526. Juan Castro y Velásquez y La Artefactoría

El jueves 15 de febrero a las doce de la noche se despertó sobresaltado y con asfixia. Le había comenzado el paro respiratorio que puso fin a una vida de entrega a la cultura y a sus semejantes. Las monjitas del Hospicio Corazón de Jesús, alertadas por la enfermera venezolana que lo cuidaba, le fueron a auxiliar y escucharon sus últimas palabras: Estoy caminando por un jardín bellísimo. Tenía sesenta y nueve años de edad.

No se cursaron invitaciones al velorio, pero la noticia de su deceso se regó como pólvora y numerosos amigos y parientesconcurrimos durante el día viernes a la sala de velación del IESS. El sábado, muy por la mañana, fue cremado y sus cenizas colocadas al lado de las de su madre, como habían sido sus deseos.

Sus últimos tiempos habían sido penosos. Aquejado unos años antes de un cáncer de próstata, en la operación le complicaron la uretra y tuvo que someterse a varias intervenciones que finalmente no fueron del todo satisfactorias, de suerte que debió usar una sonda permanente y molestosa por cierto, pero que en ningún caso significó la disminución de sus labores de Curador en el Club de la Unión y como organizador de eventos culturales, especialmente conciertos para beneficio de la Asociación de jóvenes talentos que tanta ayuda viene prestando a sus becarios en Europa.

Juan era un sujeto superior pues en cada acto, cuidaba hasta de los últimos detalles. Comenzando por las viñetas a colores para los Afiches y Programas, la contratación de los artistas, la afinación de los instrumentos, la publicidad en los medios de difusión, la emisión de los tickets de entrada. En fin, en ocasiones hasta lograba la donación de los licores y los bocaditos. I todo ello en silencio, sin aspaviento ni publicidades personales. Por eso le querían y era llamado continuamente a realizar eventos, prodigándose a través del arte como un consumado benefactor de la cultura de la ciudad.

Guayaquileño del barrio del Centenario, sus padres eran propietarios de una villa en El Oro 809 y Dolores Sucre, él era miembro de la marina inglesa y le enseñó ese idioma desde sus años mozos. Ella una dama que poseía un hermoso espíritu y que falleció relativamente joven en 1.982

Cristobalino por la cercanía del colegio, al graduarse de bachiller la vida le planteó la posibilidad de trasladarse a Alemania para seguir la carrera de antropólogo cultural en la Universidad de Bonn, tiempo que Juan disfrutó a plenitud, viajando y conociendo los principales museos y salas de música del viejo mundo.

En alguna ocasión se salió de su modestia habitual confesando que durante una excursión cultural por los museos de Viena le presentaron a un viejecito muy particular, pues llegaría a presidir el Parlamento Europeo. Se trataba de Otto de Habsburgo, hijo del último Emperador de Austria – Hungría, quien al verlo y escuchar su fluido uso del idioma alemán se entusiasmó mucho ¡Ud. lo habla casi a la perfección. — Soy estudiante del Ecuador en Sudamérica, le aclaró Juan. Que agrado. Es Ud. el primer ecuatoriano que conozco y estoy realmente sorprendido, de manera que en reciprocidad puede decirme “Tío Otto” de aquí en adelante.

Desde muchacho había vivido siempre persiguiendo el arte a través de la lectura de libros especializados y por eso a nadie sorprendió que desde 1.978, año de su retorno al país y con una Maestría en Arte, su mayor felicidad consistía en promover e incentivar para lo cual debió dominar varias facetas como la crítica, el avalúo y selección, la creatividad imaginativa. El Banco Central le acogió en su seno y formando parte de la Pinacoteca, por esos días en formación, en poco tiempo, logró acrecentar en número de obras, escogidas con exquisito gusto y selección, desinterés y honestidad.

