48. Nuestro paisano Martin de Porres

Nació en el traspatio de una casa de su padre fronteriza al Hospital del Espíritu Santo el 11 de noviembre de 1.579 pero en la partida bautismal se dijo que era hijo de padre desconocido debido a su condición de mulato de piel morena y gruesos rasgos siendo sus padres el Capitán Juan de Porres y Miranda, natural de Burgos en España de condición hidalga y Ana Velásquez, esclava de raza negra, nacida en Panamá, hija de esclavos Horros.

Posteriormente les nació una niña llamada Ana con todas las características de la raza blanca, en una casa de la calle del Espíritu Santo. Entonces se le movió el corazón a don Juan de Porres, liberó a su esclava y reconoció a sus dos hijos, a quienes visitaba semanalmente, pero el casero se enteró de esos furtivos devaneos y les pidió que desocuparan, pasando Ana y sus tiernas criaturas a vivir en una pobre choza situada bajo el puente, en el barrio de Malambo, ganándose la vida como lavandera e inculcando a sus hijos los preceptos de la moral cristiana de manera que Martín crecía bueno y servicial,  compadeciéndose de los más pobres y haciendo la caridad con los afligidos.

Hacia l.585 don Juan de Porres se instaló en Guayaquil con su familia (Ana Velázquez y sus dos hijos) acomodándoles en una modesta morada al pie del cerro Santa Ana cerca de la casa de su hermano y les puso de profesora de los niños a Isabel García, que enseñaba a leer y a escribir en el barrio. El 89 fue designado Gobernador de Tierra Firme (Panamá) y volvió a Lima para tomar órdenes del Virrey. El 92 partió a cumplir su destino administrativo, no sin antes pasar por Guayaquil dejando algún dinero a su tío don Diego de Miranda y Paz, a quien encargó que velara por los niños Martín y Ana.

Martín solamente tenía trece años y como parece que el tío dejó de atenderles económicamente viajó el 94 a Lima con su madre y hermana y entró a una botica de hierbas propiedad de Matheo Pastor y Francisca Vélez donde se familiarizó con enfermedades y remedios. Poco después el Cirujano barbero Marcelo Ribera lo llevó de ayudante y le enseñó a cortar el pelo, hacer la barba y los bigotes, a sangrar con navaja, a colocar sanguijuelas, a sacar dientes y muelas, a curar toda clase de heridas y reducir fracturas de los huesos; en fin, a conocer las principales enfermedades y a recetarlas. En todo Martín demostró ser muy diestro y era buscado por numerosas personas debido a que tenía buena mano, sobre todo para sacar muelas casi sin dolor, pero tenía decidido dedicarse por entero a Dios y al prójimo y con el permiso de su madre solicitó al portero del convento dominicano de Nuestra Señora del Rosario, que lo admita como el último hermano de la comunidad, sin derecho a practicar estudios ni a vestir el hábito y tanto insistió en el pedido que el Provincial terminó por acceder y Martín ingresó al Convento el 2 de Junio de 1.603 de 24 años de edad.

Pronto comenzó a realizar “milagros”. Sus más conocidos se relacionan con los ratones pues habiendo muchos en el convento, que revolvían las celdas de los frailes, Martín logró atrapar a uno y dizque le dijo: Vayase hermano y dígale a sus compañeritos que no sean fastidiosos ni nocivos y que se muden a la huerta, que yo cuidaré de llevarles alimento suficiente cada día y es fama que el embajador cumplió el encargo y desde ese momento la ratonil muchitanga abandonó el claustro.

En otra ocasión estaban un perro y un gato comiendo en el mismo plato conforme los tenía acostumbrados Martín, cuando un ratoncillo sacó el hocico atraído por el olor. Descubriole el santo y volviéndose al perro y al gato díjoles: Cálmense, porque estaban excitados, y al pericote: Sálgase sin cuidado hermano ratón, paréceme que tiene necesidad de comer y haciéndole un puestito lo puso al lado del gato y el perro y comieron los tres animalitos con amor y en santas paces, de donde se deduce quesi tres animales tradicionales enemigos pudieron superar sus diferencias, otro tanto podría hacer el género humano si quisiera.

A finales de octubre de 1.639 le sobrevino una infección con calenturas producto del tifus con que se había contagiado dada la falta de higiene imperante en el convento, donde abundaban las pulgas. Los síntomas no cedían ni ante los remedios que le aplicaba el Dr. Navarro. El día 3 de noviembre recibió la visita del Virrey del Perú, Conde de Chinchón, Luis Gerónimo de Cabrera y Bobadilla, quien le halló deshidratado y con visiones. Por la tarde siguió delirando y vio “al diablo” pero fray Francisco de Paredes que se hallaba en su cabecera limpiándole el sudor, lo confortó con palabras amables y murió a las ocho y media de la noche, tras rezar sus oraciones en gran paz, delante de la comunidad y en olor de santidad, pues empezó a desprenderse de su cuerpo un suavísimo aroma que fue inundando todo el convento. Había cumplido cincuenta y nueve años de edad.

Cuando se esparció la noticia se reunió un grandísimo gentío que aumentó a las cuatro de la mañana sin que nadie los hubiera convocado y comenzaron a cortar en pedacitos el hábito del difunto. A las exequias concurrió lo más granado del reino formado por los dos Cabildos, el secular y el eclesiástico, los señores de la Audiencia, el Arzobispo de México y el Obispo del Cusco que estaban de paso por Lima, los prelados de todas las Ordenes, el clero secular y fue enterrado en el sector de los sacerdotes, aunque jamás recibió ninguna Orden, honor muy grande pero merecido para premiar su santa vida y muerte, anotaron los Cronistas en palabras sensatas.

Fue el siglo XVI de numerosos santos que florecieron en las Indias. Mas, a Martín de Porres, le correspondió ser el más simpático y moderno de todos por su caridad y preocupación social, tan en boga en estos tiempos que aspiran a obtener la redención del hombre en la tierra. Es el patrono de los basureros porque le agradaba barrer y de los boticarios porque curaba enfermos y ejemplo de lo que puede conseguirse en este mundo a base de humildad y amor al prójimo.