366. Las Joyas Se Hicieron Zapatos

Le conocí cuando mi padre me llevaba a su almacén a finales de los años 1940 a comprar zapatos. Era un viejo bonachón, aún se le veía entero y era amigo de todos sus clientes que con bonhomía atendía en forma personalizada.

Se decía – pero a nadie le constaba – que al día siguiente del Incendio Grande que consumió la mitad de Guayaquil en octubre de 1.896 había encontrado un valioso cofre de joyas y que con la venta hizo el capital necesario para abrir su primera zapatería. Lo cierto es que desde el año anterior fungía de sastre en los bajos de la casa del abogado Manuel del Río Narváez (abuelo del Dr. Arroyo del Río) en Las Peñas.

Don Evangelista Calero Gaybor había nacido en 1.874 en el anejo de Yacoto al sur de Guaranda donde el vecindario era agricultor y analfabeto. Su padre, conductor de recuas de mulas a Babahoyo, pasaba poco tiempo en el hogar. Su madre formaba parte de las principales familias de Yacán. A los quince años se vino a Guayaquil y fue mandadero en casa de Teresa Velasquillo, tiempo que no desaprovechó pues ahorró sus primeros cuatrocientos sucres y estudió carpintería y sastrería. Siempre fue morigerado en sus gastos personales al punto que ganó una bien merecida fama de tacaño.

Tras varios intentos como sastre finalmente se resolvió por la fabricación de calzado, comprando el pequeño almacén de mi tío abuelo Abel Pérez Aspiazu en Las Peñas, que amplió con nuevos operarios e importando zapatos finos de mujer. El niñito Carlos Puig Vilazar que se criaba en casa de su madrina – una señora León – en ese barrio, le enseñó a leer y a escribir por un par de zapatos nuevos. El Dr. Miguel Ángel Carbo Cucalón, al saber la proeza del pequeño profesor, dijo: Este chico ha nacido con una lámpara en la frente.

Pronto su negocio se hizo grande (llegaría a producir quinientos pares de zapatos al día) fundó tres sucursales (Guayaquil, Quito y Riobamba) adquirió el antiguo edificio de madera del diario El Telégrafo y cuarenta casuchas en la quinta Pareja, en 1.923 fundó la Sociedad Manufacturera de Calzado, contrajo matrimonio con doña Delia Briones que le ayudó en todo pues siempre fue una pareja trabajadora y bien abenida pero falleció relativamente joven. Entonces don Evangelista envió a sus dos primeros hijos a estudiar a Europa. Adquirió el predio Cumbillín y la finca La Georgina dentro de la ciudad de Riobamba. En 1.931 montó la curtiembre La Palma. El 33 fue lanzada su candidatura a Senador alterno por las Cámaras de Industrias del Litoral, auspiciado por el partido conservador del Guayas y habiendo salido electo tomó a cargo diferentes proyectos.

En el almuerzo que le brindaron doscientas personas en los salones de la Empresa Eléctrica del Ecuador Inc.  leyendo su discurso de agradecimiento hizo un alto para declarar que se le había nublado la vista por la emoción que le embargaba, ante lo cual Jaime Puig Arosemena, que siempre fue muy divertido y estaba sentado a su lado le dijo en alta voz: Bendito Ud. don Evangelista que está embargado de emoción, pues a la mayor parte de los aquí presente nos embargan los acreedores. Risas generales y continuó el discurso.

Ya habían regresado sus hijos de Europa.  María Angélica casó en Riobamba con el Dr. César León Hidalgo, notabilísimo médico graduado en Paris, sin embargo, el matrimonio solo duró dos años pues un día el doctor no pudo levantarse de la cama y llamados los mejores médicos de Guayaquil no dieron pie con bola hasta que a alguien se le ocurrió introducirle un algodoncito en la nariz del enfermo, que al ser examinado dio como resultado un millón de amebas. Estaba totalmente tomado y murió casi enseguida. María Angélica sufrió mucho y su padre la mandó a reponerse en Europa donde contrajo nupcia con el héroe de la aviación alemana Barón Ludwig Weber, de la más alta nobleza bávara, para quien don Evangelista hizo construir un castillo en Riobamba que todavía existe ¡No faltaba más ¡

En Berlín la pareja había adquirido un espléndido vehículo Opel de lujo y se vino a América en trasatlántico vía Buenos Aires, Santiago, Lima y Guayaquil, pero María Angélica – que siempre fue una mujer superior – no se avino a la vida muelle y comenzó a trabajar en los almacenes de Guayaquil. Con su esposo inauguró en la terraza de uno de los edificios de su padre, esquina de Chile y Aguirre, un pent house con piscina.  Demás está decir que a nadie se le había ocurrido esa brillante idea.

El Barón era un caballerazo, educadísimo, marcial, importó los primeros perros de raza Coker Spanish que conoció el país en sus tres clases: caramelo, negro y primavera (caramelo y blanco) levantó un castillo en el carretero a la costa también con piscina, una romántica galería de arcos y hasta un cementerio para sus mascotas, etc. A su suegro ayudaba con los planos y estudios para las nuevas construcciones.

Juan Calero Briones casó con Alicia Castillo Gómez con hijos. Carmen Calero Briones con Guillermo Luque Rohde también con descendencia.

 En los años cincuenta, don Evangelista adquirió las principales esquinas del centro urbano de Guayaquil y construyó sobre ellas edificios de seis pisos en cemento armado que fueron en esos tiempos los mejores de la ciudad, pero a principios de septiembre del 54 sufrió una caída de altura en el ascensor de uno de ellos y la fractura de la pelvis. Ingresado a una clínica falleció el día 14 de ochenta años y complicaciones cardiacas, dejando un nombre y un ejemplo de trabajo.

Su hija Carmen mandó a sus hijos a Miami, reclamó la parte que le correspondía de la herencia, viajó a La Habana, adquirió dos rascacielos y el 59 el mañoso de Fidel Castro se los quitó. Todavía existen, pero están destruidos por la mugre, así de simple.  Murió años después en Miami, viuda y con su fortuna muy disminuida.

Su hijo Juan, que siempre había sido un gran trabajador, mandó a sus hijos a estudiar al Canadá, se consiguió a una de sus inquilinas de nacionalidad húngara que le gastó la herencia y murió también casi pobre. El edificio de la Compañía Nacional de Seguros en Aguirre y Pedro Carbo lo perdió de a poquito, con sucesivos préstamos a la gerencia que ejercía Otto Arosemena Gómez.

María Angélica, adoptó a una niña, mas, desfinanciada con el reparto no pudo hacer frente a una huelga general de trabajadores en la fábrica de Riobamba y finalmente quebró, pero luchando como un león contra la adversidad. Fue la única de sus hermanos que heredó la capacidad de su padre.