DARQUEA LUQUE ANA

FEMINISTA.- El sábado 7 de Mayo de 1932 moría en Guayaquil a causa de un cáncer lento a los ovarios la presidenta perpetua del “Belén del Huérfano”, noble institución fundada por doña Ana y varias amigas que, “tras la labor constante y sin descansar un día” alzaron ese asilo / que morada ha de ser / de aquellos que ni casa, / ni amparo, ni cariño / tuvieron al nacer. El Club de la Unión suspendió su baile de gala programado para esa noche, realizándolo al día siguiente, mientras el Club Metropolitano suspendía el suyo en forma indefinida.

Pues ha de saberse que habiendo nacido en cuna rica y figurando durante su juventud como la más perfecta belleza de Guayaquil tenía un corazón generosísimo para el bien y como ninguno para los huérfanos y la niñez desvalida. Su padre, el General Secundino Darquea Iturralde había sido Comandante de Armas de Guayaquil durante la dictadura garciana, el 69 se vio comprometido en la muerte del General José de Veintemilla y después de 1876 – al triunfar el General Ignacio de Veintemilla -tuvo que emigrar a Lima con los suyos y allí fue donde su hija Anita, que tenía casi veinte años, aprendió a realizar obras sociales. Fue su madre Ana Luque Benítes de Darquea.

En la capital peruana conoció a Tito Gémino Sáenz de Tejada y Díaz de Espada, ciudadano español con quien contrajo matrimonio de regreso a Guayaquil en 1885. El era de profesión minero y por vocación aventurero, con inciertas fortuna pues descubrió placeres auríferos en la zona norte
peruana especialmente en Mineral de Cushuro, donde formó compañías que terminó cediendo a terceros cuando vino al Ecuador. Aquí se dedicó a su profesión en el austro, propiamente en la zona vecina de Zaruma en cuyos alrededores trabajó sin descanso. Natural de Gernice y de familias oriundas del solar de Valdeosera en la Rioja castellana; de dicha unión nacieron entre otros, Clementina y Leonor, casadas con Adolfo Klaere Vinnen y con Manuel Baquerizo Noboa, respectivamente, a quienes la gracia popular tituló “Los Príncipes blanco y negro” por sus orígenes alemán y español, respectivamente. (1)

Doña Anita desde 1920 más o menos empezó a trabajar en pro de la mujer y los seres desvalidos, congregando a la sociedad en hermosas kermeses en el parque Seminario o en artísticas funciones en los teatros Edén y Olmedo de manera que con el dinero recogido abrió un asilo y una escuelita y todo iba viento en popa porque sus números musicales mejoraron con la llegada de numerosas familias provenientes de la riviera o de París, que traían ritmos y decorados tomados de los balet rusos de Montecarlo.

En sus funciones teatrales se dieron cita intelectuales y artistas, hubo bailes, conferencias, números de prestidigitación y magia y cuando aún las señoritas salían a las calles acompañadas con empleadas ancianas, las hacía brillar por ellas mismas cuando las presentaba en números de bodevil y cuando las señoras jóvenes solo podían caminar por el centro de la urbe de dos en dos o acompañadas de sus esposos, las hacía cantar y tocar al piano inclusive las nuevas melodías llamadas modernas porque recién llegaban con las películas de Hollywood, fue lo que se dice una revolución blanca, femenina y feminista, no cabe duda.

(1) También fueron sus hijos: Ana María esposa de Ernesto Vignolo Quirola, quien logró amasar una de las mayores fortunas del país, y Secundino, periodista, comerciante, miembro de la Junta de Gobierno de la Revolución Juliana y Ministro de Hacienda en 1928-29, casado con Ana Medina Romero sin hijos.

En los años veinte promocionó a dos figuras femeninas. Rosa Borja en la prosa y María Piedad Castillo en el verso, ambas sus muchachas por haberlas visto crecer y amarlas como hijas. Ya habían comenzado a figurar en el cielo femenino del Guayas las poetisas Aurora Estrada y Zaida Letty Castillo, pero un espeso silencio había recaído sobre ellas, pues ambas, en coincidencia trágica para las bellas letras, habían salido de la ciudad. La primera vivía en Quito y la segunda en Lima.

Doña Anita cumplió su papel dentro del feminismo, fue promotora y abanderada de causas benéficas pero no tan ciega como para no ver que era por el camino del arte y de las bellas letras donde sus chicas podrían ir abriendo rumbos para alcanzar la igualdad de los sexos. Por eso, cuando se esparció la noticia de su muerte, muchas la lloraron.

Una nota periodística menciona que el duelo bajó de su casa a las cuatro de la tarde y marchó a la Iglesia de La Merced presidido por el Obispo Carlos María de la Torre. Su ataúd fue colocado en medio de la guardia de honor del Colegio que mantenía el Belén del Huérfano y se dijo “que había sido como una ventana mágica por donde pasaba el sol de su ternura” Por eso María Piedad la cantó así. Fragmento.- // yo tengo en mi existencia un íntimo tesoro / que para mí más vale que toda pompa vana / es faro en mis tinieblas con su destello de oro, / y guía de mis pasos, la luz de su ventana // Si por la calle cruzo, mis ojos se iluminan /y el corazón me vibra con palpitar suave; / sin darme cuenta hacia ella mis sueños se encaminan / como hacia el patrio nido, tiende su vuelo el ave…//