509. Acuarelas De Luís Wallpher

A mediados de 1.981 recibí la visita de un personaje sencillo, de apariencia casi triste y mirada inteligente y profunda: Me llamo Luís Wallpher, Ud. no me ha de conocer pues he vivido casi toda mi vida fuera del Ecuador, soy pintor y traigo una colección de acuarelas para ver si se pueden aprovechar. Pronto estábamos forjando amplios planes y el 6 de octubre, auspiciado por el Centro de Investigación y Cultura del Banco Central de Guayaquil que fundé y presidía, lanzó su Álbum de dieciocho acuarelas en homenaje a las fiestas patrias y bajo el título de “Guayaquil Antiguo, sus costumbres típicas en los primeros años de este siglo, vistas por el artista Luís Wallpher” con personajes del Guayaquil de los años 1.920 al 30, en dos mil ejemplares numerados en la editorial El Sol, a saber:

1.- Carros de la vieja guardia, 2.- Barquillos y cánticos picarescos, 3.- Todos son aguacates, 4.- Vendedora de huevos y carne serrana, 5.- La Carne en palito, 6.- Cholo vendedor de pescado, 7.- La Vieja Cangrejera, 8.- La lavandera esmeraldeña, 9.- Coche de caballos, 10.- El heladero morlaco, 11.- El monito de la suerte, 12.- El Tapa huecos, 13.- El Abromiquero, 14.- El Fonógrafo, 15.- El paso del moquillo, 16.- El matón del barrio, 17.- Las mesalinas de la calle Machala, y 18.- Serenata Criolla, calificados de ilustraciones  costumbristas, en estilo pintoresco y rico en detalles.

En la contraportada y bajo el título de Apertura el artista escribió: Ha llegado el crepúsculo de mi vida artística, he ensayado todas las corrientes del arte moderno, e incursionado todas las visiones cerebrales y formas abstractas, para regresar nuevamente a la verdad de la forma y el color. He seleccionado estas acuarelas que son el recuerdo de la infancia que añoro dulcemente… Todos estos viejos temas de Guayaquil son tradicionales de principios de este siglo. Son escenas que en mi memoria se han conservado como prodigios archivados en los sueños de mi niñez; aún me parece oír los distintos pregones callejeros de los vendedores ofreciendo con gritos musicales o estridentes voces sus vendimias, sus pescados, sus telas, sus helados, etc. como así también en el ambiente tan típico del bajo fondo, contemplar a los actores de la época. Es la visión imborrable que tan solo perdura en el recuerdo de un artista que ha vivido la emoción del pasado que no volverá y que tan solo se cristaliza, emotivamente, a través de estas acuarelas.

El éxito volvió a llamar a las puertas del viejo pintor. La Exposición de los originales en el Museo Municipal resultó un reencuentro espectacular. La muestra se convirtió a pedido de algunas Municipalidades de la Provincia en Exposición Itinerante, Milagro y otras poblaciones le aplaudieron. Su curriculum vitae apareció escrito por Golet Orvieto y junto al Dr. Ignacio Carballo Castillo recibió la Presea Castelho Branco del Instituto Centroamericano de Cultura y Arte de Recife en Brasil.

Desde su vuelta a Guayaquil sus colegas pintores le llevaron cariñosamente a la Agrupación Cultural «Las Peñas» y se desvivían por invitarle a reuniones y exposiciones que servían para mitigar un tanto la depresión en que vivía. 

El 82 abrió un Curso de Arte Publicitario y exhibió en las Galería Dalf y en el Tennis Club de Guayaquil por motivo de fin de año. De allí en adelante finalizó prácticamente este reencuentro artístico con nuestra urbe pues dado su carácter retraído se fue retirando de toda actividad y solo recordaba sus pasados triunfos en los mejores escenarios artísticos de Sudamérica.

En agosto de 1.988 donó al Núcleo del Guayas de la CCE los álbumes de sus recortes personales, autógrafos y menciones, así como también numerosos óleos y negativos fotográficos de sus obras, lo cual podría servir para un nuevo Álbum sobre el hombre andino.

Sus últimos tiempos fueron entristecidos por un decaimiento general producto de la arteriosclerosis, su hija lo tuvo bajo sus cuidados y bien atendido, tampoco le faltaron excelentes amigos que se preocuparon de él. Su discípulo Miguel Romero Vicuña le convenció y llevó a su domicilio y tras una prolongada dolencia soportada con estoicismo falleció sin agonía el viernes 23 de marzo de 1.990, casi a los ochenta años de edad.