347. Cantares y Romances En El Ecuador

Según Menéndez y Pelayo  nada hay más raro que la belleza y entre todas las maneras de hermosura, quizá la más rara y exquisita y la que con más fugaces apariciones recrea la mente de los humanos es la belleza lírica y justamente por fugaz se presenta y ausenta en períodos, como sucedió en las letras españolas que sufrieron grandes penurias a fines del siglo pasado cuando se escribían en castellano versos franceses; pero en eso llegó la guerra Hispano-Americana y la derrota de la armada española en 1898 en la bahía de Manila, que trajo como reacción patriótica un renacer lírico a españolísimas formas del pasado, resucitándose el Romancero y evocando a clásicos como el Marqués de Santillana, Góngora y Garcilaso; entonces volvieron las trovas, los romances y las redondillas y se remozó la vieja poesía clásica y sencilla, simplemente por amor a las glorias patrias. En otras palabras, se trató de resucitar la primitiva poesía castellana.

Estos poetas formaron la Generación del 98, justamente por haber reaccionado ante la derrota nacional de ese año y entre ellos destacó Manuel Machado, que de un Modernismo decadentista bellísimo en 1.895 terminó a la vuelta de pocos años en el género de los Cantares. De su primera etapa es «Adelfos», nombre de una pequeña especie botánica venenosa que crece en la campiña francesa, y que dice así: -Adelfos- // Y soy como la gente que a mi tierra vinieron: // yo soy de la raza mora, vieja amiga del sol. // que todo lo ganaron y todo lo perdieron. // Tengo el alma de nardo del árabe español. / Mi voluntad se ha muerto una noche de luna / en que era muy hermoso no pensar ni querer. / Mi ideal es tenderme, sin ilusión ninguna / de cuando en cuando, un beso y un nombre de mujer. // En mi alma hermana de la tarde, no hay contornos / … y la rosa simbólica de mi única pasión /es una flor que nace en tierras ignoradas / y que no tiene aroma, ni forma, ni color. //

De su segunda etapa es «Cantares». Vino, sentimiento; guitarra y poesía, / Quien dice Cantares, dice Andalucía. / A la sombra fresca de la vieja parra / un mozo moreno rasguea la guitarra. . . / hacen los cantares de la Patria mía! Cantares . . ./ algo que acaricia y algo que desgarra. / La prima que canta y el bordón que llora. / y el tiempo callado se va, hora tras hora, / Cantares . . . / son dejos fatales de la raza mora. //  Y así tras el espejismo de un falso patriotismo se dañó una poesía complicada y hermosa como fue la Modernista y más aún la decadentista, por otra simplona y hasta reticente, que nada decía ni nada explicaba y solamente cantaba en viejas formas revividas a causa de una derrota nacional y España volvía a sendas poéticas que sin embargo, en la década de 1.920 dieron al más grande romancero gitano de todos los tiempos, el inolvidable Federico García Lorca,  inútilmente asesinado en 1936 durante la Guerra Civil; de tal suerte que el período mejor de la generación del 98, de su poesía arcaizante y del romancero, va de 1.910 hasta 1.936 en España y cosa curiosa, desde 1.931 hasta 1.960 en el Ecuador, pues nos llegó traída por estudiantes nacionales que habían viajado a la península y regresaban con las nuevas y al mismo tiempo antiguas formas poéticas de esos momentos. Entre ellos podemos citar al Padre Aurelio Espinoza Pólit autor de «Alma Adentro» en 1.938, al Dr. Abel Romeo Castillo y a sus discípulos muy menores Jorge Pincay Coronel, Enrique Palma Alvarado y Alejandro Velasco Mejía. En Cuenca se dio la línea aberrante con María Ramona Cordero y León que escribió mucho y bien como «Mary Corilé», pero en fabla antiga de los siglos XII y XIII y de ella son poemarios con títulos tan arcaizantes como «El Mío Romancero», «Muesa Cuenca de los Andes», «Romances fechos laureles» y «El Romancero de Bolívar», con buenas poesías, aunque sus donosuras pudo haberlas escrito en español actual y como para muestra basta un botón, aquí va de sus versos a Bolívar. Fragmento.  «Cóndor de los míos Andes / que sobre el sol te elevas; / tal merced yo vos imploro / de una de las plumas vuesas; / que vibrando en la mi mano / describa muy más mayestra, / las fazannas de tal fixo; / Varón impar, gloria inmensa. / Libertador é grande padre / de nuesas tierras de América …//

Y si la poesía arcaizante y el Romance son disculpados entre los ecuatorianos que viajaron y vivieron en España – Espinosa y Castillo – en cambio merece reprobación en los demás, por imitativos.

En «Preludio» Espinosa Pólit, que siempre fue muy clásico y muy frío, dijo: // Los negros flancos de la peña rota / al interior destilan gota a gota / el agua, que latente / callada se acumula, y por fin brota / en límpida vertiente. // Y de mi duro corazón partido / gota a gota ha surtido / la salobre vertiente de mi llanto, / que luego con melódico gemido / fluye trocada en canto. // Y canto es asimismo la dulzura / del hilo de agua pura / que en torno riega la sedienta grama, / cuando la íntima paz que me satura / del pecho se derrama. // Así alternando el himno y la elegía / ya ll óre, ya sonría / solo te canto a ti, mi único dueño, / en quien puse mi ensueño / desde que supo amar el alma mía. //