346. El Sexo En La Poesía Ecuatoriana

En 1927 se dio en Quito un mayúsculo escándalo cuando apareció en la revista Fígaro, de Carlos H. Endara, un raro y exquisito poema titulado Mademoiselle Satán, con crudas descripciones sexuales, dedicado así: «Para ti, Lola», que los lectores dieron en adivinar que se trataba de Lola Vinueza Estévez, una hermosa quiteña, que habiendo residido en París había traído algunas novedades licenciosas poco conocidas.

Lola era amiga de los jóvenes intelectuales y tenía costumbres raras, pues de vez en cuando y solo para no aburrirse, solía azotar a sus amantes desnudos y realizar bromas con ellos, como disfrazarlos de mujer para las fiestas de diciembre o para los bailes de carnaval.

El poema apareció con el nombre del autor, el joven de veinte y cuatro años Jorge Carrera Andrade, quien jamás imaginó que lo daría su amigo Endara a la publicidad y para colmos, acompañado de un retrato con algún parecido a cierta estampa religiosa de la Virgen María.

El bombazo fue terrible: las beatas se escandalizaban, las muchachas se ruborizaban, el poeta fue expulsado del hogar patemo por inmoral y tuvo que disculparse ante la opinión pública mediante carta aparecida en diario El Comercio, pues había roto por primera ocasión en el país el tabú existente sobre el sexo. Demás está decir que dicha composición fue sistemáticamente excluida de las antologías que después saldrían de la obra de Carrera Andrade, de manera que su publicación, aun hoy – a casi un siglo de su aparición – constituye novedad y hasta material polémico. Aquí va.

MADEMOISELLE SATÁN (PARA Tl, LOLA) // Mademoiselle Satán rara orquídea del vicio. / ¿Por qué me hiciste, di, de tu cuerpo, regalo? / La señal de tus dientes llevo como un silicio / en mi carne posesa del enemigo malo. // ¿Por qué probó mi lengua el sabor de tu sexo? / ¿Y el vino que en la noche destilan tus pezones? / ¿Por qué el vello que nace de tu vientre convexo / se erizó para mí con nuevas tentaciones? // ¿Por qué se ha hundido en mis labios tu lengua venenosa / y se hollaron tus ojos lúbrico signo? / Y cuando haces vibrar tu desnuda lechosa / pienso que debes ser la hembra del maligno. // Yo la he visto desnuda Señor, sí, yo la he visto / tembló y quedose el alma eternamente muda. / Prefiero a ese recuerdo los tres clavos de Cristo, / la cruz, antes que verla en mis noches, desnuda. // Señorita Satán, tú que todo Io puedes, / tus hombros, tu cadera que reclama el incienso / tus suaves pies, brazos, son otras tantas redes / tendidas hacia el pobre corazón indefenso. // Me diste el dulce zumo de tu boca, / el turbante martirio de tus muslos, ceñiste a mi cintura / y cuando fuimos presos del espasmo extenuante / tu enorme beso fue como una quemadura. // Eres la hembra única, Io mismo en el reposo / que en el sexual combate. // Santa orquídea del vicio / hasta cuando torturas con tu cuerpo oloroso / no hay placer en el mundo que iguale a aquel suplicio, // Satán, mujer que tienes un rubí en cada pecho, / tus verdes ojos lúbricos son siempre una acechanza, / tu desnudez que viene las noches a mi lecho, / para mi ciego olvido es tu mejor venganza.  //

Mademoiselle Satán vivía en la casa esquinera de la Guayaquil y Caldas, en el barrio San Blas. Era exótica, bella, impulsiva, gustaba recitar poemas sentimentales, leer libros prestados que luego destruía sin acordarse que eran ajenos y que debía devolverlos. Una vez flageló diabólicamente al joven y larguirucho poeta Carrera Andrade solo porque sí, porque tenía cara de virginal inocentón y en efecto Io era; finalmente se le entregó voluptuosamente… y ambos gozaron de lo lindo, ella enseñando y él aprendiendo.

Tras la forzada explicación aparecida en las páginas de El Comercio, el joven Carrera Andrade viajó por corta temporada a Guayaquil, huyendo de la acrimonia levantada en Quito, donde su sola presencia causaba un interés porno entre las damitas de sociedad y también entre las del pueblo llano, que se imaginaban de pareja con el jovencísimo y largo «vate sexual», como algunos chuscos dieron en llamarle, sobrenombre que alcanzó gran notoriedad y le duró muchísimo tiempo.