406. La Acción En Porotillo de 1.941

A las tres de la tarde del 15 de Agosto de 1.941 el Coronel Agustín Albán Borja, Jefe de Primera Zona Militar de Cuenca, llamó a su despacho al entonces Capitán Julio Cabrera Vega, ordenándole que tome a su mando una compañía de conscriptos del batallón Jaramijó, acuartelado en esa ciudad y establezca un reducto defensivo en el puente de Ushcurrumi, sobre el río Jubones, para Impedir el paso del ejército enemigo hacia la provincia del Azuay.

En ese mes de agosto nuestra Patria atravezaba una terrible situación. La provincia de El Oro está ocupada por el ejercito peruano que con el nombre de «Agrupamiento del Norte» comanda el General Eloy G. Ureta, para engañar los países del continente haciéndonos parecer a nosotros como agresores y a ellos como víctimas.

Desde Rancho Chico hasta Alto Matapalo nos atacan ferozmente con apoyo de la aviación militar que causa bajas y abre flancos a discreción. Todo es sorpresa y temor en nuestro bando, los miembros del Estado Mayor no atinan a organizar las pocas fuerzas de que disponen y terminan por retirarse de El Oro, siendo imitados por el elemento civil que huye del soldado enemigo porque sabe que no será respetado. Comienza el éxodo de toda una provincia, hecho jamás registrado en nuestra historia y al que con justicia se ha denominado «El descalabro del 41»

LA ORDEN: VENCER O MORIR

«Salga inmediatamente de Cuenca y no permita que avance el invasor». Tal la consigna que el Capitán Cabrera recibe del Coronel Albán, le acompañan cincuenta y seis conscriptos de los más listos y valientes tomados en su mayor parte del Jaramijó, aunque a duras penas tenían cinco meses de instrucción militar, numerosas provisiones de boca y municiones, así como los necesarios rifles y cuatro ametralladoras «Z B». Con ellos Cabrera viajó a Girón, arenga a la tropa y la bautiza «Vengadores de El Oro» bajo el juramento de salvar a la Patria o morir en la contienda.

El 18 llegan a Girón donde se le une el Mayor Miguel Ángel Estrella Arévalo quien asume el mando por ser el oficial de mayor graduación, con una escuadra de diez individuos, telefonistas del Batallón Montúfar y juntos emprenden viaje a Cataviño, Minas, Tendal y Sarayunga, adonde arribaron el día 21 y esperan hasta el 23 al Coronel Albán, que llega con el Jefe de Estado Mayor de la Zona, Teniente Coronel Francisco Martínez, a inspeccionar la tropa.

La zona es boscosa y caliente: aquí las últimas estribaciones de la cordillera de los Andes en su ramal occidental se pierden en los nudos de Portete y Guagrahuma, para dar paso el correntoso Río Jubones. En este ambiente, que más recuerda al África que a América, se mueve la compañía. Solo la juventud de sus miembros y el fervoroso amor al terruño les hace continuar la marcha en medio de hondas gargantas y serpenteados ríos como el San Francisco y el Rircay, que atraviesan por débiles tarabitas, siempre de bajada hacia la costa y el mar, para encontrar al enemigo.

El calor afecta a la mayoría que no está acostumbrada a él, algunos jamás han salido de Cuenca. Los mosquitos hincan punzantes aguijones en sus cuerpos y algunos casi desfallecen mas siguen andando.Al fin, en la madrugada del 26 llegaron al puente de Ushcurrumi y reconocen cautelosamente el sector; saben que las tropas peruanas han ocupado Tumbes, Zarumilla, Arenillas, Santa Rosa, Machala y El Pasaje en otras palabras, casi toda la provincia de El Oro y para colmo se disponen a ocupar la extensa zona que riega el Jubones para entrar por el norte hacia Cuenca y Loja en una maniobra envolvente.

PLAN DEFENSIVO

Previo un exhaustivo reconocimiento del terreno se planifica la defensa de la zona, estableciendo a la tropa en las siguientes posiciones: 1) La Central hasta las márgenes del Río Cuny entre los puntos La Unión y Porotillo cuenta con cuarenta hombres y cuatro ametralladoras. 2) En las alturas de La Unión existe un local de madera debidamente entablado que ha sido abandonado y antes servía de escuela. Allí se apostan veinte soldados y una ametralladora asignándoles de Jefe al Teniente Angel Zurita, para que observe al enemigo día y noche y comunique su avance por teléfono a la central del río Cuny. 3) Al sitio «Tres Banderas» se movilizan seis conscriptos al mando del Sargento Cadena para cuidar ese flanco y como patrulla de seguridad dotándoles de otro teléfono.

El plan está dirigido a vigilar el avance peruano desde «La Unión» permitiéndoles su ingreso a la zona preparada para la emboscada, en un terreno situada entre las breñas de la cordillera y el turbulento río Jubones, en un plano semi inclinado de cien metros de fondo por dos kilómetros de largo.

