45. Los Demonios de Nuestro Folklore

Cuando en las oscuras noches de nuestro litoral algún cristiano oye un silbido ululante, siente que los nervios se le crispan y pronuncia entre aterrado y confuso: «El Tin – Tin»; nombre mágico y poderoso que recuerda la figura traviesa de un enanito cabezón, gnomo encantado de los bosques, cuya particularidad consiste en atraer a las mujeres pelonas y cejonas y envolverlas en una especie de trance hipnótico, secuestrándolas hasta lo más profundo de las arboledas, en donde abusa de ellas. El hijo que nace de esta unión es con el correr de los años un verdadero diablo con las mujeres, a las que enredará con mil artimañas, así como su padre el Tin – Tin supo atraer a su progenitora.

Esa es la cándida historia que conocemos y que cualquier montubio y/o cholo costeño cree a pie juntillas, sin dudar de su autenticidad. El Tin – Tin es en nuestro folklor una figura casi familiar y sus orígenes más remotos se proyectan de antes de la conquista, cuando existía en la isla Puná una nación enemiga irreconciliable de sus vecinos de la costa, los tumbencinos, a los que combatía incansablemente.

EL TIN – TIN

Por una ley histórica los dioses de las religiones vencidas pasan a ser demonios en las religiones vencedoras y por este motivo, cuando los sacerdotes españoles iniciaron la aculturización de los indígenas del litoral, sometiéndolos al régimen de las Encomiendas para explotarlos y enseñarles los rudimentos de la civilización, tuvieron mucho cuidado en hacerles olvidar sus antiguas divinidades, llegando a extremos como  quemar sus quipos, destruir los templos y castigar duramente a quienes seguían adorando  idolillos familiares en las huacas. Uno de los más venerados por los naturales de Puná era el dios murciélago y noctámbulo llamado TIN (que significa DIOS) tenía por costumbre seducir mujeres casadas de la tribu cuando estaban dormidas, entregándoles el don de la fecundidad. Tin – Tin, significa Dios de dioses o el Dios Mayor de todos los demás, por ser el de la procreación.

Para los crédulos naturales esa simple explicación solucionaba el complicado problema de la concepción de un ser humano y nadie dudaba que TIN fuera el responsable de cada nacimiento. Había que invocarlo con ceremonias y ritos especiales hoy olvidados, para que el matrimonio fuera premiado por el dios con numerosas visitas y otros tantos hijos.

No nos debe sorprender en lo absoluto que estas gentes hayan imaginado que el murciélago, que lo representaban muy estilizado en sus usos o pesos y en sus cuentas de adorno con figuras zoomorfas, fuese el espíritu de vida nueva en la tribu; porque los occidentales recién a principios del siglo XX y solo con la ayuda del microscopio electrónico, pudieron descubrir el complicado mecanismo de la concepción.

Los Punáes desconocían algo tan complejo como la existencia y fecundación del óvulo por el espermatozoide y su imprescindible papel en la concepción, el hecho que una pareja tuviera intimidad no estaba relacionado con el fenómeno consecuente, es decir, con la creación del nuevo ser. Esos dos momentos en la vida de una pareja no estaban enlazados dentro de la simple imagen de la vida que poseían nuestros aborígenes. Ellos creían que una cosa era tener relaciones y otra muy distinta la visita del dios murciélago, que traía aparejado un nuevo ser al que se denominaba hijo de la pareja, pero que en realidad era un don de la divinidad: del TIN, origen y continuación de la especie.

                  

DE DIOS A DEMONIO POR CULPA DE ESPAÑA

En Puna era un mandato social proporcionar a la tribu nuevos miembros que la robustezcan haciéndola crecer. Por eso el dios – murciélago era bienvenido en todos los hogares y nadie se resistía a su visita ni se consideraba signo de vergüenza que las mujeres, en sueños siempre, fueran poseídas por tan peregrina criatura, mamífero nocturno que aparece a la caída del Sol y vuela con sorprendente agilidad, silbando al pasar por los aires debido al continuado aleteo con que se impulsa.

En la conquista las cosas empezaron a cambiar para el pobre Tin, tan querido antaño y odiado hogaño, por representar un falso concepto de la vida, tan opuesto al que se importó de la península ibérica y que enseña que los hijos son un don preciado de Dios, pero no del dios TIN de Puna sino del Dios de la Trinidad cristiana. Había que exterminar al Tin indígena y así se hizo, primero con paciente labor y luego violentamente.

Su figura desapareció de los altares cuando éstos fueron destruidos, mas su recuerdo siguió gravitando en los naturales y se ha transmitido de generación en generación a través de los siglos como un demonio.

