40. La nacionalidad Montubia

La nación Chono abarcaba a la llegada de los primeros españoles en el siglo XVI una gran extensión de la región litoral ecuatoriana que iba desde el río Perdomo y las poblaciones de Yengue, Gata y Balao hacia el sur, hasta Chone, Canuto, Calceta y Quevedo al norte; pasando por Zapotal, Ventana, Catarama, Caracol, Telimbela, Balzapamba, Lavan, Garaycoa, Bucay, Jesús María y Naranjal al este; y Ayacucho, Alagua, Olmedo, Pedro Carbo y Soledad al oeste, es decir, que englobaba una buena parte de las actuales provincias del Oro, Guayas, Manabí y Bolívar y la totalidad de la de Los Ríos, mas su influencia alcanzaba por el sur hasta la región de Parimas en la costa peruana, como lo indican recientes hallazgos arqueológicos.

Eran conocidos en la Colonia con los nombres de Yungas y Jívaros. El sabio Otto Von Buchwald a fines del siglo pasado les dio el nombre de Cultura de las Tolas porque sus sepulturas tenían urnas funerarias múltiples y superpuestas. Posteriormente Francisco Huerta Rendón la redescubrió en la hacienda El Tejar cercana a Babahoyo y la denominó Cultura El Tejar. Años más tarde Emilio Estrada los denominó «Cultura Milagro – Quevedo» por los sitios epónimos donde los estudió llegando a establecer dos fases diferenciadas, siendo la más antigua la Quevedo, identificada por una cerámica negativa pintada con bandas rojas y la más reciente la Milagro de cerámica monocroma, hachas monedas y objetos de cobre fundido.

Los Chonos fueron de origen amazónico, lo que está probado no solamente por numerosos documentos sino también por la lengua que hablaban, igual a la de los indios del Aparia.

Chono significa perro en lengua Yunga, fueron mencionados así por los Incas, que en tiempos de Tupac Yupanqui y de su hijo Huayna Capac quisieron conquistarlos, pero no pudieron, pues la bravura chona – eran indios flecheros – unida a la espesura de las selvas tropicales, hizo imposible tal labor.

Eran morenos y no tenían tabúes contra la homosexualidad que practicaban libremente, se cortaban el pelo hasta el cuello y pintaban sus rostros como sus vecinos los Huancavilcas con líneas rectas y dibujos geométricos. El trabajo no estaba reglamentado por sexos, cultivaban sus sementeras, cazaban y pescaban en los ríos y esteros, siendo la agricultura su base alimenticia. Para ello despejaban la selva y quemaban las hierbas, aprovechando las inundaciones, y cuando se retiraban las aguas sembraban con palitos el maíz, la yuca, el camote y los frijoles.

También usaban instrumentos domésticos, tenían trípodes ceremoniales, metates y ralladores. La pesca les enseñó a fabricar anzuelos y redes y a utilizar el barbasco, navegando en balsas y en canoas con mucha destreza. Para vestirse trenzaban el algodón, se hacían unas camisas sin mangas que les llegaban hasta las rodillas y teñían con colorante vegetal para hacerlas mas vistosas. Los jefes acostumbraban usar oro en la dentadura y narigueras y aretes en los labios, nariz y orejas.

Su cultura era rudimentaria, contaban hasta treinta y medían el tiempo con un calendario lunar. Sus chozas eran de madera y caña con techo partido a dos aguas, construidas sobre camellones formando montículos de tierra para impedir que las inundaciones las destruyeran. Sacrificaban prisioneros de guerra y en algunas tolas se han hallado telas con huellas de sangre que revela claramente que enterraban vivas a las víctimas propiciatorias.

En política aceptaban el gobierno de las mujeres, quienes poseían ciertos derechos civiles y ejercían mando en los Cacicazgos. Al arribo de los primeros españoles su nación tenía entre 20.000 y 25.000 habitantes según cuentas que sacó fray Tomás de Torres. La capital era el antiguo asiento de Daule que abarcaba la región del río Amay, después llamado Grande y hoy conocido como Guayas.

Usaban el mullo, concha espondilius de color rojo y origen marítimo, así como las hachas – monedas de cobre y sin punta en sus filos, para comerciar con los pueblos del interior y de la costa, pero solo eran intermediadores de estos productos ya que no tenía cobre ni conchas en su habitad.

Vivían en constante guerra con los Huancavilcas y Punaes de la costa y junto a los Quitus, Puruhaes y Cañaris formaban el contexto humano protohistórico de la hoy República del Ecuador, lástima grande que el padre Juan de Velasco desde su posición de cronista serrano desconociera a los pueblos de la costa, de donde surgió la equivocación de creer que las únicas parcialidades de importancia fueron la confederación Quitu – Puruhá y la tribu de los Cañaris, vencidas y dominadas por los Incas en el siglo XV, mientras que los pueblos costeños, a pesar de que también fueron invadidos, nunca se sometieron, pagando únicamente un tributo anual consistente en finísimas pieles de murciélago que los Incas utilizaban como parte de sus vestimentas reales.

Por ello la actual Guayaquil es la heredera de la fiereza Chono, ciudad que no se levantó al otro lado de la ribera del río Guayas justamente por ser tierra de gente belicosa  que no permitía el florecimiento de una ciudad española en su seno; de suerte que en 1.543 tuvo el Capitán Juan de Olmos que escoger el sitio actual en tierras de  Huancavilcas pacíficos, como definitivo emplazamientode la ciudad de Santiago, ya los punáes habían sido sometidos y arrasados y los chonos empezaban a migrar por esa vía natural que es el actual camino Daule, Empalme, Quevedo y Santo Domingo, a las selvas vírgenes donde hoy habitan con el nombre de Tsáchilas o Colorados.