CORDERO CRESPO LUIS

PRESIDENTE DE LA REPUBLICA.-Nació en la hacienda Surampalti, anejo de Déleg, cantón Azogues, Provincia del Cañar, el 6 de Abril de 1833 y recibió los nombres de Luís Dolores, Hijo legitimo de Gregorio Cordero Carrión (1775 – 1863) pequeño agricultor y comerciante de escasos recursos y de Josefa Crespo Rodríguez (1818 – 1908) cuencanos. La fortuna familiar había
venido a menos tras varios saqueos de su almacén en Cuenca durante los días de la guerra contra el Perú en 1.828.

El mayor de una familia compuesta de catorce hermanos, su infancia transcurrió en la propiedad de su padre en el campo, en contacto con la naturaleza, con los animales y las plantas, aprendiendo el quichua con sus amigos los indios. Estas experiencias de su niñez le permitieron formarse como un excelente conocedor de la etnobotánica pues como él mismo diría: desde niño conocí muchos de los nombres con que los indios, mis paisanos, designan cada árbol, cada yerbecilla, llamándolos con afecto de compañeros, en la sonora, rotunda y significativa lengua que conservan todavía, como único patrimonio que les ha quedado de sus mayores. Natural era, que de boca de estos infortunados representantes de una antiquísima raza, poseedora de conocimiento progresivamente acrecentados, sobre lo útil o dañoso de algunos vegetales, recibiese yo ciertas indicaciones, procedentes de vieja tradición y confirmadas por la experiencia contemporánea.

Su padre le enseñó las primeras letras practicando con las obras de fray Luis de Granada y del jesuita Juan Eusebio de Nieremberg. El catecismo corría a cargo de su tía abuela María Carrión y recién de catorce años cumplidos en 1847, pudo viajar a Cuenca como alumno interno en el Seminario Conciliar de San Luís, donde halló un clima entusiasta y serio de estudios literarios pero “arribó solo, el 22 de Noviembre, desconocido, paupérrimo, de allá de la lejanía campestre y casi selvática donde vio la luz, a la conquista de la ciudad. No tiene seguro el pan de cada día y es para él un rudo problema la adquisición del libro y del dinero para comprar el candil que alumbrará la velada, pero está dispuesto a estudiar y a trabajar para abrirse camino en la vida”.

Fue su profesor de gramática y traducciones latinas el padre Justo León Garrido y por su aplicación el Vice rector padre Vicente Cuesta lo eligió “Pasante” de sus compañeros. En 1849 rindió su primer examen público en la Catedral, fue aceptado como Interno con beca a cambio de desempeñar las funciones de Secretario – Bibliotecario por su notoria pobreza.

En 1856 terminó sus estudios de filosofía y matemáticas con el Dr. Manuel Coronel y de retórica con Rafael Villagómez Borja y se ayudaba con la enseñanza de gramática, filosofía racional, matemáticas y humanidades; por esos días comenzó la carrera de Medicina que dejó a los pocos meses por la de Jurisprudencia, donde tuvo profesores como el Dr. Juan Jaramillo que a principios de 1858 se empeñó en que debía sostener un certamen público de Ciencia Constitucional en la Casa de Gobierno, y hasta le hizo imprimir el Programa, que contenía la tesis de la Soberanía del Pueblo, lo que pareció una aserción herética a los Canónigos de la Catedral, quienes opinaron que había que iniciar la causa correspondiente para castigar como heterodoxo al estudiante Cordero. Así las cosas, tuvo que defenderse alegando que solamente había sostenido que la soberanía reside esencialmente en el pueblo, lo cual, dicho por la Constitución, era ley en la República. El incidente no terminó allí pues el gobierno del Presidente Francisco Robles dispuso el enjuiciamiento de los Canónigos ignorantísimos y fanáticos, medida que sirvió para hacerles callar. De todas maneras, como en el entusiasmo de su exposición había tratado muy mal a los militares, denunciando sus abusos de poder, para evitar retaliaciones, sobre todo del Comandante José Valverde Jefe Militar de Cuenca, debió ausentarse al campo por varios meses.

El 15 de Junio del 58 fundó el periódico “La Situación” para apoyar la candidatura de su pariente Jerónimo Carrión y Palacio a la Vice presidencia de la República. También empezó una activa oposición al régimen de Robles, fue nuevamente perseguido y pasó a ocultarse en Déleg. Días después regresó a la casa de su profesor Jaramillo, sustentando su grado doctoral en tan crítica situación.

(1) El esposo de la dama fallecida, llamado César Palacios, entregó la casa a SOLCA y la fundación RAMA (Ramírez Malo) construyó en su solar un hermoso edificio.

En Mayo de 1859 tomó partido por el triunvirato de García Moreno y con varios sujetos atacó Cuenca, fueron rechazados y volvió a su escondite. En Octubre plegó dicha ciudad al triunvirato y entonces pudo salir y moverse en libertad. Las nuevas autoridades lo nombraron Comisario de Policía y Jefe de una Columna de estudiantes voluntarios. En Noviembre las fuerzas guayaquileñas del General Guillermo Franco Herrera entraron en la ciudad y Cordero y otros más huyeron a Azogues. El 27 de ese mes contra atacaron pero nuevamente fueron derrotados.

Así las cosas, en Marzo de 1860 se sumó a la expedición del General Manuel Tomás Maldonado y finalmente ocuparon Cuenca. Luego sufrió serios peligros en una correría por Naranjal. El 24 de Septiembre el triunvirato ocupó Guayaquil y dominó la República. Cordero volvió a ser Comisario Cantonal de Policía y tuvo a cargo la cátedra Suprema de Gramática, quedando en libertad de designar un sustituto para sustentar su tesis en Quito, tras lo cual fue declarado Maestro en Filosofía y Bachiller en Jurisprudencia. Tenía 27 años cumpliendo y ya era conocido en la cuidad.

