348. Visita Del Presidente Hoover En 1928

Las noticias internacionales anunciaron en 1.928 que el recién electo presidente de los Estados Unidos de Norteamérica, Mr. Herbert Clark Hoover, vendría a Guayaquil el día miércoles 28 de noviembre y sería recibido en el Palacio de la zona militar por el Presidente Isidro Ayora. Es la primera visita presidencial que nos caía en muchos años y los diarios la comentaron con grandes detalles. Hoover saldría el 10 de noviembre de la Bahía de San Francisco con destino al puerto de Amapala en Honduras, a bordo del crucero «Maryland», de propiedad del gobierno americano, que lo a puesto a sus órdenes para la travesía. Hoover viajará al Canal de Panamá, Guayaquil y Valparaíso, donde tomará el transandino a Buenos Aires, punto final de su raid presidencial.

COMIENZA EL RECORRIDO

El martes 10 Hoover salió para Centroamérica y seis detroyers le escoltan. El miércoles 11 confirmaron su estadía por cuatro horas en Guayaquil y la noticia de que será recibido por el Presidente Isidro Ayora. El jueves 12 se dijo que Hoover pescaría en aguas ecuatorianas.

LA FIEREZA DE UNA TEMPESTAD

El domingo 25 las agencias internacionales de prensa comentaron con mucha sal que Hoover por fin a visto cumplido un raro anhelo; presenciar una tempestad en medio mar La fiereza de las altas olas; el vaivén de la nave y el choque de la proa que rompe el agitado mar le conmueven hasta el tuétano y le preparan inconscientemente para cuando quiebre la bolsa de valores de Wall Street y presencie la fiereza de los corredores, en loco afán de perder menos. Pero no nos desviemos del tema que ya se acerca Mr. Hoover con su risueña faz de economista y los guayaquileños andan revueltos con el acontecimiento. De la Zona Militar piden a varias familias que presten juegos de muebles de sala de fino acabado, de estilo, preferentemente adornados con láminas de pan de oro o de plata. ¡Así lo hacen! Mi abuela Teresa Concha de Pérez Aspiazu cedió el de ella y años después aún comentaba que su juego de cuarenta y ocho piezas tipo Regencia, con sofás, sillas, tu y yo, consolas, trumeaus, bules, etc. fue de los más hermosos y completos que se lucieron.

EL CONCEJO LO DECLARA HUESPEDES DE HONOR

El martes 27 se dice que entrará en el golfo de Guayaquil a bordo del Cleveland y que al arribar a Amapala fue recibido por una hermosa muchacha centroamericana vestida acorde a la usanza griega, símbolo de la libertad ¡Oh campiranos tiempos! También se comenta que, en la sesión del día anterior, lunes 26 de noviembre de 1.928, el Concejo Cantonal de Guayaquil ha resuelto declarar Huéspedes de Honor a Hoover y al embajador norteamericano en Quito, Mr. Henry Prather Fletcher, entregándoles sendos diplomas de honor. Es presidente del Cabildo Leopoldo Izquieta Pérez y Concejales Marcos A. Plaza Sotomayor, Julián Coronel Espinosa, Manuel Seminario Tejada, Gabriel Murillo Arzube, doctor Aurelio Falconí Zamora, José Ramón de Sucre Rodríguez, doctor Carlos Noboa Cooke, doctor Arturo Serrano, Gustavo Gómez Ycaza, doctor Teófilo Fuentes Robles y actúan de Síndico y Secretario el doctor Víctor S. Palacios y Arnaldo F. Gálvez, en su orden.

NUESTRAS RELACIONES CON LOS ESTADOS UNIDOS

En 1.928 Ecuador aún atravieza una grave crisis internacional promovida por Colombia, Perú y Brasil, que acaban de firmar un Tratado de Límites prescindiendo de nuestra nación. A consecuencia del Tratado secreto Salomón – Lozano, suscrito en 1.922 entre Colombia y Perú, por el cual Colombia obsequió al Perú los extensos territorios del rio Putumayo en la región norte amazónica, recibidos a su vez de nuestro país en 1.916 en el Tratado Muñoz Vernaza – Suárez, nuestra posición es incómoda y permanecemos aislados.

No todas las esperanzas están perdidas porque en Washington se ventila nuestro secular pleito de fronteras mediante una serie de conversaciones denominadas La Fórmula Mixta y el Dr. Homero Viteri Lafronte comunica al gobierno la necesidad de agradar a Hoover pues de él dependerá en gran parte que la Fórmula sirva para detener al Perú en su voraz afán de conquista territorial.

