429. Florencia Bravo Malo y El Feminismo

Cuencana de 1.893. Niñez feliz, en medio de los suyos, destacaba por su vivacidad y carácter expansivo y tuvo una juventud inteligente y rebelde con el entorno machista que se vivía, de manera que rompió los esquemas sociales y entró a estudiar en el Colegio de varones «Benigno Malo», siendo la primera mujer y la única en el citado plantel. Bien es verdad que ya se vivían en el austro las reformas de la revolución liberal del 95. Sus padres la apoyaban en todo, escribía poesía romántica y comenzó a ser considerada como hombruna, dada la mojigatería imperante en el medio social al que se pertenecía por su estirpe.

A principios de 1.911, cuando frisaba los 18 años y poseía el título de bachiller, conoció al Ingeniero eléctrico alemán Julio Wickenhauser Frankz, de treinta y cuatro de edad, recién llegado a Cuenca para instalar la primera sala de cine, que inauguró con la película muda «Los amantes de Terruel». Tras un corto noviazgo casaron, nació su hijo Julito en 1.913 y viajaron a Guayaquil donde su esposo hizo construir el cine Colón y arrendó el Edén pues era un excelente ejecutivo.

Ese año falleció su padre, se vendieron los bienes y la familia Bravo Malo salió de Cuenca y pasó a un departamento frente al parque de la Merced donde se les unió Florencia y su hijo, separados de Wickenhauser, aunque conservando excelentes relaciones de amistad pues existiendo un hijo común, era lo más conveniente. Las diferencias de caracteres motivaron tan rápida separación.

De veinte y tres años entró en la Facultad de Odontología, lo que se consideró un hecho insólito pues no era costumbre que las mujeres estudien y peor las separadas de sus esposos; el primer día de clases llevó una pistolita en su cartera para utilizarla en caso de ser atacada, pero nada ocurrió. Sus compañeros, muy menores a ella, se transformaron en buenos amigos y tras cuatro años se graduó con la máxima nota. La tesis doctoral tituló «Hemorragias dentales postoperatorias» y fue recomendada su publicación. Instaló consultorio y pronto se llenó de clientela femenina. Tenía treinta años, criaba a su hijo y no dependía de nadie, finalmente era libre.

A principios de 1.932 dio románticamente el sí al cultísimo periodista español Francisco Ferrandis Albors, quien desde 1.924 había iniciado un viaje de exploración y estudio por Sudamérica. Julito se llevó bien con su padrastro y todo parecía marchar sobre ruedas, mas Ferrandiz decidió a los pocos meses volver a su Patria, que acababa de proclamar la República y vivía tiempos de transformaciones violentas.

Florencia se ilusionó con el viaje a Europa. Ya figuraba en ls filas de la intelectualidad, Joaquín Gallegos Lara la admiraba por sus ideas avanzadas, José María Egas por su poesía romántica. En Alicante el revoltoso Ferrandiz, pasado el primer momento de las visitas y los convites entre parientes, en lugar de dedicarse a escribir como había planeado, se involucró a tiempo completo en la campaña de agitación del partido Socialista Obrero Español.

Florencia debió escoger entre instalar un consultorio dental y olvidarse que estaba casada pues su marido se perdía por semanas o volver al Ecuador. El 34 se vino e hizo bien, pues de haberse quedado en España, le hubiera tocado sufrir los horreres de aquella Guerra Civil quer fue muy larga y sangrienta. Entre nosotros se volvió activista en la campaña presidencial de su amigo el Dr. José María Velasco Ibarra, pero sorpresivamente Ferrandis también se vino convencido que la quería, mas ella no quiso hacer las paces, acusándole de machista que ni siquiera compartía las tareas domésticas como lavar los platos, no se entendieron, él regresó a su tierra.

En 1.939 Florencia fue dentista de los Hogares de Menores. Era autosuficiente y feliz pero el 43 sus dos ex esposos pasaban pésimos momentos. Wickenhauser, puesto en la Lista Negra ecuatoriana el año anterior, no podía trabajar y vivía pobremente en Guayaquil de la venta de unas gemas que había logrado ocultar. Sus propiedades las había entregado por escritura pública a ciertos amigos, con el ofrecimiento formal, de devolución. Ferrandiz – en cambio – al finalizar la Guerra Civil Española el 39, se escondió con un hermano en las cuevas de las sierras de Alicante, pero hasta allá le fueron a buscar los franquistas y tomado prisionero fue condenado a la pena de muerte, conmutada por treinta años de cárcel, en consideración a que jamás había disparado un solo tiro.

En 1.944 Florencia pidió al Presidente Velasco Ibarra que solicite la inmediata libertad de Ferrandis, porque seguía casado con una ciudadana ecuatoriana que lo necesitaba para subsistir, de manera que el 46   fue amnistiado y pudo salir vía Montevideo, donde volvió a escribir libros, dictó cátedras, fue feliz y falleció en relativa prosperidad años más tarde.

Wickenhauser murió en 1.950 atropellado en Quito. Florencia, decidió defender la herencia de su hijo, contrató abogados, hábil estratega para despertar las conciencias dormidas repartió hojas volantes en el Congreso, armó un escándalo y logró el 54 una sentencia declarativa para que le sean judicialmente restituidos los inmuebles, visitó al Ministro de Gobierno, consiguió el auxilio de la fuerza pública y tomó posesión de ellos. De allí en adelante instaló la pensión Bravo Malo en Vélez al llegar a Boyacá que entregó en administración a su amiga y paisana Inés Núñez del Arco Andrade, que viuda del notable escritor José de la Cuadra estaba casada con un señor González, también de Cuenca y era buena gente. Entonces vivió de las rentas y en paz. Tenía casi sesenta años.

En 1.983 editó «Cantos de Amor y Esperanza» en 95 págs. con doce poemas de corte romántico tardío y falleció en l.986 de noventa y tres años de edad en un departamento en los altos del cine Victoria cuidada por una doméstica. Su hijo Julio tenía excelente posición, casado con Carmen Echanique Jurado con tres hijos.

Fue la primera odontóloga graduada en la U. de Guayaquil, cultivó las bellas letras, siempre fue una mujer libre, vivió las aventuras propias de la Guerra Civil española y publicó sus poemas