Nuevamente en Cuenca fue Secretario de la Academia de Abogados del Azuay, colaboró en el periódico “Crónicas del Foro” y a pesar de ser un simple practicante de Derecho defendió con buena reputación muchas causas, especialmente criminales, de las que se resolvían en los Jurados.

En 1862 redactó “El Institutor”, periódico curial. El 63 fue electo Regidor del Cabildo, falleció su padre encomendándole el cuidado de sus numerosos hermanos y viajó a estipular con el Concejo Cantonal de Guayaquil sobre la nueva dirección que debía darse al camino llamado de Naranjal. Fue bien recibido en el puerto y calificado de “joven de mucha expedición en los negocios, de suma facilidad para expresarse y de maneras afables y distinguidas” y hasta se dio tiempo para  mantener un romance con la guayaquileña Juana Paredes del que nació su hija Angela Cornejo Paredes quien casó con el Coronel Ricardo Cornejo Naranjo y de vuelta a Cuenca tuvo en María Lloret a Benjamín Cordero Lloret que casó con Angela León, fueron poetas y tuvieron ilustre descendencia (la gran poetisa María Ramona Cordero y León a) Mary Corilé y sus hermanos Benjamín y Gregorio)

El 16 de Noviembre de 1864 figuró entre los defensores de Cuenca en la invasión de los cañarejos que apoyaban al ex Presidente José María Urbina. Ese año escribió “Un Trance de Noche Buena” obra de teatro con tema exclusivamente nacional, luego vendrán otras como “Uno de Tantos”, “Angustias de un candidato”, “Doña Perpetua” y otros juguetes cómicos. Entre el 64 y el 68 sostuvo el bisemanario “El Popular” con temas políticos y literarios generalmente bien recibidos, fundando el crédito de buen escritor de que gozó desde entonces en prosa y en verso.

En 1865 se incorporó de Abogado en la Corte Superior de Cuenca, sacó el “Boletín Eleccionario” para sostener la candidatura presidencial de su pariente Jerónimo Carrión. Allí publicó numerosos Epigramas y Fábulas. Posesionado Carrión designó a Miguel Heredia Astudillo para Gobernador de Azuay, Cordero fue su Secretario y al mismo tiempo presidió el Concejo Cantonal.

En 1867 fue Diputado al Congreso por el Azuay. El 15 de Julio, a los treinta y cuatro años de edad y pocos días antes de su marcha a Quito, contrajo matrimonio con Jesús Dávila Heredia sobrina e hija adoptiva de su protector, señorita de solo catorce años, “educada, inteligente, instruida, amable y laboriosa” y además, heredera de una fortuna saneada. Matrimonio feliz con larga descendencia (diez hijos)

En esa legislatura presentó el proyecto de creación de las Juntas Universitarias en Guayaquil y Cuenca que aprobó el Congreso tras varios debates. Para la elección del Presidente Javier Espinosa votó en contra por considerar que a Carrión se le había exigido inconstitucionalmente la renuncia, llamando esta actitud la atención del cuerpo legislativo.

En 1868 renunció a su cátedra del Seminario de San Luís y se retiró a trabajar en el campo, en el fructífero comercio y exportación de las quinas de su suegro Miguel Heredia, propietario de extensos bosques de cascarilla. Juan León Mera, que le conocía desde el Congreso, le aconsejó dedicarse únicamente a la poesía festiva para la que estaba muy bien dotado por su carácter vehemente, por eso acostumbraba trenzarse en acaloradas disputas contra el poder civil y eclesiástico, escribiendo poemas groseros y hasta demagógicos, dentro de su fiebre romántica. Manuel J. Calle diría años más tarde que a Cordero, generacionalmente le correspondió ser un romántico y al abandonar las sencillas estrofas de la adolescencia, rompió en coplas restallantes y patrioteras y que siempre le quedó el tono, lo que llamamos familiarmente la embocadura y ya no pudo prescindir de la grandilocuencia un tanto fastuosa, ni le fue dable abatir el canto a los temas halagueños.

Por esos días ejercía el mecenazgo intelectual en la juventud del austro desde la presidencia del “Liceo de la Juventud” y su órgano de difusión el pequeño periódico “La Aurora”, dándoles frecuentes lecciones, corrigiendo sus primeras producciones, revisando y costeando de su peculio las mejores, de suerte que logró formar escuela pues entre sus discípulos estaban Julio Matovelle que luego tomó la posta, Federico Proaño, Honorato Vásquez, Miguel Aguirre que al ingresar a la Orden franciscana llamó fray José María Aguirre y ha pasado a la historia con fama de gran orador religioso, y Carlos Joaquín Córdova.

A fines del 68 colaboró en “El Constitucional” y cuando el Dr. Agustín Cueva acusó al Gobernador del Azuay Carlos Ordóñez Lazo por los abusos que cometía en la construcción del carretero a Naranjal, tomó como suyo el empeño y fundó la “Crónica Diaria” en abierta oposición a Ordóñez, quien tenía la costumbre de enrolar a la fuerza a los agricultores para hacerles trabajar gratuitamente en las obras públicas.

