ANDRADE REIMERS LUIS

HISTORIADOR- Nació en Quito el 24 de Julio de 1917. Hijo legítimo de Manuel Andrade Berrío, quiteño, profesor de Filosofía y Derecho en la Universidad Central y de Luisa Reimers Thomas, natural de Hamburgo, Alemania, quien pasó con sus padres a Lima y Quito donde se conoció y casó. Ella era hija legítima de Louis Reimers fabricante de sombreros de paño.

El último de una larga y acomodada familia compuesta de seis hermanos que vivían en una casa propia ubicada en la Mideros frente al muro de San Francisco, empezó a estudiar con las señoritas Toledo, y siguió en el Colegio Borja No. 1 del centro.

Un tío materno había sido muy aficionado al arte dramático y al cine que hacia 1925 estaba dando sus primeros pazos en Quito. Por imitarle se me ocurrió organizar un pequeño teatro con algunos vecinitos y en el extenso descanso que había en las gradas de nuestra casa colonial instalamos un escenario. El maquillaje y los vestuarios fueron fáciles de inventar y empezamos a recitar poemas tomados del libro de lectura de mi hermano mayor, que declamábamos ante la nube de chicos inquilinos que escuchaban y aplaudían.

Esto de recitar me sirvió luego en la escuela para las comedias de Navidad. Pero allí me sucedió un episodio más bien jocoso. Tanto habíamos reposado nuestras loas que además de la mía, yo sabía las de todos mis compañeritos. La noche de la función, ante un escenario lleno de luces y de padres de familia, cuando me tocó el turno de decir la mía, declamé la del compañero que venía después y cuando le tocó a él no supo qué decir y se detuvo la representación. El público advirtió algo de lo que sucedía, rompió en aplausos y se terminó la función.

A los doce años inició la secundaria en el Loyola de los Jesuitas, donde fue alumno del padre Aurelio Espinosa Pólit. Su influencia de excepcional maestro “nos impulsó a leer las obras clásicas elementales de la literatura griega y bastante de la literatura moderna en francés y en inglés pues el plantel se especializaba en Humanidades Clásicas. Durante las vacaciones nos leía una hora diaria de obras clásicas de aventuras, dos veces por semana nos íbamos de paseo por los caminos y montes de los alrededores y mientras caminábamos me conquisté un auditorio de diez o doce compañeros, a quienes les gustaba escuchar mis cuentos, para alimentar más mi imaginación me día a leer cuentos y novelas y obras serias por simple placer estético.

El 34 se graduó de Bachiller y por tratarse del segundo año de la conscripción obligatoria en la República tuvo que realizarla en el batallón Eloy Alfaro. El 35 viajó a Bogotá a seguir estudios de Filosofía y Ciencias Sociales en la Universidad Javeriana pues amaba la cultura. El 39 editó un breve ensayo anti darwiniano sobre “Paleontología y Evolución”, completó su carrera, se licenció en 1942, tomó los hábitos y profesó en la Compañía de Jesús.

De regreso a Quito el 43 comenzó a enseñar Geografía y Literatura en el Colegio San Gabriel, fundó la organización andinista de dicho colegio, dedicada a practicar el difícil y peligroso deporte del ascencionismo, la cual ha perdurado a través de los años y conseguido hazañas y magníficos triunfos bajo la dirección del padre José Ribas. El 44 publicó un texto de Geografía de América que a visto dos ediciones pues las monjas lo adoptaron para sus colegios.

El 45 salió su texto de Geografía de Europa. El 46 el de Geografía de Asia, Africa y Oceanía que cuenta tres ediciones y el 47 el de Geografía Económica del Ecuador. Ese año, al cumplir treinta de edad, tuvo una época de serias dudas sobre su vocación sacerdotal y pedagógica, de manera que prefirió retirarse de la Compañía de Jesús y volvió a la vida seglar a entera satisfacción.

