357. El Fin Del Indomable Marañón

En 1.898 nació en Machala Luis Larrea Alba, hijo legítimo del Coronel Tomás Larrea Campi y de Aurora Alba Cruz, naturales de Machala y El Pasaje en la provincia de El Oro.

En 1.916 estudiaba en la Escuela Militar Eloy Alfaro de Quito y obtuvo la primera antigüedad en su clase; el gobierno nacional lo becó a la Escuela Militar de Chile el 17 y allí estuvo hasta el 20, entonces casó con Lucy López López, hija del General chileno Luis López Rodríguez y de su prima Lucía López.

Las fuerzas armadas ecuatorianas estaban asesoradas por la misión militar italiana que presidía el General Persio Biroli, secundado por otros oficiales de probada eficacia en la Gran Guerra, como el Coronel Federico de Georgis y el después General Enrique Pitacci Manola.

Los italianos dictaban cursos de información y perfeccionamiento teóricos y prácticos a los estudiantes de la Academia de Guerra y fuera de ella a los oficiales, para formar los de Estado Mayor en las ramas de Infantería, Comunicaciones, Caballería, Ingeniería y Artillería. Igualmente, la aviación nacional comenzaba a desarrollarse y el doctor José Luis Tamayo, Presidente Constitucional de la República, envió a varios militares a estudiar a Italia.

El Mayor Larrea Alba era toda una promesa en el ejército; en 1.923 Tamayo le designó Agregado Militar en Roma, siendo el General Delfín B. Treviño, Ministro Plenipotenciario, secundado por Víctor Hugo Escala y Leonardo Sotomayor y Luna y Orejuela sus Secretarios; este último regresó el 25 a ocupar el Ministerio de Guerra en el gabinete del doctor Gonzalo S. Córdova, cayendo con él cuando el 9 de Julio de ese año se produjo en Guayaquil la revolución Juliana.

LABOR DEL MAYOR ILDEFONSO MENDOZA VERA

En 1.924 había convocado el Presidente Tamayo a elecciones presidenciales en todo el país, triunfando el candidato liberal Gonzalo S. Cordova Rivera, cuencano, de edad, talento y virtud, respetado por todos debido a sus luchas y sacrificios en pro de la libertad y la justicia; sin embargo, cuando asumió el poder estaba cardiaco y se mostraba impotente para solucionar la crisis fiscal, caída de la producción de cacao por la peste de la escoba de la bruja y los demás problemas que azotaban al país.

El 9 de Julio del año siguiente un grupo de oficiales jóvenes dirigidos en Guayaquil por el manabita Ildefonso Mendoza Vera, Jefe del Batallón Marañón acantonado en el puerto, desconocieron al régimen constitucional y fue seguido en todo el país por los distintos repartos, terminando con el gobierno. El doctor Cordova, al ver la traición de sus partidarios exclamó: Mientras más conozco a los hombres, más quiero a los animales y se retiró con la frente altiva y con fama de hombre correcto y de bien.

De inmediato se formó una Junta de Gobierno en Quito compuesta por José Rafael Bustamante, Modesto Larrea Jijón, Francisco Gómez de la Torre, Francisco Arízaga Luque, Pedro Pablo Garaycoa Cabanilla. Francisco J. Boloña Rolando y Luis Napoleón Dillon actuando como Secretario el Dr. Julio E. Moreno. Al mismo tiempo existía otra Junta de carácter militar subordinada a la primera, que controlaba la situación y estaba formada en Quito por los Coroneles Ricardo Garzón y Carlos Guerrero, el Teniente Coronal Juan Ignacio Pareja, el Mayor Carlos Burbano y el Capitán José Moran Estrada, entre otros.

Ildefonso Mendoza mandaba en Guayaquil con los quinientos hombres del Marañón que le veneraban y estableció los Tribunales de Justicia Popular, sus ideas eran liberales avanzadas y su muy apuesto físico, causaba siempre una grata impresión. Larrea Alba regresó a Guayaquil desde Roma y en el puerto fue saludado por Mendoza a quién conocía desde muchos años y quién le ofreció un Comando que Larrea no aceptó por que estaba a las órdenes de la Junta Militar y viajó a la capital donde le designaron Intendente General de Policía de Guayaquil con órdenes precisas para que impidiera a Mendoza actuar por su cuenta y riesgo como lo había venido haciendo.