A principios de Enero de 1869, con Benigno Malo y Antonio Borrero fundó la “Sociedad del Progreso” y el periódico “La Tribuna” para sostener la candidatura presidencial del liberal Francisco Xavier Aguirre Abad en el Azuay. El día 16 de ese mismo mes García Moreno se adueñó de los cuarteles en Quito y comenzó a perseguir a sus opositores. Cordero cayó prisionero con el pretexto frívolo de que intentaba un movimiento contra revolucionario y se le condujo a un cuartel. Cuando iba en medio de la escolta, un soldado que la formaban y que pasaba por fanático garciano, le rompió bárbaramente la cabeza de un culatazo. Fue mucha la indignación que causó en la ciudad esta salvaje tropelía. Se avergonzaron las autoridades balbuceando algunas disculpas y le pusieron en libertad el mismo día del atentado. “Quedó consumada esa escandalosa usurpación del poder supremo, Montalvo salió de la República y los liberales tuvieron que callar” mientras en Cuenca sesacerdotes y frailes así como unos pocos militares y civiles suscribía una servil Acta de Reconocimiento al nuevo órden de cosas. 

El 19 de Marzo se insurreccionó en Guayaquil el Coronel José de Veintemilla Villacís pero fue alevosamente asesinado y el movimiento fracasó. El Gobernador Ordóñez Lazo aprovechó la oportunidad para volverlos a perseguir y a apresar a Cordero y a su suegro Miguel Heredia, que era un anciano, así como a varios de sus sirvientes. Ordóñez y Heredia mantenían una vieja pugna por ser  exportadores de quinas y competidores en dicho negocio. Heredia y Cordero fueron confinados a Loja.

El 15 de Diciembre de 1869 Rafael y Jerónimo Torres Malo, Manuel Ignacio Aguilar, Antonio Córdova, Luís y Joaquín Vega, Cayetano Moreno, Antonio y Manuel Banegas, Vicente Heredia, Francisco Ramírez, Avelino Palomeque, Gregorio Uzhca, Hilario Suárez, Mariano Bauilima, Jerónimo Merchán, Federico Andrade, Darío y Adolfo Lozano, Mariano Mera, acaudillaron la llamada revuelta estudiantil porque la realizaron con los jóvenes Joaquín y Luís Vega, Juan Bautista Dávila, Carlos Joaquín Córdova, Darío y Benjamín Lozano, Antonio Merino, José María Borrero, José María Heredia, Abel Landívar.

Al comenzar las clases a eso de las dos de la tarde los estudiantes del Seminario salieron subrepticiamente del establecimiento y se dirigieron al edificio del Cuartel Militar. La acción fue dirigida con gran valentía por Adolfo Lozano quien desarmó él solo a la escasa y sorprendida guardia, enseguida apresaron al odiado Gobernador Carlos Ordóñez, a su Asesor Jurídico el Dr. Juan Bautista Vásquez, al Tesorero y a otros empleados. Los revoltosos no tenían ni armas ni dinero y se esforzaron en adquirir estos elementos, distribuyeron patrullas, levantaron barricadas y vitorearon al naciente Partido Liberal. Las tropas del gobierno estaban acantonadas en Azogues y al día siguiente avanzaron sobre Cuenca al mando del Comandante Ramón Pesantes. En el sitio llamado “El Vecino” se unieron con los trabajadores de Ordóñez reclutados de apuro en las zonas aledañas y todos juntos se apostaron frente a la ciudad. Los estudiantes amenazaron al Jefe Político para que ordene a las fuerzas del gobierno que depongan las armas, pero aunque accedió, éstos no le hicieron caso y empezaron a ingresar por las afueras, dirigiendo sus pasos hacia el centro. Los estudiantes contestaron con las pocas armas que tenían y unos cuantos tomaron al Gobernador, prácticamente lo arrastraron y sentaron en una silla colocada en la plaza principal (hoy parque Calderón) donde realizaron un simulacro de fusilamiento, del que Ordóñez salió solamente herido, pues los tiros fueron disparados en su mayor parte al aire y uno solo debido a la impericia del estudiante, le pegó en el cuerpo, justo en la gruesa hebilla de metal que usaba en ese momento, sin embargo Ordóñez, a consecuencia del susto cayó desmayado y de espaldas, con silla y todo, y como era grande y grueso el asunto se tornó aparatoso. Los presentes creyeron que había muerto, y como en esos momentos arribaban las fuerzas del gobierno, se dispersaron por la ciudad.

El único que realmente hizo frente a la situación fue el joven Adolfo Lozano, que con una carabina sostuvo durante quince cuadras a una compañía de soldados mientras se retiraba. Fue perseguido con descargas cerradas pero pudo milagrosamente fugar. Escondido algún tiempo, se mantuvo en el Perú hasta la muerte de García Moreno en 1875.

El gobierno recobró el control de Cuenca y siguió juicio a los cabecillas. Fueron apresados Manuel Ignacio Aguilar, natural de Santa Rosa en El Oro, que había trabajado en la Casa Luzarraga de Guayaquil en 1864 cuando la revolución urbinista y apresado con su jefe comercial Tomás Carlos Wright sufrió prisión con grillos y fue torturado para que declare los nombres de los comprometidos, lo que no hizo. Llevado a Quito siguió en prisión largos meses hasta que terminó la presidencia del tirano en Agosto del 65. Cayetano Moreno Heredia criado como expósito en la casa de Miguel Heredia había sido azotado en Guayaquil en 1864 durante la misma conspiración. Vicente Heredia Dávila quien solo tenía veinte y dos años de edad y era sobrino de Miguel Heredia y cuñado de Cordero. Antonio y Manuel Banegas, Francisco Ramírez, Hilario Suárez, Avelino Palomeque, Gregorio Uzhca, Mariano Bacuilima, Jerónimo Merchán. Procesados en Consejo de Guerra, éste se declaró incompetente, pero García Moreno dispuso un nuevo Consejo.

Cordero asumió la defensa de su cuñado Vicente Heredia Dávila. La sentencia salió de muerte por fusilamiento para los tres primeros (Aguilar, Heredia y Moreno) El cuarto (Ramírez) recibió la pena de diez años de trabajos forzados en las obras públicas. El quinto y el sexto (Uzhca y Suárez) sacaron cuatro años de la misma pena.

