41. Los Caiche Caciques y Señores Naturales de Daule

Poco antes de la llegada de los conquistadores gobernaba las parcialidades de Daule y Quijo – Daule la cacica Caiche, quien había sido casada con un Cacique que llevaba el nombre de Daule, asesinado por otro cacique llamado Ambiocón, del pueblo de Guayas. Poco después la Cacica Caiche contrajo nuevas nupcias con el Cacique Chaune de Chongón – Colonche, que se opuso a las tropas del conquistador Pedro de Alvarado desembarcado en las costas manabitas en 1534, quien ordenó al Cap. Pedro de Moscoso avanzar hacia el interior del país con una partida de hombres armados y a su hermano el Capitán Gómez de Alvarado que explore hacia el sur.

Moscoso navegó por las márgenes del río Colimes hasta llegar a un poblado que halló desierto y lo bautizó con el nombre de «Las Golondrinas» por la profusión de ellas, después siguió internándose hasta descubrir a Vacaín y Chonana, dos centros de primer orden en la tribu de los indios Daule, que encontró igualmente desiertos.

Gómez de Alvarado arribó al sitio Amay donde gobernaba el Cacique Guayaquile. Allí comisionó al Capitán Benavides para que lleve noticias a su hermano y aprovechó para explorar la cuenca fluvial en una enorme extensión. El caserío de Amay estaba asentado en la ribera del río Changuil muy cerca de la actual Babahoyo y en terrenos que en el siglo XIX fueron el asiento del Ingenio San Pablo, de propiedad del español Jaime Puig – Mir.

Entonces Pedro de Alvarado y el Cap. Benavides siguieron a Amay y por allí pasaron a la sierra utilizando la vía de Guaranda. El Capitán Juan Enríquez de Guzmán quedó con algunos soldados y exploró las márgenes del río Chongón donde sostuvo un sangriento encuentro con los indios daules, apresando a Chaune y a varios Caciques a los que hizo dar muerte.

CULTURA DE LAS TOLAS Y HUANCAVILCA

Los indígenas de la costa conservaban buenas relaciones entre sí a pesar de sus diferentes orígenes pues tenían como enemigo común a los Incas, que desde tiempos de Tupac Yupanqui y luego de su hijo Huayna Cápac habían querido sojuzgarlos.

A la llegada de los conquistadores los habitantes de la actual provincia del Guayas se dividían entre Huancavilcas, Chonos y Punáes. Desde el mar hasta la margen izquierda del río Grande eran Huancavilcas o Manteños del Sur como también se los ha denominado últimamente por su origen. Desde la margen derecha hacia la cordillera eran Chonos y en la isla de su nombre vivían los Punáes.

Los Chonos nunca fueron denominados por los incas. El primero que estudió su cultura fue Otto Von Buchwald en 1908, sabían tejer y cultivar, descollando como ningún otro pueblo de nuestra costa en el delicado arte de la orfebrería, forjando láminas delgadísimas de un milímetro de espesor con las que confeccionaban artísticas joyas de concepciones zoomorfas y antropomorfas, algunas de las cuales se exhiben en la actualidad en el Museo de Oro del Núcleo del Guayas de la C.C.E. (aretes, narigueras, ajorcas, collares de ceremonia, etc. Lastimosamente el museo fue incendiado intencionalmente dos veces para robar parte de las piezas que contenía.

LA CACICA CAICHE

Hacia 1.545 los padres de la Orden mercedaria llegaron a Daule y bautizaron a la Cacica Caiche con el nombre de doña Constanza, educándola en la Encomienda del Capitán Alonso Giraldo de Vargas. La sucesión debía pasar a su hijo mayor llamado Francisco, pero como este murió de enfermedad natural, fue llamado el segundo a quien conocían como don Alonso Chaune, por haber sido bautizado con dicho nombre en 1542 en la encomienda de los Caps. Hernando Agustín de Holguin y Baltazar de Navas, a se le admitió como señor natural de toda la tierra y provincia de Daule, bajo cuya jurisdicción caían diferentes jefes subalternos que no eran otra cosa que indios principales o señores de indios.

