DONOSO PAREJA MIGUEL

ESCRITOR. – Nació en Guayaquil el 13 de Julio de 1931. Hijo legítimo de Miguel Donoso Moncayo, quiteño educado en los Estados Unidos e Inglaterra, marino mercante y capitán de los barcos Cypres, Buaro, Catalina, Juanita Breszley y Quito que transportaban diseloil y gasolina a Guayaquil, Capitán del Puerto de la Libertad, Presidente del Concejo Cantonal de Salinas en 1944 y de Leonor Pareja Diez – Canseco, guayaquileña. Ambos fallecieron en 1971 con escasos meses de diferencia.

Poco después de su nacimiento lo llevaron al Campamento de Puerto Rico donde funciona la refinería de petróleo, situado al lado de la población costera de Libertad, creció sin asistir a la escuela, jugando con sus amigos Amado Panchilique hijo de pescadores y Edwina Watkins y Bobby Walton niños ingleses del Campamento y con ellos se iba las mañanas a pescar a la playa. Varios profesores particulares le enseñaron a leer, escribir, las reglas de la aritmética y en general todo lo concerniente a la instrucción primaria. Anualmente una delegación ministerial le tomaba exámenes y a los once años lo enviaron a Guayaquil a vivir en casa de su abuela Amalia Diez – Canseco Coloma vda. de Pareja, que lo trataba con mucho cariño y con quien jugaba Banco Ruso por las noches.

“Mi padre solía leer Reader Digest y True Detective, ambas revistas en inglés y los periódicos de cabo a rabo. Yo tenía revistas infantiles como el ratón Miguelito, el gato Félix, Popeye el marino, maldades de dos pilluelos, más tarde cayeron en mis manos las revistas de la colección Billiken de la Editorial Atlántida, la Colección Molino, la Editorial Tor, la Sopena pero fue un vecino nuestro, el Ingeniero Homero Dávalos, casado y sin hijos, quien leía mucho y de preferencia los temas de aventuras, quien me motivó a la lectura. Por él conocí a Salgan’, Karl May, Sabatini, Julio Verne, después me inició en Dumas, Víctor Hugo, etc”.

“Cursé el primer año de secundaria en el Americano. Mi tío Alfredo Pareja visitaba la casa, me regalaba libros y yo lo admiraba mucho por expansivo y cariñoso. También nos visitaba mi tío abuelo el poeta Wenceslao Pareja y Pareja que ya estaba viejecito y muy disminuido a causa de un derrame cerebral sufrido muchos años antes”.

Por abusar en los vales que firmaba en el salón Fortich, acción calificada de mala conducta por su padre, fue enviado interno al Colegio de los Hermanos Cristianos de Quito. El 46, dos años más tarde, regresó a la villa de sus padres que ya vivían en Guayaquil por los estudios de sus hermanas menores y entró al Cristóbal Colon. Practicaba basket, destacó hasta llegar a la segunda categoría del Emelec y jugó entre los de primera.

“Mi tío Alfredo me regaló la colección completa de veinticuatro tomos de las Mil Noches y Una Noche en versión para adultos, que leí con avidez. Dos años después el padre Cayetano Tarruel me negó matrícula para el sexto curso porque había notado que mis ideas eran peligrosas pues aborrecía memorizar (nunca tuvo vocación de loro) y discutía mucho con el profesor de Literatura padre Micheli sobre asuntos realmente baladíes, entonces pasé al Vicente Rocafuerte y allí me gradué de Bachiller”.

En 1948 empezó a trabajar de ayudante de ventas de la Subdirección de Subsistencias del Litoral. El 49 fue Inspector – Profesor del Vicente Rocafuerte por las mañanas y de tarde concurría a la sección Reclamos de la Flota Grancolombiana y se embarcaba durante las vacaciones de invierno, viajando y conociendo puertos tan lejanos como Vancouver, New Orleans, Bremen y Hamburgo.