El Consejo de Guerra examinó la revuelta de los estudiantes. Uno de sus vocales, el Comandante Francisco Farfán, salvó su voto porque a su entender, el Consejo era incompetente debido a que la asonada no tenía el carácter de rebelión y no se encontraba la República en estado de sitio; de manera que dictaminó que los amotinados debían ser juzgados por los tribunales comunes. García Moreno, desde Quito, consideró que Farfán era un prevaricador y dispuso que el Ministro de Guerra envíe un Oficio al Gobernador del Azuay para que lo remita preso a Quito. I como era militar y no podía hacerle fusilar, lo mandó desterrado a las regiones del Napo. Los Vocales Teniente Coronel Ramón Enríquez y Sargento Mayor Juan Tamayo, que habían mostrado una cierta compasión en el juicio, fueron puestos en causa. Así se hacía temer el tirano.

Heredia, Aguilar y Moreno subieron al patíbulo porque no hubo para ellos conmutación y fueron pasados por las armas el 4 de Febrero de 1870 y al conocerse la noticia de estos crímenes en Loja Miguel Heredia, suegro de Cordero, quien estaba anciano y achacoso, murió de infarto.

De nuevo en Cuenca ese año fundó  “La Sociedad de la Esperanza”, agrupación más bien literaria que dejó al cuidado de Matovelle pues a causa de una violenta hoja publicada en Mayo, a raíz de la muerte de su suegro, fue ferozmente perseguido y tuvo que retirarse al campo, donde se consagró a la agricultura y a la exportación de la quina, así como a la botánica, sin otros maestros que los pocos libros especiales que pudo ir consiguiendo sucesivamente. Leía, meditaba, observaba, adivinaba a veces, en fin, pasó meses y meses dedicado a las plantas, a las abejas y a los versos marianos que empezó a publicar en el periódico “La Esperanza”, órgano de esa sociedad, que editó con Miguel Ángel Fernández de Córdova, Antonio Marchan García y Miguel Ángel Corral.

En 1871 colaboró en “La Aurora”, primera revista literaria que tuvo el Azuay. En 1873 habiéndose multiplicado los abusos del Gobernador Carlos Ordóñez Lazo, que decretó el confinio en Loja de Antonio Borrero y Tomás Toral, una comisión de cuencanos informó a García Moreno y finalmente Ordóñez cayó en desgracia y fue sustituido. Cordero había pasado momentos muy amargos desde Marzo de ese año, escondiéndose constantemente para no ir a prisión por su condición de editor de la “Crónica Diaria,” donde se daban noticias del avance del juicio incoado por la Corte Suprema contra Ordóñez.

En 1874 trasladó los restos de su suegro a Cuenca. El 75 colaboró en “El Cuencano”, periódico de su pariente Carlos Heredia Dávila. A comienzos del 75 expedicionó por primera ocasión a la región de Gualaquiza y publicó “Una excursión a Gualaquiza en Abril del presente año” en 37 págs, con observaciones del camino que conduce a esa colonia, que dedicó a la juventud estudiosa del Azuay para excitar el ameno e interesante estudio de las desconocidas riquezas vegetales que contiene el suelo de la provincia. Igualmente tradujo y editó del francés un raro folleto del Dr. Próspero Despine sobre “El demonio Alcohol” que vio una segunda edición en 1889.

Era dueño de una pequeña imprenta administrada por su primo Andrés Cordero. En ella editó en 8 págs. “El Adiós del Indio” composición poética en quichua con una carta también en quichua y las traducciones al castellano, dirigidas al Dr. Tomás Rendón Solano, quien también conocía ese idioma.

En los primeros días de Agosto de ese año 75 se ausentó a Chile para estudiar el cultivo de la vid. En Guayaquil se enteró del asesinato de García Moreno, siguió a Lima donde publicó un artículo que resultó muy comentado proponiendo el nombre del Dr. Antonio Borrero para la presidencia de la República. En Santiago asistió a la Exposición de Muestras y a fines de año volvió a Cuenca con nueve macetas con brotes de pinos de escudilla o “araucaria excelsa,” ocho de los cuales sembró en el parque principal y existen hasta la presente fecha. En diferentes fincas y haciendas formó huertos de árboles frutales, seleccionando variedades e introduciendo en el Ecuador otras de procedencia foránea, especialmente manzanos y perales que se extendieron a varias zonas del Azuay.

El 23 de Octubre participó como abogado defensor de su cuñado quien seguía perseguido por la fallida revolución del 69. Con tal motivo presentó un furibundo alegato, manifestando que había terminado felizmente la inicua dominación de don Gabriel García Moreno, durante la cual se hacía de la administración de justicia un instrumento de venganza para con los adversarios del poder, y de protección para con sus amigos y partidarios; sin embargo se dictaminó contra el acusado pues a pesar de la muerte del tirano subsistía aún su tiranía a través de los magistrados de espíritu débil que nunca faltan. Apeló ante la Corte Superior y habiendose excusado el Dr. Ramón Borrero Cortázar, padre de unos de los implicados, el asunto dejó de moverse y finalmente prescribió y pasó al archivo.

En 1876 fundó la “Liga anti conservadora del Azuay”, el periódico “La Voz del Azuay” en honor a Borrero y editó un folleto, rarísimo porque fue retirado de circulación, titulado “Los Conservadores en el Ecuador” donde expresó que los principales enemigos del bienestar y dicha de la nación son los hombres obsecados y pertinaces que aún llevan el ignominioso título de conservadores.

Al triunfar Borrero en las elecciones presidenciales fue designado Jefe Político del Cantón Cuenca, profesor de botánica y Decano de la Facultad de Humanidades y Literatura del Colegio Nacional, invirtiendo sus sueldos en la construcción del parque central de la ciudad. La Academia Ecuatoriana de la Lengua lo eligió uno de sus Miembros y recibió en su seno.