Al ocurrir el fallecimiento de su padre se conectó el 48 con los principales directivos de la Universidad de Chicago y viajó a ese centro superior a seguir estudios de postgrado en Ciencias Sociales (Geografía Económica y Geografía Política) hasta el 55. En momentos libres se le ocurrió estudiar la obra “El Imperio Socialista de los Incas” de Louis Baudín, iniciándose desde entonces su preocupación por todo lo referente a dicho imperio. Eran los tiempos en que los descubrimientos arqueológicos efectuados en el Perú daban un relieve colosal al Imperio de los Incas y desmentían la infeliz historia de Atahualpa en Cajamarca. Entonces resolví leer todo lo que se hubiere escrito en España y en América sobre el tema, desde los más antiguos manuscritos guardados en el Archivo de Indias en Sevilla, pasando por las bibliotecas y archivos de Lima. A estos estudios dedicaría casi todos sus ratos libres, siendo otro de sus temas favoritos la historia de Antonio José Sucre. Habiendo publicado en torno a estos dos personajes (Atahualpa y Sucre) más de media docena de libros.

Durante su estadía en Chicago editó dos ensayos largos en inglés titulados “Socio economical survey of Ecuador”’ el 49 y “The agrarian property in the Soviet Unión” el 51. También se dedicó a escribir novelas de ciencia ficción en inglés, que su compañero Earl Schilling pulía gramatical y sintácticamente, antes de enviarlas a los editores.

Luís me contaba que entonces existía fervor en el gran público lector de los Estados Unidos por la ciencia ficción, pero había que pagar cincuenta dólares para que las editoriales se tomaran el trabajo de examinar los originales a ver si eran buenos y merecían publicarse.

Sus primeras novelas fueron varias veces rechazadas con grave pérdida económica pero finalmente logró conectarse con la editorial “Little Library” de New York, que se las aceptó y pudo editar doce novelas cortas en menos de dos años, que han visto tantas ediciones que hasta hace poco tiempo recibía diversas sumas de dinero por concepto de sus derechos de autor, a medias con Schilling.

Entre el 50 y el 51 trabajó en la Bolsa de Valores de Chicago por las noches ganando setecientos dólares, pero pronto le duplicaron el sueldo a mil quinientos. Entraba a las diez de la noche y salía a las dos de la mañana despachando datos y cotizaciones y con eso pagaba sus estudios universitarios. Del Ecuador recibía un dinero extra, producto de los arriendos que producía una casa heredada en Quito, que se la administraba una hermana.

El 51 regresó al país dispuesto a venderla, puso un aviso en el periódico y se presentó el poeta Alfredo Rodas Reyes, quien la compró mediante préstamo al Seguro. Los trámites demoraron ocho meses, tiempo en el cual conoció y trató a Laura Alarcón Paredes, decidió casarse y con parte del dinero del negocio pasaron la luna de miel en Buenos Aires, donde quiso hacerse escritor pero no lo consiguió.

Desde entonces comenzaron sus estudios paleográficos en diferentes archivos y bibliotecas sudamericanas especialmente en los de Lima y siempre relacionados con el Tahuantinsuyo.

I como la situación política en la Argentina de Perón se había deteriorado, el 52 regresó al Ecuador y se estableció con su esposa en Manta, pues tenía pensado instalar un negocio de exportaciones de sombreros de paja toquilla, en el que no le fue muy bien a pesar que pudo conectar dos envíos a los Estados Unidos.

En 1953 pasó a vivir en Quito a la casa de un hermano en el centro, mientras construía en el barrio de Santa Ana en el sur. El 55, ya en su nueva residencia le empezaron a nacer sus primeros hijos, de los cinco que ha tenido, mientras se abría paso en el comercio capitalino como representante de varias fábricas automotrices     norteamericanas,

vendiendo repuestos y obteniendo buenas comisiones, negocio que mantuvo casi hasta su muerte, y como le sobraba el tiempo se dedicó a leer y a estudiar detenidamente a los Cronistas de Indias, por espacio de más de veinte años, tiempo en el cual se fue convirtiendo casi sin querer y hasta sin darse cuenta, en el mayor erudito nacional en todo lo concerniente al período que va de 1433 a 1550, es decir, prehistoria y conquista; sin embargo, es digno de anotar que no todo fue fácil por entonces, pues en los años sesenta tentó el género de la novela con dos obras tituladas “Héroes y Esclavos” y “Don Juan y doña Soberbia”, editadas en 1966, pero estaba visto que ése no era su camino.

En 1975 su amigo Jorge Salvador Lara le introdujo como columnista histórico a “El Comercio”. El 76 fue profesor del San Gabriel por poco tiempo, editó “Materiales históricos para el pacto andino” aprovechando el auge y la publicidad que se le daba a dicha integración, que lamentablemente hasta la presente fecha no ha satisfecho a los países del área subregional. Ese año ingresó a la Academia Nacional de Historia con un discurso sobre el Cronista soldado Pedro Cieza de León y su obra.

