DESTRUGE ILLINGWORTH CAMILO

HISTORIADOR.- Nació en Guayaquil el 20 de Octubre de 1863. Hijo legitimo del Dr. Alcides Destruge y Maitin, natural de Puerto Cabello en Venezuela, médico, pensador y periodista, considerado uno de los más importantes y valiosos vecinos de Guayaquil en su tiempo, redactor principal de “El Rosicler” y “El Guayas” en 1871, Gerente del Banco de Crédito Hipotecario en 1872, Director de la Sociedad Financiera “El Porvenir” en 1874, colaborador en “Los Andes” y en las revistas del Banco de Crédito Hipotecario en 1878 y en “El Álbum” en 1880 y Cónsul General de Venezuela en Guayaquil, profesor universitario, notable bibliófilo y coleccionista infatigable de documentos históricos, cuya biografía puede verse en este Diccionario, y de su primera esposa Carmen Illingworth Décima – Villa, guayaquileña.

García Moreno era amigo de su padre y con tal motivo éste matriculó a sus hijos Alcides, Juan Bautista y Camilo Destruge Illingworth en el Colegio de San Luís Gonzaga a cargo de los recién llegados Hermanos Cristianos, donde terminaron la primaria. Posteriormente realizaron la secundaria en el “San Vicente del Guayas” a cargo de los jesuitas y Camilo obtuvo su bachillerato en 1881. Hablaba correctamente francés e inglés, idiomas que le había enseñado su padre, “tocaba muy bonito el piano”, algunas noches hacia guardia como bombero voluntario y practicaba el remo dos veces a la semana en la ría. Era, lo que se dice, un joven activo, simpático, inteligente, ilustrado y feliz.

A fines de 1882 se escapó de la casa y pasó al campamento de Alfaro en Mapasingue donde se enroló como soldado raso en el ejército “Regenerador”. El 9 de Julio de 1883 asistió a la toma de Guayaquil. En Marzo de 1884 integró el plantel de redactores del diario liberal “El Telégrafo” que dirigía Juan Murillo Miró.

En Mayo fundó por humorada el semanario joco – serio “La Gallina Ciega” con sus amigos Amadeo Izquieta y Manuel Falques. En Enero de 1885 “El Telégrafo” inició campaña contra el gobierno protestando por el fusilamiento del guerrillero chapulo Nicolás Infante Díaz. La redacción se convirtió en centro de activa conspiración y el Presidente Plácido Caamaño terminó por desterrar a Murillo. Entonces Destruge se unió a los Chapulos que combatían en la Provincia de los Ríos bajo las órdenes del Coronel Ruiz Sandoval y al ser derrotado el movimiento, salvó a duras penas la vida y se escondió en la zona del Morro donde trabajó como profesor primario aunque enviaba colaboraciones a “El Globo” de Guayaquil sin decir donde las escribía para evitar las pesquisas del Presidente, pues se encontraba fuera de la ley.

En Febrero de 1888, nuevamente en Guayaquil, figuró en la redacción de “El Diario de Avisos” donde tenía a su cargo una columna bajo el seudónimo de “Camilo Demoulins” y contrajo matrimonio con Mercedes Lucero y Barboteau, abnegada compañera quien compartió su suerte hasta el fin y tuvieron una feliz y extensa familia compuesta de diez hijos: siete mujeres y tres hombres.

El domingo 26 de Octubre de 1890, a eso de las 3 de la tarde, intervino en el incendio del almacén de telas “La Torre de Eiffel”, de propiedad de Gainsborg en Malecón y Elizalde y recibió una profunda quemadura en la pierna izquierda, de cuyo resultado cojeó para el resto de su vida.

En 1892 escribió en “Los Andes” y en 1893 en “’El Globo Literario” bajo el seudónimo de “Maclio.” Desde el 94 comenzó a colaborar en la revista semanal de literatura, ciencias y arte “Guayaquil” que dirigía el doctor Cesáreo Carrera Padrón. En 1895 saludó el arribo de la revolución liberal y estuvo junto a Alfaro, amigo de confianza de su padre. Ese año publicó “La Carta del Gran Capitán” en 42 págs.