Cuando ocurrió la revolución del General Ignacio de Veintemilla en Septiembre del 76 en Guayaquil, levantó a un número de voluntarios que pelearon en la quebrada de Galte y fueron derrotados. Entonces se retiró a la paz de su hogar sin ser molestado por los gobernadores del Azuay, sucesivamente Rafael Torres y Mariano Moreno, personajes de claro ideario liberal.

En 1877 definió su actitud política contraria al régimen de Veintemilla a través de diversas publicaciones. También tradujo y publicó del francés el folleto del botánico colombiano J. Triana titulado “El cultivo de las quinas” insertado en el libro Nouvelles études sur les quinquines, con un apéndice de las observaciones que hizo Guillermo Jameson sobre la propagación artificial de las quinas en el Ecuador, especialmente en la provincia del Azuay. En el prólogo expone algunos aspectos sobre la explotación y comercialización de las distintas variedades tales como la negra de Gualaceo, la fina de Azogues, la colorada de Saraguro y la roja de Loja. También editó varios compendios sobre analogía, sintaxis, prosodia y ortografía castellana como textos.

En 1880 envió a la Exposición Nacional de Guayaquil una colección completa de cereales azuayos y otra de minerales, manufacturas y plantas de esa provincia y obtuvo Medallas de Oro y de Bronce, así como la designación de Miembro Honorario de la Sociedad Filantrópica del Guayas, institución que corrió a cargo con los trabajos de la exposición.

Ese mismo año fundó con Remigio Crespo Toral y Julio Matovelle la revista literaria “La Luciérnaga” órgano de la “Sociedad de la Esperanza”, luego llamada “Liceo de la juventud del Azuay” que funcionó en diversas épocas, publicando desde 1903 la “Revista Cuencana”.

En 1882 pronunció el Discurso de Inauguración de la Biblioteca Pública de Quito, editado en 19 págs. En Diciembre se sumó a las tropas restauradoras que combatían la dictadura de Veintemilla, armando de su peculio una columna de cien hombres que comandó para favorecer el avance de las fuerzas  del General Francisco X. Salazar en su marcha por Riobamba hasta Quito. El 10 de Enero de 1883 entraron en la capital y el día 14, el recién designado Jefe Civil y Militar Rafael Pérez Pareja convocó a los padres de familia y demás vecinos de Quito para elegir a los miembros de una Junta o Gobierno Provisional. La Junta eligió a José María Sarasti, Plácido Caamaño y Agustín Guerrero y por resolución popular se agregaron Luís Cordero y Pedro Carbo como representantes de las minorías y como Carbo se hallaba ausente en el puerto principal fue reemplazado por Rafael Pérez Pareja de manera que el partido liberal quedó sin representación pues los Pentaviros eran de la nobleza terrateniente y formaban el cogollo derechista del país, aunque pasaban por liberales, debido a que eran afrancesados o sea ecuatorianos viajados e ilustrados. Mas, a los pocos días el Pentavirato quedó conformado por Pablo Herrera, Luís Cordero, Pedro Lizarzaburu, Rafael Pérez Pareja y Agustín Guerrero.

El 14 de Febrero fue designado Presidente encargado de la República y ayudó a mantener las relaciones con Guayaquil debido a sus contactos comerciales con el puerto, desempeñando tan altas funciones por espacio de más de cinco meses hasta la caída de Guayaquil y huida del tirano a Lima el 9 de Julio siguiente. Los sueldos percibidos los invirtió en la construcción el edificio de los Hermanos Cristianos en Cuenca. Mientras tanto había fundado en Ambato con su amigo Juan León Mera el Partido Republicano. En Julio editó “Dos Cantos a la raza latina” y tras su gobierno sacó “Recuerdos Patrióticos de 1883” con discursos, poesías y otras producciones suyas escritas en los ocho meses que duró el Pentavirato, en 111 págs.

El día 24 de Julio del 83 pronunció el discurso de Orden por el centenario del nacimiento de Bolívar. Esa noche recitó en la Velada literaria del centenario su poesía “Aplausos y Quejas” editada en 19 págs y al instalarse la Convención Nacional llevó la palabra a los Diputados para leerles el Mensaje del gobierno.

Su estadía en la capital sirvió para estrechar relaciones con el sabio botánico Luís Sodiro, S. J. quien le envió el 27 de Junio del 83 una lámina preciosamente dibujada de la especie nueva de helechos que había descubierto en las cercanías de Quito y bautizado con el nombre de Asplenium Corderoi para honrar su apellido Cordero, tomada de la Pág. 39 del opúsculo “Rescensio” que Sodiro mantenía en preparación para su edición futura.

En 1884 fundó “La Prensa” en Azogues. En Cuenca colaboró con “El Progreso”, periódico gobiernista que dirigía Alberto Muñoz Vernaza a quien reemplazó en la dirección. El Presidente Plácido Caamaño le nombró Ministro delegado en Colombia para el arreglo de varias cuestiones pendientes pero no aceptó. La excusa fue comentada en el país. Su amigo de letras Juan León Mera le escribió en Junio de ese año: Yo no apruebo tal excusa. Ud. ha debido ir a honrar la Patria en la Atenas de Sudamérica. Nada le falta a Ud. para desempeñar ese cargo con lucimiento.