En 1951 frecuentaba la casa de Enrique Gil Gilbert que lo aconsejaba en cuestiones literarias, también concurría al Núcleo del Guayas de la CCE donde hizo amigos como Jorge Fabara Castel y entre los jóvenes poetas y literatos de izquierda. El 52 inició sus estudios de Jurisprudencia que prosiguió con mucha irregularidad. En 1953 contrajo matrimonio con Judith Gutiérrez Moscoso, de Babahoyo, mayor a mí, a quien había conocido en Subsistencia. Tuvimos tres hijos: Leonor que se auto eliminó adolescente en México, María del Carmen y Miguel, autor de una Colección de Cuentos titulada Punta de Santa Clara, premiada en el Concurso José de la Cuadra de 1982 y editada por la Universidad de Guayaquil el 86, en el No. 2 de la colección Novel, en 114 págs. pero no ha continuado en las letras. Judith tenía dos hijas de su primer matrimonio: Amalia y Virginia, que crié y me dicen papá”.

En la década de los años cincuenta formó parte del Club Siete con otros seis jóvenes que se reunían en el Núcleo del Guayas de la CCE pero a poco se salió porque notó que eran homosexuales. Sobre esto trataría en las Memorias que publicó al casi finalizar sus días, con una declaración de respeto por las diferencias sexuales. Lamentablemente en esos días el asunto de la sexualidad de las gentes era algo que marcaba ante la opinión pública.

Entre el 55 y el 63 fue profesor de varias materias en el Aguirre Abad, el 54 entró a laborar como Jefe de Información del vespertino La Hora. Entre el 57 y el 58 publicó dos poemarios titulados “La Mutación del Hombre” y “Las Raíces del Hombre” de fresca emotividad, en el primer cuaderno se adelgaza e intelectualiza la forma, se trabaja con algunos aciertos el soneto y se juega con la metáfora, desde lo simple hasta lo original o humorístico, sin descontar lo artificioso, según ha expresado Hernán Rodríguez Castelo. El 58 fue Jefe de Información del vespertino “La Hora”.

El 1 de Enero de 1959, cuando triunfó la revolución cubana, era un marxista ortodoxo, esquemático y convencido pero no afiliado, porque amaba mucho su libertad de acción. Egresó de Jurisprudencia después de haber sido candidatizado a la presidencia de la Escuela de Derecho pero no dio los grados de Licenciado ni de Doctor por su despreocupado carácter. De todas maneras empezó a trabajar con el Dr. Angel Felicísimo Rojas, pero a los tres meses abandonó ese estudio profesional. Para completar el presupuesto familiar siguió un curso de títeres con su amiga Yuya González del Real y formó el grupo La Carreta con su esposa y Fernando Cazón Vera, comenzando a trabajar en la feria de Octubre del American Park. Antonio Morales Ribas era el agente artístico y después iban solo, dando funciones de escuela en escuela y así, durante tres años, que no fueron del todo perdidos porque aprendieron a vivir en absoluta pobreza.

El 61 obtuvo una mención en la editorial “La casa de las Américas” de la Habana con su poemario “Los Invencibles” y fue invitado a participar en Cuba en una mesa redonda sobre el intelectual y la revolución. Vivió tres meses en el Hotel Habana Libre y a su regreso el 62 se afilió al partido Comunista, asistió a la reuniones políticas, ese año editó “Krelko y otros cuentos’” en 96 págs. con cuentos que Humberto Salvador calificó de plenos de patética realidad y Agustín Cueva de muy superiores a lo restante de su producción.

En 1963 fue Jefe de Recaudación ad- honorem del semanario “El Pueblo”, órgano oficial del Partido Comunista en Guayaquil y a las pocas semanas la policía allanó su hogar acusándole maliciosamente de terrorista. “Me retrataron con unos fierritos que según ellos eran algo así como granadas por estar llenos de pólvoras y la foto salió en todos los periódicos con grave escándalo, pero a los quince días me soltaron. Ciertamente que ya habían logrado su propósito, de crear una atmósfera de agitación política propicia para el golpe militar programado contra el Presidente Carlos Julio Arosemena; mas, el asunto me costó mi empleo en La Hora y quedé sin tener con que vivir. Entonces salió publicado en Quito mi poemario “Los Invencibles”, en 76 págs. “donde insufla alta y noble emoción”.