EL PRESIDENTE AYORA ARRIBA A DURAN

El miércoles 28 la Zona Militar concede asueto a los jefes de oficina y demás subalternos para que puedan recibir al doctor Ayora que llegará de Quito y dispuso que el cañonero Cotopaxi atraque a las tres de la tarde en el Muelle Fiscal, para que los que deseen movilizarse a Duran, lo hagan con mayor comodidad y encima gratis. Desde el cerro Santa Ana se darán salvas de veinte y un cañonazos y otras naderías más también se disponen. Todo es poco para Ayora ¿Cómo será para Hoover?

El Gobernador de la Provincia doctor Darío Moral encabezó el grupo de autoridades que viajaron al frente de la ría. Muchas damas le acompañaron con el Intendente doctor Juan Horacio Estévez, Juan Francisco Anda, Comandante General de la Armada, los miembros del Concejo, directores de Diarios, Cónsules acreditados, Comisarios, los miembros de la policía secreta, Bomberos, Militares, Sacerdotes y Civiles; en fin, toda la ciudad y sus bandas de música que tocaron a rabiar bajo el empecinado sol novembrino que calcinaba, por eso las señoritas se protegen  con sombreros y /o pastoras y acicaladas con rinmel en los ojos, mucha flor de zinc en la cara, y pintados los labios a los Hollywood, es decir, con boquitas corazón, porque todavía Elizabeth Arden y Helena Rubinstein no mandaban sus mágicos pomos de cremas antiarrugas y de otras refrescantes ( humectantes las llaman ahora ) para conservar la belleza de la piel.

INCIDENTES DE SU LLEGADA

El Cotopaxi estaba de bote en bote cuando arrancó con un fuerte tirón de la máquina y agudo pitar. El muelle se alejó, la gente aplaudió y algunos dedicaron una última mirada a las casitas de madera del malecón, pero en eso la viejísima nave se quedó inmóvil en pleno río …. ¡Está varado! Gritó la marinería.

Las primeras gestiones para sacarlo del aprieto con Gobernador, autoridades y damas adentro, no produjo resultados. Luego de algunos minutos de apuro, acudieron los vaporcitos Enrique Valdez y Tarqui que lograron su objetivo y nuevamente lo pusieron en movimiento después de cuarenta minutos de infernal suplicio. De esta manera prosiguió el convoy de pequeñas navecitas hacia Duran.

Una vez allí todos bajaron a vapores más pequeños y por ellos arribaron al muelle, pues el Cotopaxi resultaba muy grande y no podía acercar su voluminoso casco, so pena de volverse a varar.

A las 4 se oyó el pitazo de la locomotora de Riobamba y llegó el doctor Ayora con su esposa y primera dama Laura Carbo Núñez, numerosa comitiva, familiares y demás asistentes, entre los que estaba el Presidente de la Corte Suprema, varios Ministros, embajadores, diputados, senadores, etc.

El Cotopaxi disparó los veinte y un cañonazos de ordenanza y Ayora subió. Ya eran las cinco de la tarde, el regreso fue lento y a las seis, del cerro volvieron a gastar otros veinte y un cañonazos. Ayora caminó por el Malecón que estaba a medio pavimentar y junto a él iba acompañándole una compacta muchedumbre; en el cielo sobrevolaban los pilotos Mantilla y Vélez, continúo por 9 de octubre hasta la zona con los batallones «Zapadores del Chimborazo», «Tungurahua», «Policía» y «Caballería». Estaba encantado, saludaba, hablaba y se retiró a descansar a las siete de la noche pues había llegado molido con tanto traqueteo sufrido en el viaje.

SE COMENTA LA PERSONALIDAD DEL VISITANTE

El día sábado l de diciembre, a las cinco de la mañana, Hoover arribó a la isla Santa Clara a bordo del Maryland, orgullo de la marina norteamericana, construido en 1.917 y que desplazaba treinta y dos mil seis cientas toneladas; lo cual era mucho para la época. Mientras tanto Ayora se había ocupado desde su llegada en visitar las aduanas y el estanco en compañía de algunos subalternos y estaba sereno y descansado.

La prensa habló de Hoover con mucho énfasis, subrayando el hecho de ser un individuo intelectual más que emocional, de rostro fuerte y que habiendo comenzado de simple vendedor de periódicos, estudió economía y se destacó entre 1.920 y 21 arreglando la situación financiera del reino de Bélgica empobrecido a raíz de la Gran Guerra. ¡Es todo un carácter este gringo Hoover! – comenta la ciudad – Después, gobernará cuatro años y no será reelecto.