Ese año editó “Cushuquilla”, composición en quichua en la que un indio del Azuay celebra la cesantía de los diezmeros” en 12 págs, seguida de una versión castellana libre y su famosa “Rinimi Llacta”, composición quichua cuyo título en castellano se traduce por “Adiós Patria mía, adiós”, en que un indio del Azuay lamenta sus desventuras en 6 págs. Fragmento // Rinimi Llacta rinini. / May carupi causangapa, / mana quinquin llacta shina / cuyanguichu runaca. / que aún se escucha recitar en la comarca campesina del Azuay en muestra de afecto al tema y de cariño a la memoria del poeta que así se inspiró. También fue de ese año su romance en 9 págs “Asalto, Victoria y perdón” conmemorativo al glorioso 9 de Julio de 1883 en su primer aniversario. El 1885 fue electo Senador por el Cañar y publicó “Constancio, corregir al que no yerra, poesía cuento que parece fábula” en 7 págs.

En 1887 formó parte del Concejo Cantonal de Cuenca y pronunció un Discurso en el Acto Solemne de inauguración de la Escuela de los hermanos cristianos.” Escribía con el seudónimo de “Fisgón” en “El Progreso” pues jamás abandonó ese tono zumbón que le distinguía desde su juventud, haciéndole temible adversario en toda polémica. Por entonces se opuso a la invasión del Coronel Luís Vargas Torres por Loja pero cuando éste fue apresado abogó por la conmutación de su pena de muerte. Después de su fusilamiento juntó dinero con el Dr. Miguel Moreno y enviaron a comprar un ataúd. Con Filomeno Pesantes, ayudante de Vargas Torres, mantenía una buena amistad desde cuando éste había sido Jefe Político en Machala el 83.

En 1888 fue designado Miembro del Instituto Ecuatoriano de Ciencias y ejerció su concejalía hasta el 92. Para la exposición Universal de París de 1889 envió una colección de plantas medicinales premiada con Medalla de Plata. Fruto de esa participación fue un folleto de 10 págs. editado el 90 en Cuenca con el título de “Plantas medicinales del Azuay y Cañar.”

El 14 de Julio recibió en Cuenca, con un discurso pronunciado en francés, a las primeras cinco religiosas dominicas europeas llegadas de Paris, miembros de la Comunidad dominicana de la Inmaculada Concepción, que arribaron llevadas por el padre Reginaldo María Duranti, para hacerse cargo de la administración del leprocomio y dio a la luz “Unas Observaciones sobre las principales poesías del académico Julio Zaldumbide” con juicio crítico, en 63 págs, “Crimen y Arrepentimiento” en 7 págs. romance alusivo al robo y devolución de la custodia de la capilla del corazón de Jesús y sacó un ensayo “Invocación a los ilustres finados fray Vicente Solano y Benigno Malo” en 8 págs.

Ese año fue comisionado de Instrucción Pública y fundó “La Gaceta Cuencana” órgano mensual de esa corporación, editó “Breve examen del Compendio de Gramática quichua del Rev. padre Carli” en 12 págs, con aportes etno botánicos de las plantas autóctonas del Azuay y “Fisgón, los dos estilos, el natural y el culto, contrapuntos en uno de los lances más delicados de la vida” en 16 págs.

Con motivo del fallecimiento de su esposa Jesús, el 9 de Julio de 1891, de solo 38 años, sacó “Adiós a mi idolatrada esposa Jesús Dávila Heredia” en 16 págs. cuya segunda edición apareció un año después y el ensayo en 20 págs. “Al inspirado cantor de la raza latina Olegario V. Andrade.” Su pieza “Perfume”, tomada del Adiós a mi idolatrada esposa, consta en la Mayor Antología de poesía castellana” y dice: // ¿Vives en alguna parte? / ¿He de volver a mirarte? / ¿En dónde? / ¿Lo dudo? / ¡Ah tal vez la muerte pudo / para siempre aniquilarte¡ // Sumido en hondo pesar, / cansado de meditar / en arcano tan sombrío, / saco el pañuelo bien mío; / lo saco para llorar… // Pero apenas desplegado / me enseña que no ha menguado / la esencia que en él pusiste / eterno.” //

En 1891 fue electo Senador por el Azuay, presidió la Cámara y fundó el “Boletín Electoral” en apoyo a la candidatura presidencial del General Francisco Xavier Salazar Arboleda. En Mayo sacó “El Republicano” con igual fin, que en el mes de julio dedicó un número extraordinario en memoria de su esposa. También le eligieron Senador por la Provincia de Bolívar y al saberse el fallecimiento de Salazar a consecuencia de la fiebre amarilla en Guayaquil, Ramón Borrero Cortázar presentó su nombre a la palestra política, ganó adeptos en el partido progresista o de gobierno como candidato oficialista, efectuadas las elecciones entre los días 10 y 13 de Enero de 1892, triunfó por 36.557 votos contra 26.321 de su principal oponente el conservador Camilo Ponce Ortiz.

Entonces escribió unos Datos para su Biografía declarando que siempre había sido un católico practicante para disipar cualquier recelo de los conservadores, que recordaban su enemistad con el régimen de García Moreno. Estos datos han sido publicados por su nieto Luís Cordero Crespo en 1979.

El 1 de Julio de 1892 ascendió al poder. Tenía cincuenta y nueve años, estaba robusto y buscó la manera de formar un gabinete de concentración nacional con hombres de todos los partidos políticos pero cometió el gravísimo error de mantener a la camarilla del todopoderoso Gobernador del Guayas, Plácido Caamaño, odiado en Guayaquil. Fue su Vicepresidente el Dr. Pablo Herrera, quien renunció por razones de salud en 1894 debido a una dolorosa hipertrofia prostética y le reemplazó el Dr. Vicente Lucio Salazar y Cabal, también achacoso y anciano.

