350. El Buen Humor De Don Vicente Cabezas

Vicente Cabezas Pérez, no era mi pariente pues procedía de los Pérez de Ocho en Panamá, simpático guayaquileño de antaño, tenía fama de inteligente por sus contestaciones rápidas; la gente le llegó a tener miedo por ser mal  hablado, sus salidas ingeniosas y  lengua de fuete o de ametralladora.

Muchos Negritos.- Para 1920 existía la pugna entre los tamayistas, partidarios del presidente electo Jose Luís Tamayo que entraba y enriquistas puestos por Enrique Baquerizo Moreno) que les correspondía salir en Diciembre del Concejo Cantonal. El 10 de Agosto Alfredo  Baquerizo Moreno entregó en Quito el mando a José Luis Tamayo y como para el 9 de Octubre, centenario de la independencia, se habían programado grandes festejos en Guayaquil. Los tamayistas no sabían cómo deshacerse de los enriquistas para tomarse las fiestas y creyeron oportuno consultar con don Vicente,  que estaba de concejal.

Este contestó que nada le era más fácil que destruir al Concejo y que lo dejen todo a su persona, que él sabría como mandar a los concejales a sus casas. Llegada la siguiente sesión, Cabezas pidió la palabra delante de numeroso público y gritó: “Señores: se acerca el 9 de Octubre y este Concejo está lleno de negros y yo el primero, mírenme bien, así es que como celebrar el centenario con un Concejo de Negros constituye vergüenza, renuncio por dignidad, me voy de la sala y espero que Uds. hagan lo mismo». Gran alboroto entre las barras, unos vivaban al “negro decente” y otros lo apostrofaban con los más gruesos epítetos. El  Presidente del Concejo estaba mudo de la ira y no faltaron concejales trigueños, que casi botaban espuma por la boca. Nadie se había atrevido a decirles negros jamás en la vida y ahora lo venían a oír en pleno Concejo y “delante de todo el mundo”. Eran otros tiempos, antes se daba importancia a esas nimiedades, ahora ya no.

Lo cierto es que la sesión terminó a capazos y no volvieron a reunirse. Sin embargo, esa noche y por precaución justificada, don Vicente no quiso bajar del Palacio; temía que los insultados y un gran población que se había formado en los bajos, lo linchara. A eso de las once subió un amigo y le dijo: “No bajes Vicente, que el pueblo te espera abajo” y él agregó “Que el pueblo se vaya al carajo, que con él no es la cuestión” y es fama que durmió encima de la mesa de sesiones cuidado por guardaespaldas. Al día siguiente los periódicos fueron describiendo a todos los Concejales en forma burlona, para ver cuales eran los negros y cuales los blancos y se armó un alboroto mayor, antes nunca visto, que sirvió para que el nuevo gobierno reorganice el Concejo justo a tiempo para las fiestas.

Una Rifa Interesante.- En otra ocasión estaba con varios amigos cuando se acercó una guapa señora a venderles números de rifa de un vehículo usado de su propiedad, a solo cien sucres cada uno, suma elevadísima para la época. Nadie se atrevió a protestar y todos se disponían a comprarle, cuando intervino don Vicente y le dijo: “Oiga Ud. preciosa, ¿Por qué en lugar de rifar ese carro que es viejo, feo y usado, no se rifa Ud. misma, que es nueva, guapa y está buenita todavía? ¡Yo podría comprar todos los números de esa rifa!” La pobre señora se ruborizó primero y al escuchar las risas burlonas de los presentes, sintiéndose insultada de la peor manera se alejó sumamente contrariada y el grupo celebró tan salvadora salida que había servido para ahorrarles plata.

Partición en Privado.- Tres hermanos montubios y bastante sencillos por no decirles ignorantes, heredaron una casa de madera de diez chazas a la calle y decidieron consultarse con don Vicente, que tenía fama de covachero -por que cobraba los arriendos de las covachas del Dr. Alejandro Ponce Elizalde y a nadie le perdonaba la renta – así es que lo fueron a ver y Don Vicente pidió doscientos sucres por hacer la partición extrajudicial y un mes de plazo. Llegada la fecha los llevó a la casa ubicada en Quisquís y Lorenzo de Garaycoa y les preguntó ¿De los colores de la bandera nacional, cuáles escogen? Uno contestó el amarillo, otro el azul y el otro se quedó con el rojo y entonces ¡Oh sorpresa! Les dijo “tomen cada cual sus chazas, que están pintadas de los tres colores. Había pintado verticalmente la casa, de amarillo, de azul y de rojo. Los hermanos primero no sabían que hacer y luego, muy malhumorados, protestaron porque la partición no era equitativa, porque uno había sido beneficiado con cuatro chazas o ventanas y los dos restantes sólo con tres cada uno. Don Vicente finalizó tal discusión disculpándose ¿Qué culpa tengo de que la bandera del Ecuador sea injusta?

