CÁRDENAS DE BUSTAMANTE HIPATIA

FEMINISTA.- Nació en Quito el 23 de Marzo de 1889. Hija legítima del ilustre jurisconsulto Alejandro Cárdenas (1845-1922) eminente político liberal confinado en Quito por García Moreno, Fiscal de la Corte Superior, Rector de la Universidad Central y presidente del Ayuntamiento quiteño, Delegado del Ecuador a la IV Conferencia Panamericana celebrada en Buenos Aires y de Ana Navarro Nájera, quiteños.

Su padre le puso por nombre Hipatia que significa hermosura al servicio de la justicia orientada por la filosofía, pues era un admirador de la antigüedad clásica.

Estudió las prmeras letras con su madre, luego pasó al Colegio de la Providencia, complementando la instrucción con lecturas escogidas en la biblioteca familiar.

A los 26 años en 1915 contrajo matrimonio con José Rafael Bustamante Ceballos, unión bien avenida, siempre fue apoyada en sus inclinaciones literarias y periodísticas, y hubo larga familia compuesta de seis hijos.

En 1923 realizó una brillante función intelectual en Chile durante el año que su esposo ejerció en Santiago de Ministro Plenipotenciario. Ya era conocida como poetisa por sus composiciones de índole familiar e intimista tales como “Mis Hijos”, “Oración Maternal”, “Cuadernos Campestres” que deben ser buscadas en revistas de la época.

En 1927 empezó a colaborar en la prensa quiteña con el pseudónimo de “Aspacia”, haciéndose conocer en el mundo de la cultura y de las luchas sociales, pues su pluma costituyó un ariete del feminismo ecuatoriano del siglo XX.

Desde 1928 atacó a quienes afirmaban que la mujer no estaba suficientemente preparada en el Ecuador. Su campaña fue de tanta importancia que en 1929 la Asamblea Nacional Constituyente dio el voto a la mujer y la quisieron hacer Consejera de Estado, pero surgieron voces de protesta alegando que la mujer estaba demasiado influida por el clero. “Aspada” rechazó tales afirmaciones enfocando las deficiencias de los hombres como única causante de la incomprensión y del atraso intelectual, en un memorable articulo titulado “El voto femenino” (1)

El 14 de Abril de 1931 dia de las Américas, reunió en su casa a un selecto grupo de intelectuales y formó el “Grupo América” con Zaldumbide. Barrera, Vacas Gómez, Carrión, Pareja Diez – Canseco. Velasco Ibarra, Guillermo Bustamante, Carrera Andrade, Escudero. Salazar Gómez, Jorge Icaza, Gustavo Vásconez, Aguilera Malta y trabajó por la revista del Grupo, que pronto comenzó a circular y se edita todavía, aunque a visto períodos de largas interrupciones. En 1932 consignó los actos del traslado de los restos de Juan Montalvo a Ambato, el 34 tuvo un número especial por el IV Centenario de la fundación de Quito, etc. (2)

En Febrero de 1932 publicó en “El Dia” un editorial titulado “La Mujer y la Paz” sobre la asonada ocurrida en Tulcán días antes, cuando un grupo de civiles
de tendencias liberales y socialistas quisieron apoderarse del batallón Manabí para impedir el ascenso del Presidente electo Neptalí Bonifaz. Aspacia expresó “Nosotros pensamos que no es con la bala y el machete con lo que se convence sino con la palabra y la pluma y una hondísima tristeza nos embarga al ver empuñar el fúsil que en manos de civiles es una vergüenza como en las del soldado es honor y gloria cuando defiende las leyes y el respeto a ellas, salvando el honor de la Patria…” Poco después acompañó a su esposo en misión Diplomática en Chile.

Días antes de la llamada Guerra de los Cuatro Dias entre Compactados de Derecha y Constitucionales de Izquierda escribió “Degüello, Matanza” contra las amenazas de esos grupos, que finalmente midieron sus fuerzas con un saldo de más de mil muertos civiles.

A fines del 32 presidió la primera Asamblea Nacional de Periodistas. De entonces son sus artículos “La Mujer y la Política”, “La Mujer y la Paz”, “Frente el Mar”, “Las Tiranías de América”.

En 1934 el poeta coronado Francisco J. Falquéz Ampuero le dedicó su poesía “Una guirnalda más”. En 1939 publicó “Qué debe hacer el Ecuador para librarse de las dictaduras”, a raíz de una encuesta nacional que tuvo a bien realizar entre numerosas personalidades del país. La obra contiene las ciento nueve respuestas recibidas y refleja las ideas y los conceptos ideológicos de los políticos del país y como era de esperarse, despertó acritud y polémica pues siendo obra de una mujer había despertado el honor del país frente al insulto que significaban las dictaduras militares. Al iniciarse la década de los años cuarenta fue miembro de la Liga Internacional Americana pro paz y justicia y del Comité pro mandato de los pueblos con sede en Washington.