Entonces ocurrió que la cacica doña Constanza Caiche contrajo terceras nupcias con el Cacique don Pedro Guayamave, de los Quijo – Daules, quien tenia una antigua concubina nombrada Catalina Xaune, con quien convivía según sus leyes, puesto que los Chonos eran polígamos, respetando a la principal como jefe de todas las demás. Así pues, Guayanave no escapaba a esta regla y mantenía a la Xaune en calidad de «mujer secundaria o dama de compañía» para que le sirva en todo dentro de su casa. Después se supo que al llegar doña Constanza Caiche, la tal Catalina pasó a dirigir las labores de la panadería y allí se estaría muy quietecita, guardando el rígido estatus de segundona. Guayanave tenia en ella por lo menos a un hijo, que se conoce con el nombre de don Domingo Banepo.

         Eran los tiempos de las reducciones de pueblos de indios; cada reducción tenía un señor natural y el jefe de todos ellos era el Cacique principal, dignidad que recaía en don Pedro Guayanave de los indios Quijo – Daules, pues los Daules eran administrados por don Alonso Chaune, hijo de doña Constanza como ya quedó visto.

Para el censo general de 1581 aún figuraba como Cacique de Daule don Alonso Chaune, que también era conocido como Alonso Caiche, caracterizándose por su gran capacidad para mantener la paz y las buenas relaciones de armonía entre indios y españoles, así como por su probada fe cristiana, lo cual le había atraído el respeto de las autoridades y el amor de sus súbditos. Mas, ocurrió, que habiendo fallecido sin sucesión masculina, fue llamada a sucederle su hija única doña María Caiche, menor de edad, y se planteó un problema; las cosas se allanaron de la mejor manera pues doña Mencía Guayanave Caiche, hija legítima de don Pedro Guayanave tercer marido de doña Constanza Caiche, renunció a sus derechos sucesorios en el cacicazgo y contrajo nupcias con un español vecino de Quito llamado Juan Núñez, recién llegado a Guayaquil, con quien parece que fue muy feliz aunque no tuvieron hijos y habiendo enviudado de Núñez siguió viviendo en su casa de Guayaquil, querida y respetada por el vecindario y murió de edad provecta. Su hermano entero llamado don Cristóbal había fallecido joven. Su medio hermano don Domingo Banepo entró entonces al gobierno de los Daules como simple gobernador o regente hasta que doña María cumpliera su mayoría de edad. No está demás indicar que Banepo ya tenía a su cargo el cacicazgo de los Quijo – Daule, por muerte de su medio hermano don Cristóbal y renuncia de doña Mencía.

I pasaron los años y doña María llegó a la pubertad y casó con el Cacique Juan Nauma, hijo legítimo de don Juan Guayxi, Cacique de Solpo y de doña Isabel Peñajo su legítima mujer, quien también descendía de Caciques. Entonces fue reconocida como Cacica de los Daule y adquirió el de Quijo – Daule por su condición legítima,

De ella se ha conservado una buena memoria pues fue humilde con los humildes y soberbia con los soberbios, siempre franca, jovial y generosa a pesar que las rentas de su gobierno, antiguamente esplendorosas, desde la llegada de los conquistadores habían decaído ostensiblemente. I para colmo debía servir a las autoridades ayundandolas en todos los casos que se presentaban como sucedió con las dos invasiones piráticas, la revolución de las alcabalas en Quito y en otras oportunidades, sobre todo cuando los viajeros pasaban por Daule de ida o vuelta a Quito.

También se sabe que fue siempre llana en su trato y muy hospitalario, siendo su casa un remanso de paz y de atenciones, pues sabía agasajar a sus invitados a la usanza de Lima y Guayaquil. Mas, no se crea que ella era una dama delicada, muy por el contrario, era fuerte y aguerrida, contándose el siguiente episodio.

MATA UN LAGARTO CON UN PALO

Fray Antonio Vásquez de Espinosa en su «Compendio y Descripción de las Indias Orientales» relata que una mañana en que doña María tomaba su baño, desnuda, en el río Daule, fue avisada con grandes voces para que saliera, porque un enorme lagarto se le aproximada por atrás y anticipándose al banquete lucía en sus pestíferas fauces una mueca de profundo agrado.

Sin pensarlo dos veces doña María nadó a la orilla y presa de pavor saltó a tierra; pero, pasado el susto inicial, regresó al agua provista de un palo de más o menos una vara de largo y enfrentó a la fiera, que no se amilanó. La lucha fue intensa y ante casi un centenar de espectadores, que temblaban por la triste suerte que le esperaría a la Cacica si no ganaba a su oponente.

I frente a frente, la bestia y la bella, ésta última le introdujo el palo en las fauces abiertas, a manera de estaca, sujetándolo con todas sus fuerzas para impedir que se librara de él y así se estuvo en tensión, sin aflojar, hasta que el animal se empezó a cansar y aflojó, siendo obligado a voltearse, a tragar líquido y a morir.

