CRUZ HIDALGO ESPERANZA

BALLETISTA.- Nació en Guayaquil en 1931 y fueron sus padres Saturnino Cruz Carranza, Comerciante y pequeño propietario en el recinto La Aurora, Cantón Samborondón, Provincia del Guayas, y María Hidalgo Baluarte, ambos guayaquileños.

Huérfana de padre, fue criada por su madre que era una mujer simple, sencilla y religiosa y por su hermano Alfonso Cruz Áurea, de los más antiguos y prestigiosos profesores del Colegio particular “Mercantil”, quien contrató a un maestro para que le diera clases particulares y aprendió las primeras letras, las cuatro reglas y todo lo concerniente a los tres primeros grados de primaria, pasando luego al “Mercantil”, donde terminó.

Entonces estudió cuatro años en el Normal Rita Lecumberry, obteniendo los primeros premios en aplicación y conducta y anualmente la Medalla al Mérito de la Sociedad Filantrópica del Guayas; pero como siempre había deseado estudiar Medicina se cambió al Guayaquil en quinto y sexto curso, donde también destacó como excelente alumna y hasta ganó un Concurso interno sobre la importancia de un Banco de Sangre en nuestra ciudad. En 1949 se graduó de Bachiller con Sobresaliente. Ya tenía una marcada afición por el ballet y hasta la habían seleccionado para que reciba clases por tener una figura apropiada.

“En el Rita Lecumberry fui alumna del profesor argentino Roberto Lozada durante un año y como la danza era una pasión en mí, hice varios intentos por matricularme en el Ballet de la Casa de la Cultura pero no había cupo. El Presidente del Núcleo Carlos Zevallos Menéndez, viendo mi deseo de aprender, me permitió ingresar a las clases de Teatro del profesor argentino Pedro Cambell y ensayé diversas obras del Teatro Clásico español durante dos años, pero me negué a actuar en La Infantina de García Lorca, que se iba a representar en el Olmedo, por mi extremada timidez y porque mi mamá creía que por andar en esos trotes me iba a condenar”.

Mientras tanto había querido estudiar violín pero por razones económicas no lo pude hacer. También quise entrar a un convento de monjas pero no lo logré pues se requería de diez mil sucres para iniciar el noviciado.

“Al fin pude el 49 formar parte de la Academia de Ballet de la Casa de la Cultura que dirigía Inge Bruckman, quien tuvo la bondad de seleccionarme para que también estudiara becada en su Academia particular que funcionaba en Chimborazo y Aguirre. Tres meses permanecí en ambos centros, tiempo en el cual la profesora Kity Sakilarides tomó a cargo a una parte del alumnado de la Casa de la Cultura. Yo estuve entre las que le fueron encomendadas y aprendí su técnica de Ballet clásico, limpia, llena de estricteces y fueron mis compañeras Noralma Vera, Vilma Pombar, Leonor Arrata, Nelly y Amira EIjuri, Gladys Palacios, etc. En varias ocasiones fuimos a bailar como figuras solistas en el teatro Sucre de Quito y en otras lo hicimos en provincias, soportando numerosas incomodidades debido al mal estado de los caminos y a la falta de una infraestructura turística nacional”.

“El 51 tuve que retirarme del Ballet para iniciar estudios de Medicina a los que también sentía una real inclinación. Asistí al Anfiteatro anatómico, hice prácticas de disección que luego me han sido de gran utilidad para comprender la mecánica del cuerpo humano y aplicarla al Ballet y el 54, cuando cursaba el tercer año, Zevallos Menéndez me solicitó que me reincorporara a los cursos de Ballet que estaba dictando una nueva profesora recién llegada, lleana Leonidof quien organizó la Escuela de Ballet del Núcleo del Guayas por cursos de un año de duración.

lleana Leonidof había escapado de la Rusia Blanca durante los trágicos años de la revolución de 1917. En Italia se educó y formó, luego destacó a nivel internacional, bailó en la Arena de Verona, fundó la Escuela de Ballet de la Scala de Milán y finalmente formó su propia compañía y realizó un tour mundial hasta que al arribar a Buenos Aires se disolvió. Entonces dio clases particulares, fue contratada por varios años en Bolivia y de allí siguió de Maestra de la Escuela de Ballet de la Sociedad de Artistas Aficionados de Lima, donde Zevallos Menéndez la conoció y logró traerla a Guayaquil, para dirigir el Ballet de la Casa de la Cultura.

“Bailábamos Ballets completos con partituras de música orquestada de su propiedad y como tenía larga experiencia y sabía manejar a las masas, pudo presentar espectáculos de magnífica calidad. Igualmente ella organizó una Compañía propia, todo ad honorem, pues nunca se recibió subvención alguna, en la que sobresalieron Víctor Rodríguez (que luego pasó a bailar a Francia donde triunfó y no ha regresado) Jorge Córdova, Antonio Domínguez, Piero Jaramillo, Noralma Vera (que enseguida pasó becada al Saddler’s Well de Londres) Leonor Arrata, Sheila Chávez, Christel Bittner, Erika Bittner, Gladys Palacios, Mercedes Peña, Elizabeth Ojeda y yo”.