PREPARATIVOS DE LA ACCION

El Capitán Cabrera establece el Puesto de Mando en una choza ubicada en Porotillo como a un kilómetro del Río Cuny, donde el Mayor Estrella ha instalado una estación telegráfica para comunicarse con el Comando de Zona en Cuenca y una central telefónica para hablar con los repartos de avanzada en Cuny, Tres Banderas y La Unión. Igualmente funciona un servicio sanitario atendido por el Médico del ejército Alberto Alvarado Cobo y un enfermero y otro servicio de Rancho donde se preparan los alimentos bajo una ramada, sin diferencias ni mezquindades entre la oficialidad y la tropa, con comestibles traídos de Cuenca a lomo de mula.

Cabrera dispone que la tropa limpie la garganta donde sorprenderá a los peruanos. La yerba es rozada y quemada dándose la apariencia de terrenos aptos para la siembra; esto se hace con cuarenta machetes en una extensión de cien metros de frente por ciento sesenta de profundidad. También se levantan emplazamientos a base de palas y zapapicos para evitar fuego aéreo y de artillería y disimular las ametralladoras.

El martes 9 de septiembre se les une el Teniente Coronel Luis R. Maldonado al mando de cien hombres del Batallón Yaguachi de caballería, que llegan a pie porque los caballos han sido devueltos a Girón para que no mueran pues en las quebradas no sirven y cuando todo esta listo se presenta en La Unión un campesino ecuatoriano llamada Olmedo Dávila que hace sonar un cuerno para llamar la atención. Dávila indica que los peruanos le tienen de sirviente en Casacay y que ha oído que una columna de quince hombres explorará estos terrenos a eso de las once de la mañana para ver si la zona está abandonada y enviar otras más con la intención de armar un puesto de avanzado y facilitar la entrada al grueso de la tropa de ochocientos hombres que allí están destacados, regresando inmediatamente para evitar que noten su ausencia. A la hora anunciada ven aparecer a la vanguardia enemiga que recorre la región y regresa a sus cuarteles en las primeras horas de la tarde. Esa noche los nuestros avanzan por el Jubones, reconocen las agrestes soledades libres de soldados peruanos y retornan tranquilos a la Unión, encontrando en el camino a un explorador enemigo al que apresan y le arrancan datos de enorme interés. Poco después el prisionero trata de huir y por supuesto, muere en el intento.

ULTIMOS DETALLES ANTERIORES A LA ACCION

En la madrugada del miércoles 10 los nuestros conocen que el alto mando peruano ha ordenado al destacamento que ocupa San José de El Pasaje y Casacay, inicie la penetración hacia el río Jubones a pesar de la tregua suscrita el 31 de julio entre Perú y Ecuador, por la que se suspendieron las hostilidades hasta segundo aviso, para dar tiempo a los países mediadores a que designen sus representantes con el fin de obtener la paz.

El dato lo proporcionan el preso peruano y un civil ecuatoriano de apellido Palacios, que vive en el sector, trabajando unas tierras de su propiedad.

El día transcurre sin novedad y los nervios se crispan. Mas el jueves 11 – glorioso para nuestros fastos cívicos – el Cap. Gabriel Mogrovejo Quintanilla que ha reemplazado en la Unión al Teniente Zurita, que pasa a Cuny, a eso de las 10 y 46 avisa por teléfono que los primeros soldados peruanos entran en la zona de emboscada. Después se sabrá que vienen al mando del capitán Alfredo Noboa Cava, Teniente Alipio Ponce Vásquez de la Guardia Civil, y Alférez Luis Reyna Farje Hurtado del Ejército, y dos oficiales más. Son sesenta y nueve hombres de tropa y cuatro oficiales los que atraviesan cerca de las alturas de La Unión y siguen su marcha a sólo un kilómetro de Porotillo.

SORPRESA Y MUERTE A CASI TODOS

A las 11 de la mañana la columna invasora dobla la curva del camino y entra en el espacio que se ha abierto ex profeso y está bordeado por montones de piedras que ocultan a los defensores. Noboa Cava ha venido haciendo disparos a las casas del camino para comprobar que están abandonadas.

Tres largos minutos que dura el avance peruano, cuando están más desprevenidos e introducidos completamente en el círculo mortal, a solo diez metros de la orilla del rio, el Capitán Cabrera dispara su revólver y las cuatro ametralladoras Z-B entran en acción seguidas por las ráfagas de cincuenta y cinco fusiles que hacen blanco casi a quemarropa. La tropa peruana es diezmada y caen acribillados entre las estribaciones de la cordillera donde están los seis conscriptos del Sargento Cadena, la orilla del Cuny y el río Jubones que sigue su curso. No hay salvación posible; un solo peruano logra echarse al río Jubones desde un barranco y tras nadar largo trecho salta a tierra y llega despavorido a Casacay donde relata los hechos a sus superiores. Otros menos afortunados mueren despedazados en la correntada, los más huyen hacia la retaguardia y caen bajo los certeros disparos de los hombres del Capitán Mogrovejo.