A las pocas semanas – el 11 de Julio de 1963 – subió al poder la Junta Militar de Gobierno de Ramón Castro Jijón y tuvo que esconderse, pasó a la clandestinidad como dijeron los periódicos. Una tarde hizo llevar a sus hijas al cine Odeón, ingresó cuando las luces estaban apagadas y pudo conversar con ellas; sin embargo, la policía las había seguido, fue apresado con alboroto y gritos, lo mantuvieron diez meses detenido sin formula de juicio en una celda del Cuartel Modelo y como no pudo viajar a Puerto Rico porque le negaron la visa, lo expulsaron a México de simple turista y sin un centavo en el bolsillo. “Tuve que solicitar ayuda económica a mis amigos. Fausto Cueto Portes me dio para la mitad del pasaje, otros también colaboraron y así pude irme” tenía treinta y cuatro años de edad, abandonaba a su esposa e hijos, una nueva etapa se abría en su destino, totalmente diferente a la vivida en Guayaquil, pues sus empeños los dedicaría enteramente a escribir y a dictar talleres literarios.

En México inicialmente le ayudó Jaime García Calderón, luego vivió en una residencial barata. Gustavo Alatriste le puso a hacer la sección “Siete días en el mundo” para el diario “Suceso” y Manuel Marcué Pardiñas le dio empleo como articulista en “Política”, sin embargo, al no tener permiso de trabajo, escribía con pseudónimos, entre otros, el de “Fernando León”. De entonces son sus encuentros con Demetrio Aguilera Malta a quien describe como un amigo poco generoso pues parece que no le apoyó en su carrera como escritor.

Enmanuel Carballo lo llevó al suplemento dominical del diario “Ovaciones” y varias de sus entrevistas a los viejos militares aparecieron en “La revolución Mexicana” de la editorial argentina “Codex”.

En 1965 Javier Wimer lo recomendó en el Diario “El Día” y entró de Ayudante del Jefe de la Sección Internacional, a la semana siguiente lo ascendieron a jefe con dos mil pesos mensuales, siendo éste su primer sueldo real, de manera que pudo llevar a su familia. Cuando cayó la Junta Militar de Gobierno en 1966, estaba tan acostumbrado a la vida en México que no regresó al Ecuador. Su esposa hizo carrera como pintora pero el matrimonio terminó el 67 en divorcio dada su forma irregular de vida, o lo que es lo mismo, su vida bohemia de tragos y amigotes hasta altas horas de las noches; ya era articulista de planta en “El Día” y colaborador en el suplemento dominical ilustrado. La editorial “El Corno emplumado” publicó su nuevo poemario titulado “Primera Canción del Exilado” en edición bilingüe inglés español y en 1968 apareció su colección de cuentos “El Hombre que mataba a sus hijos” en la CCE de Quito. Una segunda edición data de 1981.

En la Colección Escritores de Lengua Española salió en 1969 su novela “Henry Blak” en 143 págs. con reflexiones sobre un hombre en prisión, la segunda edición es de El Conejo en 1983 en 155 págs. y contrajo nupcias con la psicoterapeuta Aralia López González, nacida en la Coruña y llevada muy joven a Cuba.

En 1970 ingresó a la dirección de Difusión Cultural de la Universidad Nacional Autónoma de México como coordinador del taller de cuento y una selección de sus artículos sobre literatura y cine publicados en El Día fueron editados en Guayaquil con el título de “La Hora del Lobo”. Dictaba sus clases en el décimo piso de la torre de la rectoría. En 1971 escribió con tres periodistas argentinos el ensayo: “Chile ¿Cambio de gobierno o toma de Poder?” que al circular causó sensación pues anunciaba el golpe dictatorial que se produciría dos años después. El Ateneo de Puerto Rico lo invitó a dictar unas charlas y a pesar de su alejamiento de toda actividad política le fue negada la visa.