En 1896 volvió a trabajar con Juan Murillo Miró en la segunda época de “El Telégrafo”. Durante el Incendio Grande no sufrió pérdidas porque vivía cerca de la iglesia de San Alejo al sur de la urbe, zona que no se quemó. Redactó “El Propagandista” en Daule, en 1897 escribió en “El Crepúsculo” como Juan Pancho y fue designado Interventor de la Tesorería de Hacienda de Guayaquil. En 1898 ascendió a la Inspección General de telégrafos con sede en Quito. En Enero de 1899 regresó a Guayaquil contratado por Luciano Coral Morillo como redactor principal del diario “El Tiempo”.

Ese año publicó “Ecuador y el Perú en su cuestión de Limites” en 106 págs, En 1900 escribió para “Guayaquil artístico” y desde el 3 de Diciembre para “El Voto Nacional”, periódico fundado por un club o comité presidido por el Dr. Emilio Arévalo en respaldo de la candidatura presidencial del General Leonidas Plaza Gutiérrez. En 1901 falleció su padre casado in extremis con su enfermera y por eso la herencia disminuyó en mucho, el gobierno de Venezuela lo designó Cónsul en su reemplazo, funciones que ejerció hasta la muerte y editó el folleto “Para la Historia, una sentencia del Tribunal de Cuentas de Guayaquil”. De 1902 sacó “En honor de Vicente Rocafuerte: La instrucción Pública “ y colaboró en “El Telégrafo” y “EI Propangandista”. En 1903 comenzó a imprimir su “Álbum Biográfico Ecuatoriano”, obra en la que había puesto sus mejores bríos juveniles, la que más quiso de todas las suyas, que salió en cinco tomos finamente empastados entre 1903 y el 5 y constituye un clásico de la bibliografía nacional. Los tomos contienen 198, 312, 321, 216 y 194 páginas, respectivamente. En 1984 el Banco Central puso una segunda edición a la circulación en dos tomos de 451 y 452 págs. pero como este Diccionario biográfico ecuatoriano, el primero después del pequeño que escribiera

Francisco Campos Coello, apareció en plena época victoriana, no contiene referencias íntimas de los personajes, si no solamente los datos de sus vidas públicas, de manera que no revela las interioridades de cada biografiado. Sin embargo, sería injusto criticar esta magna obra, este gran esfuerzo realizado casi sin antecedente alguno en el país, pues vivíamos en Ecuador una etapa donde todo lo personal se ocultaba y hasta podía originar duelos a muerte cuando se hacía público.

También colaboró en la revista “Olmedo” entre 1903 y el 6 bajo el seudónimo de “Camilo Demoulins”. Entre 1905 y el 6 fue miembro de la redacción del diario “La Nación” y al triunfar la revolución alfarista tras la victoria militar de Chasqui en Enero, ejerció la dirección del diario “La Nación” y luego ocupó la Subsecretaría del Ministerio del Interior, siendo su titular Amalio Puga Bustamante.

En 1906 había dado a la luz pública “El Ecuador. La Expedición de Flores. Proyectos de Monarquía americana. 1846-47” en 55 páginas y “Cuestiones históricas. El envenenamiento del Arzobispo Checa, estudio documentado” en 76 páginas, que causó conmoción nacional por ser la primera obra seria y escrita con gran imparcialidad sobre tan vergonzoso y criminal suceso.

En 1907 publicó “Ecuador, estudios, relaciones y episodios históricos” en 269 páginas, recopilación de varios de sus escritos aparecidos con anterioridad en diarios y revistas de Guayaquil, envió colaboraciones a “La Reacción” firmando con las iniciales “R.C.” Este periódico salió en dos momentos, la primera en 1907 y la segunda y última en 1912. También fue redactor de “La Época”, de “El Chimborazo” de Riobamba y de “El Comercio” de Quito, firmando como “Maclio” o como “Giles D’ Amecourt”.

