TERENZIANI, S.J. ENRIQUE

DEFENSOR DEL ESTADO TEOCRATICO.- Nació en Reggio, Calabria, Italia, el 4 de noviembre de 1829 y de diez y siete años ingresó a la Compañía de Jesús, siguiendo los Cursos de Letras. Filosofía y Teología durante seis años.
En 1862 era un joven sacerdote de costumbres inmaculadas y buena oratoria, que había estudiado a los autores clásicos y medioevales y a algunos modernos pero ortodoxos con los dogmas proclamados por la iglesia Católica en el Concilio de 1583 celebrado en Trento, cuando el Presidente Gabriel García Moreno del Ecuador solicitó al padre Pedro Beket, General de la Orden de los jesuitas, un profesor para fundar la Casa de formación de los Jesuitas en el Ecuador pues a base de ellos requería realizar el cambio de la Universidad Central de Quito, que de regalista, diletante y liberal debía transformarse en científica, filosófica y cristiana, o lo que es lo mismo, en un firme baluarte del gobierno teocrático, fundamentalista y católico que pensaba instaurar en nuestra Patria.
El General le contestó: “Envió a Vuestra Excelencia un sujeto de quien no se sí diga que es más santo que sabio o más sabio que santo” y Terenziani arribó en febrero de 1862. En Julio tomó parte activa en el I Concilio Provincial Quitense demostrando locuacidad, enjundia y versación pues poseía una hermosa dialéctica para convencer a los auditorios.
En Diciembre y a consecuencia de la ridícula guerra de García Moreno y el Presidente neogranadino Tomás Cipriano Mosquera, ante el peligro de una invasión colombiana, huyó a Cuenca con los novicios y estudiantes a su cargo precaviendo que las fuerzas neogranadinas pudieran avanzar a Quito, pero al arribar a Riobamba el día 31 las autoridades encabezadas por el Gobernador Vicente Nieto y el presidente del Concejo Cantonal Juan Valencia, así como un sector de la población, le solicitaron que se hiciera cargo del Colegio de San Felipe Neri. El Provincial de la Compañía padre Francisco Herrnáez dio su aprobación y fue designado Rector, en cuyas funciones permaneció tres años, estructurando el bachillerato clásico y la congregación mariana de Caballeros, también tuvo a cargo las clases de latinidad, teología dogmática, moral y derecho canónico con otros dos profesores que se abastecían para enseñar a los sesenta alumnos que inicialmente asistieron. Fueron años de estrecheces, las clases se dictaban en dos jornadas de cuatro horas cada una; pero Terenziani se inmiscuyó en la política nacional a pesar de su condición de sacerdote extranjero, con una campaña doctrinaria contra los “errores liberales, resabios de antiguas ideas jansenista”.
El Padre Francisco Miranda Rivadeneira. S J. en pleno siglo XX, al tratar de la labor de Terenziani en el Ecuador, no indica cuales eran dichos errores y resabios. Finalmente en 1865 el San Felipe Neri se transformó en Colegio Nacional.
El 5 de Agosto de 1864 realizó el juramento de su Cuarto Voto a la Compañía de Jesús. En Noviembre del 67 volvió a Quito y fue maestro de novicios entre el 68 y el 70, también fundó la Congregación de Caballeros de la Inmaculada y la dirigió hasta la muerte de García Moreno en Agosto de 1875, formando políticos para la defensa del nuevo orden de cosas.
El 13 de Abril de 1869 se adoptó por decreto en el Ecuador la Profesión de Fe de Pío IV como requisito previo para optar grados académicos en la Universidad Central.
Esta Profesión de Fe era en la práctica un ceremonial pomposo y monárquico que se utilizaba en la Universidad del país para optar grados académicos hasta que el Presidente Vicente Rocafuerte le suprimió en 1836 por decreto, a fin de devolver a la Universidad la amplitud que con el paso del tiempo había perdido. Desde entonces el Ceremonial se había reducido a una simple fórmula profesional y a una mera ostentación de dignidad como era la Toma de Estrados. García Moreno, llevado por su afán de cambiarlo todo para atrás, impuso una larguísima profesión de fe ordenada por el Papa Pio IV tras la celebración del Concilio de Trento en plena contra reforma (siglo XVI) que debía ser rendido por los eclesiásticos ante sus Obispos. Esta larguísima confesión – impropia en los estados modernos – fue de obligación en Ecuador durante veinte y siete años hasta, 1896 que se retiró por disposición interna de la misma Universidad, por no estar de acuerdo con las luces del siglo que estaba finalizando. Contenía el Credo, las Tradiciones apostólicas y eclesiásticas, las observaciones y constituciones de la Iglesia, etc. todo ello en más de dos páginas de confusa lectura.
En 1870, durante la segunda administración garciana, pasó a la Universidad Central y dictó Legislación y Derecho Público Eclesiástico (Ciencia Constitucional y Cánones) como materias oficiales y obligatorias en todas las Facultades. En cambio el Cuadro de Profesores de la Facultad de Jurisprudencia quedó conformado de la siguiente manera: Derecho Civil y Romano y Código Civil Patrio a cargo del Dr. Rafael Quevedo. Derecho Práctico y Derecho de Gentes por el Dr. Ramón Miño, Derecho Penal y Economía Política Dr. Elías Laso. Principios de Administración y Organización Política Dr. Pablo Herrera. Derecho Natural y su aplicación a la Legislación: Padre Enrique Terenziani, S. J. y Derecho Canónico el profesor del Seminario.