“Del 55 al 62 pertenecí al Ballet de Guayaquil. Noralma era la primera bailarina absoluta, Vilma la brillante. Yo la clásica y Sheyla la de carácter. El 58 me prestaron uno de los salones del Núcleo para que pudiera dar clases particulares y ese año ascendí a alumna – maestra en reemplazo de Noralma Vera que viajó becada a Londres. Gané S/. 360 mensuales que me eran pagados como una ayuda, puesto que un par de zapatillas de Ballet costaban lo mismo y cuando Vilma Pombar a fines del 58 pasó a Cuba, subí a primera bailarina absoluta de Guayaquil”.

“En 1962 se retiró la maestra a Lima y el Presidente del Núcleo Jorge Pérez Concha me encargó la Dirección de la Escuela de Ballet. El 64 viajé tres meses a Buenos Aires por mis propios medios y tomé clases de María Ruanova, Aída Mastrazzi y Héctor Luzó, para actualizar mis conocimientos técnicos. El 66 fuí invitada como observadora de las Escuelas y Compañías de Ballet de los Estados Unidos y el primer mes estuve en la Escuela de Robert Joffrey en New York. Durante mi visita coincidió que el Ballet Bolshoi de Moscú realizaba una gira y tuve oportunidad de bailar y hacer amistad con la primera bailarina Natali Vesmernova y hasta hicimos un cortometraje juntas como Informativo Cultural para Latinoamérica. El mes restante estudié Danza Moderna con Martha Graham e Igor Youskevith, visité Washington, Chicago, Salt Lake City, San Francisco, Los Angeles, Búfalo, Phoenix, etc.”

“Esta gira fue muy provechosa y tuve la oportunidad de practicar mi inglés, francés e italiano, idiomas aprendidos en la Escuela de Lenguas de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Guayaquil, donde egresé después de cinco años de estudios en 1956, pero no me gradué de Licenciada debido a mis actividades artísticas.” En esa promoción solo hubo otro egresado de Lenguas y el Decano les pidió que esperaran un año para realizar con la nueva promoción, que era de ocho alumnos, el correspondiente seminario de Licenciatura, pero como le encargaron la Escuela da Ballet, se le acortó el tiempo disponible y prefirió tomar cursos en el Centro Alemán de Guayaquil.

“Mientras tanto el 65 había venido a Guayaquil la profesora argentina Angélica Marini, quien dirigió por ocho años la Escuela de Ballet de la Casa de la Cultura. Durante ese tiempo fui Subdirectora y con Sheyla Chávez fuimos las primeras bailarinas. El 69 volví a hacerme cargo de la Dirección durante seis meses que duró la ausencia con permiso de Angélica Marini en Santiago de Chile. El 70 me retiré como bailarina y quedé únicamente de profesora, cargo que aún ostento”.

“Durante más de doce años había sido mi costumbre viajar en las vacaciones de invierno a México, a recibir metodología con la maestra francesa Mercy Dambré, fundadora de la Escuela y Compañía de Ballet de esa capital, quien enseñaba la metodología cubana. También viajé algunos años a Europa con iguales fines. Por eso, cuando nos visitó la Asesora Cubana Angelita Reyes, Directora del Ballet de Camaguey, se sorprendió de la actualización de mis conocimientos y que practicara a fondo la técnica cubana sin haber estado jamás en la isla”.

“En 1966 presidí la sección de Danzas del Patronato Municipal de Bellas Artes. El 69 falleció su mamá y tuvo que presentarse tres días más tarde a bailar el ballet Romeo y Julieta pues debía cumplir un contrato firmado. El 72 dirigí la Comisión de Danzas del Centro Municipal de Cultura”.

“El 76 y con motivo de la llegada a Guayaquil de la profesora norteamericana Jeanet Allen, Directora del Ballet Folk de Moscow, Idaho, USA. dentro de un Programa Internacional de Intercambio organizado por la sociedad Parnert de las Américas, me correspondió viajar a Moscow, por tres meses, que aproveché para ampliar mis experiencias pedagógicas”.

“El 77 comencé a trabajar por las mañanas con Shara Flor e Hilda Meneses en el Colegio primario Letras y Vida, donde enseñe ballet a niñas pequeñas. Desde entonces tengo un horario muy apretado pues al medio día doy clases de gimnasia en mi domicilio ubicado en 6 de Marzo No. 212 entre Víctor Manuel Rendón y Quisquís, a partir de las tres dicto ballet allí mismo y desde las seis de la tarde en adelante en la Casa de la Cultura”.

El 2010 recibió el Premio Nacional de Cultura Eugenio Espejo en actividades artísticas consistente en diez mil dólares, medalla de Oro y Diploma. Viajó a Quito a recibirlo en el Palacio Presidencial, fue su momento de gloria. Días más tarde, al ser entrevistada para el diario Expreso, indicó que se compraría una tumba en el cementerio Parque de la Paz con el dinero recibido, lo que causó pena, hilaridad y asombro y con la renta mensual se ayudará para mantener a su nana Teresa Manjarres, quien aún está viva y cercana a los cien años de edad.

Alta, con 1,70 mtrs. delgadísima, pelo negro, facciones finas, ojos cafés, de cejas tupidas a lo Frida Khalo, de modales muy expresivos, conversación agradable y una modestia y timidez exquisita en el trato y en la conversación con los demás pero aunque parece frágil es muy fuerte y valiente por dentro y ha entregado su vida a la danza. Esperanza baila incluso cuando está quietita, ha dicho el Presidente Rafael Correa.