485. Madame Rachel

En septiembre de 1930 el conde Felipe Mendoza Coello se vio injustamente envuelto en el asesinato de su sobrino Enrique Mendoza Lassavaujeaux (hijo de su hermano Carlos y Leontina Lassavaujeaux Mendoza nacida en Burdeos, Francia) con quien mantenía inquinas de fronteras familiares. Muerto de una puñalada a la salida de una función especial del Teatro Olmedo por un peón de apellidos Carriel Pincay y traído con tal fin desde una hacienda, a quien la policía apresó enseguida pues le habían puesto zapatos por primera ocasión en su vida y no pudo correr bien y como jamás había estado en Guayaquil se equivocó de dirección y el lugar del Malecón de la ría donde le estaba esperando una lancha para embarcarlo, lo hizo en sentido contrario y tomó como para la columna del Centenario.

La víctima falleció a las seis de la mañana en la clínica Parker no sin antes exculpar a su tío el conde, en declaración in extremis rendida ante el comisario de Policía, Oswaldo Zavala Arbaíza.

Desde entonces el conde Mendoza empezó viajar mucho al exterior, viviendo largas temporadas en Nueva York, donde falleció el 14 de marzo de 1954. Sus restos mortales fueron conducidos a Guayaquil y reposan en el suntuoso mausoleo Mendoza, situado a escasos veinte metros de la puerta número tres, la principal del Cementerio General.

Como dato curioso surgió la conseja que el conde había hecho esculpir en el mausoleo a una diosa, es decir, a su propia esposa, lo cual tampoco es cierto, pues el mausoleo fue fabricado en Génova, en el mármol blanco de Carrara y tiene una figura orante, que no puede ser confundida con nada bacante.

Para el año de su muerte ya comenzaban a declinar las cosechas de sus haciendas, las que por causa de algún abogado pasaron a poder de la Condesa Rachel, que las adquirió casi in extremis, quien por bella nunca fue enhacendada y para la administración concedió poder a Rodrigo Icaza Cornejo, gerente de la previsora, quien contrató a un mayordomo de confianza llamado Anacleto Macías.

Doña Rachel siguió en Guayaquil unos pocos años más. Una niña, pariente de los Mendoza, la conoció cierta mañana a finales de los cincuenta cuando ya de mediana edad, ingresaba al aristocrático salón de belleza Broadway en los bajos del Banco de Descuento, en la esquina de Aguirre y Pichincha, y la ha descrito así:

Su presencia no podía pasar inadvertida, pues iba acompañada de su chofer en un carro parecido al de la ‘Pantera Rosa’. Alta, delgada con un pelo como de escoba color beige que le llegaba hasta los hombros, guantes fucsias, un bolso gigante y transparente posiblemente -adquirido en alguna tienda del postín en la quinta avenida de Nueva York- muy chic (por raro) y porque sólo servía para llevar cepillos y sprays, de suerte que no usaba los de las peluquerías. Un fino vestido de calle aunque algo es sport por mañanero complementaba tan sofisticada y condal figura. 

En el interior del ‘Broadway’ se hizo batir el pelo solamente para que tome volumen y permaneció inmutable en su extremada blancura. Dos horas más tarde salió impecable e imperturbable, pues sabía que el misterio mantenía intacto el mito de poder y riqueza de otras épocas.

En 1964 se creó el Instituto Ecuatoriano de la Reforma Agraria y Colonización -Ierac- que solapó las invasiones de las haciendas de litoral, de manera que las dos propiedades de los Mendoza fueron repartidas y hoy sólo existe el recuerdo del Conde Felipe en su peculiar grandeza, que en todo tiempo pasado fue mejor.

En el 2018 Jorge Mendoza, tras leer el tomo IV de mi obra “El Ecuador Profundo” y sin que yo se lo hubiera solicitado, me sorprendió con la copia de una antigua carta autenticada ante un notario en 1971 que había hecho circular entre la familia de Vinces y que habla del drama humano sufrido por la condesa en Nueva York.

