482. Las Guayaquileñas Y La Independencia

FINAL

  1. PEPITA GAÍNZA Y LAS MEDALLAS DEL HÉROE   

Mientras estuve en Guayaquil, Sucre he invitado a las fiestas y salados. En uno de ellos sacó bailar a la joven pepita Gaínza y Rocafuerte, de no más de 15 años, y en una de las vueltas de la contradanza, sus medallas quedaron prendidas en el corpiño de la joven, aprisionando los cuerpos. Los asistentes que se dieron cuenta y el héroe, muy gentilmente, antes que meter las manos en el corpiño prefirió desprenderse de sus medallas. Lo hizo con tanta gracia y elegancia, que hasta le dijo: “Señorita mis glorias le pertenecen”. Poco después se ausentó en la campaña y ella viajaba con los suyos a la ciudad de Guatemala, donde su padre don Gabino de Gainza, era capitán general. Las medallas quedaron con Pepita y luego pasaron a uno de sus hijos Ycaza Gainza, perdiéndose su rastro tras el incendio grande en 1896. Este episodio fue contado por José Joaquín Pino de Icaza.

  8,9,10. LAS TRES GRACIAS GUAYAQUILEÑAS 

Con motivo de una de las visitas de Bolívar a Guayaquil, posiblemente en 1826 — el cabildo decidió darle una recepción y se escogieron tres jovencitas que recitarán una loa cada una, y lo coronarán. Las elegidos fueron Marita Plaza del Campo, Angelita Rico Rocafuerte, después esposa del almirante Tomás Carlos Wright y Carmencita Calderón. Ellas acudieron vestidas con los colores de la bandera de Colombia: amarillo, azul y rojo, respectivamente. La Calderón ya había coronado en julio de 1822 el general José de San Martín pues gozaba de toda la confianza de Bolívar, gran amigo de su casa y su familia.

La señorita Plaza recitó: //Cuando de Guayaquil, señor marchaste /este pueblo de luto se vistió/ de pesares señor nos inundaste las flores, con tu ausencia marchitaste/ y el astro de luz se oscureció./ Has vuelto, que feliz es este día/ renace el pueblo, vuelve la alegría.//

 Bolívar le contestó: Una diosa de Colombia me acaba de coronar y de sus manos recibo la enseña que fue el culto de mi vida. A la señorita Rico le dijo: Me estremezco al ver que un ángel corone a un hombre (en referencia al nombre de ella, que era Angelita) y a la Calderón: De todas las glorias que me ha concebido la fortuna, la que más me abruma y enorgullece es la de haber sido coronado por tres ángeles del Guayas.

  11,12. SAN MARTÍN Y SUS DOS AMANTES GUAYAQUILEÑAS: A) ROSITA CAMPUZANO Y B) CARMEN MIRÓN Y ALAYÓN.

 Habiendo ocupado militarmente en Lima en 1821 San Martín se proclamó protector del Perú. Allí moraba en la calle de San Marcelo nuestra paisana Rosita Campuzano y Gómez — Cornejo, que era bellísima y había arribado a esa capital del brazo de un español cincuentón. Después pasó a las del general Domingo Tristán, pero al mismo tiempo hacía carantoñas con el Mariscal La Mar y Cortázar, el virrey José de la Serna y general Tomás de Heres, jefe del batallón Numancia, consiguiendo que se volteara con sus 800 plazas en favor de los patriotas, entre otros no menos importantes personajes. Sus lujos salones eran el sitio de reunión de los más selectos de la juventud peruana: El conde de San Juan de Lurigancho, el de la Vega del Rea, el vizconde de San Donás, Francisco X. Mariátegui, José Faustino Sánchez Carrión, etc. Manuelita Sáenz, casada con el médico inglés James Thorne, era su mejor amiga y en un baile que le ofreció el Cabildo, Rosita concurrió toda de blanco y logró captar la atención de San Martín pues al finalizar la fiesta el héroe le hizo salir discretamente y se unieron esa noche en palacio. Entonces fueron inseparables.

Cuando el 11 de enero de 1822 se creó la Orden del Sol de Perú, para 128 damas — “Las más sensibles” — recibió una de las divisas. Posteriormente San Martín se alejó de Lima y no hubo matrimonio porque él estaba casado en Buenos Aires con Remedio de Escalada y de la Quintana, una hija. Rosita -en cambio — contrajo nupcias en 1823 el coronel Jean Adolfo Grubber y de Bloomberg, varón de Gaber. Finalmente, con un comerciante alemán en calzado, dueño de dos tiendas de lujo en Lima, fue madre de Alejandro Weniger Campuzano, quien llegó a coronel del Ejército peruano y murió en una de las tantas guerras civiles de ese país. Vivía en un cuartito cedido por su amigo Francisco de Paula Vigil, en el edificio de la biblioteca nacional de Lima; estaba casi tullida y se ayudaba a caminar con un bastón. Debió morir en la década de los años 1860, en Lima.

A finales de julio de 1822, San Martín arribó a Guayaquil para celebrar una entrevista con Bolívar y tras las dos conversaciones y los festejos, el Libertador le tenía una sorpresa, como quien dice un agrado, en una casita del barrio del Astillero, situado en los extramuros de la ciudad. Allí vivía Carmen Mirón y Alayón, de sólo 20 años, guapa y viuda de un señor Pérez, qué le había durado pocos meses. Con ella estuvo el general argentino toda la mañana del día que se embarcó de regreso a Lima. En noviembre Carmen lo visitó en Lima para avisarle que estaba embarazada, causándole gran sorpresa; el argentino prometió ayudarla y la hizo regresar. Nació el niño Joaquín Miguel de San Martín Mirón en Guayaquil, quien años más tarde hizo valer sus documentos de nacimiento ante la logia limeña. En 1951 dicha acta de reconocimiento de paternidad, que levantaron los masones, fue presentada al Instituto de Genealogía y Heráldica de Guayaquil, donde quedó registrada. Los San Martín actuales de El Oro y Guayas se precian de ser descendientes directos del libertador de Argentina, Chile y Perú.