Los presentes no podían dar crédito a sus ojos. ¡Una mujer matando a un lagarto! y algunos hasta quisieron entrar para auxiliarla, pero ella se opuso tenazmente, pues no quería compartir su victoria con nadie. Demás está decir que fue vitoreada y que por esta hazaña ha quedado su memoria aureolada por siempre.

¡Ah, se me olvidaba, claro que es solo un pequeño detalle, pero vale la pena que lo sepan: doña María pesaba casi doscientas libras y tenía fuertes músculos…!

SU GENEROSIDAD ERA PROVERBIAL

Ya se ha indicado que las rentas del Cacicazgo de Daule estaban muy disminuidas, en cambio ella era propietaria de extensas arboledas y sembríos que la hacían rica. Casi siempre donaba gran número de alfajías para la construcción de los navíos reales. Para la expedición militar del Capitán Andrés Contero y su yerno Martín González de Carranza contra las tribus de Esmeraldas, mantuvo a su costa a un soldado armado y a caballo, dándole de comer y dormir a la tropa en su ida y regreso, que fue aparatoso.

En 1599 compró a la corona el Cacicazgo de los Indios Quijo – Daule en 500 patacones de oro. El Virrey Marqués de Salinas legitimó dicha negociación que tuvo como antecedente un reclamo presentado en su contra por Domingo Banepo. En 1629, cuando murió en Daule Domingo Huacón, Cacique de los Yancos, obtuvo del Corregidor de Guayaquil, Francisco Pérez Navarrete, que le adjudique dicha parcialidad, aumentándola a sus dominios y extendiendo su gobierno a lo ancho y largo del rio Daule en el actual cantón de su nombre.

UN LEGULEYO EN LA FAMILIA

Para 1631 la dicha doña María había fallecido pues ese año figuraba un hijo suyo llamado don Juan Caiche como Cacique de Daule, Quijo-Daule, Yanco, etc. abogando por los derechos de sus vasallos indígenas que, aunque ya no eran muchos por haber sido diezmados por las pestes de viruelas que azotaron este continente de norte a sur, gemían en la opresión y en la desigualdad con que los trataban los blancos.

Caiche convocó a comicios dauleños y obtuvo la representación ante el Cabildo de Guayaquil para alcanzar las exenciones que esperaba. El protector de naturales Benito Cisneros de Mendoza terminó dándole la razón y extinguió la mita y el concertaje a que estaban obligados los indios de Daule en la real fábrica de aguardiente y tabaco, así como también a trabajar de chasquis, esto último era muy peligroso por la cantidad de fieras que existían por la selva y que en algunas ocasiones habían devorado a los correos.

EL HIJO RESULTA CORREGIDO Y AUMENTADO

Al morir don Juan le heredó su hijo mayor llamado don Tomás Caiche, quien ya no era muy joven. Este Tomás se había iniciado como aventurero en sus años mozos trabajando en los astilleros de Guayaquil. De él se decía que siendo muchacho había escapado de la casa paterna para Guayaquil, después siguió a Lima, centro de la elegancia de la época, ciudad en la que los nobles andaban en carrozas y acostumbraban fiestas de mucho boato.

Allí trabajó de Cabo de escuadra de Infantería en la Compañía de Naturales de Lima, luego siguió como Alférez y Capitán en la de Forasteros, de donde salió con letras de buena conducta para retornar al fin a Guayaquil, ingresando al gremio de Carpinteros de ribera donde llegó a Jefe y Maestro.

Hacia 1685 estaba nuevamente en Daule en pacífica posesión de sus dominios y fue sorprendido por una orden del Corregidor Domingo de Iturri Gaztelú, quien había posesionado en el Cacicazgo de Yanco a Miguel Saracualla, hijo de Tomás de Saracualla y de Pascuala Ana, nieta ella de Miguel Huacón fallecido en 1629 ejerciendo el Cacicazgo de los Indios Yancos como ya se vio.

CAICHE CONTRA SARACUALLA

La disputa que siguió Tomás Caiche a Saracualla envolvió la vida judicial de Daule por algunos meses y motivó mas de una discusión pues dicha población tomó partidos ya que no faltaban los descontentos contra Caiche que querían ver disminuido su poder y otros que siguiera como Cacique. Más de una camorra se armó en las entonces estrechas callejuelas.