PENOSA TRAVESIA DE LA COMITIVA ECUATORIANA

El domingo 2 de diciembre, a la una de la mañana salió la comitiva ecuatoriana a bordo del Cotopaxi – pues parece que no había otro barquito –  con destino a Puna, donde se celebraría el primer encuentro. El Canciller Viteri Lafronte ha cruzado varios mensajes con Hoover y el viaje se realiza con demasiada lentitud y molestias por el frío de la madrugada y falta de lechos en qué descansar. A las 5 y media atraca en Puna y empieza una terrible espera, porque ni el Maryland ni el Cleveland asoman en lontananza. El radio operador de Puná ha perdido los contactos y nada sabe. Todo es zozobra y aventura y en esas se encuentran cuando el intrépido Canciller tomó una lanchita del Resguardo de Aduanas y se adentra en el mar para regresar a la media hora, porque el Cleveland viene a recoger a todos, a fin de conducirlos al Maryland, que ha sido localizado en Punta Arenas.

ARRIBA A PUNA Y A GUAYAQUIL

A las 9 de la mañana arriba Hoover a Puná, todo rozagante y rechoncho, pero afable y sincero, con esa vitalidad nórdica que siempre le caracterizó. Es hombre de mediana estatura, rubio, inteligente y conversón, que a todos sonríe y saluda como si estuviera es pectando un juego beisbol en su honor. Su llegada causa sorpresa porque no se le esperaba tan temprano. De inmediato le dan una salva de estilo con veinte un cañonazos y de no haber sido por Mr. Bading, un simpático americano que está en el Cotopaxi, ni eso hubiera recibido, porque nadie le conoce.

A eso de las dos de la tarde Hoover se levanta de su silla de viaje en la proa del Cleveland y entra en el puerto, admirando la belleza natural del malecón de Guayaquil. A su lado está la señora Hoover, muy elegante y delgada, de rasgos afables y femeninos. El Capitán del Puerto Alvaro R. Cañarte les da la bienvenida oficial, luego se adelanta el Lcdo. Antonio Parra Velasco y lo hace a nombre de las autoridades, pasando en seguido a tratar con los periodistas invitados, a quienes se entrega tarjetas para que ocupen los automóviles del cortejo. A las dos y media Hoover y señora se embarcan en el vaporcito Enrique Valdéz y pasan muy cerca de las Peñas, donde los vecinos les reconocen enseguida. Desde el Santa Ana mandan otros veinte y un cañonazos Vaya que se gastó pólvora con esto de la venida.

En el muelle se abrazó con Ayora y saludó a nuestra primera dama, embarcan los presidentes en un Cadillac y las señoras en otro. Los carros son descubiertos, último modelo y del año.

DESFILE POR EL BOULEVARD

A lo largo de la principal arteria guayaquileña se agrupa una enorme muchedumbre que viva a los mandatarios. Desde los balcones arrojan flores, el Cuerpo de Bomberos y los colegios colaboran con banderas que agitan a lo largo del trayecto. Llegan a la Zona Militar, antigua residencia de Rogelio Benítes Ycaza, situada a una cuadra de la plaza del Centenario y allí conversan un momento, saliendo al balcón donde hay gritos a favor,seizan los pabellones patrios y la banda del ejército toca los himnos de los Estados Unidos y Ecuador.

Después desfilan los batallones que ya lo habían hecho dos días antes con motivo del arribo de Ayora. Inmediatamente la comitiva se traslada al Municipio donde en sesión solemne el doctor Izquieta Pérez lee un conceptuoso discurso y declara a Hoover y al Embajador, huéspedes de honor de la ciudad. Al final y al caer de la tarde el doctor Ayora ofrece a su ilustre invitado un banquete de despedida en los salones del Club Metropolitano, situado en el boulevard y Pichincha, al que asisten de estricta etiqueta, luego de un breve receso para cambiar la ropa y tomar un refrescante baño.

REGRESA AL CLEVELAND Y ADIOS

Y así, de esta manera, cuando las primeras horas de la madrugada anuncian que ya es tardecito, Hoover lanza un suspiro y un good bye y marchó para siempre de nuestro puerto, al que no regresó ni siquiera para recordar esos viejos tiempos de trota mundo presidencial. El doctor Ayora, luego de su Presidencia, radicó once años en California y tuvo la oportunidad de volver a estrechar un cordial abrazo con él.