Entre el 72 y el 74 también dirigió el Colegio Nacional, entregado a los padres de la Compañía de Jesús por García Moreno, “esmerándose en secundar eficazmente las aspiraciones del Primer Magistrado”. En el Colegio presidió la ceremonia de inauguración del edificio restaurado que llamó San Gabriel en homenaje al Presidente y a dicho local acudían los estudiantes de Jurisprudencia para oír sus clases. Revisando su Programa de Estudio para los certámenes de alumnos que tendrían cuatro años de duración resulta que “en el primer curso refutaría los errores principales de los publicistas que son más conocidos ya por la fama de sus talentos, ya por la práctica aplicación de sus teorías. Refutaría a Burlamaqui, Filanghieri y al utilitarista Bentham. En el segundo a Florentino González y a Pinzón. En el tercero a Montesquieu y en el cuarto las teorías exageradas del moderno liberalismo” al tiempo que se entrometía en todo asunto civil, inclusive en los del orden meramente doméstico, con un fanatismo y una ignorancia tales que el propio inquisidor Torquemada se hubiera quedado pálido y corto.
El Dr. Adolfo Páez reveló en la década de 1930 el siguiente vergonzoso episodio que le tocó presenciar “Corría el año de 1870 y en cierto día, por la mañana, los que habitábamos en la carrera – hoy Sucre – fuimos invadidos por un humo que nos asfixiaba. Salimos de las casas alarmados en busca del origen del humo y nos constató que una gavilla formada por los libros, en la mayor parte con pasta de pergamino, ardía en la casa del Dr. Ramón Miño, situada en la esquina entre la susodicha carrera Sucre y carrera Guayaquil, incineración ordenada y presenciada por el padre Terenziani,” cabe aclarar que el Dr. Miño había sido uno de los más esclarecidos abogados del país, profesor de la Universidad Central de Quito y poseía entre los libros de su extensa Biblioteca las obras de los más difundidos publicistas y pensadores de Occidente.
Aunque existe así mismo el testimonio de uno de sus alumnos, el Presbítero Juan Félix Proaño, quien ha escrito: Los antiguos textos de la Universidad estaban plagados de errores en materia de Derecho Público Eclesiástico. Las doctrinas del cesarismo y el regalismo eran las que campeaban en la Universidad de Quito. Desde 1871 entraron en lucha, en las aulas, las dos doctrinas (La Regalista y la Ortodoxa) la lucha se prolongó por cuatro años y en ella tomaban parte con tenacidad alumnos y profesores. Los claustros de la Universidad resonaban diariamente con discusiones llenas de interés que se prolongaban por largas horas, hasta que el eco repetido de las campanas venía a cortar el hilo del argumento. Las doctrinas de Santo Tomás, de Tarquini y de Taparelli iban poco a poco difundiendo una atmósfera de luz en los claustros. Los antiguos catedráticos eran impotentes para defender los viejos textos y sus erróneas doctrinas; hasta que por fin la mayoría de estos mismos respetables profesores hubo de rendirse a la luz del derecho Cristiano, a la doctrina verdadera; así quedó desde el año 1874 erigida en principio, en los bancos universitarios, la doctrina de la necesidad de la unión y armonía entre la Iglesia y el Estado. Así se enseñó y conservó esa doctrina en las aulas hasta la revolución demoledora de 1895, testimonio que colabora lo anteriormente anotado.
Terenziani difundió ampliamente el Derecho Natural de Taparelli y en el último de sus cursos – dictado entre 1874 y el 75 – trató sobre los principios que sustentan a la Economía Política, combatiendo al liberalismo económico. En sus clases era abierto al diálogo y cuando alguno de sus alumnos le rebatía contestaba “dejemos la discusión para mañana” y se iba a preparar para el siguiente día dar la respuesta.
A raíz del asesinato de García Moreno ocurrido el 6 de Agosto de 1875, ya sin su protección, hubo de abandonar el Ecuador y luego de una breve estadía en Panamá, siguió a New York, donde debió darse cuenta del ambiente diferente, de la absoluta libertad religiosa, de la amplitud de miras de esa civilización moderna de máquinas, de criterio tolerante y liberal, pero no tengo más datos de él, a no ser que falleció el 24 de mayo de 1880, a la temprana edad de cincuenta y un años.
No produjo texto alguno, de suerte que solo fue un difusor de Taparelli (1) dentro del tenebrismo propio del garcianismo, cuyo aliento doctrinario sostuvo hasta que terminó a punta de machetazos el 6 de Agosto de 1875.
Su aspecto físico era demacrado y su salud no debió ser buena por la delgadez de su cuerpo. Blanco, pelo y ojos negros, agachados en señal de modestia, su paso por las aulas quiteñas marcó el cenit de los tiempos teocráticos en el Ecuador.