En Diciembre de 1908 fue designado Director de la Biblioteca Municipal en reemplazo de José Ramón Alvear Pallares que había renunciado. En dichas funciones permanecería diecisiete años hasta su jubilación realizando una labor que no ha tenido reprise.

De inmediato trató con su amigo Armando Pareja y Pareja, Presidente del Concejo Cantonal, acerca de la creación de un Museo Municipal general en base al antiguo Museo Industrial obra del presidente del Concejo Cantonal Pedro Carbo en 1883. Pareja aceptó la idea y en su calidad de Presidente del Concejo la mocionó en sesión del 15 de Septiembre de 1909 y fue aprobada. Se redactó la Ordenanza al día siguiente y la noche del 10 de agosto de 1910 abrió sus puertas el Museo Municipal como dependencia adscrita a la Biblioteca, funcionando en un chalet de madera de 589 mtrs. 2 que cedió para el efecto su propietario Homero Morla Mendoza en la calle Villamil No.309 (antigua Arzobispo) entre General Franco y el callejón Gutiérrez, barrio del Conchero. Asistieron autoridades e invitados especiales, sobre todos los masones, pues Destruge, su padre y su abuelo también lo habían sido y se pudieron observar más de mil piezas perfectamente montadas y clasificadas en vitrinas para la secciones de arqueología, colonia, numismática, historia nacional e historia natural destacando las hermosas sillas manteño – huancavilca de piedra.

En sus nuevas funciones Destruge se preocupó de engrandecer la Biblioteca, adquirir libros y documentos, en 1910 rescató los legajos polvorientos que existían en una sala atestada del edificio de la gobernación y que solo servían de estorbo pues nadie los consultaba, que constituía una parte del archivo oficial iniciado en nuestra vida independiente. Fueron quince carros completos en total desorden y algunos casi destruidos. Para su ordenamiento y catalogación trabajaba casi diez horas diarias realizando una prolija labor pues era un intelectual esforzado e incansable y así formó los quinientos volúmenes perfectamente ordenados, clasificados y empastados que iniciaron el archivo de la sección histórica de la Biblioteca; pero no contento con ello se dedicó a estudiarlos y salieron sus obras históricas que sirvieron para rectificar errores, interesar discusiones, esclarecer puntos dudosos sobre sucesos del pasado y en suma, para enriquecer la bibliografía nacional en una ciencia que, como la historia general, tiene poco cultivadores en el país.

También en 1910 fundó el “Boletín de la Biblioteca” a medias con Juan Antonio Almirante, que actuaba como Ayudante catalogador por conocer el sistema decima Dewey que introdujo en el país, publicación que apareció hasta 1918, donde escribieron numerosos intelectuales.

I a medida que aumentaba el acervo del Archivo Histórico a su cargo con nuevos documentos, solicitó a la Municipalidad la entrega del archivo general del Cabildo, lo que no consiguió. Igualmente quiso copiar las actas de Cabildo, comenzando desde las más antiguas, para preservar este legado fundamental de la historia de la urbe pero nuevamente chocó contra la abulia intelectual imperante en la Municipalidad.

Ese mismo año 10 ayudado por el nuevo Presidente del Concejo Dr. Bartolomé Huerta y Gómez de Urrea, quien también era Senador por el Guayas, logró mediante decreto del Congreso que el terreno de la antigua Iglesia de San Agustín, quemada para el Incendio del Carmen de 1902, que comprende la manzana situada entre las actuales calles Diez de Agosto al norte y Sucre al sur, Chile al oeste Pedro Carbo al este fuere asignado a la Municipalidad para Biblioteca y Museo, así como un impuesto especial para la construcción del nuevo edificio y como el impuesto creado ocasionaba rentas, en 1913 el Concejal José María Estrada Coello propuso su inmediata construcción., El 14 el nuevo Presidente del Concejo Julio Burbano Súñiga dio inicio a la obra, previa contratación con el arquitecto portugués Raúl María Pereira pero debido al estallido de la Primera Guerra Mundial no se pudo conseguir el suficiente cemento en Europa y la obra se realizó mixta, con paredes perimetrales de cemento y los interiores de finas maderas, que fue inaugurado el día jueves 10 de Agosto de 1916 en solemne ceremonia a las cuatro de la tarde, en cuya planta alta se instalaron las salas de lectura y de visita y en los bajos la editorial formada por las secciones de imprenta y encuadernación, junto a otras dependencias municipales tales como la Tesorería, Comprobación, Agrimensura, Anotación de Hipotecas, Agua Potable y Obras Públicas. Este singular edificio fue posible merced a un permiso especial concedido por el Congreso Nacional a nuestra Municipalidad, para que realice los empréstitos necesarios con tal fin.