(1) En dicho artículo escribió «aunque las ecuatorianas fueron las primeras mujeres de toda Hispanoamérica en recibir el sufragio nacional (1929) en varias ocasiones los legisladores trataron de anular la ley, supuestamente porque la mujer carecía de una educación adecuada y también porque estaba demasiado influida por la iglesia Católica. “Por este artículo y por su campaña en general, que la convirtió en el mayor paladín del sufragio femenino en el Ecuador, está considerada una de las mayores feministas del siglo XX en nuestra Patria.El Grupo América formó una extensa biblioteca que se incrementaría con la Exposición del Libro Americano y en 1942 con el Fondo o Sección Norteamericana formado por el Embajador – escritor Albert Franklyn. El Grupo creó en 1939 el galardón «Ciudadano de América”, en 1943 organizó la Exposición del Libro Venezolano con motivo de la visita al país del Presidente Isaías Medina Angarita. En 1948 celebró el IV Centenario del nacimiento de Cervantes, en 1956 relievó la labor de Gonzalo Zaldumbide en las letras patrias. El Grupo América constituyó el núdeo de intelectualidad más importante del país con Alere Flamma primero y en la sociedad de escritores y artistas independientes, ambos en Guayaquil, hasta la creación de la Casa de la Cultura Ecuatoriana en 1944 y quien mayor obra realizó en el Grupo fue Emilio Uzcátegui, que lo presidió en diferentes períodos por un total de catorce años.

En “La Mujer y su derecho a votar” publicado en Octubre, siguió la tendencia conservadora favorable a extender el voto a la mujer analfabeta,

propuesta que fuera presentada por el notable poeta Remigio Romero y Cordero a la Asamblea Nacional Constituyente y refiriéndose a las 14.707 mujeres que se habían inscrito y votado en 1931, manifestó que la evolución de la mujer era un hecho incontrastable y terminaba:   Yo

conozco mujeres socialistas, liberales y radicales…

En otro artículo “Política y Religión” declaró que en el Ecuador se llamaba política y se practicaba una guerra ciega de pasiones, atropellos y consiguientemente de insultos y calumnias en que la moral y la dignidad desaparecen. Por ello política y religión son dos campos tan distintos que no cabe reunirlos.

En 1935 era activista en el Grupo América donde la intelectualidad de Quito se reunía en franca camaradería a discutir y pensar. Comenzaba entoces la época de las dictaduras en el Ecuador, con el Interinazgo del Dr. Antonio Pons, que a los treinta y cinco días de mantenerse en el poder entregó el mando al ejército, que designó dictador al Ing. Federico Páez, luego le sucedería el General Alberto Enríquez Gallo hasta 1938 que convocó a Asamblea Nacional Constituyente.

Fueron tres años duros y grises, de odiosidades y represiones quizá por eso, en un momento de agobio cívico su esposo le preguntó a principios del 38 ¿Tenemos los ecuatorianos verdadero espíritu democrático?.

De allí surgió la idea de averiguar a diferentes personalidades del país -109 en total – qué opinaban sobre la democracia y las dictaduras, cuyas contestaciones recogió en plena dictadura de Enríquez Gallo.

La encuesta resultó exitosísima por la enorme cantidad de respuestas recibidas en poco tiempo, que le llegaron de todas las provincias, provenientes de elementos vinculados a los tres partidos políticos (Liberal, Conservador y Socialista) con las cuales formó un libro que circuló en Mayo del 39 bajo el título de “Qué debe hacer el Ecuador para librarse de las dictaduras” en 193 págs. y sirvió para concientizar al país sobre las condiciones históricas que propician tales gobiernos -”en su mayor parte militares y lesivos al honor y a la Patria”.

Su autora consideró al Conservadorísimo como un partido viejo pero aún fuerte, al Liberalismo como Partido en edad peligrosa y al Socialismo como

Partido pleno en juventud. En cuanto a las críticas recibidas, que no fueron pocas, las contestó en tono altivo y fiero “A todos los que insultaron por mi patriótica encuesta les digo ¿Qué importa que perros en jauría aullen ferozmente en el ocaso de mi vida? No lograrán amedrentarme..” Así era de independiente y positivo su carácter, por eso la juventud la quería y las mujeres pensantes veían en ella al adalid femenino de intransigente lucha por la conquista plena de sus derechos.

