332. El Héroe y La Dama

El 28 de noviembre de 1920 del piloto italiano de la gran Guerra, Capitán Elia Liut, recién llegado al país, realizó un tercer raid de Riobamba a Quito, aterrizando en el Batán al norte de la ciudad, tras un vuelo de una hora y tres minutos. Como de costumbre las autoridades y pueblo en general le brindaron una frenética bienvenida, saludándoles como héroe. A los pocos días fue invitado a una cena en casa de don Pedro Freile, considerado uno de los agricultores y propietarios más pudientes de la capital. Qué mujer tan encantadora y guapa era la anfitriona de la casa. Doña Carmen Angulo era la reina de las atenciones para todos sus invitados, se movía de un lado a otro y miraba que a nadie le faltara nada. Por allí correteaban vestidos muy elegante sus cuatro hijos, escabulléndose de entre los adultos y del bullicio alegre que se había formado aquella noche después de la cena. A don Pedro -su marido- sentado en uno de los elegantes sillones de la sala, se le veía un poco decaído y cansado, manteniendo entre sus manos una copa de vino que no había probado mientras escuchaba hablar al alto oficial militar que lo acompañaba. Mientras tanto, como ocurriera en Cuenca, las damas rodeaban al recién caído del cielo quien lucía en su pecho las medallas recibidas esa tarde y ya más animado les enseñaba expresiones en italiano mientras le degustaba su cognac.

Uno de 1921, tras ser contratado para dirigir la Escuela de Aviación en Durán, contrajo matrimonio en Quito con Carmen Angulo Tobar, que acababa de enviudar de Pedro Freile Donoso, una de las primeras fortunas de la República.

Ella le pesaba con seis años pero estaban muy enamorados. La luna de miel fue en Europa con los cuatro niños Freile Angulo, a quienes llevaron a terminar su educación primaria.

El trayecto a Guayaquil, donde debían tomar el buque, tuvo sus contratiempos; al pasar el tren por muy Huigra los recién casados y sus hijos bajaron a visitar a Piero Liud que tenía una pequeña finca en las cercanías. La visita se prolongó más de la cuenta y se dio el caso singular de que el barco que debía conducirlos a Europa fue anclado en Guayaquil porque la señora se comprometió a sufragar los gastos que ello ocasionaba, con tal de que la esperaran.

En Italia residieron alrededor de cuatro años. Liut, siguiendo su costumbre de jugador inveterado de póker, perdió mucho dinero. Doña Carmen tenía costumbres principescas y se cuenta que en cierta ocasión cerró un teatro, pagando todas las localidades, para escuchar una ópera cuya área la unía sentimentalmente con su marido.

El 28 de noviembre de 1920 del piloto italiano de la gran Guerra, Capitán Elia Liut, recién llegado al país, realizó un tercer raid de Riobamba a Quito, aterrizando en el Batán al norte de la ciudad, tras un vuelo de una hora y tres minutos. Como de costumbre las autoridades y pueblo en general le brindaron una frenética bienvenida, saludándoles como héroe. A los pocos días fue invitado a una cena en casa de don Pedro Freile, considerado uno de los agricultores y propietarios más pudientes de la capital. Qué mujer tan encantadora y guapa era la anfitriona de la casa. Doña Carmen Angulo era la reina de las atenciones para todos sus invitados, se movía de un lado a otro y miraba que a nadie le faltara nada. Por allí correteaban vestidos muy elegante sus cuatro hijos, escabulléndose de entre los adultos y del bullicio alegre que se había formado aquella noche después de la cena. A don Pedro -su marido- sentado en uno de los elegantes sillones de la sala, se le veía un poco decaído y cansado, manteniendo entre sus manos una copa de vino que no había probado mientras escuchaba hablar al alto oficial militar que lo acompañaba. Mientras tanto, como ocurriera en Cuenca, las damas rodeaban al recién caído del cielo quien lucía en su pecho las medallas recibidas esa tarde y ya más animado les enseñaba expresiones en italiano mientras le degustaba su cognac.

Uno de 1921, tras ser contratado para dirigir la Escuela de Aviación en Durán, contrajo matrimonio en Quito con Carmen Angulo Tobar, que acababa de enviudar de Pedro Freile Donoso, una de las primeras fortunas de la República.

Ella le pesaba con seis años pero estaban muy enamorados. La luna de miel fue en Europa con los cuatro niños Freile Angulo, a quienes llevaron a terminar su educación primaria.

El trayecto a Guayaquil, donde debían tomar el buque, tuvo sus contratiempos; al pasar el tren por muy Huigra los recién casados y sus hijos bajaron a visitar a Piero Liud que tenía una pequeña finca en las cercanías. La visita se prolongó más de la cuenta y se dio el caso singular de que el barco que debía conducirlos a Europa fue anclado en Guayaquil porque la señora se comprometió a sufragar los gastos que ello ocasionaba, con tal de que la esperaran.

En Italia residieron alrededor de cuatro años. Liut, siguiendo su costumbre de jugador inveterado de póker, perdió mucho dinero. Doña Carmen tenía costumbres principescas y se cuenta que en cierta ocasión cerró un teatro, pagando todas las localidades, para escuchar una ópera cuya área la unía sentimentalmente con su marido.

En 1926 tras recidir en diferentes ciudades de Europa, gastando más de la cuenta, volvieron a Quito y se instalaron con los chicos -convertidos en jóvenes para entonces en la amílica y hermosa Villa Victoria, que era mas bien una quinta por su gran terreno y bien cuidados jardines, amplios salones en la planta baja y cómodos dormitorios en la parte alta, propiedad de la familia de ella, situada en la esquina sur oriental de las calles Venezuela y Olmedo, qué pronto se hizo famosa por los banquetes que doña Carmen ofrecía con gran habilidad y frecuencia a sus numerosas amistades. Se la consideraba con toda justicia la más hábil y experta matrona de la capital en arte culinario, pero el exceso de gastos complicó la economía familiar, unido a las malas inversiones de Liut, que primero instaló una fábrica de ladrillos en Cotocollao y luego un aserradero que denominó El Cóndor, al punto que en 1933 la casa fue dada en arrendamiento al presidente Juan de Dios Martínez Mera para recidencia particular. De esta forma se fueron vendiendo las haciendas Carcelén, Zámbiza, El Carmen y Velasco. Bien en verdad que el país había entrado en la mayor crisis económica que azotó occidente en el siglo XX. La Villa Victoria tenía muebles de estilo, lujosos y antiguos, adornos europeos que doña Carmen había traído de sus viajes al exterior, de manera que era considerada entre las más importantes mansiones de Quito.