479. La Rica Piña Milagreña

Cuenta la tradición que en 1.786 un vecino del caserío Chirijo llamado Miguel Salcedo, pidió al Cabildo guayaquileño, que en homenaje a la milagrosa curación de unas fiebres malignas que habían atacado a su esposa doña María, se cambiara de nombre al sitio poniéndole «El Milagro”, y agregaba que el milagro había corrido por cuenta de San Francisco de Asís, de quien era muy devoto.

Con motivo de la independencia en 1.821 dicho caserío fue elevado a la categoría de Recinto, designándose a Francisco Javier de Mora para Alcalde. Los vecinos de Yaguachi protestaron por que con tal motivo se había instalado en Milagro una «casa de pulpería» para comprar y vender víveres y como estaba situada más cercana a la sierra que Yaguachi, podría tomar ventajas, dejandoles sin provisiones y lo que era peor, sin   negocio. En agosto algunos milagreños pidieron al Cabildo de Guayaquil que les permitieran levantar una capilla indicando que los vecinos del Recinto sumaban más de seiscientos y que, aunque solo estaban a escasas cuatro leguas de Yaguachi, en invierno se ponían los caminos intransitables por las lluvias y en verano por el polvo, entorpeciendo y fatigando a los piadosos habitantes cada vez que concurrían a misa. Desde entonces cuatro veces al año el cura de Yaguachi visitaba Milagro para confirmar, bautizar, casar, confesar y dar la comunión a sus feligreses. En cada ocasión se celebraba una misa en latín, con la pompa necesaria y revestido de ornamentos sagrados como imponía la liturgia.

El 9 de marzo de 1.841 y mientras se celebraba la procesión de San Jacinto de Polonia, el fuego de una vela contaminó una pared de caña y se quemó Yaguachi tan violentamente, que casi nadie pudo salvar sus cosas, quedando dicho vecindario en la más completa indigencia. El gobernador Vicente Rocafuerte ordenó el traslado de la población a la zona que actualmente ocupa, más cercana a Guayaquil, pero no todos acataron la orden y una minoría prefirió irse a vivir a Milagro, por estar próximos a sus cultivos y siembras y los más tosudos no solo que no se cambiaron si no que volvieron a construir sus viviendas en el mismo sitio del incendio, formandose nuevamente una población, pero en esta ocasión, bajo la denominación de Cone.

Mientras tanto Milagro crecía en importancia y población; mas, la avalancha de nuevos vecinos trajo una serie de problemas, el peor de todos fue el habitacional, pues el recinto era estrecho y no proporcionaba comodidades, por lo que doña María Coello pidió a Guayaquil la cesión de unos terrenos para aumentar la zona urbana y poblacional de Milagro. Coincidió este auge con una rara peste en Guayaquil que después se supo era la temible fiebre amarilla que tantas víctimas había cobrado en Siam y Panamá. A fines de 1.842 ya se anotaban algunos casos en Yaguachi y hasta en Milagro y entonces el pánico cundió entre las familias, al punto que ambas poblaciones quedaron deshabitadas pues la gente no quiso esperar   la muerte, cerraban sus casas y se iban a las montañas esperanzados. Recién en abril del 43 se normalizó la vida urbana con el regreso de los sobrevivientes; unos tan demacrados (eran los que había enfermado, pero no muerto) que más parecían espectros, y otros mostrando la preocupación y el susto. Se calcula que en la zona Milagro – Yaguachi murieron más de trescientos vecinos.

En 1.874 el ferrocarril de García Moreno hizo su arribo triunfal a Milagro uniéndola con Yaguachi. Era una subestación intermedia, contaba con una caseta desde la cual el jefe ad honorem Alcides Andrade Manrique, huido de Ibarra a consecuencia del terremoto de 1.868, dirigía el tráfico de la locomotora y enviaba mensajes telegráficos. Otras estaciones menores funcionaban en las haciendas Chobo, el Arenal, Venecia. Naranjito y Barraganetal.

Milagro continuaba su vida bucólica y pueblerina a la sombra de las instalaciones industriales del recién fundado Ingenio Valdés que proveía de luz eléctrica, siendo la primera población ecuatoriana en tenerla. En 1.894 el vecindario se levantó en armas contra el régimen progresista. Enrique Valdés Concha y Pedro J. Montero – siempre Milagro y Yaguachi juntas – se unieron a Plutarco Bowen que bajaba desde Manabí por la zona de Daule e ingresaron a Guayaquil; para entonces se había generalizado la revolución liberal y triunfaban los alzamientos armados. Poco después Alfaro derrotó a los ejércitos conservador y progresista en la célebre batalla de Gatazo y en septiembre del 95 entró victorioso en Quito.

En 1.911 nuevamente se alzó en armas Milagro con Valdés en apoyo al ejército constitucionalista de Julio Andrade y Leonidas Plaza, que derrotó en Yaguachi a las fuerzas de Flavio Alfaro y Pedro J. Montero. En 1.912, se formó un comité pro Cantonización presidido por Ernest Seminario Han  propietario en la zona, y el 7 de septiembre el Presidente del Congreso Miguel Valverde logró la aprobación y firma del Decreto.

Actualmente Milagro es la cuarta ciudad en población de la República. Su bandera es blanca y verde en franjas iguales y horizontales, con cinco estrellas rojas en la punta superior derecha que simbolizan a sus parroquias. El escudo es cuartelado: lo. y 4o. de plata, con una caña de azúcar verde (sinople) y una espiga de arroz amarilla (oro) respectivamente. 2o. y 3o. de azur, con una punta de hacha indígena de cobre (oro) y una rueda del progreso amarilla (oro) respectivamente. Bordura roja (gules) con ocho piñas amarillas (oro) Sobre el escudo van cinco estrellas rojas (gules) de cinco puntas cada una. Leyenda inferior: Sobre una cinta blanca y verde, en fajas horizontales: «San Francisco de Milagro» y dos fechas 1.786 (año del Milagro) y 1.913(de la Cantonización) Este escudo fue aprobado en agosto de 1.964 durante la alcaldía del Dr. Alejandro Zaldúa Vallejo en base a mi proyecto original. El Coro de su Himno dice: // Tierra dulce, ardorosa, fecunda; / por todo ello, más madre y más tierra / ¿Qué tesoro, tu entraña no encierra? / ¿Qué dulzura tus senos no dan?