ABEIGA ANDRADE COLON

COMERCIANTE. Nació en Bahía de Caráquez el 12 de octubre de 1912 y fue bautizado con los nombres de Colón Eloy. Fueron sus padres legítimos el comerciante Eloy Abeiga Vega, natural de Canoa y dueño de la hacienda “Cabo Pasado” en el norte manabita, de ganado, cacao, tagua y caucho y la profesora Cecilia Andrade Arteaga, de Bahía, que enseñaba a los niños de la escuela de Canoa.

El menor de dos hermanos, aprendió las primeras letras con su madre que era muy competente y entró al Colegio Pedro Carbo de Bahía donde terminó el quinto grado, pero en 1923 su familia se cambió a Manta siguiendo a su tío Mario Andrade designado Gerente de la sucursal del Banco Comercial y Agrícola, alquilaron una casa de propiedad de un señor Muentes cerca del Vigía, realizó el sexto grado interno en el pensionado de don Aníbal San Andrés en Montecristi, persona muy amable pero a la vez estricta, que dirigía su plantel con mucha dignidad.

Todo se hacía por horarios rígidos, cada tres meses administraba un purgante de sal inglesa, haciendo sonar su palmeta cada niño tomaba su vaso de purgante y una cucharada de azúcar para pasar el mal sabor. Don Aníbal vivía en los altos con su familia y los niños en los bajos.

Al año siguiente comenzó la secundaria en el Colegio Manta Mercantil del Prof. Justino Cornejo donde solo estuvo dos años pues el banco cerró la sucursal y la familia Abeiga se avecindó en Portoviejo. El 26 ingresó al Olmedo su padre le hacía esporádicas visitas pues no había abandonado el negocio en Canoa.

En 1929 dejó los estudios para trabajar en la compañía sueca S.K.F., que instalaba la red de luz eléctrica. El empleo se lo consiguió el Contador Leopoldo Terán con ochenta sucres mensuales de sueldo.

El 30 regresó a Bahía con su madre y se dedicó al comercio mientras su hermano mayor se hacía cargo de la administración de la hacienda. Después pasó a ayudar a su padre en la tienda de Canoa. Compraban productos en el campo, tagua, café, caucho y los enviaban a Horacio Gostaye de la Casa Tagua de Bahía, etc. Fue una época de mucha actividad y aprendió los rudimentos del comercio que luego le servirían para emprender grandes negocios.

En 1934 contrajo matrimonio con Alba Martínez Centeno, de Bahía, con cuatro hijos. El 35 pasaron a Portoviejo buscando médicos para una dolencia de su hijo mayor. Ese año entró de cajero – recaudador en la Tesorería de Hacienda, llevado por Isidro Rodríguez Avilés, con doscientos veinte sucres de sueldo. Alquiló un departamento para los suyos y compró a su hermano la fábrica de cigarros “La Manabita”, fiando el valor porque no tenía capital.

Pronto acreditó sus productos, vendía paquetes de cincuenta cigarros, mecanizó la producción con una maquinita trituradora de tabaco y llegó a tener sesenta trabajadores que ganaban por tarea. El tabaco se compraba al estanco de aguardiente, tabaco y sal pero el 37 tuvo que vender la fábrica a un señor Hidalgo en veinte mil sucres porque su hijo Colón Aquiles empezó a sufrir de paludismo y tuvieron que regresar a Bahía en busca de un mejor clima. Allí ocupó una de las concejalías de Cantón.

Ese año adquirió la fábrica de gaseosas “La Fama” a César Castro en diez mil sucres y produjo aguas gaseosas de colores y sabores distintos hasta que el 44, ya capitalizado, volvió a Manta, a establecer una agencia con almacén en el Malecón a medias con los Delgado de Bahía; así fue como nació la firma “Delgado y Abeiga C. Ltda.” de la que fue Gerente mucho tiempo y contaban con tres motoveleros para el transporte de las mercaderías que importaban por Guayaquil.

Los negocios marcharon bien desde el primer momento, para 1.950 fundó con sus socios Luis y Sergio Delgado la empresa “Comercial Ecuatoriana C. Anónima” con almacén en Guayaquil, calle Sucre No.222, al lado del almacén de Villacrés hermanos, dedicada a la importación y venta de planchas de zinc, rollos de alambres de púas, machetes marca Collins, harina venida de Chile, vidrios planos, papel periódico, etc., hasta que el 53 suspendieron las actividades en el puerto principal En 1964 por su amistad con el Dr. Silvio Mora Bowen – hermano del General Agustín, Ministro de Gobierno, le fue ofrecida la Vicepresidencia del Concejo de Manta, que aceptó como una especie de conscripción cívica. A poco renunció el Presidente Carlos Caravedo y tuvo que ascender, desempeñándose durante un año hasta que el 65 renunció con los demás miembros del Concejo, amigablemente y en forma colectiva, para dar paso al Dr. Loor Rigaíl.

El 66 vivió un año en Brooklyn, siguió varios cursos intensivos de inglés en el “Spanish American Institute of New York.” Dos de sus hijos estudiaban en dicha ciudad y quiso acompañarlos. Durante su estadía se interesó en el negocio inmobiliario norteamericano y adquirió una casa en el Miami South West que luego vendió para adquirir otras, iniciando el negocio inmobiliario bajo la razón social de “Alexander Apartmen”.

Desde el 44 escribía esporádicamente para el diario “El Mercurio”. El 69 fundó “Comercial Abeiga C. Ltda..” con Ricardo Delgado Aray y Colón Aquiles Abeiga su hijo, comenzando la importación de automotores Fiat, Mazda, Toyota y artefactos electrodomésticos.

Nuevos viajes a los Estados Unidos le abrieron grandes horizontes. En 1978 dictó una Conferencia en la Casa Social Ecuatoriana de New York. Ese año figuró en la presidencia del grupo Cultural Manta. Era socio Rotario y uno de los más activos dirigentes cívicos, sin negarse a aportar al desarrollo cultural, también presidía la Agencia de Viajes Metropolitan Tours y el Círculo de Periodistas.

Retirado de toda actividad en la década de los 90 por la arterioesclerosis que enfermó a su esposa, dedicaba su tiempo a escribir y han venido apareciendo el 94 dos novelitas: “El Final del Regreso” con partes autobiográficas y “Luis y Paty” más bien ficcional, en estilo horizontal, relatos escritos con técnicas ya superadas. Había dejado a sus hijos y yernos el manejo de sus bienes y contaba con el tiempo necesario para darse sus gustos y diletancias. Tenía una colección de nueve cuentos más bien cortos que esperaba sacar ese año. Alquilaba un departamento con hermosa vista en el edificio Vera frente al malecón de Manta, distribuyendo su tiempo ordenadamente: leía, meditaba y aconsejaba.

Su estatura menos que mediana, rostro blanco rosado, robusto, pelo cano y escaso, conversación sapiencial, anecdótica, bondadosa. Estaba considerado uno de los patriarcas de Manta.