466. La Tragedia Del Padre Brito

Nació en Sigsig, Azuay, el 2 de febrero de 1.908 y le bautizaron con los nombres de Elías de Jesús como hijo de Gregorio Brito Lafebre y Avelina Galarza, agricultores en ese Cantón.

Siempre fue un muchacho íntegro y consecuente, modelo de virtudes. “Había en él un no sé qué de candor e inocencia en su mirada” y a los trece años no sorprendió a nadie que pidiera permiso a su papá para ingresar al aspirantado salesiano, pero como recibiera un no por respuesta, silenciosamente arregló una maleta y tomando a su perro, su más fiel amigo, se dispuso a partir. Su padre lo descubrió y detuvo, ofreciéndose a llevarle después de unos días. Años más tarde una hermana suya también ingresó a esa Orden.

Realizó sus Profesiones Trienales en Cuenca. Posteriormente le mandaron a la casa matriz de Turín, era activo y devoto y se ordenó en 1.933. Su amigo el Dr. Luís Salgado le dedicó la siguiente pieza literaria “Cuan sublime misión” // ¡Qué bellos pasos? / No hay heroísmo igual a este heroísmo / irradiando alegría en el semblante, / Vivir el corazón hecho pedazos, / Asirse de la cruz con ambos brazos / Con el más grande olvido de sí mismo. / Inmolarse de amor al semejante / En la lid contra un rudo paganismo, / Gozar de incesantes privaciones / Sin esperar honores en la tierra, / Que comúnmente otorga galardones / a través del vil oro o de la guerra, / Eso es ser grande, esta es misión sublime. / No hay heroísmo igual a este heroísmo. //

Regresó en Julio de ese año hablando italiano, latín y francés y celebró su primera misa en el Instituto salesiano de La Tola en Quito y fue profesor en dicho Oratorio Festivo. Uno de sus alumnos – el popular Oscar Guerra a) Zarzosa – diría más tarde: Conocimos al padre Brito quien tenía fama de bravo y no era así…tenía un corazón de oro y era futbolista. Nos enseñó muchos valores y entre ellos el compañerismo para llevarnos bien y amarnos como hermanos.

Dotado de una enorme fuerza de espíritu y en un medio tan inclemente como la selva, con lluvias torrenciales que podían durar hasta una semana, recorrió extensas regiones hasta entonces inhóspitas, colaborando en la construcción de puentes, tarabitas y caminos pues desde siempre había sido un sujeto inteligente, trabajador y entusiasta, al punto que llegó a aprender el idioma de los shuaras a la perfección, realizó grandes obras y corrió serios peligros. En una travesía se salvó de morir ahogado cuando naufragó en las turbulentas aguas del río Ungamangociza, la débil canoa en que iba con los misioneros Ángel Rougby e Isidro Bigaty, quienes perecieron ahogados.

En 1.938 lanzó el primero de tres volúmenes anunciados, de Misiones Salesianas del Oriente Ecuatoriano, con detalles sobre el inicio, desarrollo, dificultades e ingreso al oriente.

Durante los ocho meses entre Julio del 41 a marzo del 42, que duró la invasión peruana en nuestro oriente, la misión salesiana se vio aislada de toda comunicación y las misiones salesianas pasaron hambre; sinembargo el Padre Brito logró trasladarse a Quito y comenzó una campaña a nivel nacional desde la radio “Ecuador Amazónico” en defensa de los derechos inalienables del país. Por esta labor que se prolongó varios años, entró en polémicas con el Embajador peruano y fue condecorado por nuestro gobierno con la Orden Nacional al Mérito. Sus programas alcanzaron una gran sintonía. Era un orador vibrante que efervorizaba a los auditorios y logró erigirse en la voz herida de la Nación.

En un folleto que distribuyó por entonces, alertó al país en su política internacional, diciendo: No lloriqueos si no acción contra la usurpación del oriente, no cabe otra cosa si no la ocupación del mismo. Para el suscrito, un metro de ocupación inmediata y definitiva, vale más que todos los papeles de los cuales nada nuevo hemos conseguido.

En junio del 46 consiguió del Presidente Velasco Ibarra la aprobación del contrato para abrir caminos en la zona del río Coangos en la cabecera de los ríos Cenepa y Santiago, pero desafortunadamente no se cumplió el proyecto. Su presencia – agigantada por la radio –  simbolizaba la resistencia ecuatoriana a la penetración peruana en la Amazonía, por eso los funcionarios de la embajada del Perú se quejaron en repetidas ocasiones, indicando que en esta labor se estaba indisponiendo a pueblos hermanos, lo cual era una grandísima mentira porque la labor del padre Brito solo indisponía a sus superiores salesianos con  los del Perú,  de manera que la superioridad en Quito,  trataron de contenerle y como el impetuoso padre Brito no les hacía caso, pues aparte de su natural hiper actividad había empezado a tener arrebatos y excesos que no eran naturales (sus discursos se habían vuelto delirantes, posiblemente porque le habría comenzado un ataque de esquizofrenia) en lugar de tratar de curarlo como hubiera sido lo más conveniente, el 13 de Octubre de 1.953 le expulsaron de la Orden sin ningún remordimiento, pero él ni se dio por aludido y siguió vistiendo el hábito y vociferando por las calles a gritos, por eso comenzaron a suscitarse en su contra todo género de persecuciones, incluso ataques y encarcelamientos. La envidia de unos pocos superiores se ha cebado en mí, diría como única defensa.

Cierto día en la Avenida Don Bosco del barrio de La Tola fue abordado por un grupo de estudiantes para arrebatarle su sotana. En otra ocasión unos desconocidos  lo arrestaron y llevaron al hospital psiquiátrico de Conocoto, donde le trataron de loco furioso y hasta fue golpeado en varias ocasiones Una  noche muy fría sus enfermeros – tratando de tranquilizarle según se dijo  –  le arrojaron a un estanque pues “su mal” había empeorado con el paso de los días, y como aún no se conocían en Quito las modernas drogas psicotrópicas que surgieron en los EE. UU. en esa década y sirven para manejar las dolencias mentales, a “los locos” se les maltrataba inmisericordemente.

Enfermo de gravedad a causa de una pulmonía fue trasladado al seno de su familia en Sigsig donde falleció el 6 de Julio de 1.960 de solo cincuenta y dos años de edad, considerado entre los defensores a ultranza de nuestra integridad territorial.  En la zona de Gualaquiza su recuerdo se ha perennizado en la Escuela de Educación Básica de la parroquia Sucúa y a pesar del tiempo transcurrido aún se discute sobre su conducta. Muchos personajes que le trataron en esos días le defienden. El padre José Ricardo Bejarano declaró que el padre Brito jamás había pedido la razón si no que sus Superiores pretextaron enfermedad mental para expulsarlo de la Orden.