Durante su mandato fue premiado con Medalla de Oro su Diccionario Quichua – Español, Español – Quichua, presentado en la Exposición Internacional de Madrid, se produjo el escándalo de la descalificación del Dr. Felicísimo López en el Senado de la República hecho que profundizó la división entre liberales y conservadores, se conmemoró el IV Centenario del descubrimiento de

América, se crearon los vicariatos de Méndez y Gualaquiza, se impulsó la educación en el país y las relaciones diplomáticas con el Perú sufrieron menoscabo.

En 1894 dio a la luz “Breves Nociones Gramaticales concernientes al idioma quichua” escritas como prólogo del Diccionario que sobre la misma lengua había compuesto y que apareció en 1955 editado por la Casa de la Cultura Ecuatoriana en 427 págs. y en Noviembre se conoció el vergonzoso negociado de la venta de la bandera. El canónigo José María Campuzano criticó al Gobierno con su folleto “Censura de los actos administrativos” y el 17 de Diciembre el Presidente se vio obligado a responder con un “Manifiesto a la Nación” negando toda responsabilidad, pero no se trasladó a Guayaquil como hubiere sido lo conveniente para destituir al Gobernador Caamaño. Por esta falta de decisión suya, la situación se fue haciendo cada vez más crítica y tanto los liberales como los conservadores empezaron a alzarse en armas. La popularidad del presidente decayó ostensiblemente al punto que  los militares en Quito gritaban en las calles: Viva Cordero digo nomás, Camilo Ponce me gusta más.

El miércoles Santo 15 de Abril de 1895 se sublevó la unidad militar en Quito al grito de “Viva Camilo Ponce.” Después se supo que hasta se había planeado el asesinato del Presidente al momento de concurrir a los oficios religiosos de la Catedral.

Cordero tuvo que salir a las calles acompañado de sus hijos Luís y Miguel y se les vio valientemente combatir con el arma al brazo por varias horas, desde las ocho de la noche hasta las dos de la madrugada del día siguiente, codeándose con leales defensores de la Constitución. En las calles quedaron más de un centenar de muertos.

Al día siguiente 16 de Julio suscribió un “Manifiesto” y renunció a sus elevadas funciones para evitar nuevos derramamientos de sangre, encargó la presidencia de República al Vicepresidente Dr. Vicente Lucio Salazar y Cabal y retornó a Cuenca diciendo “No he incurrido en culpa. He obrado de modo licito, con intenciones rectas; pero si la honra de mi Patria exige que seáis injustos para conmigo y mi gabinete, sedlo en la hora buena. Tendré resignación suficiente para soportarlo. La actitud del ejército ha sido digna y con su apoyo podría continuar en el mando, pero no deseo que por mi culpa se continúe ensangrentado el suelo patrio.”

Durante su mandato se preocupó de la educación y la cultura, pues apoyó la concurrencia de nuestro país a la Exposición Mundial Colombina de Chicago de 1894.

I retirado a la tranquilidad de su hogar en Cuenca, el 4 de enero de 1896 contrajo segundas nupcias con Josefina Espinosa Astorga, de solamente treinta y un años, a quien había tratado durante su mandato presidencial y tuvieron dos hijos pero ella falleció el 3 de enero de 1.900 a consecuencia de una violentísima infección pulmonar. Entonces publicó “Josefina Espinosa de Cordero, libro de sus huérfanos, canto en honra de mi segunda esposa” en 17 págs, y comenzó a enviar colaboraciones políticas a “El Grito del Pueblo” de Guayaquil.

También salió un tomo con sus “Poesías Serias” en 160 págs. y otro con “Poesías Jocosas” en 120 págs. y se defendió en el folleto “A mis conciudadanos” en 43 págs, que contiene una explicación circunstanciada de lo ocurrido en el asunto de la venta del crucero de guerra Esmeraldas propiedad de Chile, que utilizó bandera ecuatoriana desde Valparaíso a las islas Galápagos, donde la cambiaron por la del Japón, para su uso en su guerra contra China. Esta operación se llevó a cabo con el fin de evitar que Chile rompa su neutralidad en dicha guerra, para lo cual la Casa Flint de New York, propiedad del trust Morgan, realizó una negociación de trescientas mil libras esterlinas de oro con los cónsules ecuatorianos en Valparaíso y en New York. I como el precio de la venta pagado a Chile fue solamente de doscientas veinte mil, la diferencia de ochenta mil era la comisión, que en ningún caso fue comunicada por el Gobernador del Guayas al Gobierno, pues iba a ser repartida por él y los cónsules, como después se supuso. Mas, al final, al estallar el escándalo, se la quedó entera el Cónsul ecuatoriano en New York, dejando a sus compinches con las narices largas, pues para evitar todo reclamo salió huyendo a Suiza donde se estableció, perdiéndose su rastro.

El 98 la Corte Suprema dictó sentencia por el negociado de la venta de la bandera y fue declarado libre de toda culpa. Entonces colaboraba en la revista “La Semana Literaria” de Manuel J. Calle que se editaba en Quito.

En 1901 dio a la luz “Estudios de Lingüística Americana”, carta a un distinguido americanista francés, en 49 págs. y “El Quichua en la botánica”, escrito enviado al II Congreso científico latinoamericano reunido en Montevideo, demostrando la existencia de una interacción entre la botánica occidental y la etnobotánica andina, enumerando más de cien familias del reino vegetal no solo con el nombre científico sino también con el ordinario o vulgar con que la gente del pueblo y especialmente los indígenas, las conoce.

Para el Concurso literario del Colegio Vicente Rocafuerte de Guayaquil mandó en 1902 fuera de certamen una composición en verso titulada “Rocafuerte, patriota y benefactor” en 17 págs. y “Nuestra Cuestión de Limites” en 29 págs. sobre la peligrosa infiltración que los peruanos realizaban en tierras del oriente ecuatoriano en forma sistemática e ilegal, pero fue replicado por Abelardo Moncayo que no aceptaba como solución la propuesta para que el Rey Alfonso XIII de España se constituya en el arbitro juris de la cuestión limítrofe entre Ecuador y Perú pues a lo más podría ser un amable componedor. Mas, la polémica continuó con la contra réplica de Cordero, aparecida igualmente en el Diario El Grito del Pueblo como las anteriores y finalmente se cerró la discusión con un segundo artículo de Moncayo, que colocó el punto final.