Varios mueren a pie firme sin atinar a disparar más que unas pocas veces porque no divisan a los nuestros. Otros, habiendo logrado emplazar sus ametralladoras, pero sus tiros no dan en ningún blanco ya que los nuestros no están visibles. En total son sesenta y tres más su jefe Novoa Cava – que fue de los que alcanzaron a correr hasta La Unión. El total incluyendo a Novoa Cava suma “cuarenta y cinco  en Cuny y diecinueve en La Unión”.

ANECDOTAS DEL COMBATE

Ni un solo ecuatoriano sale herido en Porotillo y tampoco se registran muertos. Los peruanos son enterrados en el campo bajo una sencilla cruz hecha con dos toscos leños y la leyenda siguiente: «Capitán Noboa Cava, tres oficiales y sesenta hombres de tropa. Porotillo, 11 de septiembre de 1.941.»

Entre los fallecidos figuran siete que quedaron gravísimos -Un soldado peruano – el Teniente Emiliano Tapia Díaz – se había hecho el muerto detrás de un tronco en Cuny y al verse sorprendido levanta sus manos en señal de rendición por lo que es tomado prisionero y trasladado a Cuenca, para ser canjeado con posterioridad. En el panóptico de Quito, donde guardó corta prisión se declaró medio ecuatoriano por ser hijo de madre nativa de Loja – Vaya Ud. a saber si sería verdadero el dato.  ¡El susto que habrá pasado en Porotillo!

IMPORTANCIA DE LA ACCION

Esta acción repercute en el espíritu del enemigo frustrando sus planes de invasión a la sierra ecuatoriana pues imaginaron – no sin razón – que el camino a Cuenca estaba plagado de ametralladoras y sirvió para levantar la moral de los nuestros y  para hacerles formar la llamada «Segunda Línea de Defensa» luego de la pérdida de El Oro y que en mi modesta opinión jamás hubiera podido el Perú cruzarla por el estímulo que para los nuestros significó Porotillo, que siete días después hizo posible la exitosa defensa de la garganta de Panupali, el 18 de Septiembre, cerca de Loja. Ambas acciones terrestres, el ataque aéreo contra el BAE. Atahualpa, la acción naval de Jambelí y la victoria en Quebrada Seca son las páginas vencedoras ecuatorianas en el 41.

ACUSACIONES DEL GOBIERNO PERUANO

Después de Porotillo las radios de Lima perifonean el siguiente mensaje: «Los ecuatorianos son invasores cobardes de las zonas legítimamente ocupadas; invasores alevosos y Jeremías hipócritas que viven deletreando su debilidad y miseria ante el mundo, pidiendo misericordia al continente; abusando de la misericordia del ejército peruano que puede reducir a polvo y cenizas en pocos minutos a las ciudades de Ecuador; masacradores salvajes en las sombras de la noche porque no pueden medirse de frente con los gloriosos soldados peruano»… ¡tanto les dolió la derrota!.

Estas acusaciones son escuchadas por los mediadores militares de Brasil, Chile, Argentina y los Estados Unidos que el 22 de Septiembre concurren al sitio de la emboscada conjuntamente con lo representantes del Congreso ecuatoriano Julio Teodoro Salem y Teniente Pedro Concha Enríquez y el Comandante Superior del Ejército Coronel Alberto C. Romero y se dan cuenta que Porotillo está ubicado a una jornada de Casacay, sitio de avanzada peruano; además, del lado ecuatoriano hallan los sesenta y cuatro cadáveres peruanos y del otro lado, ninguno nuestro, con lo que se desbarata el infundio y el gobierno nacional asciende a los vencedores y algunos reciben la «Cruz de Guerra», la más alta condecoración militar que concede al ejército  ecuatoriano a sus héroes. Cuenca y Loja se han salvado merced a ellos y bien hubieran podido repetir como el poeta después de la batalla:

No fuimos los héroes que nadie querría

no somos caines de pueblos hermanos

aquellos que alzaron un día las manos

armados del hueso de la felonía …

EPILOGO

En Porotillo se aplica por vez primera las tácticas del General Negroni, Jefe de la misión Militar italiana, que aconsejaba en 1.938 en la Escuela Militar de Quito, que Ecuador sólo podría defender sus fronteras mediante golpes de compañías, para lo cual, cada reparto debía gozar de autonomía táctica y logística. En síntesis, la Guerra de Guerrillas, que tantos trabajos dio a los italianos en Etiopía.

La acción de Porotillo no dio a Ecuador ventaja militar alguna, porque inexplicablemente a las seis de la mañana del 15 de septiembre, el Teniente Coronel Maldonado y el Batallón Yupanqui abandonan el puesto regresando a Cuenca. Años después aún se le inculpaba por este acto.

El triunfo obtenido en Porotillo despertó el sentimiento cívico ecuatoriano, y lo más importante, detuvo el avance enemigo y salvó dos provincias de un ataque envolvente, definitivo y total.