451. El Sexo En Épocas Victorianas, Aquisito No más

A finales de la década de 1.940 los profesores del Colegio San José como parte del programa lectivo de la materia de Higiene nos enviaron a los mayorcitos de la primaria al cercano cine Gloria, situado en la calle Imbabura, que por poco transitada era algo misteriosa, donde se pasaban unas antiguas películas alemana ssilentes, con letreros explicativos en idioma castellano, filmadas en los años treinta, sobre los peligros del sexo y las enfermedades venéreas. Los filmes eran lo que se dice fuertes y hasta crudos, pues mostraba unos horripilantes fetos, a numerosos recién nacidos llagados y otros con malformaciones. Al final las tomas se realizaban en los asilos y manicomios, enfocaban a sujetos paralíticos, locos y a otros enfermos de convulsiones. Al día siguiente, al volver a clases y aún bajo los efectos de la impresión, nos enchufaron un largo discurso sobre los peligros que acarreaba el sexo. No faltaba más, fue Santo remedio. Pero mejor hubiera sido que nos hablaran de la bondad de los antibióticos que estaban llegando al país para curar dichas enfermedades ¿No les parece?

El Obispo de Cuenca, Guillermo Harris Morales (1.882-1944) prohibió terminantemente a las alumnas de colegios religiosos que jugaran basketcon pantalones cortos por ser una práctica contraria a la moral pública. I en cierta ocasión que recibió en Palacio a una delegación de importantes damas cuencanas, que le fueron a visitar vestidas de negro, con faldas y mangas largas y cuello cerrado, al notar que una de ellas usaba un vestido sastre de mangas cortas la pelliscó en el brazo por irrespetuosa. Em ese entonces y en dicha ciudad una distinguida profesora argentina de danzas modernas fue criticadísima por bailar a la usanza de la célebre Isadora Duncas con los pies desnudos, durante la presentación de fin de curso de sus alumnas.

Hacia 1.950 las más fuertes película eran francesas, pero después llegaron las suecas, alguna con títulos morrocotudos y todas prohibidas para menores de dieciocho años e impropias para señoritas, tales como Manon, Amores malditos, los frutos del mal, los Siete pecados capitales. Los mayorcitos del barrio se hacían lenguas entre ellos y juraban haberlas visto, insistiendo que eran fuertes, pero cosa rara, no daban detalles.

A la par arribó al puerto una Misión religiosa española con el fin de brindar charlas gratuitas sobre Sexualidad. La novedad escandalosa del tema hizo que la muchachada concurriera en masa a escuchar por primera ocasión en la vida cómo era la intimidad, considerada materia prohibidísima, al punto que ni en las casas se hablaba de ello. Yo estuve en la que se dictó en el Vicente Rocafuerte y me han referido que en la de la Providencia ocurrió la siguiente anécdota. Eran las siete de la noche, el salón estaba de bote en bote y hacía mucho calor. Los chicos sdentados de un lado y las chicas del otro, mirándose con recelo y un poco de verguenza.  El ambiente era pesado, de expectación y suspenso, cuando entró el sacerdote, que habló largo sin ser explísito ni entrar en detalles, recomendando al final una total abstinencia y castidad. Producido un silencio, un amigo mio del Aguirre Abad, queriendo pasárselas de sabiondo delante de sus amiguitas y vecinas del barrio Orellana, se levantó de su asiento y con tono de suficiencia y voz retórica y fuerte, repitió de memoria una frase sacada de la obra “Ambición y angustia de la adolescencia” del pensador argentino Aníbal Ponce ( (1.898-1938) que de casualidad había caído en sus manos y dice así “El amor solamente merece ese nombre, cuando en la má noble intención de la ternura, adquiere una resonancia orgánica, en la intimidad del instinto”  pero la respuesta del orador fue rápida y aplastante ¡Eso es de los animales¡ y lo dejó mudo (ofri se decía entonces) y lo que es peor, marcado ante las inocentes chicas del barrio que de allí en adelante le cogieron miedo por considerar que era un peligrosísimo animal sexual. Las madres de familia hasta llegaron a prohibir su trato.

