BELLO LOPEZ ANDRES

HUMANISTA. Nació en Caracas, Venezuela, el 30 de noviembre de 1780 y pertenecía a una familia de la pequeña burguesía colonial. Su padre Bartolomé Bello era abogado y compositor especializado en música sacra. Su madre Ana Antonia López, hermana de un fraile mercedario muy culto, el abuelo materno Juan Pedro López fue uno de los más importantes pintores de Caracas. Con esta familia de intensa vocación espiritual creció el joven Andrés en la provincia de Cumaná, donde su padre era un modesto funcionario fiscal. El sacerdote Cristóbal de Quezada le enseñó latín en el convento de la Merced, después estudió filosofía en la Universidad de Caracas, tuvo de maestros a José Antonio Montenegro y a Rafael Escalona y se graduó de Bachiller en Artes el 9 de mayo de 1800, prosiguiendo estudios de derecho y de medicina que no culminó porque no le interesaba ejercer esas profesiones “secas y duras en extremo”.

Después trató a Humboldt, aprendió francés con una gramática por indicaciones de Luis Ustáriz, llegando a dominar ese idioma. Estudió inglés y algo de griego, valiéndose de varias obras escritas en esos idiomas. Se ayudaba dando clases a domicilio y tuvo entre sus discípulos al joven Simón Bolívar, pero las dejó por su escaso rendimiento económico. Por concurso ganó el puesto de Oficial Segundo de Secretaría de la Capitanía General de Venezuela y se encargó de los asuntos administrativos y de las relaciones exteriores con las autoridades de las Antillas inglesas y francesas. En 1807 fue Comisario de Guerra. Ese año falleció su padre y para superar la estrechez económica escribía, recitaba y vendía sus versos para los nacimientos y matrimonios. En 1808 el Gobernador le nombró Secretario de la Junta Central de la Vacuna. Leía constantemente periódicos y libros europeos que llegaban a la oficina y gustaba improvisar brindis y poesías en las fiestas y banquetes de Caracas.

Con motivo de la victoria de Bailén compuso un soneto que le ganó justa fama. Como traductor se lució en la égloga virgiliana “Tirsis, habitador del Tajo umbrío”. En 1809 hizo circular el prospecto de “El Lucero, también redactó la “’Gaceta de Caracas”, primer periódico impreso en su Patria. Ese año fue autor de un resumen sobre la Historia de Venezuela que salió en la Guía de Forasteros y de varios capítulos del libro de Historia de Francisco Javier Yánez y le ascendieron a Oficial Primero de la Secretaría”.

Después de la revolución del 19 de abril de 1810 participó como Secretario de la Junta de Gobierno, se encargó de traducir las noticias impresas que llegaban en francés y en inglés de Europa,

En Junio la Junta acordó pedir protección y reconocimiento a Inglaterra y envió una Comisión compuesta por Simón Bolívar, Luis López Méndez y Andrés Bello. En Londres se reunieron con Francisco de Miranda. Ya había concluido su obra sobre “Los tiempos de la conjugación castellana”, el más original de sus estudios. Bolívar y Miranda acordaron volver a Caracas donde corrieron diferentes suertes. López y Bello quedarían en Londres al frente de la Legación y cuando se produjo la reconquista española en 1812, cortados los envíos de sueldo, pasó momentos muy críticos y no pudo volver. Para mantenerse dictó clases de castellano, corrigió la Biblia, comentó poemas españoles y en el Museo Británico se integró a diversos círculos. En 1813 casó con Maria Ana Boyland con quien tuvo tres hijos, pero el último falleció casi simultáneamente con su madre en 1821.

En Londres vivió diecinueve años desde 1810 hasta el 29, trabajando en diferentes estudios y poesías como su famosa “Silva a la agricultura de la zona tórrida”, obra maestra del neoclasicismo que tanto influjo ejerció en los autores de su tiempo.

Por esos días estudió el pensamiento utilitario de Jeremías Bentham, descifró sus manuscritos por encargo de James Mill y creyó que el objeto de la filosofía es el conocimiento del espíritu humano y la acertada dirección de sus actos. En materia de literatura conoció a los primeros románticos traduciendo al castellano algunas de las obras de Lord Byron y Víctor Hugo.

En 1822 amistó con Antonio José de Irisarri, Ministro plenipotenciario de Chile, quien le contrató como Secretario de esa delegación hasta la llegada de Manuel Egaña en 1824. Ese año contrajo segundas nupcias con Isabel Antonia Dunn, en la que tuvo tres hijos en Londres y doce más en Santiago de Chile y quien le sobrevivió.

De 1823 es su “Alocución a la poesía, fragmentos de un poema titulado América” se expresó con nuevos acentos pues era tiempo de dejar la vieja Europa para dedicarse a una apasionada exaltación de lo americano en sus tierras y gentes, pero nunca completó esta Alocución y más bien dio fin a otro poema de igual naturaleza -«Silva La Agricultura en la zona tórrida” – de 1826. Constituyen sus Silvas Americanas o cantos de la vuelta al campo, a las fecundas tareas agrícolas y nobles virtudes campesinas para reconstruir esta América destrozada por las guerras.

Hernán Rodríguez Castelo ha opinado que en Bello no se da una novedad formal con nuevas matrices estróficas. Siempre rechazaría todo empeño de independencia idiomática, sin importarle que eso le valiese ser tachado de reaccionario. Su novedad vendría de la materia de los cantos y sobre todo de la alta pasión americana, vivía en su poesía las noticias e imágenes de su América, exhortando a los americanos a la nueva felicidad y grandeza.

