87. Los Mercedarios y el camino de Maldonado

A fines del siglo XVI el quinto Presidente de la Audiencia Manuel Barros de San Millán, encargó al Oidor Juan Barrio de Sepúlveda, la colonización de los territorios de Esmeraldas. Por esos días el Superior de los mercedarios de Quito fray Juan Salas, envió a fray Gaspar de Torres a la región de los indios yumbos (de raza Chono) que habitaban desde las estribaciones de Nono y el poblado de Niguas cerca del río Inga en la costa.

La Misión evangelizadora rindió frutos porque el mercedario con gentileza y don de persuasión, bautizó a cientos de salvajes e internándose entre los Cayapas fundó los pueblos de Nuestra Señora de Guadalupe y Pueblonuevo del Espíritu Santo que no duraron mucho pues se los fue tragando la selva.

El padre Torres retornó a Quito en 1598 con algunos indios y mulatos y acompañado de Juan Mangache, negro cimarrón recién bautizado y vestido a la usanza española. Sepúlveda se entusiasmó con este éxito y hasta lo agasajo con esmeraldas.

 

NUEVAS MISIONES MERCEDARIAS

Muy contentos con las aventuras del Padre Torres los mercedarios organizaron una segunda Misión que confiaron al padre Juan Bautista de Burgos, quien atravesó la selva y logró arribar a las costas esmeraldeñas, bautizando a cuanto salvaje encontraba a su paso.

En la bahía de Atacames fundó en 1599 la población que aún perdura con ese nombre, y al año siguiente volvió a Quito con el Jefe Antonio de Illescas y dos de sus hijos. El cuarto Obispo fray Luis López de Solís confirmó en la iglesia de San Blas a los negros esmeraldeños y ante numeroso concurso de gentes que no cesaban de admirar los aretes de oro que portaban en las orejas, así como los de los labios y nariz. I a tal punto llegó el asombro que Sepúlveda los mandó a retratar con Andrés Sánchez Gallque, y la pintura aun se conserva en el Museo de Ciencias Naturales que funciona en la Casa de las Américas en Madrid.

Del Obispo López de Solís cuenta González Suarez que era hombre piadoso, culto y de recto carácter y que estando de simple clérigo en el puerto de Cádiz y muy atareado en el muelle, haciendo subir el equipaje de sus compañeros agustinos que también viajaban a América, un hombre que pasaba por astrólogo y entendido en las creencias de las adivinanzas, mirándole fijamente al rostro, le dijo: «Padre: ¿Qué hace Ud. aquí? ¿Porqué no se va a Roma? pues Ud. llegará a ser el primero en religión en cualquier parte del mundo en que habite… Vaya a Roma y será Papa». I con el tiempo se realizó el pronostico porque el humilde religioso llegó a Jefe de la diócesis quítense.

 

LOS INDIOS MALABAS

En esas andanzas se hallaban los mercedarios cuando los indios Malabas de Esmeraldas, recelosos de las buenas intenciones de los frailes de Quito, se unieron a algunos Cayapas conversos y llegaron a esa capital con mañas y engaños hasta las oficinas del Oidor Sepúlveda, a quien interrogaron ayudados por interpretes sobre los planes de colonización de Esmeraldas. Felizmente para las Misiones, Sepúlveda les habló de paz y de orden y los indios, dándose por satisfechos, volvieron a sus tierras, en la certeza de que no corrían peligro alguno.

Otro Misionero de importancia fue el español Hernando Hincapié, fraile que logro permanecer varios meses con algunos colonos en los pueblos de Guadalupe y Espíritu Santo.

 

FUNDACION DE MONTESCLAROS

En 1611 el Capitán Diego de Ugarte se asentó en las selvas con algunos civiles, soldados y con el mercedario fray Pedro Romero fundó el pueblo de San Ignacio de Montesclaros, dándose el raro caso que el Cacique Cayapa, indio gigantesco, queriendo probar al Padre Romero, le invitó a su humilde choza en la selva y después de ofrecerle joyas y bebidas alcohólicas que el religioso no pudo rechazar pues hubiera sido una grave ofensa para el anfitrión, le ofreció el espectáculo de un strep tease, como ahora se diría, de varias indias cubiertas con faldas que se iban quitando poco a poco en medio de un enloquecedor baile y al ritmo de los lejanos tambores de la tribu.

