ALBAN MESTANZA BELISARIO

POLITICO. Nació en Quito en 1853 y fueron sus padres legítimos el comerciante José María Albán Calderón y Carmen Mestanza Enríquez, vecinos de la capital.

El segundo de tres hermanos, estudió la primaria en la escuelita de San Agustín y la secundaria en el Colegio San Gabriel de los padres jesuitas hasta graduarse de Bachiller en 1873.

Entonces comenzó la carrera de Jurisprudencia en la Universidad Central guiado por su tío materno el abogado y político liberal Mariano Mestanza que era como su padre, le aconsejaba en todo y formó su criterio en el respeto a la ley y el desprecio a la criminal tiranía garciana. I cuando falleció en 1875 le heredó la biblioteca.

En 1879 se graduó de Abogado. El 80 fue Concejal suplente del Cantón Quito. El 82 se unió a Carmen Muñoz y formó familia. El 84 fue profesor en la Facultad de Jurisprudencia. Su estudio era concurrido, tenía regular clientela, se le consideraba uno de los jóvenes liberales más prometedores del país. En 1888 figuró entre los fundadores del «Diario de Avisos” de Guayaquil y el 89 integró la “Sociedad Liberal Republicana” que ese año lanzó candidatos para él Congreso obteniendo varios escaños. Vivía en una casa heredada a su madre y no aceptó prestar su colaboración a los regímenes progresistas.

El 7 de junio de 1895 se conoció la revolución liberal de Guayaquil y encabezó una manifestación por las calles lanzando vivas al General Alfaro y gritos hostiles contra las tropas que se preparaban para develar el movimiento. El 1 de Julio recibió al Dr. Rafael Pólit que llegaba comisionado para un acuerdo de paz. El 16 de agosto, al saber los triunfos liberales en San Miguel de Chimbo y Gatazo, así como la aparatosa retirada de las fuerzas del General José María Sarasti a Riobamba, organizó a los liberales de Quito y los envió a sublevar las provincias más cercanas. I cuando el Encargado de la Presidencia, Dr. Aparicio Rivadeneira, salió con su esposa e hijos para iniciar la resistencia armada en la frontera norte, los liberales Luis Felipe Borja, Modesto Peñaherrera y Vicente Nieto proclamaron la Jefatura Suprema de Alfaro y la Jefatura Civil y Militar en Pichincha de Albán Mestanza, el más llamado por su juventud, doctrina y trabajos.

Enseguida concurrió al panóptico y liberó a Roberto Andrade y a otros presos políticos, cesó a los miembros de los Juzgados y Tribunales de Justicia, quedando en suspenso todos los juicios hasta que Alfaro reorganizara el poder Judicial. Dispuso que los templos se abrieran únicamente desde las seis de la mañana hasta las seis de la tarde bajo pena de multa, pues en sus interiores se reunían los dirigentes de derecha a conspirar. Exoneró a los indígenas de la contribución territorial y trabajos subsidiarios y declaró la necesidad de establecer escuelas especiales para ellos.

Cuando la casa del Encargado de Negocios de Venezuela fue asaltada para sacar al valetudinario y enfermo Dr. Vicente Lucio Salazar, mandó a Juan

Benigno Vela a pedir las consabidas disculpas, devolvió a Salazar y evitó un conflicto con el vecino país.

La tarde del día 4 de septiembre entró Alfaro. Fue recibido por Luis Felipe Borja con un discurso al pie de la estatua de Sucre en la plaza de Santo Domingo. Albán Mestanza le hizo entrega en el Palacio Presidencial del pronunciamiento de la ciudad y le dio la bienvenida señalando que “así como de la nada se destacó este modo admirable que llamamos universo, así del signo tenebroso de nuestra degradación y vergüenza ha brotado la luz…”

Ratificado en su cargó, proclamó la libertad de prensa, abolió las inicuas censuras – sobre todo la eclesiástica – que tanto daño hacía a la cultura nacional y en octubre ocupó una de las cátedras de la reorganizada Universidad Central, cuyo Rector Luis Felipe Borja, su amigo personal, le ofreció por méritos. I para que pudiera ganar ambos sueldos Alfaro derogó la disposición pertinente a la ley Orgánica, beneficio que ha subsistido hasta nuestros días para los maestros en los tres niveles: primario, secundario y superior.

Poco después fue designado Gobernador de la Provincia de Pichincha conservando parte de sus anteriores atribuciones hasta que en mayo del 96 salió electo Diputado por Pichincha a la Asamblea Nacional Constituyente que se reunió el día 9 de octubre en Guayaquil, interviniendo en varias ocasiones, siempre en defensa del laicismo.

El 18 de enero de 1897, al reestructurar su Gabinete el Presidente Alfaro le designó para ocupar el Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto, junto a Rafael Gómez de la Torre en el Interior, a Ignacio Robles Santistevan en Hacienda y a Isidro Suárez en Tesoro.

Entonces se dirigió al Arzobispo Pedro Rafael Gonzáles Calisto para que separe de cualquier beneficio a los sacerdotes extranjeros y en igual forma a los Obispos y a las Comunidades religiosas. En febrero circuló una Comunicación a los Gobernantes instándole a controlar a los sacerdotes para que no prediquen en los templos contra la Constitución.