Entre el 74 y el 76 fue profesor de Estructura de Novela en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de México. También entre el 74 y el 77 desempeñó la gerencia de producción de la Editorial Extemporáneos. Entre el 75 y el 81 fue Coordinador del Taller Piloto de Literatura en San Luís Potosí, como funcionario del Instituto Nacional de Bellas Artes de México (INBA) En dicha población logró formar un grupo de estudio que ha permanecido compacto a través de los años, dedicado a labores literarias, destacando en el panorama mexicano ostensiblemente, de manera que su recuerdo seguia vivo entre ellos.

El gobierno de esa nación lo delegó al encuentro Binacional de Cultura a celebrarse entre México y los Estados Unidos en San Diego. Entonces le concedieron la visa norteamericana, pudo asistir al Encuentro y recorrió dicho país casi por entero; pues, por su carácter libérrimo nunca ha aceptado responsabilidades, disponía de todo el tiempo libre para sus gustos.

Como director de talleres de literatura siempre fue muy respetuoso de sus alumnos pues creía que cada quien debe ser como es, debe escribir lo que siente y el maestro solo puede enseñar ciertas formas para mejorar las escrituras. Tampoco gustaba encerrarse en un estilo, se decía que era un escritor experimental por eso se le leía poco.

En 1976 editó “Día tras día” novela experimental, novela del exilio, en la colección Nueva Narrativa Hispánica de México, en 256 págs. la segunda edición salió en Bogotá, en Oveja Negra, el 86. “Esta Obra lo convirtió en uno de los novelistas más importantes de la literatura ecuatoriana”. El mismo año 76 empezó a dirigir con Juan Rulfo, Julio Cortázar, José Revueltas, Pedro Orgambide y Eraclio Zepeda la revista “Cambio” que apareció hasta 1981. Esta publicación tuvo importancia continental y era como la contrapartida de la famosa revista “Vuelta” que sacaba Octavio Paz (Premio Nobel de Literatura en los años noventa) a quien los comunistas le tenían como “personaje retirado de las posiciones izquierdistas y como puntal de la ideología liberal, opuesta a los cambios y transformaciones “drásticas” que debían ocurrir en la América Latina de esos años y que cuando ocurrió solo sirvió para provocar la ruina económia.

El 77 fue jefe del Dpto. de Literatura de la Dirección de Promoción del INBA, donde también estuvo como Supervisor Nacional de Talleres Literarios y la CCE de Guayaquil editó sus poemario “Cantos para celebrar una Muerte” en 89 págs. que Rodríguez Castelo ha calificado de “encuentro con la vida y con la muerte, con el dolor y la cólera del hombre contemporáneo acosado” y poesía erótica y desgarrada, densa de sentidos humanos. Versión muy actual y muy honda del erotismo. En 1979 fue coordinador del Taller de Literatura en el INBA y obtuvo su segundo divorcio.

Mientras tanto hacía una gran labor en beneficio de las letras ecuatorianas en el exterior, escribiendo numerosas prólogos, artículos, antologías y demostrando especial interés por los poetas César Dávila Andrade, Alfredo Gangotena y Jorge Enrique Adoum y por los prosistas Gallegos Lara, Gil Gilber y Pablo Palacios.

Fue su época de mayor dedicación a la literatura, su ritmo de vida era agitadísimo, servía de jurado en certámenes internacionales, escribía para diarios y revistas, trabajaba con alumnos de literatura. Entre el 79 y el 81 dirigió el Taller de Literatura de Puebla. Este fue quizá su mejor momento.

El 82 editó “Nunca más el mar” en 177 págs. que constituye su novela del regreso después de un largo exilio, réquiem en honor a un personaje reconstruido por las voces que lo conocieron. Consta la dialéctica del encerramiento, su acción política, la escapatoria al exterior y el reencuentro con el país y sobre todo con su ciudad. Su personaje se llama X para insistir en la búsqueda de la identidad. En síntesis, es una buena novela urbana. Uno de los narradores declara que la ciudad (Guayaquil) es otra y es la misma siempre y “la voy haciendo y deshaciendo cada día, trato de alcanzar y ella tiembla como una mujer,” en síntesis, es un juego de creación y recreación de la ciudad, de lo que fue antes y de lo que se ha convertido ahora, donde las ideologías han desaparecido para dar paso a la ambivalencia, a la ambigüedad, que desorientan en cuanto a valores y eso es lo que más preocupa.

