506. El Mágico Mundo De Yela

En 1.940 la hermosa joven Yela Loffredo ganó el Concurso del Círculo de Ajedrez Guayaquil, salió electa Reina Caisa y conoció al joven Paúl Klein Wolf quien comenzó a enamorarla. Él era un ser educado, bondadoso y recién acababa de arribar de Alemania con sus padres y comenzaba a ganarse la vida en el comercio. Dos años más tarde Yela se graduó de bachiller en Ciencias Biológicas y preparaba el ingreso a la Facultad de Medicina cuando a las 9 de la noche del 13 de Mayo ocurrió un violentísimo terremoto de 7,7 grados que destruyó la mitad delantera del edificio donde vivía perecieron su madre y varios vecinos, algunos parientes sufrieron golpes y hasta roturas de hueso. Los sobrevivientes bajaron en las escaleras del Cuerpo de Bomberos y fueron a diferentes casas amigas. La escena era de terror, las luces de la ciudad se apagaron para evitar cortocircuitos, solo se escuchaba el fúnebre ulular de las sirenas de las ambulancias que recorrían la urbe transportando a los heridos, recuerdo trágico que perturbó su espíritu por mucho tiempo.

 Deshecho su hogar pasó con su hermana Blanca a la casa de sus padrinos de bautizo los esposos Agustín Noziglia y Teresa Castañeda, que las querían como hijas porque no tenían descendientes, hasta que el 9 de junio contrajo matrimonio con su novio Paul y fueron a Boyacá y Víctor Manuel Rendón, altos del almacén Tabares, donde el novio vendía camisetas tejidas, a medias con un socio de apellido Wissinfelder. Pronto nacieron cinco hijos (un hombre y cuatro mujeres) En la década de los años cincuenta tuvo que viajar con una de sus hijas pequeñita a los Estados Unidos a tratarle una afección al riñón y conoció el célebre barrio bohemio del Greenwich Village en Manhattan, comprendiendo que algo parecido se podría hacer con las Peñas. La idea se le tornó obsesiva hasta que pudo conformar la Agrupación Cultural Las Peñas con otros artistas.

Entre 1.957 y el 61 estudió Arqueología con Carlos Zevallos Menéndez en la Escuela que mantenía la Casa de la Cultura. Su esposo la motivaba y en algunas ocasiones para el día de su cumpleaños hasta le obsequiaba una figura precolombina, pues sabía que las apreciaba en su real valor.

Sus amigos Hans y Elsie Michaelson, pintores en la Escuela de Bellas Artes – a quienes conoció porque eran muy unidos con sus suegros Klein –  la impulsaron en l.960 a la Escuela Municipal de Bellas Artes; pues, un fin de año la vieron haciendo en su casa a los tres reyes magos con masa de pan, alambre y harina, figuritas que terminó pintando con vivos colores para servir de adorno en un Pesebre navideño. Fue discípula de Alfredo Palacios en escultura y de Theo Constante en pintura, hallando un grato ambiente y un buen sentido de compañerismo.

I a la par surgía el deseo de servir a su ciudad. En la Sociedad Italiana Garibaldi trabajó al lado de su presidenta Ligia Frugone de Vitola, el 66 inauguró al pié de su domicilio la primera Exposición de pintura y escultura por la fundación de la ciudad. Los vecinos protestaron porque se cerró la calle Numa Pompilio Llona y no pudieron sacar sus vehículos, pero al año siguiente aumentaron los expositores y el evento figuró entre los más importantes de las fiestas Julio. Entonces fundó la «Asociación Cultural Las Peñas» que presidió mucho tiempo «pues es necesario motivar a la ciudadanía por el barrio y el arte» ofreciendo las Exposiciones de Pintura y Escultura en las Peñas y de Semana Santa en la municipalidad de Salinas, que reúne cientos de artistas plásticos del país y aún del exterior y son matizadas con números musicales, desfiles con bandas, etc. Otro de sus  aspectos significativos es el respaldo que  brindaba a los miembros, la solidaridad constituye una de las principales virtudes de la Asociación.

Su arte seguía siendo figurativo pero su inspiración impactada por el medio la remitía a las figuras y caritas de niños, tipos populares, trabajadores, que confeccionaba en los bajos de su casa en Padre Solano y Escobedo donde trabajaba a puertas abiertas y se hizo conocer de los vecinos del barrio que pasaban saludándola.

Hernán Rodríguez Castelo indica que Yela arrastraba un cierto academicismo de artificiosa estilización, al margen de las grandes propuestas de deformación neofigurativa de la escultura contemporánea; sin embargo, el 67, dentro de la Exposición Colectiva «Testimonio Plástico del Ecuador» realizada en Quito, mostró una sorprendente mujer sedente, de gesto cansado, de formas apenas insinuadas, pieza calificada de equilibrada y noble, de sutil intensidad expresiva. Otras obras de este período, numerosas, testimonian calidades, como «En la piscina». Había pocos escultores en Guayaquil y Yela llenó un vacío de prestigio convirtiéndose en la mayor artista femenina de la ciudad, posteriormente alargó sus líneas a lo Giacometti, logrando elices estilizaciones.

El 69 expuso en México mas debido a la altura y al cansancio propio del montaje sufrió un principio de infarto, llevada a una clínica, a los dos días regresó a Guayaquil. Entre 1.972 y el 76 dirigió el Museo Municipal desarrolló una gran labor sin horarios ni escatimar esfuerzos, retirándose tras sufrir un violento trombo en la retina, del que se recuperó tras una operación en Medellín, retomando sus trabajos en la Asociación y volvió a sus esculturas, a las piezas arqueológicas y fundó sus famosos Lunes Culturales en el campus del malecón de la ESPOL que mantuvo por espacio de 32 años.

 Hoy ya no se encuentra entre nosotros – murió soñando – pero queda el recuerdo de una vida de aspiraciones superiores, la Asociación Las Peñas y sus creaciones escultóricas que le merecieron en 1.999 el Premio Nacional Espejo.