513. De Las Peñas Al Royal Ballet

El ballet fue la mayor manifestación de las artes en los Estados Unidos y Europa hasta bien entrado el siglo XX que el cine acaparó posiciones y adquirió madurez. Los ballets rusos de Diagilev y el del Marqués de Cuevas son hitos grandiosos con presentaciones de la danza, la música, la coreografía, el teatro y la decoración, todo dentro de un espectáculo total, solamente comparable con la ópera.

I Guayaquil se ha dado el lujo de tener a uno de los mayores coreógrafos de “del Royal Ballet de Londres, el genial Sir Frederick Ashton con obras donde una percepción teatral se muestra indispensable. Curiosamente él no dominaba la música, por eso sus coreografías son como un encaje tejido en el espacio con los movimientos corporales. Esta fue, sin duda, su mayor aporte a la danza y por supuesto en los años treinta y siguientes del siglo XX pero su influencia se hizo notable en los bailarines de Europa y más aún en los norteamericanos después de la segunda Guerra, con la presentación de espectaculares producciones con figuras de la talla de Margot Fontaine y Rudolph Nureyev.

Ashton nació en Guayaquil, en la villa San Antonio (hoy transformada en el hotel Mansión del Río, de Roberto Lizarzaburo) entonces propiedad de sus padres, situada en Las Peñas, el 17 de septiembre de l.904. Cuarto de los cinco hijos que tuvo el matrimonio formado por Saint George Ashton Vicecónsul de la Gran Bretaña y Georgiana Fuscher.

Desde niño fue encargado a una familia inglesa de Lima donde viajaba con frecuencia su madre. En 1.917 fue llevado por sus tutores a la presentación de la divina Ana Pavlova en el teatro Municipal de esa capital. Solo tenía trece años, pero el impacto emocional fue tan grande que al recordarla en Europa diría “Ella me inyectó con su veneno y desde esa noche yo quise bailar.”

En 1.919 viajó a Inglaterra en compañía de su madre y su hermana Ivette, ingresó como alumno externo al Dover College, de Kent. Graduado de diecisiete años en 1.921 y hablando a la perfección inglés y español, después aprendería el francés, se trasladó a Londres y dando libertad a su vocación artística a escondidas de su familia empezó a recibir clases los sábados de tarde en la escuela de bailes clásicos de Leónide Massine, un coreógrafo que había trabajado con el célebre empresario Sergei Diagilev en sus legendarios ballet rusos de Montecarlo. Para ayudarse desempeñaba pequeñas labores en una empresa de exportaciones que a duras penas le permitía sufragar sus estudios, pero en l.924 logró que su hermano Charles le pague un curso completo de ballet con la célebre profesora Marie Rambert, a quien llegó recomendado por su maestro Massine.

Integrado al Vic Wells Ballet, institución privada que ella dirigía, luego transformado en el Sadler Wells Ballet (ballet clásico de los pozos de Sadler) bajo la dirección de Ninette de Valois, una tarde que le mandaron a realizar ciertos pasos clásicos los cambió por otros que resultaron más adecuados, de manera que su profesora Rambert descubrió que tenía mayor talento como coreógrafo que como bailarín y Ashton comprendió que su carrera estaba dirigida hacia la creación. Después fue alumno de la profesora Bronislava Nijinska, finalmente volvió donde madame Rambert.

En l.926 bailó como monsieur Duchic en “Tragedia de la Moda” primer ballet con coreografía propia y en el clásico “La Bella Durmiente” destacó como mimo por su personificación de Carabosse.

En 1.932 el crítico Arnold Haskell opinó que sus danzas son técnicamente desafiadoras pero los movimientos siempre fluidos y natura listicos y que lo más importante de todo lo suyo es la asimilación de la atmósfera de los ballets clásicos del inmortal coreógrafo francés Marius Petipá en su escuela de San Petersburgo, para transformar dicha atmósfera en un arte nuevo con algo significativo. Ashton declaró: El carácter de cada ballet se construye en el funcionamiento del bailarín. El proceso de hacer una danza se basa en la colaboración. Todo tiene que ser hecho con el intento más grande si no es vacío.

