445. Guayaquileño y Gitano


En 1.951 el joven bailarín y coreógrafo guayaquileño Rafael Franco Sotomayor (1.929-1.995) recién graduado en el Royal Ballet de Londres, de paso por  París  conoció y casó con la notable bailarina Manuela Aguilar, quien poseía una pequeña compañía de  flamenco a la cual se integró adoptando el nombre artístico de RAFAEL AGUILAR y al poco tiempo comenzó a crear coreografías que siempre se encontraban en los límites del vanguardismo, pues era un refinado cultivador del arte coreográfico, de manera que fueron ampliando la compañía hasta contar con cuarenta artistas, dos cantaores y dos músicos, tres técnicos artísticos, el equipo  administrativo y se anunciaron como la “Agrupación estable del ballet de Rafael Aguilar” que funciona hasta la presente fecha bajo la dirección de su esposa.

I a la par que se hacían reconocer en España, se consagró al estudio de la cultura gitana y creó la coreografía de su primer ballet  titulado «Macama Jonda» que tiene mucho de gitano con aportes árabes y andaluces y resultó una revelación por los antiquísimos componentes técnicos y culturales de estas culturas llenas de fuerza y encanto, enriquecidas con lo hebreo en ciertas cualidades, especialmente en los movimientos amargos, desesperados y al mismo tiempo sublimes, que tiene el baile flamenco.

Este primer triunfo generó otras creaciones: La «Suite Flamenca», cuya música tomó de canciones populares y «Rango, con cantos gregorianos, guitarra flamenca y cante, inspirada en «La Casa de Bernarda Alba» de Federico García Lorca.  Su estreno se realizó en Madrid por el Ballet Nacional Español bajo la dirección del Maestro Antonio Gadés, está considerada la más llamativa de sus creaciones y sin duda quedará como un clásico de la danza española. También estrenó «Amor y Eternidad» con argumento de «El sentimiento trágico de la vida» de Miguel de Unamuno y música de Maurice Ohana. Se le consideraba uno de los mayores coreógrafos de danza flamenca y sus méritos nadie discutía.

En los 70 estrenó «Llanto» con texto de Vicente Aleixandre y música de Luis de Pablo, «Retrato de Mujer» encargo de Antonio Gadés para Manuela Vargas con partitura de Cristóbal Halfter, «Mata Hari» coreografía para la comedia musical de Adolfo Marsillach y Antón García Abril, y «Aires de Ida y Vuelta» con música de Alberto Ginastera, inspirada en los ritmos criollos que llevaron  de regreso los soldados y colonos españoles al final  de la guerra  Hispano-americana de manera que fue una época de grandes triunfos.

En los 80 la compañía intervino en el IV Festival Internacional de Madrid, en el Festival de Venecia   presentó «Diquela en la Alhambra,» creó «Bolero» con bailes propios, música de Ravel e imágenes primitivas cercanas a la sensibilidad española y la intensidad flamenca en la España liberada de los tabúes franquistas, himno a la alegría y a la libertad de los cuerpos. Por esta creación obtuvo el Premio Danza-Danza en el Festival de la Versiliana a la mejor coreografía del año con más de 250 representaciones en Italia y creó «Yerma, el amor y la muerte.»  La escenografía corrió a cargo de Miguel Berrocal, la música de José García Román, la trama se inspiró en la obra de García Lorca y participó en una magna producción de la ópera «Carmen» en el teatro Paris Bercy con más de 400 intérpretes junto al Maestro Pier Luigi Pizzi, basada en el original de Prospero Merimée y la música inmortal de George Bizet. Los textos cantados son de Fidel Ribot y la coreografía de Rafael Aguilar, que también introduce músicas de los maestros Pablo Sarasate en violín, Llorenc, Barber, Flavio Pérez y canciones del flamenco popular salido de lo más profundo de los tiempos. El 89 creó una variante en Chicago con la comedia musical «Matador» y obtuvo el Jefferson Awards por la mejor coreografía de ese año.

El 90 recorrió Francia e Italia con el espectáculo «Bolero», presentándolo en el Centro Cultural de la villa en Madrid, participó en la Opera de Montecarlo con un recital de los principales bailarines de su ballet. Recorrió Francia, hizo temporada en el teatro Smeraldo de Milán, intervino en los Festivales de Bregenz, Viena y Londres y consiguió el Premio Laurence Olivier al mejor coreógrafo por «Matador.» También se presentaron en Tokio con «Carmen» y en París volvió a cautivar al público.

En Julio del 94 de gira por Alemania empezó a sentir fuertes dolores de cabeza y le diagnosticaron un cáncer al cerebro. Tras un largo tratamiento a finales del año, quizá para distraerse, montó «Bolero” pero la noche del estreno falleció de infarto mientras se estrenaba su obra. Dejó un legado de exquisita sensibilidad. Sus producciones se han seguido exhibiendo pues siendo clásicas son intemporales y duran dos horas, por eso está considerado en España uno de los mayores coreógrafos flamencos.