Con José Antonio Campos formó una comisión que aconsejó a la Municipalidad de Guayaquil la adopción del Escudo o Pabellón de la provincia libre de Guayaquil y editó los “Discursos de Don José Mejía en las Cortes españolas de 1810 – 13” con un Prólogo de su autoría en 128 páginas y “Controversia histórica sobre la iniciativa de la Independencia americana. Ecuador” en octavo y 134 páginas, refutando un Alegato del escritor bolivariano Luís Arce y reiterando para Quito la primacía en proclamar la independencia. Se conoce una segunda edición facsimilar del 2009.

En 1911 publicó “La Gran defensa de Guayaquil”. En 1913 escribió en “El Diario Ilustrado” y en “La Palabra” con varios de sus seudónimos ya conocidos, editó una “Historia del Cuerpo de Bomberos de Guayaquil” y la “Biografía del General Juan Illingworth” su ilustre abuelo materno en 310 páginas.

En 1914 fue designado Director de la Sección histórica del periódico Municipal “Nueve de Octubre”. El 15 salió a la luz pública su “Prontuario de Historia del Ecuador” en 65 páginas y el “Compendio para las escuelas y colegios de la República” en 97 páginas. Al siguiente año apareció la segunda edición y un pequeño “Diccionario Biográfico Escolar” en 95 páginas, resumen de los cinco tomos de su gran diccionario y que también recibió una excelente acogida por su utilidad didáctica. El Gobierno de Venezuela lo condecoró con la “Medalla de la Orden del Libertador”.

En 1916 dirigió el periódico “La Crónica Ilustrada”. En 1918 publicó una nueva “Cuestión Histórica – Entrevista de Bolívar y San Martín” en 59 páginas y en Octubre salió su folleto titulado “La Columna de Octubre, relación histórica del homenaje de Guayaquil a los próceres de la Independencia”.

Al acercarse el primer centenario de la Independencia en Septiembre de 1918 la Municipalidad de Guayaquil organizó dos magnos Concursos históricos, uno histórico y otro poético. El primero a su vez se dividió en dos partes, el general sobre la efemérides y el particular o biográfico.

Como ya tenía terminadas varias obras, se presentó con “Historia de la Revolución de Octubre y Campaña Libertadora de 1820 – 22” en 407 Páginas con vista a documentación inédita muy valiosa, que mereció el Primer Premio consistente en Diploma y Medalla de Oro. El Jurado estuvo integrado por José Heleodoro Avilés Zerda, José Gabriel Pino y Roca y Pedro José Huerta y Gómez de Urrea, recomendó su publicación y la Junta del Centenario de la Independencia de Guayaquil adquirió la propiedad literaria y la imprimió en 1920 en Barcelona con el seudónimo anagramático “D’ Amecourt” utilizado por Destruge en el Concurso. Este error acaba de ser corregido en la segunda edición en 1982 Al segundo concurso envió la “Biografía del General don León de Febres – Cordero, Prócer de la independencia de Guayaquil y benemérito de la Emancipación americana”. Ambas obras premiadas le trajeron también la cantidad de cien cóndores de oro cada una. Cada cóndor de oro suma no despreciable por esos días.

