508. Las Oscuras Estatuas Guayaquileñas

 Primero: Sería por 1.975 cuando uno de los Jefes Civiles y Militares de la dictadura de Castro Jijón, queriendo contribuir al mayor esplendor de las recién creada fiesta juliana, dispuso que se cubrieran con aceite quemado de motor de vehículo a las hermosas estatuas guayaquileñas de bronce confeccionadas en el siglo XIX y ennoblecidas con la pátina que como todos sabemos es de un maravilloso color verde que se forma con la natural oxidación que experimenta el bronce y le confiere gran belleza y noble antigüedad. El sencillo militar, por no calificarle de supino ignorante, pensaba que las preservaba del deterioro del tiempo, pero solo obtuvo volverlas negras. El crimen de las estatuas se cometió en altas horas de la madrugada, por jóvenes conscriptos y sin conocimiento de la ciudadanía ni de la Municipalidad.  I cuando amanecieron las estatuas negras, ya no hubo nada que hacer.

El bronce es una aleación metálica formada por el cobre y el estaño en proporción de 9 a 1, descubierta hace 2.500 dio lugar a la llamada Edad de Bronce, en los Museos y plazas del mundo se exhiben objetos de bronce con su natural color verde sin que por esto hubieren perdido su forma original. Vg. Los cuatro caballos de San Marcos en Venecia son verdes, fueron obtenidos por los Cruzados en Constantinopla y se construyeron en Roma antes de la Era Común.

Desde esa infausta madrugada de julio los bronces de nuestra ciudad quedaron negros y como lo malo a veces se imita, todas las estatuas que luego se han erigido, incluyendo a las de los ex presidentes, al hermosísimo conjunto “La Fragua de Vulcano” cuyo único pero, es la figura presencial de Olmedo, pues el poeta no concurrió a la histórica reunión.

Pero no debemos quejarnos pues a los vinceños les fue peor en dicha dictadura cuando un simple Jefe Militar de esa población dispuso el retiro de la bellísima verja de hierro confeccionada en Francia a finales del siglo XIX, en estilo art nouveau pintada de verde para que se confunda con la naturaleza y desde entonces el parque dejó de ser un espacio bello ¿I la verja? Vaya uno a saber dónde la vendieron. Idem en Playas con la verja de hierro forjado del parquecito frente a la iglesia, que un día cualquier desapareció de los contornos y no se la ha vuelto a ver.

Segundo: En 1.978 se formó en Guayaquil un Comité Cívico pro monumento al teniente Hugo Ortíz Garcés, Jefe del reparto militar en la confluencia de los ríos Santiago – Yaupi, fallecido el 25 de Julio de 1.941, primer día de la aciaga invasión peruana. Se quería una estatua en su ciudad natal pues Ortíz fue guayaquileño. El General Eduardo Semblantes Polanco, militar culto y autor de varias obras, obtuvo una partida de S/. 700.000 y la escultora Angelita Name de Miranda fue encargada de realizar el monumento que pasó por cuenta de ella a ser fundido en una sola pieza en el taller de Antonio Frilli, existente desde 1.860 en Florencia. Demás está decir que Angelita nunca quiso obtener réditos económicos si no la belleza de su obra, que consideraba maestra.

Meses más tarde y tras varios contratiempos menores como el trasbordo sufrido en Colón, finalmente arribó la estatua, fue desaduanizada y puesta provisionalmente en el sótano de la Zona. Era dorada y al golpearla vibraba como campana pues solo tenía 4 centímetros de espesor Una belleza. Angelita estaba feliz y orgullosa, fuimos a celebrar y todo fue civismo y  alegría. Entonces comenzaron los trámites municipales y las labores de construcción de la plazoleta frente al Policentro. El 83 el Jefe de Zona decidió – en gesto perruno – que el señor Presidente, un serio, amanerado y autoproclamado politólogo, inaugure el monumento (la estatua y la plazoleta)