I como desde la Santa Sede se hicieran reservadamente algunas observaciones sobre todo ello, censuró a Leonidas Larrea, Ministro Plenipotenciario en Roma, por su negligencia en la defensa de la posición ecuatoriana y como

Larrea nada consiguiera, fue removido en mayo y no se designó al reemplazo.

Por esos días reorganizó el Instituto Mejía con profesores en su mayor parte colombianos y ocurrió el jocoso incidente del pésame al fallecimiento del político español Duque de Tetuán motivado en el error de un amanuense, el asunto se prestó a mofa y Alfaro determinó que ya era tiempo de cambiarle por Abelardo Moncayo, tan clerófobo como Albán Mestanza pero más instruido en los asuntos atinentes a la iglesia por haber sido novicio de la Compañía de Jesús.

Poco después ocupó la Cartera de Instrucción Pública pero a las seis semanas fue reemplazado por José Peralta quien duró hasta el final del régimen alfarista en 1901.

En enero de 1899 fue nombrado Ministro Juez de la Corte Suprema de Justicia con otros prestantes liberales como Manuel Benigno Cueva, José María Borja Pérez, Carlos Casares, José María Bustamante y Pacífico Chiriboga. En esa función permaneció hasta 1.906 y ocupó en 1.901, 04, 06, 10, 13 y 20 la presidencia de tan alto organismo.

En 1902, de cuarenta y nueve años de edad, contrajo matrimonio con Natalia Kabsch Batres, de nacionalidad argentina, hija de uno de los técnicos del ferrocarril, de quien se separó en 1907, ella regresó a la Argentina con sus tres hijos sobrevivientes pues dos habían fallecido niños, llamados Horacio, Blanca y Diana y volvió a casar en Buenos Aires con un médico militar muy importante, teniendo nueve hijos más.

En enero de 1906 apoyó la revolución de Alfaro contra el presidente Lizardo García. Por esos días, anota el Dr. Fernando Jurado Noboa a quien hemos seguido en esta biografía, construyó una de las primeras casas de tres pisos que tuvo Quito, situada en la calle Cuenca entre Chile y Mideros, que habitó con su familia y con sus primas las Fuentes Mestanza, con quienes era muy unido.

A principios de 1907 ocupó el Ministerio del Interior (Gobierno) en circunstancias álgidas, pues la prensa nacional discutía acaloradamente sobre la inconveniencia de que el Congreso ratifique la firma del Contrato Charnacé para la construcción de un ferrocarril al Curaray, a cambio de terrenos baldíos en el oriente que serían habitados por inmigrantes y de la administración por setenta y cinco años del susodicho ferrocarril. La soberanía nacional no sufriría menoscabo y los terrenos baldíos ayudarían al ser trabajados, para conservar nuestra integridad nacional, preservándolos de la continua penetración peruana; sin embargo, muchas personas no pensaban así y la opinión pública se hallaba dividida.

Los estudiantes de la Universidad Central solicitaron mediante carteles fijados en las puertas y paredes del instituto, la concesión de una completa y total libertad electoral por parte del gobierno, justamente para que no salieran electos sus esbirros. El Doctor Lino Cárdenas, Rector de la Universidad, estimó que dichos carteles eran injuriosos y los hizo retirar. Hubo mítines y el asunto se empezó a complicar cuando los universitarios de Guayaquil fueron atacados por la policía quedando un saldo de varios heridos.

Los miembros de la Sociedad Jurídico – Literaria de Quito se sumaron a la protesta formando una lista de candidatos con personalidades de derecha e izquierda.

El gobierno suspendió las inscripciones y los universitarios salieron el 25 de abril en una manifestación, que aumentó hasta llegar a las dos mil personas, y cuando pasaba frente al Cuartel de Artillería comenzó el enfrentamiento con los soldados. Hubo muertos, heridos, se produjo un gravísimo escándalo pues las víctimas eran estudiantes, mucho de ellos de corta edad. Algunos profesores renunciaron en solidaridad patriótica y otros firmaron remitidos de protesta, de suerte que Albán Mestanza decidió aplacar los ánimos y renunció el 1 de mayo tras sólo siete semanas en dicha cartera.

En 1908 asistió a los actos solemnes programados por el Presidente Alfaro con motivo de la llegada del ferrocarril a Quito. Entre el 9 y el 13 fue otra vez Ministro Juez de la Corte Suprema de Justicia. En 1910 la presidió por tercera vez y como tal formó parte del Consejo de Estado.

A la caída de Alfaro sufrió prisión y retirado a la vida privada pasó largos años en el ejercicio profesional hasta que en 1920 fue llamado nuevamente a la Corte Suprema. Falleció en Quito el 14 de agosto de 1925, de setenta y dos años de edad, a consecuencia de un mal cardíaco que ahora se hubiera curado con un marcapaso.

Era tenido como uno de los más brillantes jurisconsultos del país y sus fallos y sentencias se buscaban como formas de buen decir y pensar.

Dejó algunos informes y discursos pero no fue lo que se dice un escritor porque siempre prefirió la oratoria.

De modales pulidos, de pensamiento ágil y oportuno, en lo físico era alto y delgado, la tez blanca y usaba largos mostachos por bigotes. Todo su continente irradiaba respetabilidad y se presencia se imponía en los cafés y despachos judiciales.