Por estas razones, queridas lectoras pelonas y cejonas, la próxima vez que vayan ustedes al campo y oigan un silbido ululante, no se asusten, que ya saben que no existe el Tin – Tin, viejo Dios – murciélago convertido en enanito cabezón y endemoniado. Pero no se fíen mucho del silbo porque de todas maneras pueden salir embarazadas si se dejan seducir por la melodía, pues detrás de ella puede estar acechando un pícaro cholo o montubio de nuestro litoral.

EL CONGELIO Y EL IDIOMA TALLAN

En la península de Santa Elena y en la isla Puná se cree que el Tin Tin es un enanito cabezón con un gran sombrero y que casi arrastra el miembro viril por el suelo: También se habla ahora de la Tintina, su mujer, que adopta figura de animal para perder a los cristianos, sobretodo, si son niños. Esta Tintina viene a hacer lo mismo que la Tunda esmeraldeña. Diógenes Fernández Borrero me ha referido que cuando nacían niños contrahechos, peludos y con dientes los ahorcaban con sus manos y luego los colgaban con soga de un cactus, al pie del cementerio, para que se los coman los gallinazos; pues como hijos de Tin tin, no podían ser enterrados entre cristianos. A estos niños los llamaban “Congelios”. Igualmente me han referido que en El Morro los naturales viejos hablaban el idioma Tallan, vernáculo de esa región según recuerdan todavía algunos de los vecinos, pero por 1.910 murieron los dos últimos que conocían esa lengua huancavilca milenaria, hoy perdida irremediablemente. Que era de oírlos cuando se encontraban en la plaza principal de El Morro pues solo se entendían entre ellos sin embargo ell Tallán sobrevivió algo más porque se habló en los valles profundos de la zona norte peruana de Lambayeque hasta la década de los años treinta del siglo XX

LA VIUDA DEL TAMARINDO

Este demonio que solo ataca a los hombres blancos que caminan de noche en las ciudades es oriunda de la región que produce la sal prieta y los tamarindos que pertenecían a la corona española por estar situados en terrenos realengos. Ya habrán adivinado que ella es manabita.

La viuda del Tamarindo, según dicen, es una bella mujer elegantemente vestida de negro, que camina rápidamente y sale de improviso delante de algún nocturno parrandero en algún sector alejado de las ciudades, que ilusionado la sigue y tiene que caminar largo trecho detrás de ella, hasta que cansado por el ejercicio, habla y rompe el encantamiento, haciendo que la Viuda se dé vuelta y enseñe la horrible y fantasmagórica presencia de una calavera envuelta en ropas femeninas. Indudablemente esto ocasiona el desmayo de la víctima que rueda sin sentido y no podría ser de otra manera, la historia siempre termina con el triunfo de la viuda que asusta al candidato por ella escogido.

La historia se repite siempre con iguales resultados, nadie ha podido darle alcance y ver su hermosa cara. Únicamente se la contempla cuando se transforma en horrible calaver ¡Que susto!  De la Viuda del Tamarindo, líbrame Señor.

Lo raro del caso es que la viuda sólo se aparece en las cercanías de algún añoso y opaco tamarindo, frondoso árbol que crece profusamente en Manabí y carga un fruto de cascara muy fina que encierra una pulpa sedosa color marrón. de sabor amargo, que hervida en agua y mezclada con azúcar produce una sabrosísima bebida de propiedades purgantes que se consume en el Ecuador.

La relación de Viuda y Tamarindo constituye la clave del problema. Pues como los templos precolombinos manabitas se construían en lo alto de los cerros casi siempre cerca florecía un tamarindo. Al destruirse los templos quedaron únicamente las bases de piedra llamadas corrales. Los indios unieron entonces el recuerdo del templo y su divinidad al tamarindo cercano De aquí nació la leyenda de una antigua dama española que asesinó a su marido y sale por las noches a encontrar el cadáver de su marido y seguirá caminando hasta la consumación de los tiempos.

Los tamarindos proliferan entrehasta los 1.000 metros de altura en zonas semi tropicales que abundan en Manabí, especialmente en algunas elevaciones como Cerro de Hojas, Montecristi, etc., justamente donde en tiempos de los Manteños – Huancavilcas tenían sus principales templos de adoración a sus divinidades. Esto explica la enorme cantidad de cerámica y tiestos hallados en aquellas elevaciones.

Llegados los sacerdotes españoles a Manabí y prohibidos los antiguos dioses, los indios siguieron manteniendo en secreto sus creencias. Entre sus ídolos tenía lugar privilegiado la diosa umiña o de la fertilidad, representada con cuerpo femenino que originó la leyenda de la Viuda del Tamarindo. Así pues, parrandero lector, nada de miedo a la viuda, que no existe más que en la imaginación de nuestros cholos y montubios, solamente es la antigua diosa de la fertilidad transformada en demonio para asustar únicamente a los blancos, que son los que viven en las ciudades.

