86. Primeros colonizadores en Esmeraldas

Durante los días de la conquista española habitaban el territorio de Esmeraldas unas cuantas tribus indígenas de escasa cultura e importancia tales como los Niguas Lachis, Campaces, Malabas y Cayapas y como por su posición geográfica Esmeraldas es la región más cercana al itsmo de Panamá, nuestras primeras autoridades coloniales se interesaron en incorporar la selva a la civilización y enviaron numerosas expediciones que entrando por Guayaquil, atravesando Daule y las actuales planicies de El Empalme y Balzar arribaban al Sur de Esmeraldas. Otras vías de penetración partían de la sierra, por el valle del Chota y desde Quito por la región de los Indios Yumbos que habitaban las cejas de montaña.

Por Quito entró a Esmeraldas Alonso de Rojas con 100 hombres; Gaspar de Valderrama con 60; Ochoa, que muere en la empresa y es sucedido por Bazán, que la continúa con 80 soldados; Simón de Zarate – Chacón, con 50 hombres; los Capitanes Juan Mosquera, Benavente, Alonso Vera, Cristóbal de la Carrera, Lucas Porcel.

De Pasto y por Barbacoas fueron a Esmeraldas los Capitanes Juan Sánchez Rosero con 65 soldados y Galindez que estuvo un año visitando la zona para encontrar las fabulosas minas de esmeraldas cuya secreta ubicación sólo conocían los indios Malabas, según se decía, pero al final resultó que las esmeraldas provenían de las minas de >Muzo en la actual Colombia.

Posteriormente visitaron las selvas esmeraldeñas los Capitanes Alvaro de Zúñiga y Andrés Contero, vecinos de Guayaquil, que seempobrocieron en la empresa.

EXPEDICION DE ALVARO LOPEZ DE ZUÑIGA

Hacia 1566 salió Alvaro López de Zúñiga por el camino de Daule a Portoviejo donde embarcó. Llegado a las costas del sur de la actual provincia de Esmeraldas avanzaron hasta topar con un caserío de negros y tomaron prisioneros; siguió hasta la tribu de los Campaces, lucharon cuatro horas y se retiraron heridos y maltrechos de regreso a Guayaquil.

Los actuales negros esmeraldeños descienden de los cimarrones escapados de los lavaderos auríferos del río Telembí, región del Chocó en el estado de Nariño hoy Colombia y de una partida de esclavos que se salvaron de un naufragio. Venían de Panamá con destino a Guayaquil y Lima y se organizaron bajo el mando de Alonso de Illescas que hablaba español por haber vivido en Sevilla con su amo por muchos años. En la selva tuvo varios hijos: Alonso, Enrique, Sebastián y María casada con un náufrago portugués llamado Gonzalo. Illescas fue hombre civilizado, no así Antonio, su mortal rival negro, sacado de las selvas del Congo sin ningún roce cultural y que, a pesar de hablar español, era nómada, andaba desnudo y sólo atinaba a explotar a los indios que encontraba a su paso por las riberas de los ríos.

EXPEDICION DE ANDRES CONTERO

Dos años después, en 1568, el Visitador General del Perú, Licenciado Vaca de Castro, encargó al Capitán Andrés Contero la realización de una expedición a Esmeraldas. Contero era hombre de edad, fama y prestigio, sus aventuras podrían llenar un libro. Nacido en España llegó de cortos años a Panamá, donde se alistó como mozo de silla de jineta de Vasco Núñez de Balboa, siendo el primero en divisar el Océano Pacífico y entrar en sus aguas hasta la cintura al grito de: «Estas tierras son para mi Rey de España». En la Isla de la Gorgona cruzó la raya que Pizarro trazó en la arena, después lo ayudó en la captura del Inca Atahualpa, tomándole del brazo en medio del estruendo de los cañones y bajando al monarca de las andas doradas en que era transportado por la plaza de Cajamarca. En estas maniobras recibió un pequeño tajo en el brazo, que involuntariamente le hizo un soldado en mitad de la reyerta. Carlos V lo premió haciéndole Caballero de la Espuela Dorada y el Consejo de Indias le concedió el Corregimiento de Guayaquil en propiedad.

