481. El Poema Final De David Ledesma

Para la Semana Santa sus padres viajaron a la villa que poseían en el balneario de Salinas. David prometió reunirse con ellos. La noche del miércoles bebió copiosamente con amigos y en la mañana del Jueves Santo, 30 de marzo de 1961, fue invitado a almorzar el tradicional plato de fanesca por Meche Mendoza Cajamarca y Germán Cobos su esposo, con quienes seguía llevándose. Pero, «azotado por el virus de la melancolía del vacío y del inconformismo esencial, por las dolencias físicas y somáticas que lo torturaban, sucumbió a la tentación y se ahorcó posiblemente entre las 9 y 10 de la mañana en el interior del clóset de su dormitorio, utilizando para el efecto tres corbatas, una de ellas amarilla». Ese color, como se sabe, representa el desprecio en Occidente y por el contrario la magnificencia en Oriente. Anudó la amarilla a otra corbata para formar una soga y las colgó de la varilla del clóset. La tercera corbata le sirvió para amarrarse las manos y se lanzó de un banquito que había llevado a propósito.

Al tocar la puerta y no obtener contestación, la empleada doméstica la forzó, encontró el cuerpo aún tibio y dio aviso telefónico a los padres. Actuó en el levantamiento del cadáver el comisario de turno, Lic. César Santana Bedoya. Como en el humilde departamento que alquilaba en Boyacá y Aguirre se halló su cama tendida y llena de libros, se supone que no durmió en ella y que pudo haber llegado en horas de la madrugada a la villa de sus padres, pues tenía la llave de la puerta principal. En la emisora CRE donde trabajaba dejó un papel escrito a máquina, dirigido a Germán Cobos. La misiva decía: «Germán: Por favor, cuida que todo marche bien y perdóname por este reemplazo tan largo. Mira que a Meche no le falte nada. Gracias. Y otra vez perdóname por echarte encima todas las novenas. Thank you. Por favor que siga sonando Aquí Cuba hasta que reviente». Y efectivamente reventó poco más tarde pues en esta ciudad prosaica, siempre había sido un programa sin publicidad.

En el bolsillo de su camisa el Comisario halló «El poema final», dedicado a su madre y a su hija, testimonio desgarrador y tierno de quien tornaba a la soledad donde había vivido con apetencia de muerte, para borrarse del paisaje, hacerse humo. EL POEMA FINAL. –  Fragmento. -// De pronto, como cortado o incompleto / como un silencio nada más / desciendo / como una sequedad en la garganta / como una pausa en que vacila el aire / amor mío, amor mío ¿Qué cosa puedo date? / tú me has dado tan solo tu presencia / tu sonrisa y a veces tu aliento / una proximidad y nada más / yo te regalo un muerto cuídalo bien es tuyo! // poema que Meche había hallado días antes en la radio y leído con un mal presentimiento. Su amigo el poeta, a quien ella había amado más bien con amor de madre, le dejaba una hija pequeñita, que por el ambiente de pobreza que se vivía entonces, fue criada por la abuelita paterna.

De «Gris».- AUTORETRATO CON UNA PENA dice: // Este pobre David que nada pide / sino un poco de paz para vivir / una piedra pequeña en que apoyar / la cabeza cansada de palabras / y un centavo de sueño que permita / creer que todavía hay buena gente / este pobre David que nada pide… //.

Quedaron sueltos «Cuatro poemas por Guatemala» que escribiera el 54 que puede ser considerado el primer exponente de su ideario político, su poemario «La Corbata amarilla o la risa del ahorcado» con poesía sardónica compuesta entre el 54 y el 59 y que diera parcialmente a conocer, tres relatos aparecidos en suplementos dominicales, dos bellísimos poemas en prosa lírica y quizá hasta un poemario que tenía anunciado bajo el título de «Cuba en el corazón» que nadie ha visto.

Su amiga Ileana Espinel recibió de la madre de David un copioso número de composiciones llenas de imprecaciones a Dios y al diablo, muy baudelerianas por cierto, para entregarlos a Alejandro Carrión Aguirre, quien escribió un estudio introductorio bellísimo, Io mejor que existe sobre la obra de David, para la edición que se había programado hacer en la imprenta de la Casa de la Cultura Ecuatoriana, que por educación envió a los padres para su aprobación y estos, motivados por absurdos prejuicios, se disgustaron muchísimo por las referencias a la homofilia de David.

Nunca se sabrá a ciencia cierta cuántos otros poemas dejó David pues sus padres se negaron sistemáticamente a darlos a la publicidad y hoy deben estar irremediablemente perdidos. Para colmos, la madre rompió las fotografías a fin de terminar con la fama de su hijo, a quien se tenía por poeta, homosexual y por suicida, categorías consideradas feas por entonces, y hasta llegó al extremo de disgustarse con Ileana, que ninguna participación había tenido en la confección del prólogo, que años después apareció tímidamente incluido en las Obras Completas de Carrión publicadas por el Banco Central y que en una de sus partes dice: «Están en este libro -se refiere a la obra final de David que jamás llegó a publicarse— algunos de los mejores poemas ecuatorianos de todos los tiempos, insuperables en técnica y en auténtica emoción, los poemas más espantosos y envenenados que haya podido crear un poeta excelso, hundido en la más mortal e indigna desesperación de la espesa mugre del alma, en las aguas negras de las horas cuando ya toda esperanza, la más ilusoria y absurda, ha sido cuidadosamente eliminada. En este libro, junto a la alta calidad lírica, a una plenitud de oficio que lo gradúa de poeta de primer rango, se halla Io que podríamos llamar, el primero, auténtico y brutal trasunto de la desesperación total surgida entre nosotros».