En cuanto a la primera de sus obras premiadas el jurado declaró que tenía como defecto numerosas interpolaciones de largos párrafos de otros autores, posiblemente para alargar el contenido final. Entonces Destruge escribió “Observaciones al Informe elevado al Ilustre Concejo Cantonal por los Sres. José Heleodoro Avilés y José Gabriel Pino Roca, miembros del Jurado de Obras Históricas para el Centenario” en 28 páginas, donde manifestó que dichas interpolaciones eran tomadas de obras suyas, escritas con anterioridad. Demás está decir que con esta aclaración dejó satisfechos a los Jurados. En cuanto a su biografía de Febres Cordero, ésta salió también impresa en 1920, con pasta roja y gruesa, en 96 páginas. “Ambos trabajos se fundamentaban en la crítica interna y externa de los documentos, deduciendo y estudiando los antecedentes de los acontecimientos, analizando los documentos para penetrar en la más escondida intención de la frase, examinando los menores detalles y fijando la atención en las inmediatas consecuencias.”

Esa fue su mejor época ya que se situó en la primera línea de la investigación nacional, fue pues el historiador del centenario de la independencia de Guayaquil”.

En 1922 editó en Caracas “Dña. Manuela Sáenz” en 16 páginas. En 1923 salió a la luz “Centenario de la Escuela Naval de Guayaquil” en 10 páginas. Ese año el Archivo Histórico a su cargo contaba con seis cientos ochenta y nueve tomos debidamente encuadernados. En 1924 y con motivo de las celebraciones del primer Centenario de la batalla de Ayacucho sacó “Guayaquil en la Campaña Libertadora del Perú” en 106 páginas, que bien podría ser considerada una continuación de su obra triunfadora en 1920 y el primer tomo de la “Historia de la Prensa de Guayaquil” en 198 páginas, el segundo tomo apareció un año después en 210 páginas en los Boletines de la “Sociedad Ecuatoriana de Estudios Históricos Americanos”.

Esta es la obra más atrayente de Destruge, la que se deja leer con mayor facilidad pues contiene numerosos anecdotas. El primer tomo llegó a 1875 y el segundo hasta 1920. La Segunda edición es de 1982, Quito, Banco Central.

En 1925 salió a la luz “Homenaje del I. Concejo Cantonal a Vicente Rocafuerte, con documentos” en 121 páginas y fundó la “Revista Municipal”.

Desde hacía algún tiempo se cansaba con mucha frecuencia y por eso creyó oportuno a principios de 1926 renunciar a la Dirección de la Biblioteca y Museo Municipales y solicitar su jubilación por límite de edad pues tenía sesenta y dos años y aunque gozaba de aparente buena salud estaba cardiaco sin saberlo. Ya no fue a trabajar pero editó “Orígenes del Cuerpo de Bomberos de Guayaquil”, en 9 páginas e “Incursiones Piráticas”.

Vivía en un departamento alto alquilado en la esquina suroeste de 9 de Octubre y Boyacá (Hoy Edificio Pycca) En el dormitorio había colgada su infaltable hamaca para leer y tomar notas. Escribía en un gran escritorio al lado de varios estantes repletos de libros. La cama matrimonial, un gran ropero tallado y un arcón verde donde guardaba en perfecto orden documentos y originales, completaban el decorado. Por su incansable estudiar no salía de noche. El tiempo le era corto para leer, escribía con canutero, tomaba notas a lápiz y compaginaba documentos. A veces sus hijas le servían de secretarias. Numerosos estudiantes lo visitaban en son de consulta y como era un excelente conversador, tenían para largo.

Tanto trabajar preocupaba a su esposa que en ocasiones le preguntaba ¿No estás cansado? En otra era más directa y decía ¡Viejito, no trabaje tanto! pero él no hacía caso y seguía hasta altas horas; por eso admira la abundancia de sus libros, escribió para varias vidas.

La Municipalidad lo jubiló con cuatrocientos sucres mensuales y le designó “Cronista Emérito de Guayaquil”, expidiendo un honrosísimo Acuerdo que él prefirió recibir en privado durante los días previos a las efemérides octubrinas. Dejaba un Archivo bien formado, debidamente catalogado y compuesto a esa fecha de setecientos ochenta y tres tomos de pasta gruesa así como un Indice General. Todos los volúmenes estaban bien encuadernados y con el material debidamente catalogado.