“New York. 25 de junio de 1971. — El que suscribe, Jorge Mendoza, después de haber investigado minuciosamente el caso de la señora Rachel Jeantet de Mendoza, paso a ponerle en conocimiento el resultado de dichas gestiones. Al comienzo del año pasado la señora Rachel Jeantet de Mendoza vivía en el 101 West 57 Street, en esta ciudad, en el hotel Buckingham. Ayer recibió la noticia por carta de que no podían seguirle enviando la mensualidad porque en Guayaquil no era posible conseguir dólares y además que las haciendas ya no producían nada. Al recibir esta noticia la señora perdió la razón. El encargado del hotel y los porteros me dieron la información de que ella estaba demente, dieron parte a la policía y la llevaron al hospital Roosevelt. Como este hospital es sólo de emergencia y para consulta, la trasladaron en octubre de 1970 a un hospital de enfermos mentales y al constatar que ella no tenía curación la trasladaron al Rock land State Hospital, Departamento de Higiene Mental, Edificio No. 60, 5to,.Piso, en Orangeburg, New York, 1962, donde están los enfermos incurables. En la administración de dicho hospital me informaron que si bien ya se había mejorado de esa angustia y desesperación que le aquejaba, ahora era una loca tranquila, pero nunca juraría. Fue admitida en octubre 14 de 1970 y el número de identificación de ella en el hospital es 113970… la señora Rachel Jeantet de Mendoza en el año 1954 pidió la naturalización americana, por lo tanto ahora el Estado la mantiene. También el mismo año dejó arreglado su entierro y pagado en la sección privada del City Hall de New York. Le doy estos informes para que usted le dé el trámite legal que sea necesario. f) Jorge Mendoza, Cédula de Identidad No. 987010. Suscrito y jurado ante mí, hoy día 25 de Junio de 1971 f) Martín Elizondo.- Notario Público del Estado de New York.

En septiembre de 1930 el conde Felipe Mendoza Coello se vio injustamente envuelto en el asesinato de su sobrino Enrique Mendoza Lassavaujeaux (hijo de su hermano Carlos y Leontina Lassavaujeaux Mendoza nacida en Burdeos, Francia) con quien mantenía inquinas de fronteras familiares. Muerto de una puñalada a la salida de una función especial del Teatro Olmedo por un peón de apellidos Carriel Pincay y traído con tal fin desde una hacienda, a quien la policía apresó enseguida pues le habían puesto zapatos por primera ocasión en su vida y no pudo correr bien y como jamás había estado en Guayaquil se equivocó de dirección y el lugar del Malecón de la ría donde le estaba esperando una lancha para embarcarlo, lo hizo en sentido contrario y tomó como para la columna del Centenario.

La víctima falleció a las seis de la mañana en la clínica Parker no sin antes exculpar a su tío el conde, en declaración in extremis rendida ante el comisario de Policía, Oswaldo Zavala Arbaíza.

Desde entonces el conde Mendoza empezó viajar mucho al exterior, viviendo largas temporadas en Nueva York, donde falleció el 14 de marzo de 1954. Sus restos mortales fueron conducidos a Guayaquil y reposan en el suntuoso mausoleo Mendoza, situado a escasos veinte metros de la puerta número tres, la principal del Cementerio General.

Como dato curioso surgió la conseja que el conde había hecho esculpir en el mausoleo a una diosa, es decir, a su propia esposa, lo cual tampoco es cierto, pues el mausoleo fue fabricado en Génova, en el mármol blanco de Carrara y tiene una figura orante, que no puede ser confundida con nada bacante.

Para el año de su muerte ya comenzaban a declinar las cosechas de sus haciendas, las que por causa de algún abogado pasaron a poder de la Condesa Rachel, que las adquirió casi in extremis, quien por bella nunca fue enhacendada y para la administración concedió poder a Rodrigo Icaza Cornejo, gerente de la previsora, quien contrató a un mayordomo de confianza llamado Anacleto Macías.