Mas sus ansias de renovar el ambiente decaído de nuestra urbe le motivó a crear con algunos pintores jóvenes provenientes del Colegio de Bellas Artes un taller privado que denominaron “Artefactoría” y la revista Menú. Estas manifestaciones fueron las primeras que se dieron en el Ecuador para obtener un arte extra pictórico, que sirvió de piedra de escándalo por mucho tiempo al ser presentado en la Tertulia de Hilda en Guayaquil y en la Galería Artes de Quito con piezas que llamaron profundamente la atención por sus tres dimensiones y el uso no convencional de objetos antes no concebidos como artísticos.

Conocido en los medios  culturales realizó una especial Muestra de las obras del maestro César Andrade Faini, el Concurso Nacional dedicado a los jóvenes artistas con motivo del sesquicentenario de Vicente Rocafuerte, que llamó  Salón Nacional V. R. para jóvenes creadores de las artes visuales, las exposiciones de los artistas colombianos  Sandoval y Marmolejo que huían de la violencia de su país y mostraron toda la rudeza de la guerra de guerrillas en un extraordinario performance, luego vendría otras exposiciones como la del venezolano Loyola desacralizando la bandera y exaltando el oro negro, la del colombiano Montealegre y su arte minimalista, todo en el más absoluto arte de vanguardia que si bien la crítica recibió positivamente resaltando su desenfado, le ocasionó numerosas molestias burocráticas con los momificados directivos del Banco en Quito, enseñados  a admirar el arte formal.

I en medio de ello se sucedían horas de cátedra sobre Arte en la Universidad Laica y sobre antropología cultural en la Politécnica,,, hasta que en 1.987 – ya libre de las ataduras del Central – realizó en todos sus detalles la Primera Bienal Nacional de Pintura con sede en Cuenca, con su respectivo concurso de selección o Prebienal. Para ello debió viajar por diversos países de Centroamérica, complementando su conocimiento adquirido en su estadía en México, que le sirvió de mucho para contactar a diversos marchantes de arte.

La Embajada británica le pidió su ayuda para llevar a efecto la llamada Semana Británica, con una gran Exposición Histórica Nacional y varias conferencias alusivas a dicha nación. Debió reunir objetos históricos y artísticos de los próceres venidos en tiempos de la independencia y que poseen sus descendientes. De Illingworth, Wright, Stagg en Guayaquil, de Stacey en Quito, de Talbot y Harris en Cuenca.

Para Nahim Isaías prestó servicios como curador en la formación del grandioso Museo Religioso que se estaba formando a través de fray Agustín Moreno, quien adquiría las obras en Quito. En el Club de la Unión llevó a efecto una gran exposición por los ciento veinte años de fundación con las obras de dos grandes pintores abstractos: Manuel Rendón y Aracely Gilbert.Un hombre y una mujer.

En los últimos años y con el cáncer diseminado hacia los huesos, prestó sus servicios en la Revista Memorias Porteñas de diario Expreso, organizó y puso en marcha la Exposición sobre Pedro Franco Dávila y el Museo de Ciencias Naturales en Madrid que tuvo el auspicio de la Casa de las Américas y el MAAC.

La Municipalidad le concedió un Diploma de Reconocimiento y de Honor cuando ya se encontraba sometido a una silla de ruedas pero aun así, sin abandonar su ideal de trabajo, planificaba nuevas obras, hasta que  se interpuso la última etapa de su enfermedad.

Al amigo dilecto, al compañero de columna en Memorias Porteñas y al crítico sagaz, admirador de la pintura, de la música, que sabía apreciar y comprender la magia del simbolismo del unicornio,  los frutos rojos evocando el martirio de Cristo, los lirios de la virginidad de María y su entronización con el niño dentro de una rosaleda,  representado en La Madona en el rosal, que tanto le agradó en su viaje de estudios por Europa, la cultura guayaquileña de los últimos cuarenta años,  que fueron de trabajos incesantes para Juan, le debe el recuerdo de sus buenas y útiles obras.