DE LA CRUZ LAUREANO

CRONISTA DEL MARAÑON.- Religioso franciscano que sirvió en las Misiones de Quito.

Después que los Jesuitas descubrieron todas las entradas y cabezas del río Marañón a fines del siglo XVI, por el Napo, el Macas y el Coca, correspondí ó a los franciscanos realizar numerosas expediciones, algunas de ellas encaminadas al fabuloso reino del Dorado, del que tanto se venía hablando desde cien años atrás.

En 1645, por ausencia del padre fray Juan Calderón, le sucedió el padre de la Cruz en las funciones de Comisario de su Orden en Quito. Con tal motivo salió hacia el oriente, siguió por sus ríos hasta la desembocadura del Putumayo, trabajó en tierras de los Omaguas, instaló misiones, observó las costumbres y modos de vida de los naturales, haciendo notar los grandes estragos que causaba entre ellos la peste y el frío. Finalmente llegó al río Madera y preguntó por el hermano fray Pedro Pecador, que ya no estaba, por haber viajado a la tierra de los Aysuaces con un mozo por compañero, que sería el donado que sacó de Quito. El mozo se había acomodado con una india infiel y el hermano, seguido su camino, río a bajo, en busca de los portugueses. El 24 de Diciembre de 1650 arribó a Gurupa. El 1 de Febrero de 1651 al gran Para, después a las ciudades de Marañón y San Luis con algunos oficiales portugueses que
andaban expedicionando, y tras esperar todo un año, finalmente pudo seguir a Lisboa, donde arribó en Marzo del 52, de allí pasó a Castilla.

“Al contar a sus superiores y en la Corte los increíbles viajes de sus hermanos por las selvas amazónicas y su propia odisea, recibió el encargo de hacer relación de todo ello. Yo la he hecho – termina el franciscano – con muy buena gana, con estilo llano, sencillo y verdadero. Alegráreme de haber acertado, así como lo he deseado, y que todo sea para gloria y honra de Dios Nuestro Señor. Amén”.

Nada más se conoce de su vida. El manuscrito que con el título de “Nuevo descubrimiento del río de Marañón llamado de las Amazonas hecho por la religión de San Francisco, año de 1651, siendo Misionero el Padre Fray Laureano de la Cruz y el Padre Fray Juan de Quincoces, escrito por la obediencia de los Superiores en Madrid, año de 1655, por Fray Laureano de la Cruz, hijo de la Provincia de Quito, de la Orden de San Francisco”, permaneció inédito hasta 1878, que se publicó en Prato, por el padre Marcelino de Civezza. También se conoce la edición incluida en el Volumen VIl de la Biblioteca Amazónica, por el Ministerio de Gobierno, en Quito, 1942.

Hernán Rodríguez Castelo ha manifestado que esta Crónica o relación fue escrita en un tono ingenuo, como mero testimonio documental, con prosa simple, sin calidades literarias.