Con estosantecedentes nadie dudaba que Contero triunfaría en la expedición. En Octubre partió de Guayaquil y subió por las aguas del río Babahoyo hasta Huili, donde fundó la Villa de Castro en honor del licenciado Vaca de Castro su protector, creyendo que estaba en tierras de Esmeraldas, cuando aún no había salido de los límites de su Corregimiento; con posterioridad se deshizo la nueva ciudad por orden de la Audiencia, lo cual constituyó un crimen, pues a través de la villa de Castro se habría podido colonizar Manabí por la parte de atrás que es boscosa y muy fértil..

Contero estaba confundido por la geografía boscosa de la región de Quevedo y decidió seguir el río Daule en busca de las fabulosas minas de Esmeraldas, que según decían los indios, se hallaban cerca de la cordillera, por la región de Angamarca y como nada encontró, tras largos meses de cansadas caminatas regresó a Guayaquil dejando a su yerno el Capitán Martín González de Carranza al mando de la expedición, éste aguardó un año y viendo que no tenía noticias de su suegro regresó a Portoviejo donde estaba domiciliado con su esposa Ana Contero y Ponce, más, en el trayecto, fue herido en una huasabara con los indígenas de esas zonas de lo cual murió a los pocos días. Años después Contero reclamó a Felipe II las encomiendas de las parcialidades indígenas de Baba, Mapán, Mompenitos y Pimocha, que le fueron concedidas por dos vidas para él y un descendiente.

LITIGIOS LEGALES EN LIMA

Contero llevó en su expedición a los Capitanes Alvaro de Figueroa y Rodrigo de Rivadeneira; el primero le disputó sus derechos a la Gobernación de Esmeraldas manifestando que por haber expedicionado en compañía de Alvaro López de Zúñiga, le correspondía proseguir tal empresa. El asunto llegó a Lima y Contero salió favorecido; pero años después, en 1594, vendió sus derechos a Rivadeneira, solicitando al Rey el respectivo traspaso y reconocimiento.

Contero fue hombre jovial y hablantín, ya viejo, en nuestro puerto, contaba sus aventuras, indicando que había tenido que construir balsas para remontar contra corriente el río Santiago, sacándolas a tierra en algunos trechos por existir caídas y bajíos, para llevarlas cargadas en las espaldas durante seis días con sus noches. En otras ocasiones se dividían en grupos, haciendo anotaciones secretas en cortezas de árboles para no perderse y enterrando botellas de cristal con papeles escritos debajo de algunos troncos. Con este primitivo sistema pudieron sobrevivir tantos meses en condiciones de grave peligro.

EXPEDICION DE FRAY MIGUEL CABELLO BALBOA

Hacia 1575 el III Presidente de la Real Audiencia, licenciado García de Valverde, ordenó al Presbítero Miguel Cabello Balboa, sobrino nieto de Vasco Núñez de Balboa, que se traslade a Esmeraldas acompañado del diácono Juan de Cáceres Patiño, para que entre ambos llamen al orden a Alonso de Illescas, de quien se conocía que era hombre cuerdo y civilizado por la ayuda prestada a un náufrago español en esas costas.

En 1577, tras mucha demora, salieron los expedicionarios de Quito a Manta; eran muchos, llevaban abundantes provisiones y objetos de culto porque iban a fundar una población estable que sirviera de avanzada para futuros intentos de pacificación. El día 15 de septiembre llegaron a las playas de Atacames, repoblándolas por primera vez desde que las abandonó el Capitán Juan de Olmos. Los expedicionarios bajaron la carga, la nave regresó a Manta, dejándoles solos. Días después Alonso de Illescas bajó por el río con indios armados de flechas y cerbatanas y les gritó:

«¿Qué hacéis aquí en mi tierra? ¿Quién os ha permitido llegar acá? ¡Estas son mis playas! Idos de aquí»

Balboa le contestó con suaves palabras y entonces Illescas con sus hijos y yerno besó la mano del Presbítero y de su acompañante Cáceres Patiño que estaba a su lado y lo mismo hicieron los demás. Balboa les mostró las Reales Provisiones y su proyecto de fundar una población para mejorar las condiciones de todos los vecinos. Illescas se alegró, eligieron la bahía de San Matheo, que también estaba abandonada, por ser más conveniente y prometió regresar en doce días con viandas y provisiones. Luego rezaron con unción en la pequeña capilla que se había construido.