Nuevas creaciones cimentaron su fama y desde el 33 que la compañía pasó a llamarse Royal Ballet de Londres, ascendió a coreógrafo principal. La segunda Guerra Mundial le obligó a enrolarse en el ejército británico y su creación se vio interrumpida por los continuos bombardeos. Terminada la Guerra triunfó espectacularmente con su ballet “Symphonic variations” estrenada en el Covent Garden de Londres y ofreció a través del piano y la orquesta, con música de César Frank los llamados pas de seises que demuestran la simetría de su coreografía nueva, fundada en movimientos ingeniosos, románticos y grandilocuentes, técnica similar al perfume del movimiento y que el 48 le diera tanta fama en “Escenas de ballet”, “Cenicienta” y “Don Juan”. Sobretodo en “Cenicienta” donde bailó junto a Robert Helpmann, su amigo y rival, interpretando a las dos hermanastras malas. Dicha coreografía fue calificada de genial y representa uno de los momentos más importantes del ballet universal.

La reina madre le distinguía con su amistad desde la época en que le había enseñado a bailar el tango, por eso lo invitaba a sus cumpleaños en el castillo de Balmoral donde le sentaba a su derecha y al momento de iniciar el baile la acompañaba como pareja ejecutando el célebre paso Ashton, que consiste en elevar la pierna derecha lo más alto posible. Ashton lo hacía como bailarín y la reina Madre con gracia exquisita hasta donde le permitían sus años, edad y regia condición.

Vivía en Londres y gozaba de una buena fortuna. El 62 fue elevado a la categoría de Sir por la reina Isabel II en consideración a su contribución a la danza y por haber desarrollado el estilo clásico del ballet británico. Del 63 y en uso de sus atribuciones como Director introdujo en el Royal Ballet varios ballets extranjeros tales como “Las Noces” de Nijinsky, “Serenade” de Balanchine y declaró por esos días “Usted tiene que instalar una atmósfera, crear una ingravidez. I aunque la música siempre es el origen de mi invención, el recorrido del espacio constituye en cada caso, la creación.  Balanchine inventó las maneras de moverse más rapidamente y más hacia arriba. Yo he logrado perfeccionar la plástica con brazos fluidos en acoplamiento en un patrón de encaje afiligranado que se mueve al unísono. La alegría se logra al mezclarse con ironía y ocasionalmente con tristeza.

El 70 se jubiló de la dirección del Royal Ballet al cumplir el límite de edad laboral. Con tal motivo apareció la obra “Frederick Ashton and his ballets” escrita por David Vaughan, pero tras un año sabático que le permitió tomar unas justas vacaciones siguió trabajando en la creación personal

Roberto Illingworth Baquerizo esposo de Priscila Ashton Arosemena, sobrina del coreógrafo, me conversó que con motivo de un viaje a Europa le fueron a visitar. Estaba lúcido, soltero dadas sus inclinaciones y retirado. Caballero de trato agradable, poseía una conversación amena y poblada de anécdotas, era muy comunicativo y hablaba el español con acento guayaquileño, esto es, con ciertas reminiscencias andaluzas, comiéndose las eses finales. Su estatura más que regular, rostro blanco, pelo negro entrecano, ojos plomizos tirando a verdosos. Delgado como buen bailarín, optimista, trabajaba lo suyo y sentía que había cumplido con su vocación.

I “cubierto por aquella gloria que solo se alcanza a través del arte,” trabajó hasta el final de sus días cuando un infarto le quitó la vida en su residencia campestre de Chandon Lodge, en Eye, dentro de la comarca de Suffolk, al oeste de Inglaterra, el día jueves 18 de agosto de l.988, a los ochenta y cuatro años de edad.

En l.997 Julie Kavanagh publicó su vida en “Secret Muses” y el 2.004 con motivo del centenario de su nacimiento el Meter Lecoins theater, adscrito al John R. Guggenheim Museum de New York, tomó a cargo oficialmente los actos y festejos conmemorativos a nivel mundial.

El ballet británico dada la impronta dejada por Ashton es “suave, puro y musical, enraizado también al folklor.” El mismo lo decía “mi clasicismo es un clásico muy lírico” y su labor transformadora en el arte constituye una gloria para Guayaquil, ciudad que le vio nacer pues con August Bournonville en Dinamarca, Marius Petipá en Rusia y George Balanchine en los Estados Unidos conforma la cúspide de la coreografía occidental del siglo XX.