 

LA DIOSA UMIÑA

Los Manteños habitaban Jocay, importante población marítima que tenía un adoratorio muy concurrido por indios de todos los contornos que concurrían para adorar a la diosa «Umiña,» que así llamaba una estela de aproximadamente dos metros de altura, tallada con formas femeninas en piedra caliza y cuyo único adorno era una gran esmeralda sobrepuesta en la frente, gema que fue arrancada por algún codicioso soldado de las huestes de Pedro de Alvarado en 1.534.

La piedra corrió varias aventuras siempre cambiando de propietario, hasta que la remitieron al Emperador Carlos V, a la sazón en Viena, donde permaneció hasta el sigloXIX formando parte de un lote muy valioso de joyas. Posteriormente se ha perdido su pista. ¿Aparecerá esta esmeralda algún día? Se supone que era verdiclara y de las minas de Muzo en la actual Colombia.

Umiña, la Viuda y la Tunda parecen una sola deidad, primero conocida como protectora de cosechas y luego transformada en demonio femenino.

 

LA TUNDA PATA DE MOLINILLO

En Esmeraldas la antigua Diosa de la Fertilidad se representaba con otra forma y así nació «la Tunda», demonio femenino de origen mixto, indio y africano.

La Tunda es multifacética y adopta diversas formas según los casos, su especialidad consiste en raptar niños y con ese fin cambia continuamente su figura, de una tranquila señora, normal y corriente, excepto que tiene el pie derecho en forma de molinillo, quizá en recuerdo a la clásica figura del demonio cristiano medioeval europeo del macho cabrío ¿Quién sabe?

Entre sus costumbres hay una muy curiosa. Es aficionada a los camarones que recoge de los esteros, los cocina en el interior de su cuerpo y los da a los niños que rapta para atontarlos, porque les quita la voluntad y la memoria sofocándolos con gases de su organismo que huelen a cobre. La Tunda es una caldera con fuego interior, gases asfixiantes y todo lo demás. Cuánto nos recuerda a la madre tierra o Diosa de la Fertilidad con sus emanaciones volcánicas que huelen a cobre, mineral noble para los indios, que lo sabían utilizar en diversas aleaciones en la confección de joyas y demás utensilios,

 

LECTURA DE UN CURIOSO CASO

En la novela “Juyungo” de ambiente esmeraldeño escrita por Adalberto Ortíz se cuenta que un muchachito esmeraldeño fue enviado a eso de las cinco de la tarde, hora de la oración, a recoger unas cuantas gallinas que andaban desperdigadas por los contornos. De pronto una linda pollona blanca atrajo la atención del chicuelo «Cho, cho, jurón, jurón», gritaba, corriendo detrás de ella, pero la polla era experta y lo fue tirando al monte; cuando quiso regresar, ya era tarde, estaba perdido. Era la Tunda que se había convertido en polla. Pero la Tunda teme a los perros y el solo ladrido de uno de ellos la hace desaparecer; por eso, los parientes de la víctima corrieron por los montes con una verdadera jauría hasta encontrarlo al tercer día casi muerto de susto e indigesto de tanto camarón ¡Qué mala es la Tunda!

 

EN DONDE ENTRA PATICA Y CUCO

En Esmeraldas, algún erudito en Sagradas Escrituras queriendo explicar la existencia de la tunda ser tan raro y peregrino, propio únicamente de esa provincia, se remontó hasta la Biblia, llegando a la conclusión siguiente, que por pretenciosa la expongo, júzguela el lector: La Tunda fue uno de los ángeles preferidos del Señor, pero se rebeló contra él juntamente con Luzbel y fue castigada por el resto de los siglos a morar en la tierra y en Esmeraldas para colmos. Siglos después Adán y Eva, nuestros santos padres progenitores, sufrieron el mismo castigo, perose quedaron en el viejo mundo, sin que se conozca que hubieran venido a esta provincia costeña del Ecuador.

También se dice que la Tunda casó con el Patica, demonio de la mitología africana traído por los negros que poblaron Esmeraldas y de este siniestro enlace nació un solo hijo llamado Cuco, que resultó feísimo y pasó a morar en las profundidades del infierno con su papá. Estas consejas se creen a piejuntillas en Esmeraldas, tierra habitada en gran parte por descendientes de los negros cimarrones que escaparon de los lavaderos auríferos del Chocó y de los que con anterioridad naufragaron en las costas.