 

AVENTURAS DEL DIACONO JUAN CACERES PATIÑO

En la fecha convenida Illescas bajó nuevamente con numeroso concurso de gentes engalanadas que saltaron a tierra y regaló noventa pesos en prendas de oro a la capilla, al día siguiente se despidió amistosamente, llevando al Diácono Cáceres Patiño para que conociera su choza en la espesura, a solo tres días de viaje.

La vivienda era sucia y llena de mosquitos que martirizaron al religioso; pero, éste lo aceptó todo por el servicio a Dios. Un día le visitó el negro Antonio movido de curiosidad por verle, se arrodilló y le besó la mano, oportunidad que Illescas consideró propicia para arrojársele encima con un puñal y de no haber sido por la agilidad de Cáceres posiblemente lo habría matado; mas, el religioso se interpuso ylo salvó, apostrofando al atacante con tanta vehemencia que logró que ambos se reconciliaran y abrazaran regresando todos a Atacames a visitar la ranchería.

Días después un buque pasó de Nicaragua hacia el Perú, los divisó y atracó, desembarcando susocupantes para proveerse de agua fresca y vender todo género de mercancías a los de la expedición. Los indios se dieron cuenta de estas maniobras y sospecharon contra blancos y negros por igual; sinembargo nada dijeron porque eran astutos. Cinco días después se despidieron Antonio y el portugués yerno de Illescas, prometiendo una nueva visita para el jueves siguiente, que no se realizó. El sábado Cabello Balboa exploró las márgenes del río sin éxito. Una semana después subió Cáceres Patiño encontrando numerosas balsas destruidas y señales de violencia y volvió a la ranchería presa de mil temores.

A los veinticinco días de esos sucesos, en horas de la mañana, se escuchó un grito que venía de lejos; era uno de los negros de Illescas que avisaba que había guerra entre las tribus y que vendrían a asesinar a todos. Se armó un zafarrancho descomunal, los más asustados corrieron buscando sus pertenencias, nadie trató de guardar la calma y en pocos minutos, salieron en caravana hacia el sur. Era el día de Todos los Santos l de noviembre de 1557.

En mitad del camino se dividieron, unos hacia Portoviejo y otros por la cordillera entraron a Quito. Cabello Balboa había tenido que abandonar los ornamentos para cargar a una señora que ya no podía caminar más. Unos llegaron descalzos y otros desnudos por haber perdido sus vestiduras entre las puntiagudas ramas de los arbustos del camino, todos llagados por los mosquitos y con tal aspecto que movían a conmiseración y lástima. Tal fue el desastroso resultado de esta aventura.

EXPEDICIÓN DE DIEGO LÓPEZ DE ZUÑIGA

En 1579 el hijo del Capitán Alvaro de Zúñiga solicitó al Presidente de la Real Audiencia, Diego de Narváez, como premio por haber sojuzgado a los indios orientales sublevados meses antes, se le concediera el derecho de colonizar Esmeraldas con cien soldados que armó por su cuenta.

Bajó de Quito y durante cuatro meses deambuló en las selvas buscando indios y negros, pero los muy ladinos, al saber de esa expedición, habían huido a las partes más profundas con sus familias y pertenencias. Por fin llegó el pobre Zúñiga a Manabí con sólo veinticinco soldados que volvió a armar y regresó por mar desde Manta, sorprendiendo a Antonio y apresándolo. Con este rehén siguió por el río Santiago, mas nada encontró y las famosas esmeraldas no aparecían en ningún lado.

Para colmos perdió la canoa con provisiones de boca, quese hundió en un rápido y pasaron tales penurias que para no morir de hambre debieron alimentarse con raíces, hojas y cogollos de palmas. Sus soldados lo abandonaron y en tan precarias circunstancias el pícaro de Antonio se fugó y López de Zúñiga regresó a Quito empobrecido, derrotado y habiendo gastado en ambas expediciones, ocurridas en 1583 y 1585, sus caudales propios y los de su esposa Mayor de Bastidas, que quedó en la miseria y de paso sin siquiera una esmeraldita, de las muchas prometidas por su marido.

Con esta desgraciada empresa terminó la primera etapa de colonización de los territorios de la Provincia de Esmeraldas y se cerró el siglo XVI sin haberse conseguido ningún beneficio para esas regiones.