En 1941 durante los aciago dias de la invasión peruana, enrostró a monseñor Efrén Forni, Nuncio Apostólico en Lima, que hasta meses antes había vivido en Quito recibiendo reiterados homenajes y condecoraciones del gobierno ecuatoriano, por bendecir las armas del Perú y a su ejército, saliéndose de todos los cauces diplomáticos y tomando partido en una guerra sucia e injusta. El Nuncio, como tal, no podía bendecir banderas ni armas en una guerra fatricida entre dos pueblos católicos. Lo peor fue que el tal diplomático tuvo la avilantez de contestar pero sintió el desprecio del pueblo ecuatoriano, mejor hubiera hecho mutis por la escena.

Lo absurdo del caso es que no faltaron unas cuantas beatas ignorantísimas de Quito que quisieron tomar partido por tan mal sacerdote y hasta llegaron a amenazarla con el vacío social, lo que jamás se cristalizó por haber imperado el buen sentido y el sentimiento de país en tan vergonzoso incidente, comentado en su tiempo hasta por la prensa internacional.

En 1942 fue designada miembro de la Liga Internacional Americana Pro Paz y Justicia. El 44 publicó una colección de sus artículos de prensa bajo el titulo de “Oro, rojo, azul” con el subtitulo de “estampas sobre la problemática política y social de la época”. apreciándose en toda su grandeza el pensamiento de esta feminista que ya para esos días había realizado sus mas arduas jornadas y reposaba tranquila con su conciencia.

Contiene reminiscencias muy importantes como la del confinio sufrido por su padre en 1864 a causa de su posición doctrinaria durante el gobierno teocrático de García Moreno, trata sobre los sucesos de la criminal Guerra de los Cuatro Días en 1932, etc.

Diariamente asistía a misa en San Francisco. Salía de su casa en el churo de la Alameda de Quito Antes de tomar el tranvía saludaba con su amigo y vecino Luis Felipe Borja del Alcázar. Al regresar recogía los últimos chismes políticos que le contaban Neptalí Bonifaz, Ricardo Jaramillo y Pío Jaramillo Alvarado. Durante el almuerzo le trasmitía esas noticias a su esposo, quien compartía su tendencia liberal.

En 1947 su esposo fue electo Vicepresidente de la República y acompañó a Carlos Julio Arosemena Tola designado Presidente por un año, tras votación en el Congreso. Durante su mandato le correspondió a doña Hipatia ser figura principal de la vida diplomática y oficial del Ecuador junto a la primera dama de la nación Laura Monroy de Arosemena.

En 1949 Morayma Ofír Carvajal (1915­1951) escribió su esbozo biográfico en “Galena del espíritu. Mujeres de mi Patria” y dijo: “Mucho sacó de su padre Dña. Hipatia, sobre todo la firmeza en las decisiones, la tribunicia elocuencia para la defensa de las notables causas, la tenaz y enérgica actitud para entregarse a ellas, enarbolándolas en el mástil de su verbo. Dos cualidades enaltecen y singularizan la personalidad ilustre de esta intelectual. Su entusiasmo febril por levantar el nivel de la mujer ecuatoriana, por afianzar las garantías ciudadanas y sus derechos cívicos: los triunfos del verdadero y decente feminismo ecuatoriano en Hipatia han tenido su imperativa voz y su bandera.

I luego, su hondo, su vehemente, su sincero patriotismo. Ese que es fuego de su sangre y de su pluma, ese que fue del propio filón paternal. De esa cantera tomó la actitud que iba a ser inflexible en su vida, inquebrantable en su acción: poner a la Patria por encima de todo y sobre todas las cosas, hacer de ella el ideal de los ideales, de su amor la suma de sus amores; entregarse a ella hasta la inmolación y el sacrificio… Nadie podra disputar a Hipatia su pasión patriótica, como nadie podrá olvidar esa defensa heroica, casi sagrada, que hizo del Ecuador en tiempo de la invasión fratricida (del Perú)”

En 1956 recibió un justo homenaje a través de varios artículos laudatorios escritos por sus compañeros del “Grupo América” y publicados en esa revista. Era, por entonces, una de las pocas socias fundadoras de la institución y la mujer más activa del mencionado Grupo. Falleció en Quito en 1972 de ochenta y cuatro años de edad.

La mayor parte de su obra se encuentra dispersa, aunque muchos de sus artículos de prensa salieron en
la Revista América, de Quito. Falleció en esa ciudad en 1972.