El 78 dictó la materia de Economía durante un año en la Universidad Católica, salió a la luz su folleto “Las esmeraldas de Esmeraldas en el siglo XVI”, recopilación de testimonios de esa época sobre aquellas gemas que entregó como ponencia al Congreso de Historia de la Casa de la Cultura de Esmeraldas y sorprendió a la opinión pública con el primero de sus grandes libros titulado “Hacia la verdadera historia de Atahualpa” del que poseemos la tercera edición actualizada hasta 1989, en 384 páginas.

La obra es un recuento pormenorizado y erudito de la historia de la prisión de Atahualpa en Cajamarca y sobre lo que han escrito sus historiadores desde 1532 en adelante, contiene varias sugerencias para una reconstrucción realista y moderna del problema de la tragedia que terminó con el ajusticiamiento del Inca. Andrade Reimers niega que Atahualpa hubiera sido capturado en el estricto sentido que se le dio al término, pues siguió manteniendo el poder muchos meses más a través de sus principales capitanes y de la obediencia ciega del ejército, sin imaginar que los españoles pudieran traicionarle. En el acto de presentación Emilio Uscátegui advirtió que a pesar de no concordar con algunas de las principales conclusiones, era innegable que se trataba de un gran libro, acreedor a su lectura, meditación y debate. En síntesis, una obra erudita por el examen y la comparación de las fuentes para el conocimiento de la conquista. Demás está indicar que los mil quinientos ejemplares de esa primera edición se agotaron en escasos tres meses constituyendo un best seller ecuatoriano, pues de diversas partes del exterior los reclamaban, sobre todo del Perú, donde el libro se vio sujeto a una serie de comentarios diversos y/o encontrados que reflejaban su éxito. La segunda edición en 1980 corrió igual suerte. Años mas tarde Uscátegui publicó su discurso de presentación en “El Comercio” y entonces Andrade Reimers se vio obligado a refutarle, dejándole mudo pues le apabulló con documentos inobjetables como la lista de conquistadores beneficiados con el reparto del oro de Atahualpa que trae la Crónica de Pedro Sancho de La Hoz, donde no aparecen ni Cieza de León ni Pedro Pizarro, y otros muchos documentos, argumentos y conclusiones.

El 80 estudió dos meses en el Archivo de Indias de Sevilla, publicó el folleto “Lo que hizo Sucre por el Ecuador” con motivo del sesquicentenario de la creación de la República y dio los últimos toques a otras obras que ya tenía prácticamente concluidas.

“Por mediación del entonces embajador de Venezuela en Quito, Dr. Antonio Arellano Moreno, la secretaría de la presidencia de la República de Venezuela me obsequió los ocho tomos que hasta entonces había publicado la Fundación Lecuna con las cartas de Sucre. Yo me leí toda la obra línea por línea y completé mi información con los libros más notables de la magnífica bibliografía que la Biblioteca Aurelio Espinosa posee, así como la del Museo Histórico de la Biblioteca Municipal de Quito. Mi primera publicación sobre este nuevo tema la hizo la Casa de la Cultura en Quito en 1980 titulaba Lo que hizo Sucre por el Ecuador. Dos años después advino un libro de fondo titulado Sucre en el Ecuador en 366 páginas, para el bicentenario de su nacimiento, la Universidad Andina hizo una segunda edición en 1995. Otro libro de 266 páginas publiqué en 1992 con la vida completa del Mariscal bajo el título de Sucre soldado y patriota. Finalmente la editorial Planeta, sucursal de Bogotá, entre otros, ha publicado un discurso mío con ocasión del bicentenario que titulaba Sucre, el soldado de la Independencia.”

Su amigo el embajador Moreno de Venezuela requirió sus servicios de poeta en ratos de ocio para que transcribiera los seis tomos en prosa de Olmedo Ibáñez, escritor venezolano del siglo XVIII a versos alejandrinos. El trabajo fue ímprobo y tanto, que solo pudo completar los primeros dos tomos, entregándolo todo al Embajador quien quedó muy contento pero aún no lo ha publicado en Caracas como ofreció hacerlo apenas regresara.

