395. El Arte Degenerado Según Los Nazis

HITLER ACUARELISTA. En 1907 el joven Adolph Hitler (1889-1945) compareció como postulante a la Academia de Bellas Artes de Viena y aunque pasó el examen escrito fracasó en el artístico pues habiendo presentado acuarelas, bocetos y dibujos a lápiz, tinta y crayón fueron calificadas de copias sin ningún tipo de originalidad y aunque al año siguiente volvió a intentarlo, tampoco fue aceptado.

Su formación había sido precaria, a duras penas había recibido clases de escultura y cuando tras estos fracasos quiso matricularse en la Facultad de Arquitectura encontró que debía terminar sus estudios secundarios para lo cual no tenía tiempo, dinero ni paciencia.

Frustrado, pero no vencido en 1910 viajó a Munich con sus pequeñas acuarelas de paisajes urbanos tomados de postales y tarjetas. Obras bonitas a la vista que le llevaban tres días de confección y vendía su socio Reinhold Hanisch a un promedio de cien marcos y pudo vivir con cierta comodidad hasta 1914 visitando teatros y museos pues tenía alma de artista, pero fue enlistado en el ejército y se mantuvo en las trincheras del frente occidental cuatro años hasta la terminación del conflicto en 1918 demostrando valor y disciplina.

Nuevamente en Munich, abandonó el arte por la lectura de obras de gran violencia política transformandose en un peligroso orador de la supremacía racial aria, de gestos teatrales por exagerados, violentos cambios de voz, exageradas crispaciones al estilo del Duce Mussolini, quien por esos días triunfaba con el fascismo en Italia…. Fueron años de total entrega, organizó al partido Nacional Socialista Alemán NAZI, intentó dar un golpe de estado que fracasó, cayó en prisión y escribió “Mi Lucha,” libelo con rasgos biográficos, exposición de motivos e ideales nacionalistas que conmocionó en su tiempo y aunque no ganó las elecciones frente al viejo Mariscal von Hindenburg, que terminó por elevarle a Canciller en 1.933. Ya con el poder, Hitller afloró sus odios y complejos, inició persecuciones, cometió abusos y crímenes, hasta se las tomó con los artistas inventando el término “Arte Degenerado” para calificar la producción modernista en general y a la de autores judíos y bolcheviques en particular que pasaron a ser violentamente separados de sus cátedras y sus obras retiradas de los Museos.

Esta política segregacionista alcanzó mayor resonancia en Julio de 1937 con dos gigantescas exposiciones inauguradas al mismo tiempo en la House der Kunst, después recorrerían el resto del país con gran éxito concitando la curiosidad de millones de visitantes. Una  era la del llamado Arte Oficial (figurativa y academicista) con desnudos de rubias mujeres y efigies patrióticas de soldados teniendo de fondo  paisajes alemanes y otra del Arte Degenerado  (moderna, expresionista, abstracta y/o de autores judíos y bolcheviques) que atrajo mayor número de visitantes porque aunque se las denigraba en el Catálogo como productos de cerebros perturbados y hasta las colocaron  torcidas, en desorden y con grafittis en las paredes, por sus colores subidos muy a lo fauve, líneas fuertes y figuras deformadas por expresionistas, motivos novedosos por abstractos, en fin, algunas hasta por su feísmo, constituían la novedad del momento, frente a lo mismo de lo mismo, es decir, el Arte Oficial, bonito aunque en su conjunto cansino y anodino.

En ese momento los artistas judíos se dieron cuenta que no tenían presente ni futuro en la Alemania Nazi, el pintor acuarelista Hans Michaelson (Hettstedt 1.872- Guayaquil 1959) al conocer que un cuadro suyo había sido confiscado de un Museo, solo por ser obra de autor judío, supo que tenía que salir. Era un excelente y bondadoso ser de 65 años, estudiado en las academias de  Munich y Berlín, viajado por Italia, soldado durante cuatro años en la primera Guerra Mundial (hasta el año 17 en el frente ruso y de allí hasta el final del conflicto en el francés) casado sin hijos con la pintora  Else Henrriette Angerstein (1881-1976) trabajadora gráfica en la editorial Ulstein de Berlín desde 1915 al 30, había dado clases particulares y participado en exposiciones personales y colectivas y aunque gozaba de cierto renombre ninguna de sus obras fue expuesta en el Arte Degenerado. Artista de la “Sesesion,” se pertenecía al grupo Die Sieben – Los Siete –  y tramitó su salida a través de la garantía económica y personal de uno de sus antiguos alumnos – el guayaquileño Miguel Ángel de Ycaza Gómez – hijo de un antiguo Ministro Plenipotenciario del Ecuador en Berlín, requisito necesario para poder abandonar la Alemania Nazi.

El matrimonio Michaelson arribó el 15 de octubre de 1.939 a pocos días de iniciada la Segunda Guerra, las pertenencias dejadas en su domicilio en la Charlottenburger Ufer 25 fueron confiscadas por la Gestapo. Arribaron a La Libertad y pasaron a Cuenca, pero no se acostumbraron y se establecieron a Guayaquil. Alfredo Palacio, acababa de fundar en 1.940 la Escuela Municipal de Bellas Artes, le llevó de profesor de Pintura y aunque al principio no hubo presupuesto, pronto se solucionó el problema. “Era una Escuela creativa y democrática, había cursos a todas horas desde la mañana hasta las once de la noche. Ni el grado de instrucción ni la edad establecían diferencias entre los educandos. Solo se exigía vocación.  Cada uno tomaba las materias que le interesaban.  El sistema tuvo muchas críticas, aunque era el mejor.” I en tal centro de enseñanza Michaelson permaneció hasta 1.954 que se jubiló por sobra de edad, considerado el profesor perfecto, sencillo y al mismo tiempo severo (de serio y adusto le han calificado) pero al mismo tiempo muy humano, nunca faltaba ni se atrasaba y que al decir de Juan Castro compartía sus experiencias inéditas en el Ecuador, la No Pintura y la intensidad y discreción de las gamas cromáticas, como elemento compositivo.

Los primeros tiempos les fueron difíciles, la Escuela quedaba alejada de la buhardilla que alquilaban en un cuarto piso en el malecón donde tenía un letrero que ponía todas las tardes en la puerta menos los miércoles y decía: Lo siento, estoy trabajando, no puedo recibirlos, pero los miércoles recibía con su aposa muy amables y cariñosos. Los domingos asistían a las tertulias de Conchita Gómez de Ycaza en el barrio del Centenario. Anita von Buchwald logró que alquilaran una villita en el barrio del Seguro al sur de la ciudad, para evitar la subida de tantas escaleras. Fue una gran ayuda. A otra de sus alumnas Yela Loffredo realizó varios retratos. Después de la guerra reclamó lo que le correspondía en Alemania y alejado de toda actividad falleció el 15 de Julio del 59, siendo enterrado en el Cementerio de Extranjeros a cargo del consulado alemán. Su esposa le sobrevivió varios años, amorosamente pintaba indios de la serranía. Ambos fueron atentos y bondadosos, y dejaron buenos recuerdos.