Su regreso al Ecuador se debía, entre otras razones, a las incomodidades de la vida cosmopolita de México, donde una mañana del 81 estuvo esperando más de una hora que pasara un taxi desocupado; para entonces, dicha capital tenía casi catorce millones de habitantes y una gravísima polución atmosférica. Ese día comprendió que ya no podía seguir viviendo allí y decidió radicar definitivamente en el Ecuador, lo que a mi criterio constituyó un error de su parte, pues le privó del amplio panorama que le ofrecía una ciudad y un país de la importancia internacional de México en donde con ligeras interrupciones había estado casi dieciocho años gozando de empleos, con numerosos amigos, ya era un intelectual conocido, pero todo lo abandonó para volver; mas, los retornos siempre son experiencias dolorosas pues se deja atrás parte de nuestras vidas.

Primero estuvo en Quito coordinando talleres literarios para la Casa de la Cultura, luego fue articulista del suplemento del diario “El Meridiano”, el 84 de la revista Semana de “Expreso”, desempeñó la Cátedra de Didáctica de la Literatura en la Universidad Católica de Guayaquil, siguió de asesor de la Liebre Ilustrada del diario “Hoy” de Quito y coordinó la colección Doce Novelas Breves en la editorial El Conejo.

En 1985 y a través de su tío Alfredo obtuvo la beca internacional de la John Simon Guggenhein Memorial Fundation para escribir una novela, consistente en veinte y seis mil dólares (que entonces era muchísimo más dinero que ahora) viajó varios meses por España y Europa. Hasta hoy solo dos escritores ecuatorianos han merecido tal homenaje, pero en lugar de ponerse a escribir como hubiera sido lo más prudente para quedar bien con los gringos y con nuestro país, prefirió irse a turistear por Europa, casi sin rumbo fijo, hasta donde le alcanzara el dinero y se lo gastó todo en poquísimas semanas viviendo entre lujos y mujeres.

De regreso al país, medio arrepentido del singular derroche, deprimido, solo y encerrado en un departamento prestado en la urbanización Punta Blanca, no lejos del balneario de Salinas, entre la niebla usual en esos meses fríos del verano, escribió veinte y dos historias de amor, donde se expresa un hondo sentimiento de soledad, inútil y total, próxima al paroxismo. Cuentos más desgarrados que eróticos, producto de un estado de ánimo desencantado y lírico al mismo tiempo, visión anti romántica del amor, por la imposibilidad de asir para siempre al objeto amado, atormentada por el encuentro y la perdida, y obsesionada por la búsqueda constante de la mujer representada por la mítica Gudrum en todas las mujeres, pues quien osa tener muchas al final se queda solo.

El 86 aparecieron esas historias que tienen mucho de reales, en forma de cuentos bajo el título de “Lo mismo que el olvido” en 171 págs. en la colección Letra Viva de El Planeta. En síntesis, un libro bien escrito y por lo tanto bello, sobre las experiencias amorosas en Europa, sin ton ni son, simplemente porque sí.

En 1987 resultó electo Presidente del núcleo del Guayas de la Casa de la Cultura Ecuatoriana y radicó definitivamente en Guayaquil, terminando con su forzada inactividad; pero su labor fue torpedeada por una mafia que saqueó el Museo de Oro propiedad del Núcleo, para lo cual provocaron más de un incendio y la casi totalidad de las piezas desaparecieron fundidas en manos de los ladrones, el país perdió un invalorable tesoro histórico y cultural y Guayaquil el mejor de sus museos. El ciudadano chileno comerciante en objetos de oro autor intelectual del estropicio y el ladronzuelo ecuatoriano empleado del Núcleo pasaron algunos meses en la Penitenciaría Modelo del Litoral.

