, es tierna y acongojada, pero todo ello, desmesuradamente”.

Su estatura mediana, rostro blanco, pelo negro cano usaba lentes y desde hace algún tiempo sufría de las glándulas tiroides y había engrosado al punto que llegó a sufrir de obesidad mórbida y pesar más de trescientas libras. Leía, leía mucho, gustaba escuchar buena música disfrutando de la quietud del hogar.

En 1996 se disgustó porque el mexicano Fredo Arias de la Canal publicó una antología de la poesía homosexual en el mundo, con obras de los ecuatorianos Gonzalo Escudero, Rubén Astudillo, Nazario Román y la propia Ileana, después se conoció que el material había sido enviado por equivocación por Rodrigo Pesantes Rodas. Ileana siempre fue una señorita muy discreta en materia sexual y jamás se le conoció aventuras ni desviaciones, de manera que el asunto no le hizo ninguna gracia.

Al poco tiempo sufrió un cáncer primario al útero – le encontraron ocho miomas malignos – y operada por el Dr. Jaime Sánchez Sabando aparentemente quedó sana, pero cometió la imprudencia de no hacerse periódicas revisiones ni someterse a tratamientos de quimioterapia y radioterapia como hubiera sido lo aconsejable.

El 2000 apareció en España lo mejor de su producción. Lo último suyo vino a ser la poesía conversacional y aunque nunca intervino, fue por cinco ocasiones miembro del Jurado del Concurso Nacional de Poesía del Diario El Universo.

Atravesaba un momento de religiosidad y paz interior. “Vivo en un remanso de paz, me motiva la gloria de Dios”, actitud explicable por su profundo lirismo pues hasta su poesía social ha sido calificada de románticamente social y no de realista.

A finales de año recayó en sus dolencias pues al levantarse de la silla le aquejaban ciertos dolores y examinada por el Dr. Juan Tanca Campuzano se encontró que tenía la membrana del peritoneo tomada. Sus médicos de cabecera fueron los doctores Miguel Romero Vicuña y Ricardo Ortiz San Martín. En Enero del 2.001 sus amistades la agasajaron en la Escuela Politécnica y la subsecretaría de Educación le otorgó la Medalla al Mérito Cultural de Primera Clase. Monseñor Luis Alberto Luna Tobar escribió en El Universo:

ILEANA, LEVE Y PROFUNDA

Ileana Espinel, enriquecida por la leve autenticidad de lo puro y avalada por su sentir profundo, llegó siempre con sus versos a las latitudes más inimaginadas: «Empero no regreso. Me limito / a conversar a solas un instante”.

Ella imagina que conversa a solas; ignora, bienaventurada, que somos muchos los que atestiguamos su diálogo, escuchamos su palabra incansablemente y en el tono original en el que brota del inagotable hontanar de su alma. Mantener vivo ese tono resulta una exigencia irrenunciable.

La crítica de los tiempos que pasan ha tratado siempre de acercarse al sentido de soledad que Ileana presenta como característica de su personalidad estética.

Ese “no regreso” y ese “conversar a solas” no es refugio ni ausencia. Es una búsqueda permanente de trascendencia, en la que la poesía concede levedad a todos los significados, para que no vayan a lo profundo solo por su peso y penetren en la intimidad por original pureza, por autenticidad. Qué auténtica es Ileana, conversando a solas, con cada palabra con dedicatoria viva, con cada gesto con destino claro, con todo tono con fuerza predestinada.

Esa es la soledad estética en la que la inspiración poética es ímpetu sagrado que se escapa de la materia conocida para medir su realidad en la soledad, en la que se encuentra siempre el hombre que es límite con el infinito.

Ileana, tú no desconoces al infinito. Lo sientes en tu ser, en la palabra que alumbras, en el verso que destilas, en la soledad en la que creas, en la serena plenitud de tus horas de ignota verdad.

Gracias Ileana, porque “no regresas”: tú “conversas a solas un instante” con todos los que hemos recibido el predestinado don de tu amistad; ella, esa amistad y la gracia de tu poesía, son fuerza para los rebeldes a quienes cantas sin miedo con la más auténtica voz de tu alma fuerte, recia, noble          

El 2001 sufrió mucho, la terapia para el dolor le fue suministrada por el Dr. Avellán de la Clínica Kennedy de la Alborada a través de un frasquito de veinte píldoras de morfina. Ileana tomó una pero dijo que no le había asentado. Su amiga Josefina Egas Montalvo se volvió su ángel guardián pues voluntariamente comenzó a asistirla con una asiduidad verdaderamente ejemplar. Iba al departamento y se quedaba ayudando desde las ocho de la mañana hasta las diez de la noche. Ileana le decía: Cuando te vas por las noches me siento sola y desamparada. Gracias Josefina, eres mi ángel de la Guarda.

El miércoles 20 de febrero del 2002 su hermano Gonzalo salió a realizar varias labores y quedó Josefina con Ileana en el departamento. La ilustre enferma se hallaba recostada, presentaba sígnos parecidos al mareo y le escurría un hilillo de sangre aunque todavía hablaba. Poco después entró en coma y Josefina llamó por teléfono para que la Cruz Roja envíe a seis enfermeros a fin de trasladarla a la cama y acostarla, cuando Gonzalo regresó a la una de la tarde ya no había nada que hacer y falleció a las nueve y media de la noche en paz y en calma, sin haber recobrado el conocimiento a los sesenta y ocho años de edad. Su amiga Josefina, que la había acompañado con total abnegación durante un período de dos meses, arregló los últimos detalles para el velatorio que fue en el Núcleo del Guayas de la Casa de la Cultura.

Las restantes diecinueve pastillas del frasquito de morfina nunca aparecieron, no así el envase que fue hallado vacío. Ileana, en una entrevista concedida al diario El Universo, había manifestado a Clarita Medina que no llegaría al mes de junio y parece que lo cumplió.

Al día siguiente jueves se le tributaron honras fúnebres en Capilla Ardiente y fue enterrada al mediodía del viernes pero Josefina sintió que no podía concurrir y permaneció en su domicilio, por el stress sufrido en los últimos tiempos.

Más que poetisa Ileana fue mujer de pensamiento y opinión, e influyó en el quehacer literario desde los años cincuenta.

Su obra “se viste de una forma elemental pero sobria y magnífica en la cual se avizora un talento poco común, una predisposición a lo perfecto, con mensaje, significación y fondo estético. La ingeniosa combinación de vocablos y cláusulas dan lugar a un sardonismo fulgurante dentro de la poética contemporánea, adelantándose a éste tendencia. Tiene, además, proporción en los tropos”. Por todo ello ha sido calificada de “primera de las poetisas serias y consistentes de la última generación, por haber emprendido una poética nueva con un arte personal que va desde el soneto clásico hasta la estrofa libre de tendencia anarquizante”.

“Acaso” // Era un ángel de tierra el viento iluminado / que me azotaba el lápiz y los años. / Era leve mi blanca soledad sin reproches. / Y la paz iba en mí / como esta larga cabellera oscura / que acompaña mi sien a todas partes. // Estoy tratando de explicarte ahora / que por tu vida conocí la muerte. / que esa alta – y fiera- agónica rencilla / batallando en el mar de mi nostalgia / debe a tu luz sus sombras de torturas. / Qué de no haberte conocido, / acaso / no fuera esto que soy: mísera llaga //

Fue más que poeta, fue una mujer moderna, intensa, inteligente y de g opinión, al revés de Gonzalo en donde lo lírico es todo.