Saracualla esgrimía ser bisnieto de Huacón, aunque no se sabe si por línea legítima o ilegítima debido a que doña María Caiche sucesora de Huacón, nunca explicó el asunto y antes, parece que quiso ocultarlo.

Saracualla dijo que había servido a la corona como Cobrador de Reales Tributos con cuentas siempre limpias, asistido a las trincheras de 1684 desde las que luchó valientemente contra el pirata William Dampier junto a numerosos indios amigos suyos, formando un batallón propio y de lucida actuación militar.

Caiche tampoco se quedó atrás y buscó papeles que lo favorecieran; encontró que en el curriculum de su contrincante había partes escabrosas como una aventura que alejó a Saracualla de Daule cuando aun joven hirió a puñaladas a un vecino; además estaba el hecho que Saracualla, a pesar de ser descendiente de un Cacique jamás se había tomado el trabajo de probar su condición de indio noble y ladino ante ningún Tribunal, de donde se deducía que no era posible que se le posesione en el mando de Cacicazgos.

Esto ultimo motivó el Corregidor a sentenciar a favor de Caiche, quien hizo su entrada triunfal en Daule el 14 de Abril de 1686, a las diez de la mañana, saliendo a recibirle el Cura Párroco Dr. Juan Girón de Cabrera, comisionado por el Cabildo para darle posesión de sus dominios, quien le otorgó la Vara alta de Alcalde Mayor, le entregó armas ofensivas y defensivas, lo cubrió con capa española de paño y vueltas, forrada en su interior de seda negra por ser Cacique y en fin, le confirió la mayor de todas las distinciones de esas épocas, decir Misa en su presencia y en la iglesia Matriz del pueblo, solicitándole previamente la venia para poder consagrar ¿Se quiere más?

Meses después el 29 de Noviembre de 1699 tuvo la inmensa alegría de saber que el Real Consejo de Indias le había otorgado en forma definitiva el Cacicazgo de Daule y sus parcialidades, a la usanza de los antiguos mayorazgos de España, con el carácter de vitalicio y hereditario, para si y sus descendientes, con derecho a beneficiarse de una pensión de 500 a 600 pesos anuales sacados de la primera encomienda que quedara vacante en Guayaquil y su provincia, con categoría de hidalgo y derecho a figurar como Capitán de la Real Maestranza del puerto y astillero de Guayaquil, a la usanza de los del Callao y Sevilla.

Además el Consejo ordenaba al Presidente de la Audiencia que don Tomás debía ser tratado con los miramientos acordes a su rango por su condición de miembro de «un muy antiguo linaje de Caciques y por las mercedes que sus antepasados ganaron en el Real Servicio de su Majestad», de acuerdo a lo expresado en la Cédula de Su Majestad Carlos II, del 26 de Marzo de 1697, que declaraba a los Caciques y a sus descendientes «nobles y por limpios de sangre» a todos los indios de América, habilitándoles para ocupar oficios eclesiásticos, políticos y administrativos, tanto en lo militar como en lo civil, pudiendo ingresar a las Ordenes de Caballería de Santiago, Alcántara, Calatrava y Montesa, tradicionales en España desde la guerra de la Reconquista. También podían ingresar a las Ordenes Religiosas y profesar los votos mayores y menores.

El Informe fue firmado por el Licenciado Pedro de Gamarra y Arriaga, Fiscal del Real y Supremo Consejo de Indias, en Sevilla, el 25 de septiembre de 1699.

DESCENDENCIA DE DON TOMAS CAICHE

El Cacique Don Tomás Caiche fue padre de otro don Tomas Caiche y éste fue padre de doña María Caiche, quien recibió del Rey Felipe V el 2 de Agosto de 1714 una cédula concediéndole 500 pesos anuales de por vida, sacados de encomienda  de indios y 1000 por una sola vez de la primera que vacare; Doña María tuvo hijos pues se unió en su ley al Capitán Juan Pérez de Villamar y Aviles, hijo legítimo del Capitán Juan Pérez de Villamar y Pérez de Caborno, Caballero de la Orden de Santiago, natural de la villa de Villamar de Arriba en el principado de Asturias y fundador de Ciudanueva de Guayaquil en 1693 y de Isabel Alvarez de Avilés y Obregón, guayaquileña, descendiente de conquistadores. De la familia Villamar Caiche, que tuvo muchas riquezas en Daule, descienden en la actualidad los Veles, Varas, Pimentel, Segarra, etc. de esta ciudad.