El 12 de Abril de 1904, durante la I Exposición Artesanal del Azuay dio a conocer la letra del Himno del Azuay, que con música del Maestro Luís Pauta Rodríguez, pasó a ser el Himno de la ciudad de Cuenca y recopiló un Romancero en honor a Abdón Calderón “compuesto por poetas de su país”, en 48 págs. Desde 1906 escribió para ‘’La Unión Literaria de Cuenca”. En 1908 “Solemne recepción del Dr. Manuel María Pólit en Cuenca” con motivo de su posesión en ese obispado en 107 págs. En 1909 “Nociones de Apicultura” para el uso de los agricultores de mi país que se aficionen a tan interesante industria con una plana de láminas en 62 págs. haciendo en la Introducción una descripción entomológica cabal de los hemípteros por él tratados.

En 1910 fue designado Ministro Plenipotenciario a los festejos conmemorativos del Centenario de la Independencia de Chile como un acto de desagravio del gobierno de Eloy Alfaro a su ilustre persona. Se dijo que su designación había sido como un homenaje público o una reparación nacional, lo cual le exaltó en tal forma que logró inspirarse y escribió una Salutación a Chile en verso en 22 págs. A su regreso trajo un microscopio para sus observaciones botánicas y editó “La Plenipotencia especial del Ecuador en el Centenario de la independencia de Chile” con una litografía alegórica y un grabado en 305 págs. reseñando los actos y acontecimientos en que intervino o le tocó presenciar en compañía de sus hijos Luís, Miguel y Gonzalo que le acompañaron.

El 10 de Enero del 1911 ocupó el rectorado de la Universidad de Cuenca, en reemplazo del Dr. Honorato Vásquez que estaba ausente en Misión diplomática especial en Madrid. En dicha altísima función intelectual permaneció hasta su repentino fallecimiento a causa de un mal aire que se le complicó con pulmonía, el 30 de Enero de 1912, pocas semanas antes de cumplir los setenta y nueve años.

En 1911 había dado a luz sus “Estudios Botánicos. Enumeración botánica de las principales plantas así útiles como nocivas, indígenas o aclimatadas, que se dan en las provincias del Azuay y del Cañar de la República del Ecuador” en 304 págs, obra de gran seriedad científica, calificada no sin razón como un hermoso tratado de farmacología lugareña, repertorio de terapéutica regional del Azuay y Cañar, con observaciones valiosas y honda emoción popular, cuya segunda edición apareció en 1950 en Madrid, conservando los dos Apéndices de la primera, a cual más interesante. Los Estudios contienen la división de las Espermatofitas en sus dos clases: Dicotiledóneas y Monocotiledoneas, una muestra de las Pteridofitas y Talofitas, cita cien familias con sus géneros y especies de las que pueden ser utilizadas por sus propiedades medicinales o ligeramente industriales. Se designan con sus nombres científicos acompañados del vulgar y en algunos casos del quichua. El segundo Apéndice contiene las plantas introducidas al Ecuador por el propio Cordero, tales como la magnolia, una variedad de rosas sin espinas, etc.

No era un botánico a tiempo completo ni en el entero sentido científico pero pasó por la vida herborizando como un gran aficionado a las ciencias de las plantas y poseía una selecta biblioteca botánica como lo confiesa en la Advertencia Preliminar cuando indica: Muy escasos son mis conocimientos botánicos de simple estudio particular, determinado por invencible afición a la seductora ciencia de las plantas. Situadas estas en derredor nuestro, desde que la providencia de Dios nos ha hecho nacer en la espléndida zona tropical, nos tientan de suyo a investigar el misterio de su organización y de su vida, aunque sea con el interesado propósito de aplicar las propiedades o virtudes de algunas de ellas a la satisfacción de nuestras humanas necesidades.

Intelectual en la forma renacentista, es decir, que trató y abarcó diferentes ramas de las ciencias y las artes, dejó trabajos políticos, poéticos, patrióticos, botánicos y lingüísticos, sin desmerecer un ápice su labor como conductor de la juventud estudiosa del Azuay.

Escribía en quichua y en castellano, dominaba el francés y lo traducía a la perfección, famoso por sus epigramas espirituales, agresivos, vivaces e irónicos.

En 1917 fue coronado su busto. En 1949 se editaron sus versos bajo el título de “Poesías de Luís Cordero” en 110 págs. y en 1979 apareció un esbozo biográfico escrito por su nieto, homónimo completo suyo, con varios anexos.

Manuel J. Calle dijo: “Cantó las cosas altas, la raza, la Patria, los héroes. Rindió culto al dolor y tuvo la suave delicadeza de los númenes apacibles, la gracia de la sonrisa, la caricia del consejo y la critica que suena a palmetazo.”

De elevada estatura, blanco rosado, la barba larga y encanecida en la vejez, los bigotes grandes y frondosos de fin de siglo le daban la apariencia de un noble patriarca bíblico. Viril, activo, de gran presencia física. En confianza siempre bonísimo, ameno, chispeante, hermoso tipo de hombre, simpático en la extensión de la palabra. Gustaba de las flores y las abejas que tenía en su casa de Cuenca y en su finca “Sintica” en Déleg,

En 1950 apareció su “Diccionario Quichua” en Quito y en 1967 la segunda edición en Cuenca, que con sus “Estudios Botánicos” constituye lo mejor de su producción.