El pobre fraile supo resistir tamaña tentación y su anfitrión ya seguro de la intachable virtud de su huésped, se convirtió al catolicismo de buen grado. Semanas después y por rencillas entre los soldados de Ugarte y algunos indios, se alzaron los Cayapas en armas y mataron a la mayor parte de los vecinos, haciendo que los restantes huyeran de la población. Pocos regresaron a Quito y el padre Romero entre ellos, pero muy enfermo a consecuencia de cinco heridas recibidas, muriendo días después, a pesar de las solícitas atenciones de sus hermanos en religión.

FUNDACION DE SAN MATHEO

El Capitán Pablo Durango Delgadillo, Corregidor de Otavalo, fue el que mayor éxito alcanzó en esas expediciones pues en 1611 fundó en la costa el puerto de San Matheo, que desde sus inicios logró un marcado progreso; pero el Virrey del Perú, Príncipe de Squilace, temiendo que los corsarios que merodeaban por el Pacífico, se hicieran de el, dispuso la suspensión de los trabajos y aunque la villa aun subsiste, únicamente es una caleta de marinos y pescadores, sin mayor importancia.

Durango Delgadillo también es coautor de un célebre camino que iba de Quito al Pacífico, abierto por los frailes mcrcedarios en plena selva. Durango Delgadillo lo amplió considerablemente y colocó postas para el servicio de aprovisionamiento y correo.

NECESIDAD DE UNA NUEVA VIA AL MAR

Negadas las posibilidades de una conexión directa al mar cuando el trazo de Durango Delgadillo quedó cerrado, el Presidente de la Audiencia Miguel de Ibarra, dispuso la fundación de una nueva población hacia el norte y en plena sierra, que sirviera de avanzada y tambo. Así nació la  ciudad de Ibarra, capital de la Provincia de Imbabura, que se fundó en el camino que utilizaban los misioneros para internarse a la selva y que comenzaba en tierras de Caranqui, bajaba por las estribaciones de la cordillera en plena hoya del río Chota, desembocaba en el río Mira y por fin salía hacia el Pacífico en el sitio llamado de San Lorenzo, hoy convertido en puerto. Esta vía fue utilizada a fines del siglo pasado para trazar el ferrocarril Ibarra – San Lorenzo que tantos quebraderos de cabeza ocasionó hasta hace poco.

Dos eran los motivos que impulsaban a las autoridades españolas a colonizar la provincia de las Esmeraldas, uno era el comercio, puesto que el libre tránsito al mar abriría enormes posibilidades mercantiles a la ciudad de Quito, abaratando las provisiones ultramarinas; otro era el minero, porque se creía que en esas zonas existían enormes yacimientos de oro, platino y esmeraldas, pues en los bancos auríferos del río Cayapas y casi a flor de suelo se encontraban pepita de oro y hasta de platino, que entonces se consideraba oro de baja calidad y precio, por su color gris blanquinoso, poco atractivo para el gusto de esa época.

El Sabio Teodoro Wolf en su Geografía y Geología del Ecuador manifestó en 1892 que había encontrado una proporción de tres a uno entre la cantidad de oro y platino que anualmente se obtenía de los lavaderos esmeraldeños, mas por ignorancia de los negros de la región, las laminas y pepitas de platino se lanzaban fuera del cedazo, por feas e inservibles, mientras que las de oro se guardaban para su venta. Este oro esmeraldeño era del más puro del mundo,

NEGOCIACIONES DE DURANGO CON LA REAL AUDIENCIA

Mientras el Virrey Squilace finalizaba su periodo en Lima, Durango Delgadillo bastante empobrecido por el trazo del camino a las Esmeraldas, gestionaba ante la Audiencia de Quito, a fin de conseguir la Gobernación de la zona, que al fin le fue concedida. Posteriormente y gobernando el Perú el Marques de Guadalcázar, celebró un contrato para abrir nuevamente esa vía; mas, a último momento, surgieron complicaciones y la Audiencia lo reemplazó con el Capitán Francisco Pérez Menacho, que no llegó a actuar, traspasando sus derechos a Juan Vicencio Justiniani de Panamá y éste a Hernando de Soto Calderón, que cambió el rumbo original y al final nada hizo.