El 82 decidió dar a la prensa un volumen de ochenta y ocho composiciones en verso que conservaba desde los catorce años en un cuaderno enorme. Son distintas experiencias cortas cuyos escenarios son el Ecuador, Colombia, Estados Unidos, Argentina y varios países de Europa, contadas con ritmo semi musical en 197 páginas bajo el título de “Huellas de un hombre”, y que, como ya se habrá adivinado, contiene mucho de autobiográfico. Ese año editó “La Conquista española de Quito” donde indicó que todo cuanto se había escrito con anterioridad sobre ese hecho, no servía, por no estar de acuerdo con las fuentes, los cronistas de Indias, y como el Consejo Provincial del Pichincha había auspiciado el libro, el prefecto Patricio Romero Barberis dispuso que se quemara la edición en la terraza de ese edificio, salvándose únicamente los doscientos ejemplares que ya le habían entregado.

El 83 apareció su “Olmedo, el estadista” y el 84 en folleto “Simón Rodríguez y sus dos siembras”. El 85 “Atahualpa según Cieza de León” en 48 páginas rectificando a Cieza y “La Campaña de Atahualpa contra el Cusco” en 312 páginas con croquis de las once grandes batallas que se libraron entre ambas ciudades hasta la toma de esa última capital. Dicha obra ya había salido en forma fragmentaria y por capítulos en la Revista del Ejército y constituyó una nueva muestra de la profundidad de sus conocimientos pues nadie ha relatado esa gloriosa campaña quiteña por tierras del incario como lo ha hecho Andrade Reimers con sobra de conocimientos históricos y estratégicos y gran dosis de patriotismo. Lamentablemente el ejército ecuatoriano nunca le condecoró en reconocimiento a estos aportes monumentales al conocimiento de nuestro pasado heroico.

El 87 volvió a sorprender a su público con “Auge y decadencia de los Pueblos – Guías” en 442 páginas obra de trascendencia internacional iniciada cuarenta años atrás en la Universidad de Chicago, complementada a través de diferentes épocas y países, que finalmente pudo concluir y entregar. En ella no trata sobre la historia patria como en sus anteriores sino sobre el conjunto de naciones que han poblado el orbe y especialmente Egipto, Asiría, Persia, Atenas, Roma, la Edad Media, España, Francia, Inglaterra. Alemania, Estados Unidos y la Unión Soviética.

Ese año concurrió al II Congreso Nacional de Historia celebrado en Quito y expuso su teoría que Atahualpa nunca habría sido apresado en Cajamarca pues estaba entre amigos y que el oro del rescate fue entregado como pago a los españoles, para que enseñaran sus conocimientos a los Incas sobre todo en materia de escritura y cuentas. Teoría tan novedosa debió causar estupor y luego de los discursos hubo un gran revuelo entre la concurrencia y se desató una discusión que aún no termina.

El 89 fue ascendido a Miembro de Número de la Academia Nacional de Historia y representó a la cancillería ecuatoriana en los actos celebrados en Lima con motivo del 450 aniversario del nacimiento del Inca Garcilaso de la Vega.

El 92 el Banco Central editó “El siglo heroico de la Historia del Ecuador 1435-1535”, en 281 págs. que mereció el Premio “José Mejía” de la Municipalidad de Quito al mejor libro publicado ese año.

En 1995 dio a la luz “La Biografía de Atahualpa” en 185 págs. adoptada como texto oficial para las escuelas bilingües de la sierra. Tenía listo para dar a la luz pública “Quisquís y Calicuchima”, los dos geniales estrategas de Atahualpa”. El 97 salió su “Biografía de Atahualpa”. Acostumbraba levantarse a escribir a las tres de la mañana y lo hacía casi siempre hasta las diez porque consideraba que son las horas más tranquilas del día y deseaba completar dos aspectos poco conocidos de nuestra historia: la confrontación del Tahuantinsuyo con la civilización europea y nuestra emancipación de España.

Estatura normal, trigueño, calvo y de bigotes. Erudito, curioso, que hablaba con aplomo y presentaba novísimas teorías que la gente tenía temor de acepta y que en los cenáculos cultos se discutían con ardor. Había aportado nuevas visiones sobre el pasado basándose en documentos y crónicas leídas de una manera distinta, no como siempre se lo venía haciendo. En ello radicaba su originalidad, posiblemente tomada de su época de novelista de ciencia ficción. Hablaba con aplomo y seguridad, para todo tenía sus razones y sonreía como malicia de niño grande cuando explicaba con suma claridad los pasajes de las Crónicas de Indias, que para otros son difíciles, incomprensibles o contradictorios. Algún intuitivo, llegó a compararle con el mayor erudito peruano de esta época diciendo que “Andrade Reimers es el Raúl Porras Barrenechea del Ecuador”. Mas, a pesar del paso de los años, sus teorías no han podido ser científicamente comprobado.