En 1927 empezó a ordenar papeles para conmemorar el I Centenario de la Batalla de Tarqui. En 1928 dio a la luz “Ecuador – Perú. Dos centenarios. Combate de Malpelo. Agresión a Guayaquil. La defensa de la ciudad. Relaciones Históricas” en 53 páginas y aunque no se sentía muy bien se dio mayor prisa y empeño para terminar Tarqui”. Por fin el 21 de Febrero de 1929 culminó su obra, hacía mucho calor, sudaba y se había agotado. Cuatro días después, el 25, a eso de las 6 de la tarde, sintió sed y pidió un vaso de agua y cuando su señora se lo trajo le halló acostado en la hamaca pero no podía hablar ni moverse, le había comenzado el derrame cerebral. Llamaron al Dr. Herman Parker que estaba en su clínica privada a solo dos cuadras, sin embargo todo fue en vano, no volvió a recuperar el conocimiento y falleció a las 3 de la tarde del siguiente día, 26 de Febrero de 1929. Su sepelio, numeroso y selecto, se llevó a efecto al día siguiente.

La ciudad se conmovió. Había fallecido el gran historiador, el Cronista Emérito, La Municipalidad se hizo presente, costeó los funerales y designó al nuevo Director de la Biblioteca y Museo Dr. Modesto Chávez Franco para que tome la palabra en las exequias. La prensa Nacional dijo: Destruge, con su ciencia ha trocado el polvo de los archivos en las reliquias de sus obras. Ecuador ha perdido al mejor historiador del Centenario.

En la confusión de esos momentos un familiar tomó los originales de “Tarqui” y por allí deben estar pues aun no aparecen. En su juventud había sido poeta fino y jocoso. En 1912 dedicó a Laura Sánchez Destruge de Guzmán la poesía ¡Ay sobrina! Alto, blanco, delgado, pulcro en su vestir, pulido en sus acciones, pelo corto, grandes bigotes, facciones finas y muy regulares. Carácter jovial, ágil para el periodismo y estilo claro para la crónica y la historia.

Hizo del templo masónico su segundo hogar pues le agrada mucho asistir a las sesiones y sus mejores amigos eran sus hermanos masones.

“En su juventud destacó como periodista liberal y bombero, pero cuando entró a la Dirección de la Biblioteca Municipal se transformó en editor de biografías y monografías que sirvieron para configurar un proyecto de investigación dentro del contexto de actividades positivistas como lo planteó el Centro de Investigaciones Históricas recién en 1930.”

En cuanto a la Biblioteca la dotó de numerosas publicaciones, adoptó el Sistema Bibliográfico Decimal de Melvin Dewey para la clasificación y catalogación de libros introducido al país por su Ayudante Alminate, facilitando la información a quienes asistían a las salas en procura de datos. Recuperó para la ciudad dos archivos valiosísimos y los concentró en la oficina de la dirección, a saber: El de la Gobernación y el de la Secretaría Municipal. Posteriormente se agregarían las Actas de Cabildo. También mantuvo correspondencia con otras bibliotecas y museos del exterior y con personalidades interesadas en temas ecuatorianos. Tuvo una vida útil y asaz productiva para la colectividad y el país. Una importante calle y un Colegio secundario llevan su ilustre nombre pero falta el busto que ayuda a perennizar su imagen.

Su bibliografía completa puede ser localizada entre las Págs. 160 a la 173 del volumen VII (letras D-EC) del Diccionario Bibliográfico Ecuatoriano, de la Biblioteca Ecuatoriana Aurelio Espinosa Pólit de los padres Jesuitas, en Cotocollao, Provincia de Pichincha.

Al momento de su fallecimiento su hijo Camilo se hallaba casado en California aunque después de su divorcio volvió al Ecuador, su hija María estaba separada y con hijos de su esposo el Capitán Alfonso Dávila Tinajero quien residía en Ambato y su hija Teresa vivía en Manabí con su esposo Teófilo Moreira Pinos, de suerte que la viuda decidió residir en el Bien Público donde falleció en 1936.