TRABAJOS DE PEDRO VICENTE MALDONADO

Muchos años después y en tiempos del Marqués de Castelfuerte, Virrey del Perú, un noble riobambeño llamado Pedro Vicente Maldonado solicitó al Presidente de Quito, Dionisio de Alcedo y Herrera, el necesario permiso para volver a abrir un camino, esta vez de herradura, para el paso de mulares entre Quito y el mar.

Alcedo por ser hombre de gran cultura vio en Maldonado al hombre preciso para empresa tan arriesgada y costosa y le brindó todo su apoyo, además de las preeminencias y mercedes requeridas. Maldonado puso el dinero, los hombres y su persona.

El 16 de abril de 1728 firmaron el respectivo contrato y las obras duraron siete años. Al mismo tiempo Maldonado hacía mediciones y hasta llegó a trazar una «Carta Geográfica de la Provincia de Quito y sus adyacentes» que le sirvió para ingresar a las Academias de Ciencias de Paris y Londres. El Rey Felipe V lo designó Caballero de la Llave de Oro y Gentil hombre de Cámara.

 

FATIGAS EN EL CAMINO A ESMERALDAS

La construcción de esta vía de herradura fue una de las más arduas tareas que se ha emprendido en el país. Maldonado gastó casi toda su hacienda en la empresa debido a que dejó sus propiedades abandonadas y sin trabajadores.

Maldonado circulaba entre ellos repartiendo tabaco, ayudando con pico y lampa, infundiéndoles ánimo e inspeccionándolo todo. Al fin logró ver coronado su esfuerzo desde Cotocollao hasta la desembocadura del río Santiago en el Pacifico.

 

SU BIOGRAFIA

Fueron sus padres Pedro Atanasio Maldonado y Sotomayor. Teniente de Corregidor de Riobamba y Caballero de la Orden de Alcántara e Isidora Palomino y Flores. Realizó sus estudios en el Seminario de San Luis de Quito, aficionándose a las matemáticas con su hermano José mayor que él y ejercía el Curato de Latacunga. A la llegada de los Académicos franceses acompañó a Charles de La Condamine en su viaje al oriente, llegó a las riberas del Amazonas y salió para Europa, Las más importantes instituciones científicas lo acogieron en su seno. Visitó Portugal y España, pasó a Francia e Inglaterra y al regreso tocó en Madrid. En un segundo viaje a Londres en 1748 murió en la flor de su edad, cuando aun su Patria podía esperar mucho de su genio.

Fue un autodidacta porque sin libros y mayormente sin profesores logró cultivarse por intuición, hasta la altura de las más altas mentalidades científicas de su tiempo en Europa.

Al ocurrir su muerte el camino se fue destruyendo por el abandono y la ineptitud de las autoridades que nunca comprendieron ni valoraron suficientemente el esfuerzo desplegado.

LA SOCIEDAD ECONOMICA DE QUITO

Casi un siglo después, en 1821, Juan de Larrea y Villavicencio presentó a la Sociedad Económica de Quito un proyecto de colonización para establecer un puerto en Esmeraldas. El discurso se imprimió en Guayaquil, por V. Duque, ese mismo año, pero no lograron coronarse tan sanos propósitos. Posteriormente otro quiteño, el Dr. Pedro Moncayo y Esparza, trató de interesar a sus conciudadanos en la colonización de Esmeraldas, pero fracasó como Larrea; sin embargo, la semilla sembrada por los frailes mercedarios y aumentada por Maldonado, empezó a rendir frutos en este siglo y hoy Esmeraldas es una provincia que cuenta con todo género de productos, con caminos amplios y gran afluencia turística.