En 1999 era tan grande la crisis económica del país y tantos los abusos y peculados que se cometían a través del Banco Central, la Junta Monetaria y los bancos privados, mediante el artificio del corrupto redescuento de los préstamos vinculados de los gerentes y propietarios, que el sucre empezó a depreciarse frente al dólar de una manera exorbitante y la inflación angustiaba criminalmente al ciudadano medio del país.

Luís estaba al final de su vida, en una etapa donde ya no es posible volver a generar riquezas y veía diariamente como se esfumaba su capital, de manera que pasó de una situación económica media a la más absoluta pobreza, al punto que según me contaba no tenía dinero suficiente ni para adquirir las frutas que pregonaba un vendedor ambulante que a diario pasaba cerca de su ventana.

En tales circunstancias varios amigos presentamos su candidatura para el Premio Nacional de Cultura Eugenio Espejo en el área de investigación pues pensamos que nadie más que él para merecerlo, no solo por sus trabajos serios, novedosos, eruditos y abundantes especialmente sobre Atahualpa y Sucre, sino también por su depauperación que le hacía imprescindible una ayuda económica del gobierno (el Premio Espejo tiene una pensión mensual vitalicia)

Se realizaron las gestiones del caso y el día 19 de Julio de 1999 se estructuraron las ternas. La de investigaciones quedó formada por Andrade Reimers en primer lugar, Alfredo Costales Samaniego en segundo por su inmensa labor de investigación histórica y social y por Juan Larrea, Holguín en tercero dados sus trabajos jurídicos a medias con varios abogados españoles del Opus Dei y sus personales comentarios al Código Civil y así transcurrieron varios meses hasta que horas antes de la selección por parte del Presidente de la República y cuando ya parecía seguro el Premio, de un solo telefonazo alguien de la Curia arzobispal consiguió que el Presidente Jamil Mahuad concediera la presea al Arzobispo, a pesar de estar tercero y no necesitarla, pero así es la condición humana, siempre ávida de honores.

Esto desalentó sobremanera a  Luís que veía alejarse su última esperanza y desde ese momento no levantó cabeza. Ya se me acabó la vida, llegó a contarme en gran confianza por teléfono.

El 2000 pudo escuchar a través de una radio capitalina la escenificación en su honor escrita por Carlos Levoyer, inspirada en su versión de los hechos de la guerra civil entre Huascar y Atahualpa que sufrió el Tahuantinsuyo, a la que asistieron casi veinte mil personas que coparon y hasta desbordaron la capacidad de la antigua y grande plaza de San Francisco. Intervinieron dos mil quinientos bailarines ancestrales, ochenta cantantes y cien músicos. Fue algo verdaderamente espectacular, algo así como el Canto del Cisne, pues el viejo historiador se encontraba tan enfermo del espíritu y debilitado del cuerpo que casi no se sostenía en pie y falleció el jueves 12 de Septiembre del 2002 a los ochenta y cinco años de edad, dejando el recuerdo de sus buenas acciones, su generosidad sin límites con amigos y conocidos y más de una docena de libros, muchos de ellos esenciales para un nuevo conocimiento de la historia de Sudamérica ya que la parte medular de su visión sobre el Inca Atahualpa en Cajamarca consiste en presentarle no como un prisionero si no como un aliado entre amigos, pues el Inca deseaba establecer relaciones comerciales y de intercambio para aprovechar los conocimientos matemáticos y el nuevo sistema contable que dominaban los europeos e incorporar las nuevas especies animales y otros productos ultramarinos, para lo cual decidió adelantar un pago en metales preciosos. Los conquistadores en cambio, codiciosos y hasta inmorales como eran, decidieron matarle para no entregar la totalidad del tesoro al Rey si no solamente el quinto de la corona, haciendo aparecer el asunto como un hecho de armas. Esta teoría no deja de tener visos de realidad dada la mentalidad casi mágica de esas épocas.