Por esas épocas cayeron en el cine Apolo unas bailarinas caribeñas anunciadas en función nocturna para mayores. El réclame que bailarían desnudas causó conmoción. Nos reunimos algunos muchachones y nos colamos de contrabando, ocupando los asientos de la primera fila. Al levantarse el telón tras larga y nerviosa espera salieron al escenario las mulatas luciendo vestidos de baño dos piezas y unas largas colas de telas de colores que les tapaban la retaguardia. Eran chiconas jóvenes que no estaban mal pero el público pidió más y entonces se quitaron las colas de los vestidos. Los bailes duraron casi dos horas. A la salida uno de los nuestros dijo medio decepcionado Por lo menos bailaron sin zapatos, lo cual era considerado en aquellas épocas, cuando mlas mujeres ocultaban sus cuerpos, algo super sexi.

Después llegó al Apolo la exótica bailarina Naja Karamurú, princesa indú – después se descubrió que era peruana y había actuado en los cabarets de Puerto Bolívar – Su gracia consistía en bailar casi en cueros y solamente arropada con una culebra que se le enroscaba en el cuerpo.  El tremendo animal se exhibió con antelación en una urna de cristal colocada en la vereda del diario La Prensa en Boyacá y 9 de octubre. No faltaron los miles de curiosos que hacían cola para observarla. Yo entre ellos. Era un bicho enorme y se movía feo.  La noche del estreno salió Naja y todo fue verla y un grandulón gordísimo sentado en la punta derecha de la séptima fila comenzó a gritar. Quiero mi plata, esa culebra no tiene dientes, no pica, está dormida. Todo por hacerse el chusco, pero la galería le seguía la cuerda y coreaba sus expresiones armando un gran barullo. Esa culebra está como ahuevada, y así por el estilo. Naja ni se inmutaba, pero bajó del escenario con su culebra y continuó bailando por el corredor del lado opuesto al del gordo. Los que estaban sentados en las esquinas dejaron de reir. Luego subió al escenario y bajó por el otro lado, silencio profundo, el gordo se quedó quietecito y mudo. Y cuando Naja – haciéndose la cojuda – pasó por su lado, con movimiento rápido le colocó la punta de la cabeza de la culebra en la cara al punto que el animal sacó la lengua y le lamió la nariz, haciendo que el pobre gordiflón se haga para atrás instintivamente y con violencia y como las bancas eran de madera y estaban pegadas unas con otras, se llevó a toda la fila. Hubo gritos y carcajadas y hasta se prendieron las luces para que los caídos se recuperen, mientras Naja volvía al esenario satisfecha su venganza. Las noches siguientes se repitieron los llenos completos, pero ese fin de semana se conoció que había huido estafando al propietario del cine y cuando intervino la Intendencia apareció un montubio de El Salitre pidiendo que le devuelvan su culebra, que solo era prestada.

A un conocido deportista se le ocurrió presentar Sexo Explícito en vivo y en directo en función privada y secretas de media noche en el cine Eloy Alfaro de la Sociedad Hijos del Trabajo (funcionaba en el primer piso alto de una casita de madera en P. Ycaza entre Boyacá y Escobedo) cobrando carísimo, a cien sucres por persona. Una vez por semana reunía a no más de seis clientes conocidos adinerados y morbosos que aconchabados con el portero subrepticiamente ocupaban la sala del cine cuando la función nocturna había concluido. Nuestra gallada barrial conocía el secreto por los bomberos del cuartel de la esquina pero como nunca pudimos reunir los famosos cien sucres de la entrada, no referiré minucias que no me constan; mas, a groso modo sabíamos que el aespectáculo lo realizaba un fornido mozo del sector que paraba en la vecina cantina de Los Siete Mares, con la aceptación tácita de una damita de mal vivir, pero ojo, nunca con la misma, allí estaba el detalle. Cierta noche se ajumó y quedó tendido como muerto sobre una de las bancas de los bomberos y ante la disyuntiva de anular la función de esa semana y devolver la plata, el audaz empresario decidió reemplazarle y hasta vistió el traje de Adan como es de cajón. Al finaliar el acto los vejetes se dieron por bien servidos y bajaron riéndose a las dos de la mañana y aquí no pasó nada, todo bien, gracias.