«Cuco» o «Coco» se llama el muchacho y siempre vive solo porque nadie lo quiere de puro feo que es, siendo su mayor placer el presentarse a jugar con la gente menuda, porque es muy travieso y buena gente, lo que casi siempre ocurre cuando se le llama o invoca por su nombre; entonces se presenta con buenas intenciones causando el consabido susto de los presentes. Los niños gritan: «El Cuco» y no queda uno sólo y «Cuco» debe regresar a su casa en espera de otra llamada. En Ecuador muchas madres acostumbran invocarle cuando sus niños no quieren tomar la sopa y por eso también se le conoce como «el asusta niños».

DON ALONSO DE ILLESCAS FUE REY

 

“En 1.593 encalló frente a la bahía de Atacames un barco negrero que llevaba cincuenta y tres piezas de ébano entre hombres, mujeres y niños traídos como esclavos para su comercio, que ya estaba muy desarrollado en América”.

Los náufragos pudieron nadar hacia las costas sentando sus reales desde Tumaco hasta Charapotó bajo el gobierno del más fuerte de ellos, bautizado después como Alonso de Illescas.

En 1.598 tres de estos caciques – don Alonso y dos de sus hijos – fueron llevados a Quito, siendo solemnemente cristianados en la Catedral con enorme concurso de gentes, entre los que se contaba el Presidente, varios Oidores, Regidores y algunos Alcaldes. El afamado pintor mestizo Andrés Sánchez Gallque, cuyo nombre constaba entre los artesanos de la Cofradía del Rosario de esa ciudad, los pintó a instancia del Oidor Barrio de Sepúlveda, obsequiándose el óleo al Rey, como cosa rara y peregrina. Hoy figura en el Museo Arqueológico Nacional de Madrid.

 

LAS SERPIENTES DE LAS SIETE CABEZAS

Esmeraldas está llena de fábulas donde se mezclan las más dispares supersticiones provenientes de tres civilizaciones: la blanca cristiana – española; la negra afro y la india cayapa – colorada; Quizá la más interesante es la que nos habla de una descomunal serpiente con la característica de tener no una, sino siete cabezas y sus respectivas fauces con las que traga a más no poder todo lo que encuentra a su paso; muy voraz este bichito.

Culebrón y antediluviano, su nacimiento arranca de la fértil imaginación cayapa – colorada pues en la mitología americana la culebra y el círculo que forma con su cuerpo, que no tiene principio ni fin, representa el origen de la vida y así ha pasado a ser conocida hasta nuestros días, con el nombre de: «Madre de las Aguas» por ser en ese elemento donde se inició la vida en épocas que no se alcanza calcular.

La Madre de las aguas tiene la piel cubierta de conchas verdes y duras cerdas como agujas. Reina en las profundas selvas de Esmeraldas donde no se oye sonido alguno; ningún animal se le acerca ya que irremediablemente es atraído por succión y tragado vivo y entero. Los hombres saben de su existencia por esa ausencia total de sonido y vida que presagia su proximidad yni cortos ni perezosos le huyen con pavor.

EL RIO ESMERALDAS LA LLEVA AL MAR

También se comenta que sabe hipnotizar con el poder de sus siete pares de ojos; claro, con tantos ojos quien no se hipnotiza y lo hace con gran destreza, como nadie. El único «contra» conocido es cortar el aire a punta de machetazos para impedir que se propague el magnetismo de su cuerpo a través de los ojos. Cada setenta años más o menos baja a las aguas del Pacífico por el río Esmeraldas, sumergida en sus profundidades, para encontrarse con un culebrón macho que hace de amante en la inmensidad del mar.

Esta circunstancia provoca que se hinche el río y aumente considerablemente su cauce y volumen, ocurriendo inundaciones que dañan cultivos y plantaciones. Los indios y los negros saben que la Madre de las aguas está bajando y tienen miedo. La última vez que bajó, creo que fue en 1.943 según me han informado.

I aquí va un cuarteto tomado de alguna canción muy abtigua y que escuché en mi niñez de una vieja doméstica, que resumiendo la mitología costeña con sus principalesdemonio, lo hace magistralmente y en muy pocas líneas.

Calavera sin nariz (La Viuda)

Tin — Tin, Tin — Tin

Al diablo te paresis (El Patica)

Tin — Tin. Tin — Tin

 

LA VENADA DE LOS CASCO DE ORO

En la comuna Casas Viejas creían los viejos de la región por lo menos hasta 1.985 que existían brujas viviendo en los poblados de la zona, que de vez en cuando se internan en el monte, se desnudan y convierten en venadas con la particularidad que los cascos son de oro y brillan al sol. Que si un cristiano pasa por el sitio donde han dejado sus ropas y se las orina en forma de cruz, cuando vuelve la venada no puede ponérselas, se rompe el embrujo y entonces aparece muerta como simple mujer en su casa.