I en el Capitán Tomás Carbo y Martí tuvo a Bartolomé que testó en Daule el 3 de Setiembre de 1752 casado con Francisca Castro Morán, a Francisco Carbo casado con Bartola Alvarez sin hijos, a Magdalena y Catalina Carbo que se dedicaron solteras a servir a sus coterráneos quienes las consideraban las madres de todos y a fray José Carbo, franciscano, que por su gran talento y capacidad fue llevado a España y no volvió.

Doña María debió fallecer antes de 1719; pues, en ese año fue confirmado en el Cacicazgo su nieto don Juan Teodoro Caiche, hijo de Tomás Caiche ya fallecido. El dicho Juan Teodoro obtuvo en 1739 una Real Merced de posesión en el gobierno de los pueblos de Daule y Chanduy en el Corregimiento de Guayaquil y el título de Capitán de Infantería con sueldo por dos vidas para él y sus descendientes, con la tasa que debe gozar en los puertos de Callao y Panamá.  

Don Juan Teodoro Caiche fue padre de José Caiche, nacido hacia 1.720, quien casó con María Baidal y fueron padres a su vez de don Pedro Isidro Caiche, bautizado en 1.750, quien quedó huérfano y por eso el Gobernador de Guayaquil procedió a entregar el señorío de Chanduy, Daule y Colonche a Juan Chonana quien gobernó hasta 1.770, año en que  por orden del Gobernador Juan Antonio de Zelaya y Vergara se le dio el mando al joven Pedro Isidro Caiche.

Diez años después, el 80, hubo reclamos, pues algunos indios adujeron que el tal don Pedro Isidro Caiche era mestizo y no indio puro y había robado a su mujer un rosario de cuentas de oro. Ante tales hechos se hizo Cargo del señorío su tío Don Antonio Caiche, hermano de José Caiche, fallecido como ya quedó establecido.

El segundo don Tomás Caiche hermano de doña María, fue hombre rico y principal y también Cacique en Daule donde mantuvo casa principal  pero solo la ocupaba de vez en cuando, pues prefería vivir en Guayaquil, hacia el costado izquierdo de la actual calle Julián Coronel y a la altura de la boca del pozo, en un callejoncito que borró el Incendio Grande de 1896 y que hasta ese año era conocido con el nombre de «Callejón del Cacique» o «Callejón del tigre», porque tenía la sana costumbre de aflojar por las noches a un tigrillo o gato montes domesticado para que merodeara por los contornos alejando a los ladrones y a los numerosos pretendientes de sus hijas, que han de haber sido guapas y ricas para merecer tanto honor. Todavía existen Caiches en Daule pero ya no usan tan significativo apellido pues lo han transformado en Carchi; son gentes pudientes cuidadosas en su conducta. En ese vecindario les guardan las consideraciones debidas asu noble condición de descendientes de antiguos Caciques.

DECADENCIA DE LOS PRINCIPES

A partir de 1.550 comienza a consolidarse la conquista en los territorios de la actual costa ecuatoriana. Los Caciques indígenas, que hasta entonces habían gobernado sus parcialidades con la aquiescencia de las pocas autoridades españolas, empezaron a ver disminuidos sus privilegios en beneficio de nuevos burócratas peninsulares que llegaban por millares, atraídos por la bonanza de la minería y por los crecidos tributos indígenas.

Este fenómeno de entrega de poder no se realizó rápidamente, por el contrario, necesitó de medio siglo para su asentamiento, de suerte que pocos notaron el cambio; hacia 1.620 las antiguas familias de Caciques, otrora poderosas y hasta feudales, estaban casi todas arruinadas y clamaban ante la lejana corte en Madrid por la concesión de minúsculas canonjías para no caer en la indigencia.

Los orgullosos Quishpe, señores naturales de Punín y que en 1.540 habían entroncado con doña María Atabalipa, hija del Emperador Atahualpa, trabajaban de modestos organistas en la Iglesia de Riobamba y eso que eran descendientes de Incas. Igual cosa ocurría con los Chapalbis de la jurisdicción de San Luis, que habían emigrado y andaban por pueblos y collados prácticamente mendigando. Los Conllocando, también de regia estirpe puruhá, vegetaban en Licán dedicados a la agricultura. Los Llagurima que habían peleado denodadamente un siglo atrás contra las fuerzas invasoras de Huayna Cápac, aún se conservaban en Calpi, pero tan disminuidos y maltrechos que hasta sus moradas habían sido abatidas por el tiempo y vivían en chozas. También residían en Calpi otras familias de la nobleza puruhá como los Luisa, los Chambo y los Quimiag, sus miembros figuran en los primeros padrones levantados por los diezmeros para cobrarles tributo y aunque apelaron a la Audiencia de Quito para liberarse de esa pesada carga personal, ni siquiera se les hizo justicia en todos los casos y sólo los hijos y nietos de Caciques, que no las ramas colaterales, obtuvieron excepciones. Estos Quimiag también gozaban de tierras en la población que lleva su nombre y que aún existe en la provincia del Chimborazo.