Ese año había fundado la revista “Biblioteca Americana” donde escribió artículos relacionados con la Gramática castellana y con José García del Rio creó el 26 la revista “El Repertorio Araucano”.

En 1824 quedó encargado de los negocios de Colombia en Londres y mejoró notablemente su situación económica. El 26 fue designado Miembro de la Academia Nacional de Colombia. El 29 su compadre Manuel Egaña le convenció de viajar a Chile y le entregó una muy laudatoria Carta de recomendación pues le conocía bien sabía de su pensamiento lúcido y vigoroso y que estaba suficientemente preparado para ayudar a la construcción de un nuevo orden.

Arribó a Valparaíso con su larga familia. El Presidente Francisco Antonio Pinto, a quien había conocido en Londres, le designó Oficial Mayor del Ministerio de Hacienda con dos mil pesos anuales. Dirigió y dicto clases en el Colegio de Santiago hasta 1831, pasaba por conservador y mantuvo una lucha de declaraciones con el liberal José Joaquín de Mora fundador del Liceo de Chile, después enseñó en el Instituto Nacional, dirigió varias publicaciones y en su casa dictaba clases de Derecho Natural y de Gentes y Derecho Romano, formando una generación de hombres ilustres.

Por eso se ha dicho que los años transcurridos entre 1810 y el 29 fueron para Bello de soledad pasada en el exterior, pero a su vez de fecundas meditaciones y admirables lecturas y que tras su largo “destierro londinense” cumple en Santiago una enorme obra de construcción de la nueva América en ámbitos decisivos.

Desde 1830 fue la mayor figura intelectual de ese país, colaboraba en El Araucano, periódico del gobierno. Comenzó el ejercicio de un magisterio americano, una verdadera dictadura intelectual al igual que Diego Portales, el poderoso ministro general de esos años, dominaba el panorama político de esa culta y gran nación.

El 31 publicó como texto un “Derecho de Gentes” que reactualizó como “Principios de Derecho Internacional”. El 35 editó “Principios de Ortografía y Métrica de la lengua castellana” El 37 fue electo Senador y sería reelecto por varios períodos. El 41 salió “Análisis ideológico de los tiempos de la conjugación castellana”. El 42 ascendió al rectorado de la Universidad de Chile y allí se mantuvo hasta el 65. El Discurso con el cual inauguró sus funciones de Rector en 1843 fue un Manifiesto del papel que le correspondía a las universidades en esta América nueva en laborioso trance de construirse. Desde su colocación en el Ministerio de Relaciones Exteriores dirigía la política internacional del país, redactaba mensajes presidenciales, memorias ministeriales. El 47 editó “Gramática de la Lengua Castellana”. En mérito a tantas y tan excelentes obras el 51 ingresó a la Real Academia Española de la Lengua.

A partir de 1840 se había empeñado en codificar las leyes pues se continuaba usando las españolas de los tiempos coloniales. En noviembre del 55 terminó su proyecto, que fue aprobado el 14 de diciembre.

El Código Civil de Andrés Bello es una fiel adaptación del Código napoleónico de Francia para los usos y costumbres de un país hispanoamericano como Chile, entró en vigencia desde del 1 de enero de 1857 y fue adoptado por Bolivia en 1859 y por Ecuador en 1861. Sus obras tales como “Filosofía del entendimiento”, “Historia de la Literatura”, crítica, poesía y sus “’Principios de derecho de gentes” tuvieron una entusiasta acogida pues desde años antes ejercía un magisterio intelectual en estos países.

Sus últimos siete años pasó en un sillón, a causa de una parálisis en las piernas, pero usaba un bastón para ayudarse, continuó trabajando en su casa para la Universidad y para sus investigaciones. En septiembre del 65 enfermó de bronquitis y se agravó con una tifoidea, recitando pasajes de la Eneida durante sus delirios. Murió de ochenta y cuatro años el 15 de octubre. Menéndez y Pelayo en su Historia de la literatura americana dice de Bello que tuvo una prosa no brillante ni muy trabajada, pero al mismo tiempo modelo de sensatez, de cordura y de caudalosa doctrina. I que como aquellos patriarcas de los pueblos primitivos que el mito clásico nos presenta, fue a la vez filósofo y poeta, atrayendo a los hombres con el halago de la armonía, para reducirlos a la cultura y vida social, al mismo tiempo que levantaba los muros de las ciudades y escribía en tablas imperecederas los sagrados preceptos de la ley.

Dejó varios borradores inéditos y su ejecutor testamentario Miguel Luis Amunátegui los publicó bajo el título de “Obras Completas” en quince tomos, lamentándose que no hubiere incluido sus cartas, discursos y varios otros escritos que luego se han descubierto.

En Chile ha quedado su numerosa descendencia y en el Ecuador existen los bisnietos de su hermano Florencio, que habiendo casado en Caracas con Ramona Gallolo con un solo hijo llamado Carlos Antonio Bello Gallolo, los abandonó a ambos, el niño de sólo dos años de edad, y se vino a la parroquia Picuazá y formó nueva familia con Juana Anchundia, de Montecristi, de donde se originó parte de la familia Bello de Manabí.

Ya de avanzada edad don Florencio y sintiéndose bastante achacoso, mandó a llamar a su hijo Carlos que vivía con su madre y esposa en Caracas y que por eso se negaba a realizar el viaje, pero habiendo enviudado en 1861, se decidió a conocer a su padre, vino a Manabí y estuvo tres años a su lado. En 1864 quiso volver a su tierra, pero fue convencido de lo contrario, entonces matrimonió y se quedó definitivamente en Montecristi, existiendo numerosa descendencia de esta rama familiar del linaje de los Bello venezolanos.