Doña Rachel siguió en Guayaquil unos pocos años más. Una niña, pariente de los Mendoza, la conoció cierta mañana a finales de los cincuenta cuando ya de mediana edad, ingresaba al aristocrático salón de belleza Broadway en los bajos del Banco de Descuento, en la esquina de Aguirre y Pichincha, y la ha descrito así:

Su presencia no podía pasar inadvertida, pues iba acompañada de su chofer en un carro parecido al de la ‘Pantera Rosa’. Alta, delgada con un pelo como de escoba color beige que le llegaba hasta los hombros, guantes fucsias, un bolso gigante y transparente posiblemente -adquirido en alguna tienda del postín en la quinta avenida de Nueva York- muy chic (por raro) y porque sólo servía para llevar cepillos y sprays, de suerte que no usaba los de las peluquerías. Un fino vestido de calle aunque algo es sport por mañanero complementaba tan sofisticada y condal figura. 

En el interior del ‘Broadway’ se hizo batir el pelo solamente para que tome volumen y permaneció inmutable en su extremada blancura. Dos horas más tarde salió impecable e imperturbable, pues sabía que el misterio mantenía intacto el mito de poder y riqueza de otras épocas.

En 1964 se creó el Instituto Ecuatoriano de la Reforma Agraria y Colonización -Ierac- que solapó las invasiones de las haciendas de litoral, de manera que las dos propiedades de los Mendoza fueron repartidas y hoy sólo existe el recuerdo del Conde Felipe en su peculiar grandeza, que en todo tiempo pasado fue mejor.

En el 2018 Jorge Mendoza, tras leer el tomo IV de mi obra “El Ecuador Profundo” y sin que yo se lo hubiera solicitado, me sorprendió con la copia de una antigua carta autenticada ante un notario en 1971 que había hecho circular entre la familia de Vinces y que habla del drama humano sufrido por la condesa en Nueva York.

“New York. 25 de junio de 1971. — El que suscribe, Jorge Mendoza, después de haber investigado minuciosamente el caso de la señora Rachel Jeantet de Mendoza, paso a ponerle en conocimiento el resultado de dichas gestiones. Al comienzo del año pasado la señora Rachel Jeantet de Mendoza vivía en el 101 West 57 Street, en esta ciudad, en el hotel Buckingham. Ayer recibió la noticia por carta de que no podían seguirle enviando la mensualidad porque en Guayaquil no era posible conseguir dólares y además que las haciendas ya no producían nada. Al recibir esta noticia la señora perdió la razón. El encargado del hotel y los porteros me dieron la información de que ella estaba demente, dieron parte a la policía y la llevaron al hospital Roosevelt. Como este hospital es sólo de emergencia y para consulta, la trasladaron en octubre de 1970 a un hospital de enfermos mentales y al constatar que ella no tenía curación la trasladaron al Rock land State Hospital, Departamento de Higiene Mental, Edificio No. 60, 5to,.Piso, en Orangeburg, New York, 1962, donde están los enfermos incurables. En la administración de dicho hospital me informaron que si bien ya se había mejorado de esa angustia y desesperación que le aquejaba, ahora era una loca tranquila, pero nunca juraría. Fue admitida en octubre 14 de 1970 y el número de identificación de ella en el hospital es 113970… la señora Rachel Jeantet de Mendoza en el año 1954 pidió la naturalización americana, por lo tanto ahora el Estado la mantiene. También el mismo año dejó arreglado su entierro y pagado en la sección privada del City Hall de New York. Le doy estos informes para que usted le dé el trámite legal que sea necesario. f) Jorge Mendoza, Cédula de Identidad No. 987010. Suscrito y jurado ante mí, hoy día 25 de Junio de 1971 f) Martín Elizondo.- Notario Público del Estado de New York.

La condesa falleció internada en Nueva York el 9 de noviembre de 1976. Hoy reposan sus restos junto a los de su esposo en el mausoleo Mendoza del Cementerio de Guayaquil.