En Guano vivían los Tunca y los Chamba. Estos últimos eran descendientes de príncipes y generales puruhaes miembros de la corte de Condorazo y habían gobernado vastas regiones, incluso el río Chambo tomó su nombre del apellido de esta familia, al pasar por sus territorios.

En Yaruquíes residían los Duchicela, rama mayor de la familia reinante en Puruhá y por lo tanto Caciques principalísimos. Allí se había escondido después de conocer la muerte de su padre el Inca, uno de sus hijos varones llamado Rocca o don Fernando, al haber sido bautizado por los franciscanos de Quito y allí vivió obscuramente y siempre atemorizado de que lo fueran a asesinar como le había sucedido a numerosos parientes suyos.

Este príncipe tenía en sus venas la sangre imperial de los Incas y la real de los Shiry – Duchicelas, unía en su persona a las tres casas más poderosas e importantes de los Andes del norte, pero la suerte que corrió fue triste, viviendo en un poblado de segunda categoría, sin corte ni servidores y dentro de la monotonía gris de un paisaje nunca cambiante; sin embargo sus descendientes los Lobato, los Huaraca y los Carrillo nunca olvidaron sus regias estirpes y en los siglos XVII y XVIII las probaron numerosas veces ante la Audiencia y las últimas ramas viven aún en poblaciones rurales como Sigcho y Píllaro.

Si tan desalentador era el panorama en la sierra, no lo era mejor en la costa donde los indómitos chonos fueron diezmados por la epidemia de viruelas que azotó el continente en 1.599, reduciendo la población indígena en un 40%. Así pues, a medida de sus posibilidades, fueron internándose por la cuenca del Guayas hacia el norte, primero a Daule, luego a las montañas de Balzar y por último a las espesuras de Santo Domingo, entonces llamada tierra de «Nono y Nanegal», para formar las actuales comunidades de indios Colorados. En este lento pero incontenible avance fueron acompañados por los Huancavilcas, Yanques y Puilches, con quienes se avinieron a última hora para hacer frente común al enemigo español.

Los Caciques de Puná de apellido Tumbala, jefes mayores de la confederación de esa isla, fueron asesinados con motivo de las guerras contra los incas y tumbecinos primero y contra los españoles después. Hacia 1.585 vivía en Lima don Diego Tomalá (había castellanizado su nombre indígena) como militar de baja graduación especializado en construir navíos mercantes y de guerra. Después regresó conservando sus tierras y pozas salinas en Puná, pasó a residir en Guayaquil y dejó descendencia, que gozó de riqueza, quedando como recuerdo un hermosísimo escudo de armas donde figuran indios bogando en canoas sobre ondas celestes y blancas de agua.

Los Caiche de Daule descendían de los reyes de Colonche y Manglaralto por varonía y ejercían el Cacicazgo de Daule en propiedad, fueron los últimos en detentar poder político y económico. Doña María Cayche se daba el lujo de recibir en su casa a presidentes, obispos y oidores de la Audiencia cuando pasaban por Daule, atendiéndose con boato. También les proporcionaba ayuda para que prosiguieran sus viajes, enviándolos con guías sacados de su tribu o parcialidad.

Los caciques Guale, los Quijije y los Piguave subsistieron en Jipijapa, los Cacao y sus descendientes, en lo que hoy es Palmar; los Tumbaco, los Borbor, los Vite, los Mite, los Orrala, los Quimi, los Pincay, los Ascencio, los de la O, los Villón, los Alejandro, los Yagual y los Villao, también de la provincia del Guayas, aunque no caciques, eran considerados indios principales, de orígen Huancavilca.

Los Sono y sus descendientes de apellido Reina salen de Caciques de Lambayeque en el norte del Perú y los Sangurimas, de la novela famosa de ese nombre, son los mismos Llangurimas de Calpi, que al pasar a la costa por razones estrictamente fonéticas modificaron la pronunciación de la primera letra del apellido.