En enero de 1991 salió a la luz “Todo lo que inventamos es cierto” en la Editorial El Conejo, de Quito, con cuentos donde las preocupaciones temáticas y los motivos ideológicos son tratados en complejidad, buscando generar a partir de ellos y su organización discursiva, excesos de significación. Texto de lectura agradable pero sin concesiones. Presencia de hechos, sueños y deseos acumulados en la memoria, convertidos en olvido.

En 1994 salió en México “Hoy empiezo a acordarme”, novela sobre el don juanismo y la soledad final de quien solo busca el erotismo y no al amor, que es lo único verdadero. Lamentablemente circuló muy poco en el Ecuador. Vivía en el Condominio Estrella de Mar, en Salinas, escribía de lunes a jueves y los fines de semana visitaba Guayaquil, iba al banco, a exposiciones y conciertos, compraba libros, veía a su familia. Por esta época finalmente casó con Isabel Huerta Noboa, bellísima ex bailarina de ballet, de fina sensibilidad y dulce carácter, viuda de uno de los Romero Brast, quien sería su compañera fiel en salud y enfermedad, hasta el final de sus días.

En 1996 dio a la luz en México “El Otro lado del Espejo” con cuentos nuevos. El 97 asistió invitado a1 XVI encuentro de narrativa que se desarrolló en México y en Guadalajara donde se lanzó una recopilación de sus cuentos editada por la Universidad Antónoma de México Unam, en la colección “Rayuela Internacional” ideada por Julio Cortázar y recibió un sentido homenaje en el Palacio de Bellas Artes. De regreso finalizó su novela de corte policiaco “La Muerte de Tyrone Power López en el monumental Barcelona” donde se refiere las investigaciones del detective Clit Mairot.

Enseguida apareció “A río revuelto” en que lo vivido y lo inventado se funden hasta que el lector no sabe distinguir, de suerte que en última instancia, todo se torna ficcional.

En 1998 la editorial Eskelectra, de Quito, decidió ganar algo de dinero y tuvo la ocurrencia de pedirle a dos literatos famosos aunque no cientistas: Jorge Enrique Adoum y Miguel Donoso Pareja que escriban dos ensayos, que unidos formaron un libro “de sociología” – sic – ciencia que el buenazo de Miguel y peor Jorge Enrique no conocían ni por los forros, sobre el difícil tema de la identidad nacional, les concedió un plazo perentorio muy corto, de solo dos meses. Así nació un bolsi libro titulado “Ecuador, identidad o esquizofrenia” donde Jorge Enrique se defendió pataleando medianamente pues siempre fue más poeta que escritor y nunca se le conoció dotes de sociólogo y Miguel planteó diversos aspectos de nuestra nacionalidad en formación en total desorden y con ciertas conclusiones erráticas y hasta disparatadas, de suerte que la obra ha sido calificado por la crítica como un ”adefesio,” como algo aberrante en sus líneas de escritores serios y profesionales, pero el tal bolsi libro se vendió bien y hasta ha conseguido una segunda edición – eso sí – reformada, dada la gran cantidad de opiniones adversas recibidas.

El 2006 publicó “Leonor, vigilia de un rostro entre sombras” novela del recuerdo de su hija, madurado hasta convertirse en materia literaria, libre del chantaje sentimental, con la cual ha exorcizado sus demonios interiores. La memoria juega un papel preponderante pero todo lo envuelve en ficciones, verdaderas fugas para escapar de una realidad crepitante. El personaje, como siempre Gudrum, existió en realidad y fue su hija, pero en la novela se diluye en todas las mujeres y en ninguna. Miguel construye pacientemente un entorno repleto de referencias autobiográficas, históricas, políticas y culturales. Se fractura la línea espacio y tiempo, todo bajo su destreza formal. Finalmente el autor y su hija se reencontrarán en un sueño compartido que como ellos se extingue en la nada, que es la muerte. Hay recuerdos muy dolorosos como el deseo de ella de aprender a andar en bicicleta dicho al padre que paladea en esos cruciales momentos un difícil exilio económico. Esta obra de introspección pura, le debió causar un gran dolor, pero tuvo el efecto liberador que el escritor necesitaba como padre.