A la hora programada, gran gentío al aire libre, faltaron sillas.  La estatua había sido cubierta con una sábana Blanca cuando le correspondía la bandera de la Patria por ser Héroe Nacional declarado por el Congreso. Las bandas de música ponían la nota cursi y pueblerina, a las once el Jefe de Zona sudaba por la acción del calor sofocante, pero sentíase satisfecho de la gran parafernalia programada; finalmente con un retraso de media hora se empezaron aescuchar las ululantes sirenas de las motocicletas de la Comisión de Tránsito, los vehículos de la escolta, los de los ministros y el del Presidente accidental de la República (accidental porque llegó a ocupar el solio por accidente) que fue recibido por el Jefe de Zona quien se le colocó al lado y desde entonces permaneció pegado como un chicle. Al General Semblantes se olvidaron de invitarle bien es verdad que ya estaba en servicio pasivo que es como quien dice la nada en nuestras fuerzas armadas.

Hablaron el Jefe de Zona y el Presidente. Discursos pueriles y hasta baladíes por circunstanciales sobre el momento político (no mencionaron a la autora de la obra y del Héroe solo dijeron que era ejemplo cívico) se descubrió la estatua y en ese momento vimos como la orgullosísima Angelita Name comenzaba a desvanecerse en cámara lenta a causa de un súbito pero fortísimo soponcio. Hubo que sostenerla para que no cayera al piso. ¿Qué le estaba pasando?  Alguien dijo que era efecto de una insolación, pero la verdad saltó de improviso cuando tras beber un vaso de agua helada que la devolvió de a poquito a la vida, se le oyó gritar horrorizada “Está negra La han destruido” y no pudo seguir pues la indignación la venció. I no era para menos, alguien en la Zona Militar había embadurnado la estatua con aceite quemado de automotor y allí quedó la ex hermosa estatua por algún tiempo hasta que – sin pena ni gloria – la trasladaron a la Academia Militar que lleva su nombre donde le he perdido la pista. Para colmos – al final del Acto. la Comitiva se alejó sin despedirse, posiblemente a inaugurar otro acto.

Tercero: Cuando hace poco una reportera de prensa me entrevistó sobre el gigantesco grupo escultórico de Guayas y Quil conversamos casi media hora, pero al día siguiente solo apareció mi opinión final, es decir, que no me agradaba, sin decir mis razones, que aquí van.

1.- Por sus gigantescas proporciones.  No guarda relación con el resto de la estatuaria de la ciudad por eso debería ser colocado en un parque temático.

2.- Es de color negro. Siendo de bronce no debe tener ese color, aunque parece que solo es de resina.

3.-Tiene ridículos adornos. La purpurina esta bien para las imágenes de vírgenes y santos en las iglesias de pueblos, no para los monumentos públicos de la segunda ciudad en antigüedad en Sudamérica y una de las más prestigiosas del mundo americano.

4.- Está mal situado, los vehículos que cruzan el puente e ingresan a la ciudad forman el 99% del total del tráfico del sector, pero solo lo pueden apreciar de costado. Ya es tiempo que la Municipalidad reconozca que las estatuas en Guayaquil no deben estar situadas con frente al río, pues si bien en el siglo XIX Guayaquil fue una ciudad y su río, desde 1.960 que se inauguró el Puerto Marítimo, Guayaquil se relaciona directamente con el mundo a través del mar.

5.- Es artísticamente desigual. Guayas está bien logrado, tiene la apostura y virilidad propias de un jefe guerrero. No así Quil, figura sensual más que señorial, con unos pies inmensos, detalle impropio del canon de belleza femenino. El peor es Guayaquilito, caricatura esperpéntica por bocona y burlesca, prácticamente calcada de la película El Niño de la Selva de los Estudios Disney, donde se formó su tulcaneño autor.

6.- Está colocada muy cerca de los monumentos a la Raza y a la Revolución Liberal, que han quedado injustamente minimizados, y

7.- Es ficcional pues jamás existieron Guayas ni Quil. Existió históricamente comprobado el Cacique chono Guayaquile, en cuyas tierras se asentó nuestra ciudad de Santiago, cuando fue trasladada el 15 de septiembre de 1.534 en las llanuras de Liribamba.

 Mas, cualquier crítica es extemporánea pues el monumento es una realidad y solo queda aprender y acostumbrarnos a verlo y por supuesto, aplaudir la buena voluntad del alcalde.