INSUBORDINACION DE MENDOZA EN GUAYAQUIL

Entonces Larrea volvió al puerto y controló a los policías sujetándolos bajo su mando, Mendoza no vio con agrado esa competencia de jurisdicción y cuando recibió el nombramiento de Jefe de Zona Militar en Quito se hizo fuerte en Guayaquil y respondió que no viajaría. La Junta Militar se enfureció y sus miembros designaron nuevo Jefe de Zona de Guayaquil al Coronel José Antonio Gómez González, trasladando al Batallón Marañón a Ambato y dejaron sin mando a Mendoza, quien fue confinado a la hacienda Zoraida propiedad de Geo Chambers Vivero en la isla Santay.

Pero no se crea que con esa medida se tranquilizaron los ánimos; pues, por el contrario, el malestar continuó en el Marañón porque no aceptaron en Ambato al Coronel Nicanor Solís como Jefe y le enviaron un telegrama a Quito pidiéndole que no se presente porque lo arrestarían. La Junta designó entonces como nuevo Jefe al Teniente Coronel Urresta, que también fue repudiado por lo que no viajó a Ambato y en esas circunstancias, como la actitud del referido cuerpo era de franca rebeldía, la Junta decidió enviarles al Mayor Larrea Alba, quien viajó no sin temor porque el Marañon  era ciento por ciento mendocista y no aceptarían a ningún otro por bueno que fuere, pero como no ocurrió nada, en Junio de 1.926 tomó posesión de su cargo y los cinco primeros días pasaron tranquilos y sin novedad, en prácticas usuales de entrenamiento.

ANECDOTAS DE LA REBELION DEL MARAÑON

En la tarde del sexto día Larrea Alba fue avisado por el cocinero – cuando no – que estaba por ocurrir una sublevación de oficiales con apoyo de la tropa y que de fijo le matarían. Larrea comunicó a Quito y esperó confiado en su suerte. Esa noche y como a las once y media, hizo guardia especial y logró descubrir que el Teniente Marco Uscocovich incitaba a unos cuantos a la revolución en favor de Mendoza, indicando que todos los cuerpos armados de la república se hallabancomprometidos y sólo esperaban la señal del Marañónpara alzarse contrala Junta de Gobierno.

Entonces Larrea se hizo acompañar de cuatro o cinco individuos de tropa, escogidos por él de entre los pocos adictos a su persona y entró de sorpresa al cuartel, apresó a Uscocovich y lo envió detenido a la bodega.

Larrea sabía que ese era el principio solamente por lo que mandó telegramas pidiendo refuerzos, que salieron de Quito y Riobamba con dirección a Ambato. Mientras tanto siguió haciendo guardia, pero no en el cuartel, sino fuera, por aquello que más vale ver los toros de lejos que ser corneado.

A las doce de la noche bajó la tropa y se formó en el patio. Larrea entró al edificio y preguntó la razón. Un cabo de apellido Castro, levantándose la visera de la gorra le gritó Usted es nuestro Jefe y tiene que firmar el acta de pronunciamiento contra el gobierno… Esto es un movimiento de todo el ejército.

– No señores, ustedes están equivocados y son engañados por algún político. Nadie les apoyará y es mejor que depongan esa actitud y regresen en paz a descansar, fue la tranquila y bien meditada respuesta de Larrea Alba.

Pero como en estos casos las palabras no cuentan, algunos exaltados rastrillaron sus armas y le apuntaron al cuerpo, dispuestos a matarle sin embargo alguien gritó: No le disparen, que es muy amigo del Comandante Mendoza y se salvó de morir, pero lo metieron a la misma bodega donde minutos antes había estado Uscocovich, que ya andaba libre y sonreído, pensando en cómo es mudable la vida.

FIN DEL ALZAMIENTO Y PREMIO A LARREA ALBA

A eso de las dos de la mañana llegó de Guayaquil el Capitán Fernando Freire, ya avisado desde hacía varios días del movimiento sedicioso del Marañon y arengó a la tropa en favor de Mendoza, recibiendo muchos vítores y abrazos.

Viva la Patria, viva Mendoza, vivan los ideales del 9 de Julio» se oía por doquier. Todo es juventud, inexperiencia y entusiasmo. Mientras tanto Larrea Alba seguía embodegado en espera de su suerte ¿Se salvaría?