Trata de Blancas.- En 1.942 se peleó con los dueños de El Telégrafo y meses después ese diario sacó que don Vicente y su hermano Guillermo más conocido con su nombre de combate William Head y contratista de artistas para el Canal de Panamá, se habían dedicado a la trata de blancas. Cabezas tomó un ejemplar de El Telégrafo y púsose en mitad de la Plaza de San Francisco, llamando a todos los transeúntes para darles explicaciones y decía “No es verdad que me haya dedicado a la trata de blancas, las chicas que mandé a bailar a Panamá, eran todas trigueñas por no decirles negritas”…

Contrabando Científico de Panamá.- En otra ocasión se fue a esa ciudad a comprar ropa interior de seda y medias nylon, carísimas por la guerra. En la aduana de Guayaquil le abrieron las maletas y encontraron con sorpresa que todo venía envuelto en un solo paquete, con el nombre de la primera dama de la nación. Se sabía que Cabezas era amigo personal del primer magistrado, Los vistas aforadores pensaron que se trataba de un obsequio y le dejaron pasar el matute sin ningún problema. Un mes después se repitió la escena, pero ya no había paquete alguno. Cabezas pensaba que lo dejarían pasar como en la ocasión anterior, pero estaba  equivocado, porque los aduaneros no aceptaban sus argumentos; entonces, viéndose acosado, poniendo ojitos y boquitas y con tono aflautado, dijo: “Ay chicos, que no se han dado cuenta que son efectos personales! ¿No ven que me he convertido a la vejez y ahora soy mariposón?” y tomando sus maletas se alejó presurosamente con graciosísimos contoneos que hicieron las delicias del personal, que no tuvo más remedio que dejarle pasar ese segundo matute.

Aire acondicionado Central.- Un día su señora se quejaba que hacía mucho calor ante lo cual don Vicente le respondió: No te preocupes mi hijita. Anda a visitar a tus amigas y verás que al regreso te he solucionado el asunto. Ni bien se fue su señora a la calle llamó a un carpintero amigo y le hizo sacar todas las paredes interiores y el departamento de madera quedó de un solo ambiente. Su señora se pegó el gran susto y le reclamó, pero él le respondió:

Único Entrepiso Permitido.- Levantó una casa de madera con entrepiso después y cuando los inspectores municipales le fueron a observar que esa antigua práctica era antihigiénica y peligrosa por los incendios y estaba prohibida, él respondió: “Ajá, conque no se puede construir entrepisos! ¿Entonces porque los hay en el Palacio Municipal? ¡A ver respóndanme!” y desde allí en adelante muchos empezaron a construirlos y hoy se ven por todos los barrios.

Sueldo y Comisión.- Ganaba S/.800 mensuales en la oficina del Dr. Ponce como encargado del Departamento Inmobiliario y  en cierta ocasión le pidió aumento de sueldo. Su jefe le contestó que ya ganaba bastante, que S/.800 era un buen sueldo y ciertamente lo era – pero don Vicente muy airado replicó “Quién te ha dicho que yo gano esa suma como sueldo?” “Yo solo gano S/ .400, los otros S/. 400 es comisión por aguantar a tus hijos” – quienes solían frecuentar la oficina y se embromaban con el viejo Cabezas, sacándolo de quicio. El asunto terminó con risas y consiguió el aumento solicitado.

Explicación necesaria.- Como era muy bromista a todos llamaba con apodos graciosos. A uno de ellos le puso  Corneta y cuando el aludido le fue a reclamar la razón de tan singular remoquete, simplemente le contestó: Porque la Corneta es el instrumento más cojudo de la banda. Los que estaban cerca escucharon la explicación y desde entonces el agraciado gozó para siempre de tan singular apodo.

El Libro Negro de Guayaquil.- Tenía costumbres insólitas, una de ellas era leer los periódicos con tijera en mano y recortar todo aviso o noticia que fuere escandaloso, desde los robos, asaltos, crímenes, chismes lugareños, escándalos, citaciones judiciales, quiebras, etc. El libro alcanzó tales proporciones que terminó dividiéndose por tomos. Un día don Vicente fue llamado a la gerencia de un conocido banco de la localidad y el Gerente le propuso compra. El negocio se cerró enseguida en la cantidad de diez mil sucres, que por esos días era el precio de una regular covacha.

Secretito para cobrar la renta atrasada.- Su fama de covachero, que cobraba siempre sin permitir a sus inquilinos que abandonen las piezas o departamentos sin pagar la renta le venía porque acostumbraba visitarlos diariamente y cuando  alguno le fallaba utilizaba el siguiente método, que jamás le falló. Subía al piso superior, pedía permiso muy educadamente y con un taladro hacía un hueco en el madero que justamente daba encima de la cama del inquilino, sacaba del bolsillo  un frasco de orines guardados siquiera tres días, que apestaba a leguas y chorreaba su contenido sobre las sábanas del moroso. A la tercera ocasión no había inquilino que se le resista, o pagaban lo adeudado o se cambiaban de domicilio. Así de simple¡