Había arribado a una edad en que se requiere de madurez para envejecer como escritor comprometido con la literatura. No gozaba de una pensión porque su vida dispersa entre Ecuador y México se lo había impedido, hasta que recibió el Premio Nacional Eugenio Espejo en actividades literarias el 2007, que le deparó una cierta tranquilidad económica; pero Miguel no se inmutaba y con mucha gracia se continuaba calificando de “Jubilado sin jubilación”.

Se le consideraba un escritor ordenado y responsable, demasiado intelectualizado para el gusto aplebeyado y por eso se ha dicho que su mayor importancia está en haber dirigido los talleres literarios de los años ochenta en todo el país.

Sufría de Parkinson, enfermedad destructiva que disminuye las facultades físicas dificultando sus movimientos, pero con tratamiento no ataca a las intelectuales, que las conservaba prácticamente intactas.

En los últimos años había publicado tres novelas autobiográficas entre los ficcional y lo real. El 2001 “Memoria de un yo mentiroso” novela documento con datos autobiográficos en 400 págs. El 2004 “La garganta del diablo” y el 2011 “La tercera es la vencida” pues se había dado cuenta que no es verdad que su único encanto era el adiós, antes de irse debía contar todo lo suyo, generosamente, pero cometió el error de relatarlo a la manera de “Las pequeñas estaturas” de su tío Alfredo, que como ya sabemos, es un estilo duro y seco por impersonal, restándole gracia al relato y se constituyeron en tremendos fracasos.

El 2014 el Fondo de Cultura Económica reeditó sus cuentos en un volumen y la Editorial Mar Abierto sus ensayos. Durante la Feria Internacional del Libro celebrada en Quito le rindieron un justo homenaje pero no pudo concurrir por su mal estado de salud; sin embargo expresó que los homenajes a su avanzada edad le olían más bien a sepultura, pues siempre gozó de fama por sus graciosas salidas y ocurrencias.

En Marzo del 2015 fue internado en una clínica con insuficiencia respiratoria y falleció el día lunes 16 de ochenta y tres años. Sus restos fueron velados en el camposanto Parque de la Paz y hasta le celebraron una misa, a él, que jamás había sido creyente y peor religioso, pero así son las familias por el prurito de cumplir en sociedad, después fue incinerado y sus cenizas arrojadas al mar que tanto amó. Su esposa al verle en el cofre mortuorio, con infinito amor dijo que no estaba muerto, solamente dormido ¡Ella siempre ha sido una mujer admirable, una artista superior!

De estatura más que mediana, cuerpo fornido, piel trigueña y ánimo vital. Un cabello canoso y rebelde completaba su viril figura costeña, muy de acuerdo con la sencillez de su carácter abierto y franco. De trato sincero, conversación intelectualizada pero sin afectación. De inteligencia figurativa, no abstracta. Erudito solo en literatura. Es una de las más representativas figuras de la generación de los años cincuenta “por su trayectoria sostenida, certera y radical hacia una retórica contemporánea” y como prosista se encuentra entre los que mayores logros han alcanzado en una “línea existencialista de situaciones límites” pues siempre practicó una escritura experimental y cosa rara, por su carácter disperso no dejó una obra clásica pero si numerosos libros de valor.

Honesto a la par que desinteresado, no ambicionaba bienes ni se desesperaba por alcanzar honores, pues su carácter libre se lo impedía. Sus amigos de toda la vida le apodaban en suma confianza “Manguerón.” ¡Por algo corporal habrá sido pues jamás fue miembro del Benemérito Cuerpo de Bomberos¡ El mismo Miguel nos contaba que estando aún muchacho y en una fiesta bailable, debió ajumarse pues le llevaron a reposar a un dormitorio donde quedó profundamente dormido unas dos horas mínimo. Que en eso se recobró y salió a la sala escuchando unos gritos femeninos que decían ¡Un hombre desnudo¡ descubriendo que era por él pues hasta ese momento no se había percatado de ello. La fiesta terminó a capazos, como vulgarmente se dice.