A las seis de la mañana los oficiales del Marañón se enteraron por el telégrafo de Ambato que iban a ser sitiados por las fuerzas leales que viajaban de Quito y Riobamba; esto constituyó una sorpresa para ellos, que esperaban apoyo y no ataque, comprendiendo al fin que se los había engañado con falsas promesas. A esa hora y después de recapacitar sobre la apretada situación en que se encontraban, concurrieron a la bodega donde permanecía Larrea Alba y le solicitaron que reasumiera el mando y organizara la defensa.

No podrían contra tantos. Yo no he estado de acuerdo con esto, no puedo comandarlos – fue la respuesta.

Entonces los oficiales y tropa salieron del cuartel con destino a sus casas para dejar ropas y objetos de valor que no querían perder y se comprometieron a regresar a las siete de la mañana para morir peleando en defensa de sus ideales. La señal de regreso sería el toque de generala por el corneta y dejaron libre a Larrea Alba creyéndole inofensivo. Santa confianza porque Larrea impidió el toque y a eso de las nueve el Teniente Coronel Carlos Guerrero, con fuerzas de Riobamba llegó a la ciudad y ocupó tranquilamente el cuartel, dedicándose a atrapar a los revoltosos en sus domicilios. Meses después se les siguió un proceso a unos cuantos y el glorioso batallón Marañón fue disuelto para evitar nuevos bochinches como el de Ambato.

Larrea Alba viajó a Quito y pidió que su actitud fuere juzgada, obteniendo la aprobación de la superioridad y el cargo de Sub director de la Escuela Militar que ocupó hasta 1.927, pasando a Comandante en el Regimiento Sucre No. 2 de Quito y luego a Intendente General de Policía de Guayaquil, ese mismo año, por orden del doctor Isidro Ayora.

CAMBIA DE MILITAR A POLITICO

Estando Larrea Alba en Quito de comandante del Regimiento Sucre No. 2, le fue consultado si se opondría a la designación del doctor Ayora para dictador del Ecuador en 1.926 y contestó que no, porque lo conocía como hombre serio y patriota. Esta consulta dio al traste con el gobierno de la Segunda Junta Civil Juliana, compuesta por algunos políticos de gran jerarquía intelectual pero indóciles, al punto que ni entre ellos se entendían y la aceptación de Larrea Alba fue conocida por Ayora que lo tuvo desde entonces como su hombre de confianza y probada lealtad a su persona.

En Guayaquil estaba de Gobernador el doctor José Darío Moral, químico y farmacéutico, inteligente y jovial, que dirigía la política en el Guayas con acierto. En 1.928 Ayora convocó a una Asamblea Nacional Constituyente y tres militares en servicio activo fueron electos Diputados: El General Luis Telmo Paz y Miño por Pichincha; el Coronel José Antonio Gómez González por Manabí y el Coronel Luis Larrea Alba por El Oro; inmediatamente pidieron sus disponibilidades al gobierno y viajaron a Quito a asistir a las sesiones. Ayora fue designado Presidente Constitucional del Ecuador para el período de 1.928 a 1.932.

Larrea Alba regresó a la vida militar siendo reincorporado en 1.929. Al año siguiente desempeñó la Subsecretaría del Ministerio de Guerra en tiempo del Coronel Carlos Guerrero. Meses después fue designado Sub Jefe de Estado Mayor y en este cargo estaba cuando ocurrió el famoso caso de los militares masones.

DESACIERTO DEL MINISTRO DE GUERRA

En 1.930 el Coronel Carlos Guerrero envió una circular a los repartos militares de la República aconsejando a los oficiales que se abstuvieran de ingresar a la masonería porque se rumoraba en Quito que esta secta filosófica era enemiga del régimen y conspiraban en los templos y logias de la República.

Esta candidez de Guerrero, digna de un militar sin cultura y no de todo un ministro de Guerra, originó una reacción en los periódicos y revistas del país que publicaron artículos y caricaturas donde se burlaban de él, sacándole como a moderno inquisidor, con un látigo en la mano, persiguiendo a los asustados masones que corrían a más no poder.

Algunos militares ecuatorianos y masones de mucho tiempo se le enfrentaron y pidieron al régimen la destitución de Guerrero; felizmente, el temporal amainó, pero quedaron numerosos resentidos que pronto irían a las armas.